Lectura 1 de 4 · En familia
Jueces 17
1Hubo un hombre del monte de Ephraim, que se llamaba Michâs. 2El cual dijo a su madre: Los mil y cien siclos de plata que te fueron hurtados, por lo que tú maldecías oyéndolo yo, he aquí que yo tengo este dinero: yo lo había tomado. Entonces la madre dijo: Bendito seas de Jehová, hijo mío. 3Y luego que él hubo vuelto a su madre los mil y cien siclos de plata, su madre dijo: Yo he dedicado este dinero a Jehová de mi mano para ti, hijo mío, para que hagas una imagen de talla y de fundición: ahora pues, yo te lo devuelvo. 4Mas volviendo él a su madre los dineros, tomó su madre doscientos siclos de plata, y diólos al fundidor: y él le hizo de ellos una imagen de talla y de fundición, la cual fue puesta en casa de Michâs. 5Y tuvo este hombre Michâs casa de dioses, e hízose hacer ephod y teraphim, y consagró uno de sus hijos; y fuéle por sacerdote. 6En estos días no había rey en Israel: cada uno hacía como mejor le parecía. 7Y había un joven de Beth-lehem de Judá, de la tribu de Judá, el cual era Levita; y peregrinaba allí. 8Este hombre se había partido de la ciudad de Beth-lehem de Judá, para ir a vivir donde hallase; y llegando al monte de Ephraim, vino a casa de Michâs, para de allí hacer su camino. 9Y Michâs le dijo: ¿De dónde vienes? Y el Levita le respondió: Soy de Beth-lehem de Judá, y voy a vivir donde hallare. 10Entonces Michâs le dijo: Quédate en mi casa, y me serás en lugar de padre y sacerdote; y yo te daré diez siclos de plata por año, y el ordinario de vestidos, y tu comida. Y el Levita se quedó. 11Acordó pues el Levita en morar con aquel hombre, y él lo tenía como a uno de sus hijos. 12Y Michâs consagró al Levita, y aquel joven le servía de sacerdote, y estaba en casa de Michâs. 13Y Michâs dijo: Ahora sé que Jehová me hará bien, pues que el Levita es hecho mi sacerdote.
Lectura 2 de 4 · En familia
Hechos 21
1Y habiendo partido de ellos, navegamos y vinimos camino derecho a Coos, y al día siguiente a Rhodas, y de allí a Pátara. 2Y hallando un barco que pasaba a Fenicia, nos embarcamos, y partimos. 3Y como avistamos a Cipro, dejándola a mano izquierda, navegamos a Siria, y vinimos a Tiro: porque el barco había de descargar allí su carga. 4Y nos quedamos allí siete días, hallados los discípulos, los cuales decían a Pablo por Espíritu, que no subiese a Jerusalem. 5Y cumplidos aquellos días, salimos acompañándonos todos, con sus mujeres e hijos, hasta fuera de la ciudad; y puestos de rodillas en la ribera, oramos. 6Y abrazándonos los unos a los otros, subimos al barco, y ellos se volvieron a sus casas. 7Y nosotros, cumplida la navegación, vinimos de Tiro a Tolemaida; y habiendo saludado a los hermanos, nos quedamos con ellos un día. 8Y otro día, partidos Pablo y los que con él estábamos, vinimos a Cesarea: y entrando en casa de Felipe el evangelista, el cual era uno de los siete, posamos con él. 9Y este tenía cuatro hijas, doncellas, que profetizaban. 10Y parando nosotros allí por muchos días, descendió de Judea un profeta, llamado Agabo; 11Y venido a nosotros, tomó el cinto de Pablo, y atándose los pies y las manos, dijo: Esto dice el Espíritu Santo: Así atarán los Judíos en Jerusalem al varón cuyo es este cinto, y le entregarán en manos de los Gentiles. 12Lo cual como oímos, le rogamos nosotros y los de aquel lugar, que no subiese a Jerusalem. 13Entonces Pablo respondió: ¿Qué hacéis llorando y afligiéndome el corazón? porque yo no solo estoy presto a ser atado, mas aun a morir en Jerusalem por el nombre del Señor Jesús. 14Y como no le pudimos persuadir, desistimos, diciendo: Hágase la voluntad del Señor. 15Y después de estos días, apercibidos, subimos a Jerusalem. 16Y vinieron también con nosotros de Cesarea algunos de los discípulos, trayendo consigo a un Mnasón, Cyprio, discípulo antiguo, con el cual posásemos. 17Y cuando llegamos a Jerusalem, los hermanos nos recibieron de buena voluntad. 18Y al día siguiente Pablo entró con nosotros a Jacobo, y todos los ancianos se juntaron; 19A los cuales, como los hubo saludado, contó por menudo lo que Dios había hecho entre los Gentiles por su ministerio. 20Y ellos como lo oyeron, glorificaron a Dios, y le dijeron: Ya ves, hermano, cuántos millares de Judíos hay que han creído; y todos son celadores de la ley: 21Mas fueron informados acerca de ti, que enseñas a apartarse de Moisés a todos los Judíos que están entre los Gentiles, diciéndoles que no han de circuncidar a los hijos, ni andar según la costumbre. 22¿Qué hay pues? La multitud se reunirá de cierto: porque oirán que has venido. 23Haz pues esto que te decimos: Hay entre nosotros cuatro hombres que tienen voto sobre sí: 24Tomando a estos contigo, purifícate con ellos, y gasta con ellos, para que rasuren sus cabezas, y todos entiendan que no hay nada de lo que fueron informados acerca de ti; sino que tú también andas guardando la ley. 25Empero cuanto a los que de los Gentiles han creído, nosotros hemos escrito haberse acordado que no guarden nada de esto; solamente que se abstengan de lo que fuere sacrificado a los ídolos, y de sangre, y de ahogado, y de fornicación. 26Entonces Pablo tomó consigo aquellos hombres, y al día siguiente, habiéndose purificado con ellos, entró en el templo, para anunciar el cumplimiento de los días de la purificación, hasta ser ofrecida ofrenda por cada uno de ellos. 27Y cuando estaban para acabarse los siete días, unos Judíos de Asia, como le vieron en el templo, alborotaron todo el pueblo y le echaron mano, 28Dando voces: Varones Israelitas, ayudad: Este es el hombre que por todas partes enseña a todos contra el pueblo, y la ley, y este lugar; y además de esto ha metido Gentiles en el templo, y ha contaminado este lugar santo. 29Porque antes habían visto con él en la ciudad a Trófimo, Efesio, al cual pensaban que Pablo había metido en el templo. 30Así que, toda la ciudad se alborotó, y agolpóse el pueblo; y tomando a Pablo, hiciéronle salir fuera del templo, y luego las puertas fueron cerradas. 31Y procurando ellos matarle, fue dado aviso al tribuno de la compañía, que toda la ciudad de Jerusalem estaba alborotada; 32El cual tomando luego soldados y centuriones, corrió a ellos. Y ellos como vieron al tribuno y a los soldados, cesaron de herir a Pablo. 33Entonces llegando el tribuno, le prendió, y le mandó atar con dos cadenas; y preguntó quién era, y qué había hecho. 34Y entre la multitud, unos gritaban una cosa, y otros otra: y como no podía entender nada de cierto a causa del alboroto, le mandó llevar a la fortaleza. 35Y como llegó a las gradas, aconteció que fue llevado de los soldados a causa de la violencia del pueblo; 36Porque multitud de pueblo venía detrás, gritando: Mátale. 37Y como comenzaron a meter a Pablo en la fortaleza, dice al tribuno: ¿Me será lícito hablarte algo? Y él dijo: ¿Sabes griego? 38¿No eres tú aquel Egipcio que levantaste una sedición antes de estos días, y sacaste al desierto cuatro mil hombres salteadores? 39Entonces dijo Pablo: Yo de cierto soy hombre Judío, ciudadano de Tarso, ciudad no obscura de Cilicia: empero ruégote que me permitas que hable al pueblo. 40Y como él se lo permitió, Pablo, estando en pie en las gradas, hizo señal con la mano al pueblo. Y hecho grande silencio, habló en lengua hebrea, diciendo:
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Jeremías 30-31 (cap. 30)
1Palabra que fue a Jeremías de Jehová, diciendo: 2Así habló Jehová Dios de Israel, diciendo: Escríbete en un libro todas las palabras que te he hablado. 3Porque he aquí que vienen días, dice Jehová, en que tornaré la cautividad de mi pueblo Israel y Judá, ha dicho Jehová, y harélos volver a la tierra que di a sus padres, y la poseerán. 4Estas pues son las palabras que habló Jehová acerca de Israel y de Judá. 5Porque así ha dicho Jehová: Hemos oído voz de temblor: espanto, y no paz. 6Preguntad ahora, y mirad si pare el varón: porque he visto que todo hombre tenía las manos sobre sus lomos, como mujer de parto, y hanse tornado pálidos todos los rostros. 7¡Ah, cuán grande es aquel día! tanto, que no hay otro semejante a él: tiempo de angustia para Jacob; mas de ella será librado. 8Y será en aquel día, dice Jehová de los ejércitos, que yo quebraré su yugo de tu cuello, y romperé tus coyundas, y extraños no lo volverán más a poner en servidumbre, 9Sino que servirán a Jehová su Dios, y a David su rey, el cual les levantaré. 10Tú pues, siervo mío Jacob, no temas, dice Jehová, ni te atemorices, Israel: porque he aquí que yo soy el que te salvo de lejos, y a tu simiente de la tierra de su cautividad; y Jacob tornará, y descansará y sosegará, y no habrá quien le espante. 11Porque yo soy contigo, dice Jehová, para salvarte: y haré consumación en todas las gentes entre la cuales te esparcí; en ti empero no haré consumación, sino que te castigaré con juicio, y no te talaré del todo. 12Porque así ha dicho Jehová: Desahuciado es tu quebrantamiento, y dificultosa tu llaga. 13No hay quien juzgue tu causa para salud: no hay para ti eficaces medicamentos. 14Todos tus enamorados te olvidaron; no te buscan; porque de herida de enemigo te herí, con azote de cruel, a causa de la muchedumbre de tu maldad, y de la multitud de tus pecados. 15¿Por qué gritas a causa de tu quebrantamiento? Desahuciado es tu dolor: porque por la grandeza de tu iniquidad, y por tus muchos pecados te he hecho esto. 16Empero serán consumidos todos los que te consumen; y todos tus afligidores, todos irán en cautiverio; y hollados serán los que te hollaron, y a todos los que hicieron presa de ti daré en presa. 17Mas yo haré venir sanidad para ti, y te sanaré de tus heridas, dice Jehová; porque Arrojada te llamaron, diciendo: Esta es Sion, a la que nadie busca. 18Así ha dicho Jehová: He aquí yo hago tornar la cautividad de las tiendas de Jacob, y de sus tiendas tendré misericordia; y la ciudad será edificada sobre su collado, y el templo será asentado según su forma. 19Y saldrá de ellos alabanza, y voz de gente que está en regocijo: y los multiplicaré, y no serán disminuídos; multiplicarélos, y no serán menoscabados. 20Y serán sus hijos como de primero y su congregación delante de mí será confirmada; y visitaré a todos sus opresores. 21Y de él será su fuerte, y de en medio de él saldrá su enseñoreador; y haréle llegar cerca, y acercaráse a mí: porque ¿quién es aquel que ablandó su corazón para llegarse a mí? dice Jehová. 22Y me seréis por pueblo, y yo seré vuestro Dios. 23He aquí, la tempestad de Jehová sale con furor, la tempestad que se apareja; sobre la cabeza de los impíos reposará. 24No se volverá la ira del enojo de Jehová, hasta que haya hecho y cumplido los pensamientos de su corazón: en el fin de los días entenderéis esto.
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Jeremías 30-31 (cap. 31)
1En aquel tiempo, dice Jehová, yo seré por Dios a todos los linajes de Israel, y ellos me serán a mí por pueblo. 2Así ha dicho Jehová: Halló gracia en el desierto el pueblo, los que escaparon del cuchillo, yendo yo para hacer hallar reposo a Israel. 3Jehová se manifestó a mí ya mucho tiempo ha, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto te soporté con misericordia. 4Aun te edificaré, y serás edificada, oh virgen de Israel: todavía serás adornada con tus panderos, y saldrás en corro de danzantes. 5Aun plantarás viñas en los montes de Samaria: plantarán los plantadores, y harán común uso de ellas. 6Porque habrá día en que clamarán los guardas en el monte de Ephraim: Levantaos, y subamos a Sion, a Jehová nuestro Dios. 7Porque así ha dicho Jehová: Regocijaos en Jacob con alegría, y dad voces de júbilo a la cabeza de gentes; haced oir, alabad, y decid: Oh Jehová, salva tu pueblo, el resto de Israel. 8He aquí yo los vuelvo de tierra del aquilón, y los juntaré de los fines de la tierra, y entre ellos ciegos y cojos, la mujer preñada y la parida juntamente; en grande compañía tornarán acá. 9Irán con lloro, mas con misericordias los haré volver, y harélos andar junto a arroyos de aguas, por camino derecho en el cual no tropezarán: porque soy a Israel por padre, y Ephraim es mi primogénito. 10Oid palabra de Jehová, oh gentes, y hacedlo saber en las islas que están lejos, y decid: El que esparció a Israel lo juntará y guardará, como pastor a su ganado. 11Porque Jehová redimió a Jacob, redimiólo de mano del más fuerte que él. 12Y vendrán, y harán alabanzas en lo alto de Sion, y correrán al bien de Jehová, al pan, y al vino, y al aceite, y al ganado de las ovejas y de las vacas; y su alma será como huerto de riego, ni nunca más tendrán dolor. 13Entonces la virgen se holgará en la danza, los mozos y los viejos juntamente; y su lloro tornaré en gozo, y los consolaré, y los alegraré de su dolor. 14Y el alma del sacerdote embriagaré de grosura, y será mi pueblo saciado de mi bien, dice Jehová. 15Así ha dicho Jehová: Voz fue oída en Ramá, llanto y lloro amargo: Rachêl que lamenta por sus hijos, no quiso ser consolada acerca de sus hijos, porque perecieron. 16Así ha dicho Jehová: Reprime tu voz del llanto, y tus ojos de las lágrimas; porque salario hay para tu obra, dice Jehová, y volverán de la tierra del enemigo. 17Esperanza también hay para tu fin, dice Jehová, y los hijos volverán a su término. 18Escuchando, he oído a Ephraim que se lamentaba: Azotásteme, y fui castigado como novillo indómito: conviérteme y seré convertido; porque tú eres Jehová mi Dios. 19Porque después que me convertí, tuve arrepentimiento, y después que me conocí, herí el muslo: avergoncéme, y confundíme, porque llevé la afrenta de mis mocedades. 20¿No es Ephraim hijo precioso para mí? ¿no es niño delicioso? pues desde que hablé de él, heme acordado de él constantemente. Por eso mis entrañas se conmovieron por él: apiadado, tendré de él misericordia, dice Jehová. 21Establécete señales, ponte majanos altos; nota atentamente la calzada, el camino por donde viniste: vuélvete, virgen de Israel, vuélvete a estas tus ciudades. 22¿Hasta cuándo andarás errante, oh hija contumaz? porque Jehová criará una cosa nueva sobre la tierra: una hembra rodeará al varón. 23Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Aun dirán esta palabra en la tierra de Judá y en sus ciudades, cuando yo convertiré su cautiverio: Jehová te bendiga, oh morada de justicia, oh monte santo. 24Y morarán allí Judá, y también en todas sus ciudades labradores, y los que van con rebaño. 25Porque habré embriagado el alma cansada, y henchido toda alma entristecida. 26En esto me desperté, y vi, y mi sueño me fue sabroso. 27He aquí vienen días, dice Jehová, en que sembraré la casa de Israel y la casa de Judá de simiente de hombre y de simiente de animal. 28Y será que, como tuve cuidado de ellos para arrancar y derribar, y trastornar y perder, y afligir, así tendré cuidado de ellos para edificar y plantar, dice Jehová. 29En aquellos días no dirán más: Los padres comieron las uvas agraces, y los dientes de los hijos tienen la dentera. 30Sino que cada cual morirá por su maldad; los dientes de todo hombre que comiere las uvas agraces, tendrán la dentera. 31He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Jacob y con la casa de Judá: 32No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, bien que fui yo un marido para ellos, dice Jehová: 33Mas este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en sus entrañas, y escribiréla en sus corazones; y seré yo a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. 34Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová: porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová: porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado. 35Así ha dicho Jehová, que da el sol para luz del día, las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche; que parte la mar y braman sus ondas; Jehová de los ejércitos es su nombre: 36Si estas leyes faltaren delante de mí, dice Jehová, también la simiente de Israel faltará para no ser nación delante de mí todos los días. 37Así ha dicho Jehová: Si los cielos arriba se pueden medir, y buscarse abajo los fundamentos de la tierra, también yo desecharé toda la simiente de Israel por todo lo que hicieron, dice Jehová. 38He aquí que vienen días, dice Jehová, y la ciudad será edificada a Jehová, desde la torre de Hananeel hasta la puerta del rincón. 39Y saldrá más adelante el cordel de la medida delante de él sobre el collado de Hareb, y rodeará a Goa. 40Y todo el valle de los cuerpos muertos y de la ceniza, y todas las llanuras hasta el arroyo de Cedrón, hasta la esquina de la puerta de los caballos al oriente, será santo a Jehová: no será arrancada, ni destruída más para siempre.
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Marcos 16
1Y como pasó el sábado, María Magdalena, y María madre de Jacobo, y Salomé, compraron drogas aromáticas, para venir a ungirle. 2Y muy de mañana, el primer día de la semana, vienen al sepulcro, ya salido el sol. 3Y decían entre sí: ¿Quién nos revolverá la piedra de la puerta del sepulcro? 4Y como miraron, ven la piedra revuelta; que era muy grande. 5Y entradas en el sepulcro, vieron un mancebo sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron. 6Mas él les dice: No os asustéis: buscáis a Jesús Nazareno, el que fue crucificado; resucitado ha, no está aquí; he aquí el lugar en donde le pusieron. 7Mas id, decid a sus discípulos y a Pedro, que él va antes que vosotros a Galilea: allí le veréis, como os dijo. 8Y ellas se fueron huyendo del sepulcro; porque las había tomado temblor y espanto; ni decían nada a nadie, porque tenían miedo. 9Mas como Jesús resucitó por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de la cual había echado siete demonios. 10Yendo ella, lo hizo saber a los que habían estado con él, que estaban tristes y llorando. 11Y ellos como oyeron que vivía, y que había sido visto de ella, no lo creyeron. 12Mas después apareció en otra forma a dos de ellos que iban caminando, yendo al campo. 13Y ellos fueron, y lo hicieron saber a los otros; y ni aun a ellos creyeron. 14Finalmente se apareció a los once mismos, estando sentados a la mesa, y censuróles su incredulidad y dureza de corazón, que no hubiesen creído a los que le habían visto resucitado. 15Y les dijo: Id por todo el mundo; predicad el evangelio a toda criatura. 16El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. 17Y estas señales seguirán a los que creyeren: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; 18Quitarán serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les dañará; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán. 19Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y sentóse a la diestra de Dios. 20Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, obrando con ellos el Señor, y confirmando la palabra con las señales que se seguían. Amén.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Jueces 17 · Hechos 21
Personales
Jeremías 30-31 · Marcos 16