Lectura 1 de 4 · En familia
Éxodo 30
1Harás asimismo un altar de sahumerio de perfume: de madera de Sittim lo harás. 2Su longitud será de un codo, y su anchura de un codo: será cuadrado: y su altura de dos codos: y sus cuernos serán de lo mismo. 3Y cubrirlo has de oro puro, su techado, y sus paredes en derredor, y sus cuernos: y le harás en derredor una corona de oro. 4Le harás también dos anillos de oro debajo de su corona a sus dos esquinas en ambos lados suyos, para meter los varales con que será llevado. 5Y harás los varales de madera de Sittim, y los cubrirás de oro. 6Y lo pondrás delante del velo que está junto al arca del testimonio, delante de la cubierta que está sobre el testimonio, donde yo te testificaré de mí. 7Y quemará sobre él Aarón sahumerio de aroma cada mañana: cuando aderezare las lámparas lo quemará. 8Y cuando Aarón encenderá las lámparas al anochecer, quemará el sahumerio: rito perpetuo delante de Jehová por vuestras edades. 9No ofreceréis sobre él sahumerio extraño, ni holocausto, ni presente; ni tampoco derramaréis sobre él libación. 10Y sobre sus cuernos hará Aarón expiación una vez en el año con la sangre de la expiación para las reconciliaciones: una vez en el año hará expiación sobre él en vuestras edades: será muy santo a Jehová. 11Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 12Cuando tomares el número de los hijos de Israel conforme a la cuenta de ellos, cada uno dará a Jehová el rescate de su persona, cuando los contares, y no habrá en ellos mortandad por haberlos contado. 13Esto dará cualquiera que pasare por la cuenta, medio siclo conforme al siclo del santuario. El siclo es de veinte óbolos: la mitad de un siclo será la ofrenda a Jehová. 14Cualquiera que pasare por la cuenta, de veinte años arriba, dará la ofrenda a Jehová. 15Ni el rico aumentará, ni el pobre disminuirá de medio siclo, cuando dieren la ofrenda a Jehová para hacer expiación por vuestras personas. 16Y tomarás de los hijos de Israel el dinero de las expiaciones, y lo darás para la obra del tabernáculo del testimonio: y será por memoria a los hijos de Israel delante de Jehová, para expiar vuestras personas. 17Habló más Jehová a Moisés, diciendo: 18Harás también una fuente de metal, con su basa de metal, para lavar; y la has de poner entre el tabernáculo del testimonio y el altar; y pondrás en ella agua. 19Y de ella se lavarán Aarón y sus hijos sus manos y sus pies: 20Cuando entraren en el tabernáculo del testimonio, se han de lavar con agua, y no morirán: y cuando se llegaren al altar para ministrar, para encender a Jehová la ofrenda que se ha de consumir al fuego, 21También se lavarán las manos y los pies, y no morirán. Y lo tendrán por estatuto perpetuo él y su simiente por sus generaciones. 22Habló más Jehová a Moisés, diciendo: 23Y tú has de tomar de las principales drogas; de mirra excelente quinientos siclos, y de canela aromática la mitad, esto es, doscientos y cincuenta, y de cálamo aromático doscientos y cincuenta, 24Y de casia quinientos, al peso del santuario, y de aceite de olivas un hin: 25Y harás de ello el aceite de la santa unción, superior ungüento, obra de perfumador, el cual será el aceite de la unción sagrada. 26Con él ungirás el tabernáculo del testimonio, y el arca del testimonio, 27Y la mesa, y todos sus vasos, y el candelero, y todos sus vasos, y el altar del perfume, 28Y el altar del holocausto, todos sus vasos, y la fuente y su basa. 29Así los consagrarás, y serán cosas santísimas: todo lo que tocare en ellos, será santificado. 30Ungirás también a Aarón y a sus hijos, y los consagrarás para que sean mis sacerdotes. 31Y hablarás a los hijos de Israel, diciendo: Este será mi aceite de la santa unción por vuestras edades. 32Sobre carne de hombre no será untado, ni haréis otro semejante, conforme a su composición: santo es; por santo habéis de tenerlo vosotros. 33Cualquiera que compusiere ungüento semejante, y que pusiere de él sobre extraño, será cortado de sus pueblos. 34Dijo aún Jehová a Moisés: Tómate aromas, estacte y uña olorosa y gálbano aromático e incienso limpio; de todo en igual peso: 35Y harás de ello una confección aromática de obra de perfumador, bien mezclada, pura y santa: 36Y molerás alguna de ella pulverizándola, y la pondrás delante del testimonio en el tabernáculo del testimonio, donde yo te testificaré de mí. Os será cosa santísima. 37Como la confección que harás, no os haréis otra según su composición: te será cosa sagrada para Jehová. 38Cualquiera que hiciere otra como ella para olerla, será cortado de sus pueblos.
Lectura 2 de 4 · En familia
Juan 9
1Y pasando Jesús, vio un hombre ciego desde su nacimiento. 2Y preguntáronle sus discípulos, diciendo: Rabbí, ¿quién pecó, este o sus padres, para que naciese ciego? 3Respondió Jesús: Ni este pecó, ni sus padres: mas para que las obras de Dios se manifiesten en él. 4Conviéneme obrar las obras del que me envió, entre tanto que el día dura: la noche viene, cuando nadie puede obrar. 5Entre tanto que estuviere en el mundo, luz soy del mundo. 6Esto dicho, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo sobre los ojos del ciego, 7Y díjole: Ve, lávate en el estanque de Siloé (que significa, si lo interpretares, Enviado). Y fue entonces, y lavóse, y volvió viendo. 8Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es este el que se sentaba y mendigaba? 9Unos decían: Este es; y otros: A él se parece. El decía: Yo soy. 10Y dijéronle: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos? 11Respondió él y dijo: El hombre que se llama Jesús, hizo lodo, y me untó los ojos, y me dijo: Ve al Siloé, y lávate: y fui, y me lavé, y recibí la vista. 12Entonces le dijeron: ¿Dónde está aquel? El dijo: No sé. 13Llevaron a los Fariseos al que antes había sido ciego. 14Y era sábado cuando Jesús había hecho el lodo, y le había abierto los ojos. 15Y volviéronle a preguntar también los Fariseos de qué manera había recibido la vista. Y él les dijo: Púsome lodo sobre los ojos, y me lavé, y veo. 16Entonces unos de los Fariseos decían: Este hombre no es de Dios, que no guarda el sábado. Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales? Y había disensión entre ellos. 17Vuelven a decir al ciego: ¿Tú, qué dices del que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es profeta. 18Mas los Judíos no creían de él, que había sido ciego, y hubiese recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista; 19Y preguntáronles, diciendo: ¿Es este vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora? 20Respondiéronles sus padres y dijeron: Sabemos que este es nuestro hijo, y que nació ciego: 21Mas cómo vea ahora, no sabemos; o quién le haya abierto los ojos, nosotros no lo sabemos; él tiene edad, preguntadle a él; él hablará de sí. 22Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de los Judíos: porque ya los Judíos habían resuelto que si alguno confesase ser él el Mesías, fuese fuera de la sinagoga. 23Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntadle a él. 24Así que, volvieron a llamar al hombre que había sido ciego, y dijéronle: Da gloria a Dios: nosotros sabemos que este hombre es pecador. 25Entonces él respondió, y dijo: Si es pecador, no lo sé: una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo. 26Y volviéronle a decir: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos? 27Respondióles: Ya os lo he dicho, y no habéis atendido: ¿por qué lo queréis otra vez oir? ¿queréis también vosotros haceros sus discípulos? 28Y le ultrajaron, y dijeron: Tú eres su discípulo; pero nosotros discípulos de Moisés somos. 29Nosotros sabemos que a Moisés habló Dios: mas este no sabemos de dónde es. 30Respondió aquel hombre, y díjoles: Por cierto, maravillosa cosa es esta, que vosotros no sabéis de dónde sea, y a mí me abrió los ojos. 31Y sabemos que Dios no oye a los pecadores: mas si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a este oye. 32Desde el siglo no fue oído, que abriese alguno los ojos de uno que nació ciego. 33Si este no fuera de Dios, no pudiera hacer nada. 34Respondieron, y dijéronle: En pecados eres nacido todo, ¿y tú nos enseñas? Y echáronle fuera. 35Oyó Jesús que le habían echado fuera; y hallándole, díjole: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? 36Respondió él, y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? 37Y díjole Jesús: Y le has visto, y el que habla contigo, él es. 38Y él dice: Creo, Señor; y adoróle. 39Y dijo Jesús: Yo, para juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, sean cegados. 40Y ciertos de los Fariseos que estaban con él oyeron esto, y dijéronle: ¿Somos nosotros también ciegos? 41Díjoles Jesús: Si fuerais ciegos, no tuvierais pecado: mas ahora porque decís, Vemos, por tanto vuestro pecado permanece.
Lectura 3 de 4 · Personal
Proverbios 6
1Hijo mío, si salieres fiador por tu amigo, si tocaste tu mano por el extraño, 2Enlazado eres con las palabras de tu boca, y preso con las razones de tu boca. 3Haz esto ahora, hijo mío, y líbrate, ya que has caído en la mano de tu prójimo: ve, humíllate, y asegúrate de tu amigo. 4No des sueño a tus ojos, ni a tus párpados adormecimiento. 5Escápate como el corzo de la mano del cazador, y como el ave de la mano del parancero. 6Ve a la hormiga, oh perezoso, mira sus caminos, y sé sabio; 7La cual no teniendo capitán, ni gobernador, ni señor, 8Prepara en el verano su comida y allega en el tiempo de la siega su mantenimiento. 9Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir? ¿cuándo te levantarás de tu sueño? 10Un poco de sueño, un poco de dormitar, y cruzar por un poco las manos para reposo: 11Así vendrá tu necesidad como caminante, y tu pobreza como hombre de escudo. 12El hombre malo, el hombre depravado, anda en perversidad de boca; 13Guiña de sus ojos, habla con sus pies, indica con sus dedos; 14Perversidades hay en su corazón, anda pensando mal en todo tiempo; enciende rencillas. 15Por tanto su calamidad vendrá de repente; súbitamente será quebrantado, y no habrá remedio. 16Seis cosas aborrece Jehová, y aun siete abomina su alma: 17Los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos derramadoras de sangre inocente, 18El corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies presurosos para correr al mal, 19El testigo falso que habla mentiras, y el que enciende rencillas entre los hermanos. 20Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre, y no dejes la enseñanza de tu madre: 21Atalos siempre en tu corazón, enlázalos a tu cuello. 22Te guiarán cuando anduvieres; cuando durmieres te guardarán; hablarán contigo cuando despertares. 23Porque el mandamiento es antorcha, y la enseñanza luz; y camino de vida las reprensiones de la enseñanza: 24Para que te guarden de la mala mujer, de la blandura de la lengua de la extraña. 25No codicies su hermosura en tu corazón, ni ella te prenda con sus ojos: 26Porque a causa de la mujer ramera es reducido el hombre a un bocado de pan; y la mujer caza la preciosa alma del varón. 27¿Tomará el hombre fuego en su seno, sin que sus vestidos se quemen? 28¿Andará el hombre sobre las brasas, sin que sus pies se abrasen? 29Así el que entrare a la mujer de su prójimo; no será sin culpa cualquiera que la tocare. 30No tienen en poco al ladrón, cuando hurtare para saciar su alma teniendo hambre: 31Empero tomado, paga las setenas, da toda la sustancia de su casa. 32Mas el que comete adulterio con la mujer, es falto de entendimiento: corrompe su alma el que tal hace. 33Plaga y vergüenza hallará; y su afrenta nunca será raída. 34Porque los celos son el furor del hombre, y no perdonará en el día de la venganza. 35No tendrá respeto a ninguna redención; ni querrá perdonar, aunque multipliques los dones.
Lectura 4 de 4 · Personal
Gálatas 5
1Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no volváis otra vez a ser presos en el yugo de servidumbre. 2He aquí yo Pablo os digo, que si os circuncidareis, Cristo no os aprovechará nada. 3Y otra vez vuelvo a protestar a todo hombre que se circuncidare, que está obligado a hacer toda la ley. 4Vacíos sois de Cristo los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído. 5Porque nosotros por el Espíritu esperamos la esperanza de la justicia por la fe. 6Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión; sino la fe que obra por la caridad. 7Vosotros corríais bien: ¿quién os embarazó para no obedecer a la verdad? 8Esta persuasión no es de aquel que os llama. 9Un poco de levadura leuda toda la masa. 10Yo confío de vosotros en el Señor, que ninguna otra cosa sentiréis: mas el que os inquieta, llevará el juicio, quienquiera que él sea. 11Y yo, hermanos, si aun predico la circuncisión, ¿por qué padezco persecución todavía? pues que quitado es el escándalo de la cruz. 12Ojalá fuesen también cortados los que os inquietan. 13Porque vosotros, hermanos, a libertad habéis sido llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión a la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. 14Porque toda la ley en aquesta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 15Y si os mordéis y os coméis los unos a los otros, mirad que también no os consumáis los unos a los otros. 16Digo pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis la concupiscencia de la carne. 17Porque la carne codicia contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne: y estas cosas se oponen la una a la otra, para que no hagáis lo que quisiereis. 18Mas si sois guiados del Espíritu, no estáis bajo la ley. 19Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, disolución, 20Idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, 21Envidias, homicidios, borracheras, banqueteos, y cosas semejantes a estas: de las cuales os denuncio, como ya os he anunciado, que los que hacen tales cosas no heredarán el reino de Dios. 22Mas el fruto del Espíritu es: caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe, 23Mansedumbre, templanza: contra tales cosas no hay ley. 24Porque los que son de Cristo, han crucificado la carne con los afectos y concupiscencias. 25Si vivimos en el Espíritu, andemos también en el Espíritu. 26No seamos codiciosos de vana gloria, irritando los unos a los otros, envidiándose los unos a los otros.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Éxodo 30 · Juan 9
Personales
Proverbios 6 · Gálatas 5