Lectura 1 de 4 · En familia
Éxodo 31
1Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 2Mira, yo he llamado por su nombre a Bezaleel, hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá; 3Y lo he henchido de espíritu de Dios, en sabiduría, y en inteligencia, y en ciencia, y en todo artificio, 4Para inventar diseños, para trabajar en oro, y en plata, y en metal, 5Y en artificio de piedras para engastar las, y en artificio de madera; para obrar en toda suerte de labor. 6Y he aquí que yo he puesto con él a Aholiab, hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan: y he puesto sabiduría en el ánimo de todo sabio de corazón, para que hagan todo lo que te he mandado: 7El tabernáculo del testimonio, y el arca del testimonio, y la cubierta que está sobre ella, y todos los vasos del tabernáculo; 8Y la mesa y sus vasos, y el candelero limpio y todos sus vasos, y el altar del perfume; 9Y el altar del holocausto y todos sus vasos, y la fuente y su basa; 10Y los vestidos del servicio, y las santas vestiduras para Aarón el sacerdote, y las vestiduras de sus hijos, para que ejerzan el sacerdocio; 11Y el aceite de la unción, y el perfume aromático para el santuario: harán conforme a todo lo que te he mandado. 12Habló además Jehová a Moisés, diciendo: 13Y tú hablarás a los hijos de Israel, diciendo: Con todo eso vosotros guardaréis mis sábados: porque es señal entre mí y vosotros por vuestras edades, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico. 14Así que guardaréis el sábado, porque santo es a vosotros: el que lo profanare, de cierto morirá; porque cualquiera que hiciere obra alguna en él, aquella alma será cortada de en medio de sus pueblos. 15Seis días se hará obra, mas el día séptimo es sábado de reposo consagrado a Jehová; cualquiera que hiciere obra el día del sábado, morirá ciertamente. 16Guardarán, pues, el sábado los hijos de Israel: celebrándolo por sus edades por pacto perpetuo: 17Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel; porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó, y reposó. 18Y dio a Moisés, como acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios.
Lectura 2 de 4 · En familia
Juan 10
1De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, mas sube por otra parte, el tal es ladrón y robador. 2Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es. 3A este abre el portero, y las ovejas oyen su voz: y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. 4Y como ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. 5Mas al extraño no seguirán, antes huirán de él: porque no conocen la voz de los extraños. 6Esta parábola les dijo Jesús; mas ellos no entendieron qué era lo que les decía. 7Volvióles, pues, Jesús a decir: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas. 8Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y robadores; mas no los oyeron las ovejas. 9Yo soy la puerta: el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. 10El ladrón no viene sino para hurtar, y matar, y destruir: yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. 11Yo soy el buen pastor: el buen pastor su vida da por las ovejas. 12Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve al lobo que viene, y deja las ovejas, y huye, y el lobo las arrebata, y esparce las ovejas. 13Así que, el asalariado, huye, porque es asalariado, y no tiene cuidado de las ovejas. 14Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen. 15Como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas. 16También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquellas también me conviene traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor. 17Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. 18Nadie me la quita, mas yo la pongo de mí mismo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre. 19Y volvió a haber disensión entre los Judíos por estas palabras. 20Y muchos de ellos decían: Demonio tiene, y está fuera de sí; ¿para qué le oís? 21Decían otros: Estas palabras no son de endemoniado: ¿puede el demonio abrir los ojos de los ciegos? 22Y se hacía la fiesta de la dedicación en Jerusalem; y era invierno; 23Y Jesús andaba en el templo por el portal de Salomón. 24Y rodeáronle los Judíos y dijéronle: ¿Hasta cuándo nos has de turbar el alma? Si tú eres el Cristo, dínos lo abiertamente. 25Respondióles Jesús: Os lo he dicho, y no creéis: las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí; 26Mas vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho. 27Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen; 28Y yo les doy vida eterna: y no perecerán para siempre, ni nadie las arrebatará de mi mano. 29Mi Padre que me las dio, mayor que todos es: y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. 30Yo y el Padre una cosa somos. 31Entonces volvieron a tomar piedras los Judíos para apedrearle. 32Respondióles Jesús: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre; ¿por cuál obra de esas me apedreáis? 33Respondiéronle los Judíos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; y porque tú, siendo hombre, te haces Dios. 34Respondióles Jesús: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, Dioses sois? 35Si dijo, dioses, a aquellos a los cuales fue hecha palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada); 36¿A quien el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy? 37Si no hago obras de mi Padre, no me creáis. 38Mas si las hago, aunque a mí no creáis, creed a las obras; para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre. 39Y procuraban otra vez prenderle; mas él se salió de sus manos; 40Y volvióse tras el Jordán, a aquel lugar donde primero había estado bautizando Juan; y estúvose allí. 41Y muchos venían a él, y decían: Juan, a la verdad, ninguna señal hizo; mas todo lo que Juan dijo de este, era verdad. 42Y muchos creyeron allí en él.
Lectura 3 de 4 · Personal
Proverbios 7
1Hijo mío, guarda mis razones, y encierra contigo mis mandamientos. 2Guarda mis mandamientos, y vivirás; y mi ley como las niñas de tus ojos. 3Lígalos a tus dedos; escríbelos en la tabla de tu corazón. 4Di a la sabiduría: Tú eres mi hermana; y a la inteligencia llama parienta: 5Para que te guarden de la mujer ajena, y de la extraña que ablanda sus palabras. 6Porque mirando yo por la ventana de mi casa, por mi celosía, 7Vi entre los simples, consideré entre los jóvenes, un mancebo falto de entendimiento, 8El cual pasaba por la calle, junto a la esquina de aquella, e iba camino de su casa, 9A la tarde del día, ya que oscurecía, en la oscuridad y tiniebla de la noche. 10Y he aquí, una mujer que le sale al encuentro con atavío de ramera, astuta de corazón, 11Alborotadora y rencillosa, sus pies no pueden estar en casa; 12Unas veces de fuera, o bien por las plazas, acechando por todas las esquinas. 13Y traba de él, y bésalo; desvergonzó su rostro, y díjole: 14Sacrificios de paz había prometido, hoy he pagado mis votos; 15Por tanto he salido a encontrarte, buscando diligentemente tu rostro, y te he hallado. 16Con paramentos he ataviado mi cama, recamados con cordoncillo de Egipto. 17He sahumado mi cámara con mirra, áloes, y cinamomo. 18Ven, embriaguémonos de amores hasta la mañana; alegrémonos en amores. 19Porque el marido no está en casa, hase ido a un largo viaje: 20El saco de dinero llevó en su mano; el día señalado volverá a su casa. 21Rindiólo con la mucha suavidad de sus palabras, obligóle con la blandura de sus labios. 22Vase en pos de ella luego, como va el buey al degolladero, y como el loco a las prisiones para ser castigado; 23Como el ave que se apresura al lazo, y no sabe que es contra su vida, hasta que la saeta traspasó su hígado. 24Ahora pues, hijos, oidme, y estad atentos a las razones de mi boca. 25No se aparte a sus caminos tu corazón; no yerres en sus veredas. 26Porque a muchos ha hecho caer heridos; y aun los más fuertes han sido muertos por ella. 27Caminos del sepulcro son su casa, que descienden a las cámaras de la muerte.
Lectura 4 de 4 · Personal
Gálatas 6
1Hermanos, si alguno fuere tomado en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restaurad al tal con el espíritu de mansedumbre; considerándote a ti mismo, porque tú no seas también tentado. 2Sobrellevad los unos las cargas de los otros; y cumplid así la ley de Cristo. 3Porque el que estima de sí que es algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña. 4Así que cada uno examine su obra, y entonces tendrá gloria solo respecto de sí mismo, y no en otro. 5Porque cada cual llevará su carga. 6Y el que es enseñado en la palabra, comunique en todos los bienes al que lo instruye. 7No os engañéis: Dios no puede ser burlado: que todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. 8Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. 9No nos cansemos, pues, de hacer bien; que a su tiempo segaremos, si no hubiéremos desmayado. 10Así que, entre tanto que tenemos tiempo, hagamos bien a todos, y mayormente a los domésticos de la fe. 11Mirad en cuán grandes letras os he escrito de mi mano. 12Todos los que quieren agradar en la carne, estos os constriñen a que os circuncidéis, solamente por no padecer persecución por la cruz de Cristo. 13Porque ni aun los mismos que se circuncidan guardan la ley; sino que quieren que vosotros seáis circuncidados, para gloriarse en vuestra carne. 14Mas lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo. 15Porque en Cristo Jesús, ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino la nueva criatura. 16Y todos los que anduvieren conforme a esta regla, paz sobre ellos, y misericordia, y sobre el Israel de Dios. 17De aquí adelante nadie me sea molesto; porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús. 18Hermanos, la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. Amén.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Éxodo 31 · Juan 10
Personales
Proverbios 7 · Gálatas 6