Lectura 1 de 4 · En familia

Números 9

1Y habló Jehová a Moisés en el desierto de Sinaí, en el segundo año de su salida de la tierra de Egipto, en el mes primero, diciendo: 2Los hijos de Israel harán la pascua a su tiempo. 3El décimocuarto día de este mes, entre las dos tardes, la haréis a su tiempo: conforme a todos sus ritos, y conforme a todas sus leyes la haréis. 4Y habló Moisés a los hijos de Israel, para que hiciesen la pascua. 5E hicieron la pascua en el mes primero, a los catorce días del mes, entre las dos tardes, en el desierto de Sinaí: conforme a todas las cosas que mandó Jehová a Moisés, así hicieron los hijos de Israel. 6Y hubo algunos que estaban inmundos a causa de muerto, y no pudieron hacer la pascua aquel día; y llegaron delante de Moisés y delante de Aarón aquel día; 7Y dijéronle aquellos hombres: Nosotros somos inmundos por causa de muerto; ¿por qué seremos impedidos de ofrecer ofrenda a Jehová a su tiempo entre los hijos de Israel? 8Y Moisés les respondió: Esperad, y oiré qué mandará Jehová acerca de vosotros. 9Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 10Habla a los hijos de Israel, diciendo: Cualquiera de vosotros o de vuestras generaciones, que fuere inmundo por causa de muerto o estuviere de viaje lejos, hará pascua a Jehová: 11En el mes segundo, a los catorce días del mes, entre las dos tardes, la harán: con cenceñas y hierbas amargas la comerán; 12No dejarán de él para la mañana, ni quebrarán hueso en él: conforme a todos los ritos de la pascua la harán. 13Mas el que estuviere limpio, y no estuviere de viaje, si dejare de hacer la pascua, la tal persona será cortada de sus pueblos: por cuanto no ofreció a su tiempo la ofrenda de Jehová, el tal hombre llevará su pecado. 14Y si morare con vosotros peregrino, e hiciere la pascua a Jehová, conforme al rito de la pascua y conforme a sus leyes así la hará: un mismo rito tendréis, así el peregrino como el natural de la tierra. 15Y el día que el tabernáculo fue levantado, la nube cubrió el tabernáculo sobre la tienda del testimonio; y a la tarde había sobre el tabernáculo como una apariencia de fuego, hasta la mañana. 16Así era continuamente: la nube lo cubría, y de noche la apariencia de fuego. 17Y según que se alzaba la nube del tabernáculo, los hijos de Israel se partían: y en el lugar donde la nube paraba, allí alojaban los hijos de Israel. 18Al mandato de Jehová los hijos de Israel se partían: y al mandato de Jehová asentaban el campo: todos los días que la nube estaba sobre el tabernáculo, ellos estaban quedos. 19Y cuando la nube se detenía sobre el tabernáculo muchos días, entonces los hijos de Israel guardaban la ordenanza de Jehová y no partían. 20Y cuando sucedía que la nube estaba sobre el tabernáculo pocos días, al dicho de Jehová alojaban, y al dicho de Jehová partían. 21Y cuando era que la nube se detenía desde la tarde hasta la mañana, cuando a la mañana la nube se levantaba, ellos partían: o si había estado el día, y a la noche la nube se levantaba, entonces partían. 22O si dos días, o un mes, o un año, mientras la nube se detenía sobre el tabernáculo quedándose sobre él, los hijos de Israel se estaban acampados, y no movían: mas cuando ella se alzaba, ellos movían. 23Al dicho de Jehová asentaban, y al dicho de Jehová partían, guardando la ordenanza de Jehová, como lo había Jehová dicho por medio de Moisés.
Lectura 2 de 4 · En familia

Salmo 44

1Oh Dios, con nuestros oídos hemos oído, nuestros padres nos han contado, la obra que hiciste en sus días, en los tiempos antiguos. 2Tú con tu mano echaste las gentes, y los plantaste a ellos; afligiste los pueblos, y los arrojaste. 3Porque no se apoderaron de la tierra por su espada, ni su brazo los libró; sino tu diestra, y tu brazo, y la luz de tu rostro, porque te complaciste en ellos. 4Tú, oh Dios, eres mi rey: manda saludes a Jacob. 5Por medio de ti sacudiremos a nuestros enemigos: en tu nombre atropellaremos a nuestros adversarios. 6Porque no confiaré en mi arco, ni mi espada me salvará. 7Pues tú nos has guardado de nuestros enemigos, y has avergonzado a los que nos aborrecían. 8En Dios nos gloriaremos todo tiempo, y para siempre loaremos tu nombre. (Selah.) 9Empero nos has desechado, y nos has hecho avergonzar; y no sales en nuestros ejércitos. 10Nos hiciste retroceder del enemigo, y saqueáron nos para sí los que nos aborrecían. 11Pusístenos como a ovejas para comida, y esparcístenos entre las gentes. 12Has vendido tu pueblo de balde, y no pujaste en sus precios. 13Pusístenos por vergüenza a nuestros vecinos, por escarnio y por burla a los que nos rodean. 14Pusístenos por proverbio entre las gentes, por movimiento de cabeza en los pueblos. 15Cada día mi vergüenza está delante de mí, y cúbreme la confusión de mi rostro, 16Por la voz del que me vitupera y deshonra, por razón del enemigo y del que se venga. 17Todo esto nos ha venido, y no nos hemos olvidado de ti; y no hemos faltado a tu pacto. 18No se ha vuelto atrás nuestro corazón, ni tampoco se han apartado nuestros pasos de tus caminos. 19Cuando nos quebrantaste en el lugar de los dragones, y nos cubriste con sombra de muerte, 20Si nos hubiésemos olvidado del nombre de nuestro Dios, o alzado nuestras manos a dios ajeno, 21¿No demandaría Dios esto? porque él conoce los secretos del corazón. 22Empero por tu causa nos matan cada día; somos tenidos como ovejas para el matadero. 23Despierta; ¿por qué duermes, Señor? Despierta, no te alejes para siempre. 24¿Por qué escondes tu rostro, y te olvidas de nuestra aflicción, y de la opresión nuestra? 25Porque nuestra alma está agobiada hasta el polvo: nuestro vientre está pegado con la tierra. 26Levántate para ayudarnos, y redímenos por tu misericordia.
Lectura 3 de 4 · Personal

Cantares 7

1¡Cuán hermosos son tus pies en los calzados, oh hija de príncipe! Los contornos de tus muslos son como joyas, obra de mano de excelente maestro. 2Tu ombligo, como una taza redonda, que no le falta bebida. Tu vientre, como montón de trigo, cercado de lirios. 3Tus dos pechos, como dos cabritos mellizos de gama. 4Tu cuello, como torre de marfil; tus ojos, como las pesqueras de Hesbón junto a la puerta de Batrabbim; tu nariz, como la torre del Líbano, que mira hacia Damasco. 5Tu cabeza encima de ti, como el Carmelo; y el cabello de tu cabeza, como la púrpura del rey ligada en los corredores. 6¡Qué hermosa eres, y cuán suave, oh amor deleitoso! 7¡Y tu estatura es semejante a la palma, y tus pechos a los racimos! 8Yo dije: Subiré a la palma, asiré sus ramos: y tus pechos serán ahora como racimos de vid, y el olor de tu boca como de manzanas; 9Y tu paladar como el buen vino, que se entra a mi amado suavemente, y hace hablar los labios de los viejos. 10Yo soy de mi amado, y conmigo tiene su contentamiento. 11Ven, oh amado mío, salgamos al campo, moremos en las aldeas. 12Levantémonos de mañana a las viñas; veamos si brotan las vides, si se abre el cierne, si han florecido los granados; allí te daré mis amores. 13Las mandrágoras han dado olor, y a nuestras puertas hay toda suerte de dulces frutas, nuevas y añejas, que para ti, oh amado mío, he guardado.
Lectura 4 de 4 · Personal

Hebreos 7

1Porque este Melchîsedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, el cual salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo, 2Al cual asimismo dio Abraham los diezmos de todo, primeramente él se interpreta Rey de justicia; y luego también Rey de Salem, que es, Rey de paz; 3Sin padre, sin madre, sin linaje; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, mas hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre. 4Mirad pues cuán grande fue este, al cual aun Abraham el patriarca dio diezmos de los despojos. 5Y ciertamente los que de los hijos de Leví toman el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley, es a saber, de sus hermanos aunque también hayan salido de los lomos de Abraham. 6Mas aquel cuya genealogía no es contada de ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las promesas. 7Y sin contradicción alguna, lo que es menos es bendecido de lo que es más. 8Y aquí ciertamente los hombres mortales toman los diezmos: mas allí, aquel del cual está dado testimonio que vive. 9Y, por decirlo así, en Abraham fue diezmado también Leví, que recibe los diezmos; 10Porque aun estaba en los lomos de su padre cuando Melchîsedec le salió al encuentro. 11Si pues la perfección era por el sacerdocio Levítico (porque debajo de él recibió el pueblo la ley) ¿qué necesidad había aún de que se levantase otro sacerdote según el orden de Melchîsedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón? 12Pues mudado el sacerdocio, necesario es que se haga también mudanza de la ley. 13Porque aquel del cual esto se dice, de otra tribu es, de la cual nadie asistió al altar. 14Porque notorio es que el Señor nuestro nació de la tribu de Judá, sobre cuya tribu nada habló Moisés tocante al sacerdocio. 15Y aun más manifiesto es, si a semejanza de Melchîsedec se levanta otro sacerdote, 16El cual no es hecho conforme a la ley del mandamiento carnal, sino según la virtud de vida indisoluble; 17Pues se da testimonio de él: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melchîsedec. 18El mandamiento precedente, cierto se abroga por su flaqueza e inutilidad; 19Porque nada perfeccionó la ley; mas hízolo la introducción de mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios. 20Y por cuanto no fue sin juramento, 21(Porque los otros cierto sin juramento fueron hechos sacerdotes; mas este, con juramento por el que le dijo: Juró el Señor, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote eternamente según el orden de Melchîsedec:) 22Tanto de mejor testamento es hecho fiador Jesús. 23Y los otros cierto fueron muchos sacerdotes, en cuanto por la muerte no podían permanecer. 24Mas este, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable: 25Por lo cual puede también salvar eternamente a los que por él se allegan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. 26Porque tal pontífice nos convenía: santo, inocente, limpio, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; 27Que no tiene necesidad cada día, como los otros sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus pecados, y luego por los del pueblo: porque esto lo hizo una sola vez, ofreciéndose a sí mismo. 28Porque la ley constituye sacerdotes a hombres flacos; mas la palabra del juramento, después de la ley, constituye al Hijo, hecho perfecto para siempre.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Números 9 · Salmo 44
Personales
Cantares 7 · Hebreos 7