Lectura 1 de 4 · En familia

Jueces 3

1Estas, pues, son las gentes que dejó Jehová para probar con ellas a Israel, a todos aquellos que no habían conocido todas las guerras de Canaán; 2Para que al menos el linaje de los hijos de Israel conociese, para enseñarlos en la guerra, siquiera fuese a los que antes no la habían conocido: 3Cinco príncipes de los Philisteos, y todos los Cananeos, y los Sidonios, y los Heveos que habitaban en el monte Líbano: desde el monte de Baal-hermón hasta llegar a Hamath. 4Estos pues fueron para probar por ellos a Israel, para saber si obedecerían a los mandamientos de Jehová, que él había prescrito a sus padres por mano de Moisés. 5Así los hijos de Israel habitaban entre los Cananeos, Hetheos, Amorrheos, Pherezeos, Heveos, y Jebuseos: 6Y tomaron de sus hijas por mujeres, y dieron sus hijas a los hijos de ellos, y sirvieron a sus dioses. 7Hicieron, pues, los hijos de Israel lo malo en ojos de Jehová: y olvidados de Jehová su Dios, sirvieron a los Baales, y a los ídolos de los bosques. 8Y la saña de Jehová se encendió contra Israel, y vendiólos en manos de Chusan-risathaim, rey de Mesopotamia; y sirvieron los hijos de Israel a Chusan-risathaim ocho años. 9Y clamaron los hijos de Israel a Jehová; y Jehová suscitó salvador a los hijos de Israel y librólos; es a saber, a Othoniel hijo de Cenez, hermano menor de Caleb. 10Y el espíritu de Jehová fue sobre él, y juzgó a Israel, y salió a batalla, y Jehová entregó en su mano a Chusan-risathaim, rey de Siria, y prevaleció su mano contra Chusan-risathaim. 11Y reposó la tierra cuarenta años; y murió Othoniel, hijo de Cenez. 12Y tornaron los hijos de Israel a hacer lo malo ante los ojos de Jehová; y Jehová esforzó a Eglón rey de Moab contra Israel, por cuanto habían hecho lo malo ante los ojos de Jehová. 13Y juntó consigo a los hijos de Ammón y de Amalec, y fue, e hirió a Israel, y tomó la ciudad de las palmas. 14Y sirvieron los hijos de Israel a Eglón rey de los Moabitas diez y ocho años. 15Y clamaron los hijos de Israel a Jehová; y Jehová les suscitó salvador, a Aod, hijo de Gera, Benjamita, el cual tenía cerrada la mano derecha. Y los hijos de Israel enviaron con él un presente a Eglón rey de Moab. 16Y Aod se había hecho un puñal de dos filos, de un codo de largo; y ciñósele debajo de sus vestidos a su lado derecho. 17Y presentó el presente a Eglón rey de Moab; y era Eglón hombre muy grueso. 18Y luego que hubo presentado el don, despidió a la gente que lo había traído. 19Mas él se volvió desde los ídolos que están en Gilgal, y dijo: Rey, una palabra secreta tengo que decirte. El entonces dijo: Calla. Y saliéronse de con él todos los que delante de él estaban. 20Y llegóse Aod a él, el cual estaba sentado solo en una sala de verano. Y Aod dijo: Tengo palabra de Dios para ti. El entonces se levantó de la silla. 21Mas Aod metió su mano izquierda, y tomó el puñal de su lado derecho, y metióselo por el vientre; 22De tal manera que la empuñadura entró también tras la hoja, y la grosura encerró la hoja, que él no sacó el puñal de su vientre: y salió el estiércol. 23Y saliendo Aod al patio, cerró tras sí las puertas de la sala. 24Y salido él, vinieron sus siervos, los cuales viendo las puertas de la sala cerradas, dijeron: Sin duda él cubre sus pies en la sala de verano. 25Y habiendo esperado hasta estar confusos, pues que él no abría las puertas de la sala, tomaron la llave y abrieron: y he aquí su señor caído en tierra muerto. 26Mas entre tanto que ellos se detuvieron, Aod se escapó, y pasando los ídolos, salvóse en Seirath. 27Y como hubo entrado, tocó el cuerno en el monte de Ephraim, y los hijos de Israel descendieron con él del monte, y él iba delante de ellos. 28Entonces él les dijo: Seguidme, porque Jehová ha entregado vuestros enemigos los Moabitas en vuestras manos. Y descendieron en pos de él, y tomaron los vados del Jordán a Moab, y no dejaron pasar a ninguno. 29Y en aquel tiempo hirieron de los Moabitas como diez mil hombres, todos valientes y todos hombres de guerra; no escapó hombre. 30Así quedó Moab sojuzgado aquel día bajo la mano de Israel: y reposó la tierra ochenta años. 31Después de este fue Samgar hijo de Anat, el cual hirió seiscientos hombres de los Filisteos con una aguijada de bueyes; y él también salvó a Israel.
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Hechos 7

1El príncipe de los sacerdotes dijo entonces: ¿Es esto así? 2Y él dijo: Varones hermanos y padres, oid: El Dios de la gloria apareció a nuestro padre Abraham, estando en Mesopotamia, antes que morase en Châran, 3Y le dijo: Sal de tu tierra y de tu parentela, y ven a la tierra que te mostraré. 4Entonces salió de la tierra de los Caldeos, y habitó en Châran: y de allí, muerto su padre, le traspasó a esta tierra, en la cual vosotros habitáis ahora; 5Y no le dio herencia en ella, ni aun para asentar un pie: mas le prometió que se la daría en posesión, y a su simiente después de él, no teniendo hijo. 6Y hablóle Dios así: Que su simiente sería extranjera en tierra ajena, y que los reducirían a servidumbre y maltratarían, por cuatrocientos años. 7Mas yo juzgaré, dijo Dios, la nación a la cual serán siervos: y después de esto saldrán y me servirán en este lugar. 8Y dióle el pacto de la circuncisión: y así Abraham engendró a Isaac, y le circuncidó al octavo día; e Isaac a Jacob, y Jacob a los doce patriarcas. 9Y los patriarcas, movidos de envidia, vendieron a José para Egipto; mas Dios era con él, 10Y le libró de todas sus tribulaciones, y le dio gracia y sabiduría en la presencia de Faraón, rey de Egipto, el cual le puso por gobernador sobre Egipto, y sobre toda su casa. 11Vino entonces hambre en toda la tierra de Egipto y de Canaán, y grande tribulación; y nuestros padres no hallaban alimentos. 12Y como oyese Jacob que había trigo en Egipto, envió a nuestros padres la primera vez. 13Y en la segunda, José fue conocido de sus hermanos, y fue sabido de Faraón el linaje de José. 14Y enviando José, hizo venir a su padre Jacob, y a toda su parentela, en número de setenta y cinco personas. 15Así descendió Jacob a Egipto, donde murió él y nuestros padres; 16Los cuales fueron trasladados a Sichêm, y puestos en el sepulcro que compró Abraham a precio de dinero de los hijos de Hemor de Sichêm. 17Mas como se acercaba el tiempo de la promesa, la cual Dios había jurado a Abraham, el pueblo creció y multiplicóse en Egipto, 18Hasta que se levantó otro rey en Egipto que no conocía a José. 19Este, usando de astucia con nuestro linaje, maltrató a nuestros padres, a fin de que pusiesen a peligro de muerte sus niños, para que cesase la generación. 20En aquel mismo tiempo nació Moisés, y fue agradable a Dios: y fue criado tres meses en casa de su padre. 21Mas siendo puesto al peligro, la hija de Faraón le tomó, y le crio como a hijo suyo. 22Y fue enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus dichos y hechos. 23Y cuando hubo cumplido la edad de cuarenta años, le vino voluntad de visitar a sus hermanos los hijos de Israel. 24Y como vio a uno que era injuriado, defendióle, e hiriendo al Egipcio, vengó al injuriado. 25Pero él pensaba que sus hermanos entendían que Dios les había de dar salud por su mano; mas ellos no lo habían entendido. 26Y al día siguiente, riñendo ellos, se les mostró, y los ponía en paz, diciendo: Varones, hermanos sois, ¿por qué os injuriáis los unos a los otros? 27Entonces el que injuriaba a su prójimo, le rempujó, diciendo: ¿Quién te ha puesto por príncipe y juez sobre nosotros? 28¿Quieres tú matarme, como mataste ayer al Egipcio? 29A esta palabra Moisés huyó, y se hizo extranjero en tierra de Madián, donde engendró dos hijos. 30Y cumplidos cuarenta años, un ángel le apareció en el desierto del monte Sina, en fuego de llama de una zarza. 31Entonces Moisés mirando, se maravilló de la visión: y llegándose para considerar, fue hecha a él voz del Señor: 32Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob. Mas Moisés, temeroso, no osaba mirar. 33Y le dijo el Señor: Quita los zapatos de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra santa. 34He visto, he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído el gemido de ellos, y he descendido para librarlos. Ahora pues, ven, te enviaré a Egipto. 35A este Moisés, al cual habían rehusado, diciendo: ¿Quién te ha puesto por príncipe y juez? a este envió Dios por príncipe y redentor con la mano del ángel que le apareció en la zarza. 36Este los sacó, habiendo hecho prodigios y milagros en la tierra de Egipto, y en el mar Bermejo, y en el desierto por cuarenta años. 37Este es el Moisés, el cual dijo a los hijos de Israel: Profeta os levantará el Señor Dios vuestro de vuestros hermanos, como yo; a él oiréis. 38Este es aquel que estuvo en la congregación en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sina, y con nuestros padres; y recibió las palabras de vida para darnos: 39Al cual nuestros padres no quisieron obedecer; antes le desecharon, y se apartaron de corazón a Egipto, 40Diciendo a Aarón: Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, que nos sacó de tierra de Egipto, no sabemos qué le ha acontecido. 41Y entonces hicieron un becerro, y ofrecieron sacrificio al ídolo, y en las obras de sus manos se holgaron. 42Y Dios se apartó, y los entregó que sirviesen al ejército del cielo; como está escrito en el libro de los profetas: ¿Me ofrecisteis víctimas y sacrificios en el desierto por cuarenta años, casa de Israel? 43Antes, trajisteis el tabernáculo de Moloch, y la estrella de vuestro dios Remphan: figuras que os hicisteis para adorarlas: os transportaré pues, más allá de Babilonia. 44Tuvieron nuestros padres el tabernáculo del testimonio en el desierto, como había ordenado Dios, hablando a Moisés que lo hiciese según la forma que había visto. 45El cual recibido, metieron también nuestros padres con Josué en la posesión de los Gentiles, que Dios echó de la presencia de nuestros padres, hasta los días de David; 46El cual halló gracia delante de Dios, y pidió hallar tabernáculo para el Dios de Jacob. 47Mas Salomón le edificó casa. 48Si bien el Altísimo no habita en templos hechos de mano; como el profeta dice: 49El cielo es mi trono, y la tierra es el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor; ¿o cuál es el lugar de mi reposo? 50¿No hizo mi mano todas estas cosas? 51Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos, vosotros resistís siempre al Espíritu Santo: como vuestros padres, así también vosotros. 52¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? y mataron a los que antes anunciaron la venida del Justo, del cual vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores; 53Que recibisteis la ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis. 54Y oyendo estas cosas, regañaban de sus corazones, y crujían los dientes contra él. 55Mas él, estando lleno de Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, 56Y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del hombre que está a la diestra de Dios. 57Entonces dando grandes voces, se taparon sus oídos, y arremetieron unánimes contra él; 58Y echándolo fuera de la ciudad, le apedreaban: y los testigos pusieron sus vestidos a los pies de un mancebo que se llamaba Saulo. 59Y apedrearon a Esteban, invocando él y diciendo: Señor Jesús, recibe mi espíritu. 60Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les imputes este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió.
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Jeremías 16

1Y fue a mí palabra de Jehová, diciendo: 2No tomarás para ti mujer, ni tendrás hijos ni hijas en este lugar. 3Porque así ha dicho Jehová acerca de los hijos y de las hijas que nacieren en este lugar, y de sus madres que los parieren, y de los padres que los engendraren en esta tierra. 4De dolorosas enfermedades morirán; no serán plañidos ni enterrados: serán por muladar sobre la haz de la tierra: y con cuchillo y con hambre serán consumidos, y sus cuerpos serán para comida de las aves del cielo y de las bestias de la tierra. 5Porque así ha dicho Jehová: No entres en casa de luto, ni vayas a lamentar, ni los consueles: porque yo he quitado mi paz de este pueblo, dice Jehová, mi misericordia y piedades. 6Y morirán en esta tierra grandes y chicos: no se enterrarán, ni los plañirán, ni se arañarán, ni se mesarán por ellos; 7Ni por ellos partirán pan por luto, para consolarlos de sus muertos; ni les darán a beber vaso de consolaciones por su padre o por su madre. 8Asimismo no entres en casa de convite, para sentarte con ellos a comer o a beber. 9Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel; He aquí que yo haré cesar en este lugar, delante de vuestros ojos y en vuestros días, toda voz de gozo y toda voz de alegría, toda voz de esposo y toda voz de esposa. 10Y acontecerá que cuando anunciares a este pueblo todas estas cosas, te dirán ellos: ¿Por qué habló Jehová sobre nosotros todo este mal tan grande? ¿y qué maldad es la nuestra, o qué pecado es el nuestro, que cometiéramos contra Jehová nuestro Dios? 11Entonces les dirás: Porque vuestros padres me dejaron, dice Jehová, y anduvieron en pos de dioses ajenos, y los sirvieron, y a ellos se encorvaron, y me dejaron a mí, y no guardaron mi ley; 12Y vosotros habéis hecho peor que vuestros padres; porque he aquí que vosotros camináis cada uno tras la imaginación de su malvado corazón, no oyéndome a mí. 13Por tanto, yo os haré echar de esta tierra a tierra que ni vosotros ni vuestros padres habéis conocido, y allá serviréis a dioses ajenos de día y de noche; porque no os mostraré clemencia. 14Empero he aquí, vienen días, dice Jehová, que no se dirá más: Vive Jehová, que hizo subir a los hijos de Israel de tierra de Egipto; 15Sino: Vive Jehová, que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra del aquilón, y de todas las tierras a donde los había arrojado: y volverélos a su tierra, la cual di a sus padres. 16He aquí que yo envío muchos pescadores, dice Jehová, y los pescarán; y después enviaré muchos cazadores, y los cazarán de todo monte, y de todo collado, y de las cavernas de los peñascos. 17Porque mis ojos están sobre todos sus caminos, los cuales no se me ocultaron, ni su maldad se esconde de la presencia de mis ojos. 18Mas primero pagaré al doble su iniquidad y su pecado; porque contaminaron mi tierra con los cuerpos muertos de sus abominaciones, y de sus abominaciones llenaron mi heredad. 19Oh Jehová, fortaleza mía, y fuerza mía, y refugio mío en el tiempo de la aflicción; a ti vendrán gentes desde los extremos de la tierra, y dirán: Ciertamente mentira poseyeron nuestros padres, vanidad, y no hay en ellos provecho. 20¿Ha de hacer el hombre dioses para sí? mas ellos no son dioses. 21Por tanto, he aquí, les enseñaré de esta vez, enseñarles he mi mano y mi fortaleza, y sabrán que mi nombre es Jehová.
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Marcos 2

1Y entró otra vez en Capernaum después de algunos días, y se oyó que estaba en casa. 2Y luego se juntaron a él muchos, que ya no cabían ni aun a la puerta; y les predicaba la palabra. 3Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era traído por cuatro. 4Y como no podían llegar a él a causa del gentío, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico. 5Y viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados. 6Y estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales pensando en sus corazones, 7Decían: ¿Por qué habla este así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Dios? 8Y conociendo luego Jesús en su espíritu que pensaban así dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué pensáis estas cosas en vuestros corazones? 9¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, y toma tu lecho y anda? 10Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar los pecados, (dice al paralítico): 11A ti te digo: Levántate, y toma tu lecho, y vete a tu casa. 12Entonces él se levantó luego, y tomando su lecho, se salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron a Dios, diciendo: Nunca tal hemos visto. 13Y volvió a salir a la mar, y toda la gente venía a él, y los enseñaba. 14Y pasando, vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado al banco de los públicos tributos, y le dice: Sígueme. Y levantándose le siguió. 15Y aconteció que estando Jesús a la mesa en casa de él, muchos publicanos y pecadores estaban también a la mesa juntamente con Jesús y con sus discípulos: porque había muchos, y le habían seguido. 16Y los escribas y los Fariseos, viéndole comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron a sus discípulos: ¿Qué es esto, que él come y bebe con los publicanos y con los pecadores? 17Y oyéndolo Jesús, les dice: Los sanos no tienen necesidad de médico, mas los que tienen mal. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores. 18Y los discípulos de Juan, y de los Fariseos ayunaban; y vienen, y le dicen: ¿Por qué los discípulos de Juan y los de los Fariseos ayunan, y tus discípulos no ayunan? 19Y Jesús les dice: ¿Pueden ayunar los que están de bodas, cuando el esposo está con ellos? Entre tanto que tienen consigo al esposo no pueden ayunar. 20Mas vendrán días, cuando el esposo les será quitado, y entonces en aquellos días ayunarán. 21Nadie echa remiendo de paño recio en vestido viejo; de otra manera el mismo remiendo nuevo tira del viejo, y la rotura se hace peor. 22Ni nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y se derrama el vino, y los odres se pierden; mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar. 23Y aconteció que pasando él por los sembrados en sábado, sus discípulos andando comenzaron a arrancar espigas. 24Entonces los Fariseos le dijeron: He aquí, ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito? 25Y él les dijo: ¿Nunca leísteis qué hizo David cuando tuvo necesidad, y tuvo hambre, él y los que con él estaban: 26Cómo entró en la casa de Dios, siendo Abiathar sumo pontífice, y comió los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino a los sacerdotes, y aun dio a los que con él estaban? 27También les dijo: El sábado por causa del hombre es hecho; no el hombre por causa del sábado. 28Así que el Hijo del hombre es Señor aun del sábado.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Jueces 3 · Hechos 7
Personales
Jeremías 16 · Marcos 2