Lectura 1 de 4 · En familia

Jueces 16

1Y fue Samsón a Gaza, y vio allí una mujer ramera, y entró a ella. 2Y fue dicho a los de Gaza: Samsón es venido acá. Y cercáronlo, y pusiéronle espías toda aquella noche a la puerta de la ciudad: y estuvieron callados toda aquella noche, diciendo: Hasta la luz de la mañana; entonces lo mataremos. 3Mas Samsón durmió hasta la media noche; y a la media noche se levantó, y tomando las puertas de la ciudad con sus dos pilares y su cerrojo, echóselas al hombro, y fuése, y subióse con ellas a la cumbre del monte que está delante de Hebrón. 4Después de esto aconteció que se enamoró de una mujer en el valle de Sorec, la cual se llamaba Dalila. 5Y vinieron a ella los príncipes de los Filisteos, y dijéronle: Engáñale y sabe en qué consiste su grande fuerza, y cómo lo podríamos vencer, para que lo atemos y lo atormentemos; y cada uno de nosotros te dará mil y cien siclos de plata. 6Y Dalila dijo a Samsón: Yo te ruego que me declares en qué consiste tu grande fuerza, y cómo podrás ser atado para ser atormentado. 7Y respondióle Samsón: Si me ataren con siete mimbres verdes que aun no estén enjutos, entonces me debilitaré, y seré como cualquiera de los hombres. 8Y los príncipes de los Filisteos le trajeron siete mimbres verdes que aun no se habían enjugado, y atóle con ellos. 9Y estaban espías en casa de ella en una cámara. Entonces ella le dijo: ¡Samsón, los Filisteos sobre ti! Y él rompió los mimbres, como se rompe una cuerda de estopa cuando siente el fuego: y no se supo su fuerza. 10Entonces Dalila dijo a Samsón: He aquí tú me has engañado, y me has dicho mentiras: descúbreme pues ahora, yo te ruego, cómo podrás ser atado. 11Y él le dijo: Si me ataren fuertemente con cuerdas nuevas, con las cuales ninguna cosa se haya hecho, yo me debilitaré, y seré como cualquiera de los hombres. 12Y Dalila tomó cuerdas nuevas, y atóle con ellas, y díjole: ¡Samsón, los Filisteos sobre ti! Y los espías estaban en una cámara. Mas él las rompió de sus brazos como un hilo. 13Y Dalila dijo a Samsón: Hasta ahora me engañas, y tratas conmigo con mentiras. Descúbreme pues ahora cómo podrás ser atado. El entonces le dijo: Si tejieres siete guedejas de mi cabeza con la tela. 14Y ella hincó la estaca, y díjole: ¡Samsón, los Filisteos sobre ti! Mas despertando él de su sueño, arrancó la estaca del telar con la tela. 15Y ella le dijo: ¿Cómo dices, Yo te amo, pues que tu corazón no está conmigo? Ya me has engañado tres veces, y no me has aún descubierto en qué está tu gran fuerza. 16Y aconteció que, apretándole ella cada día con sus palabras e importunándole, su alma fue reducida a mortal angustia. 17Descubrióle pues todo su corazón, y díjole: Nunca a mi cabeza llegó navaja; porque soy Nazareo de Dios desde el vientre de mi madre. Si fuere rapado, mi fuerza se apartará de mí, y seré debilitado, y como todos los hombres. 18Y viendo Dalila que él le había descubierto todo su corazón, envió a llamar a los príncipes de los Filisteos, diciendo: Venid esta vez, porque él me ha descubierto todo su corazón. Y los príncipes de los Filisteos vinieron a ella, trayendo en su mano el dinero. 19Y ella hizo que él se durmiese sobre sus rodillas; y llamado un hombre, rapóle siete guedejas de su cabeza, y comenzó a afligirlo, pues su fuerza se apartó de él. 20Y díjole: ¡Samsón, los Filisteos sobre ti! Y luego que despertó él de su sueño, se dijo: Esta vez saldré como las otras, y me escaparé: no sabiendo que Jehová ya se había de él apartado. 21Mas los Filisteos echaron mano de él, y sacáronle los ojos, y le llevaron a Gaza; y le ataron con cadenas, para que moliese en la cárcel. 22Y el cabello de su cabeza comenzó a crecer, después que fue rapado. 23Entonces los príncipes de los Filisteos se juntaron para ofrecer sacrificio a Dagón su dios, y para alegrarse; y dijeron: Nuestro dios entregó en nuestras manos a Samsón nuestro enemigo. 24Y viéndolo el pueblo, loaron a su dios, diciendo: Nuestro dios entregó en nuestras manos a nuestro enemigo, y al destruidor de nuestra tierra, el cual había muerto a muchos de nosotros. 25Y aconteció que, yéndose alegrando el corazón de ellos, dijeron: Llamad a Samsón, para que divierta delante de nosotros. Y llamaron a Samsón de la cárcel, y hacía de juguete delante de ellos; y pusiéronlo entre las columnas. 26Y Samsón dijo al mozo que le guiaba de la mano: Acércame, y hazme tentar las columnas sobre que se sustenta la casa, para que me apoye sobre ellas. 27Y la casa estaba llena de hombres y mujeres: y todos los príncipes de los Filisteos estaban allí; y en el alto piso había como tres mil hombres y mujeres, que estaban mirando el escarnio de Samsón. 28Entonces clamó Samsón a Jehová, y dijo: Señor Jehová, acuérdate ahora de mí, y esfuérzame, te ruego, solamente esta vez, oh Dios, para que de una vez tome venganza de los Filisteos, por mis dos ojos. 29Asió luego Samsón las dos columnas del medio sobre las cuales se sustentaba la casa, y estribó en ellas, la una con la mano derecha, y la otra con la izquierda; 30Y dijo Samsón: Muera yo con los Filisteos. Y estribando con esfuerzo, cayó la casa sobre los príncipes, y sobre todo el pueblo que estaba en ella. Y fueron muchos más los que de ellos mató muriendo, que los que había muerto en su vida. 31Y descendieron sus hermanos y toda la casa de su padre, y tomáronle, y lleváronle, y le sepultaron entre Sora y Esthaol, en el sepulcro de su padre Manoa. Y él juzgó a Israel veinte años.
Lectura 2 de 4 · En familia

Hechos 20

1Y después que cesó el alboroto, llamando Pablo a los discípulos habiéndoles exhortado y abrazado, se despidió, y partió para ir a Macedonia. 2Y andado que hubo aquellas partes, y exhortádoles con abundancia de palabra, vino a Grecia. 3Y después de haber estado allí tres meses, y habiendo de navegar a Siria, le fueron puestas asechanzas por los Judíos; y así tomó consejo de volverse por Macedonia. 4Y le acompañaron hasta Asia Sopater Bereense, y los Tesalonicenses, Aristarco y Segundo; y Gayo de Derbe, y Timoteo; y de Asia, Tychîco y Trófimo. 5Estos yendo delante, nos esperaron en Troas. 6Y nosotros, pasados los días de los panes sin levadura, navegamos de Filipos y vinimos a ellos a Troas en cinco días, donde estuvimos siete días. 7Y el día primero de la semana, juntos los discípulos a partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de partir al día siguiente: y alargó el discurso hasta la media noche. 8Y había muchas lámparas en el aposento alto donde estaban juntos. 9Y un mancebo llamado Eutichô que estaba sentado en la ventana, tomado de un sueño profundo, como Pablo disputaba largamente, postrado del sueño cayó del tercer piso abajo, y fue alzado muerto. 10Entonces descendió Pablo, y derribóse sobre él, y abrazándole, dijo: No os alborotéis, que su alma está en él. 11Después subiendo, y partiendo el pan, y gustando, habló largamente hasta el alba, y así partió. 12Y llevaron al mozo vivo, y fueron consolados no poco. 13Y nosotros subiendo en el navío, navegamos a Assón, para recibir de allí a Pablo; pues así había determinado que debía él ir por tierra. 14Y como se juntó con nosotros en Assón, tomándole vinimos a Mitilene. 15Y navegando de allí, al día siguiente llegamos delante de Chîo, y al otro día tomamos puerto en Samo: y habiendo reposado en Trogilio, al día siguiente llegamos a Mileto. 16Porque Pablo se había propuesto pasar adelante de Efeso; por no detenerse en Asia: porque se apresuraba por hacer el día de Pentecostés, si le fuese posible, en Jerusalem. 17Y enviando desde Mileto a Efeso, hizo llamar a los ancianos de la iglesia. 18Y cuando vinieron a él, les dijo: Vosotros sabéis cómo, desde el primer día que entré en Asia, he estado con vosotros por todo el tiempo, 19Sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y tentaciones que me han venido por las asechanzas de los Judíos: 20Cómo nada que fuese útil he rehuído de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas, 21Testificando a los Judíos y a los Gentiles arrepentimiento para con Dios, y la fe en nuestro Señor Jesucristo. 22Y ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy a Jerusalem, sin saber lo que allá me ha de acontecer: 23Mas que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo que prisiones y tribulaciones me esperan. 24Mas de ninguna cosa hago caso, ni estimo mi vida preciosa para mí mismo; solamente que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios. 25Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, por quien he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro. 26Por tanto, yo os protesto el día de hoy, que yo soy limpio de la sangre de todos: 27Porque no he rehuído de anunciaros todo el consejo de Dios. 28Por tanto mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual ganó por su sangre. 29Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al ganado; 30Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas, para llevar discípulos tras sí. 31Por tanto, velad, acordándoos que por tres años de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno. 32Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia: el cual es poderoso para sobreedificar, y daros heredad con todos los santificados. 33La plata, o el oro, o el vestido de nadie he codiciado. 34Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario, y a los que están conmigo, estas manos me han servido. 35En todo os he enseñado que, trabajando así, es necesario sobrellevar a los enfermos, y tener presente las palabras del Señor Jesús, el cual dijo: Más bienaventurada cosa es dar que recibir. 36Y como hubo dicho estas cosas, se puso de rodillas, y oró con todos ellos. 37Entonces hubo un gran lloro de todos: y echándose en el cuello de Pablo, le besaban, 38Doliéndose en gran manera por la palabra que dijo, que no habían de ver más su rostro. Y le acompañaron al navío.
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Jeremías 29

1Y estas son las palabras de la carta que Jeremías profeta envió de Jerusalem a los ancianos que habían quedado de los trasportados, y a los sacerdotes y profetas, y a todo el pueblo que Nabucodonosor llevó cautivo de Jerusalem a Babilonia: 2(Después que salió el rey Jechônías y la reina, y los de palacio, y los príncipes de Judá y de Jerusalem, y los artífices, y los ingenieros de Jerusalem;) 3Por mano de Elasa hijo de Saphán, y de Jemarías hijo de Hilcías, (los cuales envió Sedechîas rey de Judá a Babilonia, a Nabucodonosor rey de Babilonia,) diciendo: 4Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, a todos los de la cautividad que hice trasportar de Jerusalem a Babilonia: 5Edificad casas, y morad; y plantad huertos, y comed del fruto de ellos; 6Casaos, y engendrad hijos e hijas; dad mujeres a vuestros hijos, y dad maridos a vuestras hijas, para que paran hijos e hijas; y multiplicaos ahí, y no os hagáis pocos. 7Y procurad la paz de la ciudad a la cual os hice traspasar, y rogad por ella a Jehová; porque en su paz tendréis vosotros paz. 8Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: No os engañen vuestros profetas que están entre vosotros, ni vuestros adivinos; ni miréis a vuestros sueños que soñáis. 9Porque falsamente os profetizan ellos en mi nombre: no los envié, ha dicho Jehová. 10Porque así dijo Jehová: Cuando en Babilonia se cumplieren los setenta años, yo os visitaré, y despertaré sobre vosotros mi buena palabra, para tornaros a este lugar. 11Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. 12Entonces me invocaréis, e iréis y oraréis a mí, y yo os oiré: 13Y me buscaréis y hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón. 14Y seré hallado de vosotros, dice Jehová, y tornaré vuestra cautividad, y os juntaré de todas las gentes, y de todos los lugares adonde os arrojé, dice Jehová; y os haré volver al lugar de donde os hice ser llevados. 15Mas habéis dicho: Jehová nos ha suscitado profetas en Babilonia. 16Así empero ha dicho Jehová, del rey que está sentado sobre el trono de David, y de todo el pueblo que mora en esta ciudad, de vuestros hermanos que no salieron con vosotros en cautiverio; 17Así ha dicho Jehová de los ejércitos: He aquí envío yo contra ellos cuchillo, hambre, y pestilencia, y pondrélos como los malos higos, que de malos no se pueden comer. 18Y perseguirélos con espada, con hambre y con pestilencia; y darélos por escarnio a todos los reinos de la tierra, por maldición y por espanto, y por silbo y por afrenta a todas la gentes a las cuales los habré arrojado; 19Porque no oyeron mis palabras, dice Jehová, que les envié por mis siervos los profetas, madrugando en enviarlos; y no habéis escuchado, dice Jehová. 20Oid pues palabra de Jehová, vosotros todos los trasportados que eché de Jerusalem a Babilonia. 21Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, acerca de Achâb hijo de Colías, y acerca de Sedechîas hijo de Maasías, quienes os profetizan en mi nombre falsamente: He aquí los entrego yo en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, y él los herirá delante de vuestro ojos; 22Y todos los trasportados de Judá que están en Babilonia, tomarán de ellos maldición, diciendo: Póngate Jehová como a Sedechîas y como a Achâb, los cuales asó al fuego el rey de Babilonia. 23Porque hicieron maldad en Israel, y cometieron adulterio con las mujeres de sus prójimos, y falsamente hablaron en mi nombre palabra que no les mandé; lo cual yo sé, y soy testigo, dice Jehová. 24Y a Semaías de Nehelam hablarás, diciendo: 25Así habló Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, diciendo: Por cuanto enviaste letras en tu nombre a todo el pueblo que está en Jerusalem, y a Sophonías sacerdote hijo de Maasías, y a todos los sacerdotes, diciendo: 26Jehová te ha puesto por sacerdote en lugar de Joiada sacerdote, para que presidáis en la casa de Jehová sobre todo hombre furioso y profetizante, poniéndolo en el calabozo y en el cepo. 27¿Por qué pues no has ahora reprendido a Jeremías de Anathoth, que os profetiza falsamente? 28Porque por eso nos envió a decir en Babilonia: Largo va el cautiverio: edificad casas, y morad; plantad huertos, y comed el fruto de ellos. 29Y Sophonías sacerdote había leído esta carta a oídos de Jeremías profeta. 30Y fue palabra de Jehová a Jeremías, diciendo: 31Envía a decir a toda la transmigración: Así ha dicho Jehová de Semaías de Nehelam: Porque os profetizó Semaías, y yo no lo envié, y os hizo confiar en mentira: 32Por tanto, así ha dicho Jehová: He aquí que yo visito sobre Semaías de Nehelam, y sobre su generación: no tendrá varón que more entre este pueblo, ni verá aquel bien que haré yo a mi pueblo, dice Jehová: porque contra Jehová ha hablado rebelión.
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Marcos 15

1Y luego por la mañana, habiendo tenido consejo los príncipes de los sacerdotes con los ancianos, y con los escribas, y con todo el concilio, llevaron a Jesús atado, y le entregaron a Pilato. 2Y Pilato le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los Judíos? Y respondiendo él, le dijo: Tú lo dices. 3Y los príncipes de los sacerdotes le acusaban mucho. 4Y le preguntó otra vez Pilato, diciendo: ¿No respondes algo? Mira de cuántas cosas te acusan. 5Mas Jesús ni aun con eso respondió; de modo que Pilato se maravillaba. 6Empero en el día de la fiesta les soltaba un preso, cualquiera que pidiesen. 7Y había uno, que se llamaba Barrabás, preso con sus compañeros de motín que habían hecho muerte en una revuelta. 8Y viniendo la multitud, comenzó a pedir hiciese como siempre les había hecho. 9Y Pilato les respondió, diciendo: ¿Queréis que os suelte al Rey de los Judíos? 10Porque conocía que por envidia le habían entregado los príncipes de los sacerdotes. 11Mas los príncipes de los sacerdotes incitaron a la multitud, que les soltase antes a Barrabás. 12Y respondiendo Pilato, les dice otra vez: ¿Qué pues queréis que haga del que llamáis Rey de los Judíos? 13Y ellos volvieron a dar voces: Crucifícale. 14Mas Pilato les decía: ¿Pues qué mal ha hecho? Y ellos daban más voces: Crucifícale. 15Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó a Barrabás, y entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuese crucificado. 16Entonces los soldados le llevaron dentro de la sala, es a saber, al Pretorio; y convocan toda la cohorte. 17Y le visten de púrpura; y poniéndole una corona tejida de espinas, 18Comenzaron luego a saludarle: ¡Salve, Rey de los Judíos! 19Y le herían en la cabeza con una caña, y escupían en él, y le adoraban hincadas las rodillas. 20Y cuando le hubieron escarnecido, le desnudaron la púrpura, y le vistieron sus propios vestidos, y le sacaron para crucificarle. 21Y cargaron a uno que pasaba, Simón Cireneo, padre de Alejandro y de Rufo, que venía del campo, para que llevase su cruz. 22Y le llevan al lugar de Gólgotha, que declarado quiere decir: Lugar de la Calavera. 23Y le dieron a beber vino mezclado con mirra; mas él no lo tomó. 24Y cuando le hubieron crucificado, repartieron sus vestidos, echando suertes sobre ellos, qué llevaría cada uno. 25Y era la hora de las tres cuando le crucificaron. 26Y el título escrito de su causa era: EL REY DE LOS JUDIOS. 27Y crucificaron con él dos ladrones, uno a su derecha, y el otro a su izquierda. 28Y se cumplió la Escritura, que dice: Y con los inicuos fue contado. 29Y los que pasaban le denostaban, meneando sus cabezas, y diciendo: ¡Ah! tú que derribas el templo de Dios, y en tres días lo edificas, 30Sálvate a ti mismo, y desciende de la cruz. 31Y de esta manera también los príncipes de los sacerdotes escarneciendo, decían unos a otros, con los escribas: A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar. 32El Cristo, Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, para que veamos y creamos. También los que estaban crucificados con él le denostaban. 33Y cuando vino la hora de sexta, fueron hechas tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona. 34Y a la hora de nona, exclamó Jesús a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabachthani? que declarado, quiere decir: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? 35Y oyéndole unos de los que estaban allí, decían: He aquí, llama a Elías. 36Y corrió uno, y empapando una esponja en vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber, diciendo: Dejad, veamos si vendrá Elías a quitarle. 37Mas Jesús, dando una grande voz, espiró. 38Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de alto a bajo. 39Y el centurión que estaba delante de él, viendo que había espirado así clamando, dijo: Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios. 40Y también estaban algunas mujeres mirando de lejos; entre las cuales estaba María Magdalena, y María la madre de Jacobo el menor y de José, y Salomé; 41Las cuales, estando aún él en Galilea, le habían seguido, y le servían; y otras muchas que juntamente con él habían subido a Jerusalem. 42Y cuando fue la tarde, porque era la preparación, es decir, la víspera del sábado, 43José de Arimatea, senador noble, que también esperaba el reino de Dios, vino, y osadamente entró a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. 44Y Pilato se maravilló que ya fuese muerto; y haciendo venir al centurión, preguntóle si era ya muerto. 45Y enterado del centurión, dio el cuerpo a José: 46El cual compró una sábana, y quitándole, le envolvió en la sábana: y le puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña; y revolvió una piedra a la puerta del sepulcro. 47Y María Magdalena, y María madre de José, miraban donde era puesto.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Jueces 16 · Hechos 20
Personales
Jeremías 29 · Marcos 15