Lectura 1 de 4 · En familia
Números 30
1Y Moisés dijo a los hijos de Israel, conforme a todo lo que Jehová le había mandado. 2Y habló Moisés a los príncipes de las tribus de los hijos de Israel, diciendo: Esto es lo que Jehová ha mandado. 3Cuando alguno hiciere voto a Jehová, o hiciere juramento ligando su alma con obligación, no violará su palabra: hará conforme a todo lo que salió de su boca. 4Mas la mujer, cuando hiciere voto a Jehová, y se ligare con obligación en casa de su padre, en su mocedad; 5Si su padre oyere su voto, y la obligación con que ligó su alma, y su padre callare a ello, todos los votos de ella serán firmes, y toda obligación con que hubiere ligado su alma, firme será. 6Mas si su padre le vedare el día que oyere todos sus votos y sus obligaciones, con que ella hubiere ligado su alma, no serán firmes; y Jehová la perdonará, por cuanto su padre le vedó. 7Empero si fuere casada, e hiciere votos, o pronunciare de sus labios cosa con que obligue su alma; 8Si su marido lo oyere, y cuando lo oyere callare a ello, los votos de ella serán firmes, y la obligación con que ligó su alma, firme será. 9Pero si cuando su marido lo oyó, le vedó, entonces el voto que ella hizo, y lo que pronunció de sus labios con que ligó su alma, será nulo; y Jehová lo perdonará. 10Mas todo voto de viuda, o repudiada, con que ligare su alma, será firme. 11Y si hubiere hecho voto en casa de su marido, y hubiere ligado su alma con obligación de juramento, 12Si su marido oyó, y calló a ello, y no le vedó; entonces todos sus votos serán firmes, y toda obligación con que hubiere ligado su alma, firme será. 13Mas si su marido los anuló el día que los oyó; todo lo que salió de sus labios cuanto a sus votos, y cuanto a la obligación de su alma, será nulo; su marido los anuló, y Jehová la perdonará. 14Todo voto, o todo juramento obligándose a afligir el alma, su marido lo confirmará, o su marido lo anulará. 15Empero si su marido callare a ello de día en día, entonces confirmó todos sus votos, y todas las obligaciones que están sobre ella: confirmólas, por cuanto calló a ello el día que lo oyó. 16Mas si las anulare después de haberlas oído, entonces él llevará el pecado de ella. Estas son las ordenanzas que Jehová mandó a Moisés entre el varón y su mujer, entre el padre y su hija, durante su mocedad en casa de su padre.
Lectura 2 de 4 · En familia
Salmo 73
1Ciertamente bueno es Dios a Israel, a los limpios de corazón. 2Mas yo, casi se deslizaron mis pies; por poco resbalaron mis pasos. 3Porque tuve envidia de los insensatos, viendo la prosperidad de los impíos. 4Porque no hay ataduras para su muerte; antes su fortaleza está entera. 5No están ellos en el trabajo humano; ni son azotados con los otros hombres. 6Por tanto soberbia los corona: cúbrense de vestido de violencia. 7Sus ojos están salidos de gruesos: logran con creces los antojos del corazón. 8Soltáronse, y hablan con maldad de hacer violencia; hablan con altanería. 9Ponen en el cielo su boca, y su lengua pasea la tierra. 10Por eso su pueblo vuelve aquí, y aguas de lleno les son exprimidas. 11Y dicen: ¿Cómo sabe Dios? ¿y hay conocimiento en lo alto? 12He aquí estos impíos, sin ser turbados del mundo, alcanzaron riquezas. 13Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón, y lavado mis manos en inocencia; 14Pues he sido azotado todo el día, y empezaba mi castigo por las mañanas. 15Si dijera yo, Discurriré de esa suerte; he aquí habría negado la nación de tus hijos: 16Pensaré pues para saber esto: es a mis ojos duro trabajo, 17Hasta que venido al santuario de Dios, entenderé la postrimería de ellos. 18Ciertamente los has puesto en deslizaderos; en asolamientos los harás caer. 19¡Cómo han sido asolados! ¡cuán en un punto! Acabáronse, fenecieron con turbaciones. 20Como sueño del que despierta, así, Señor, cuando despertares, menospreciarás sus apariencias. 21Desazonóse a la verdad mi corazón, y en mis riñones sentía punzadas. 22Mas yo era ignorante, y no entendía: era como una bestia acerca de ti. 23Con todo, yo siempre estuve contigo: trabaste de mi mano derecha. 24Hasme guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria. 25¿A quién tengo yo en los cielos? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. 26Mi carne y mi corazón desfallecen: mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre. 27Porque he aquí, los que se alejan de ti perecerán: tú cortarás a todo aquel que fornicando, de ti se aparta. 28Y en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien: he puesto en el Señor Jehová mi esperanza, para contar todas tus obras.
Lectura 3 de 4 · Personal
Isaías 22
1Carga del valle de la visión. ¿Qué tienes ahora, que toda tú te has subido sobre los terrados? 2Tú, llena de alborotos, ciudad turbulenta, ciudad alegre; tus muertos no son muertos a cuchillo, ni muertos en guerra. 3Todos tus príncipes juntos huyeron del arco, fueron atados: todos los que en ti se hallaron, fueron atados juntamente, aunque lejos se habían huído. 4Por esto dije: Dejadme, lloraré amargamente; no os afanéis por consolarme de la destrucción de la hija de mi pueblo. 5Porque día es de alboroto, y de huella, y de fatiga por el Señor Jehová de los ejércitos en el valle de la visión, para derribar el muro, y dar grita al monte. 6Y Elam tomó aljaba en carro de hombres y de caballeros; y Chîr descubrió escudo. 7Y acaeció que tus hermosos valles fueron llenos de carros, y los de a caballo acamparon a la puerta. 8Y desnudó la cobertura de Judá; y miraste en aquel día hacia la casa de armas del bosque. 9Y visteis las roturas de la ciudad de David, que se multiplicaron; y recogisteis las aguas de la pesquera de abajo. 10Y contasteis las casas de Jerusalem, y derribasteis casas para fortificar el muro. 11E hicisteis foso entre los dos muros con las aguas de la pesquera vieja: y no tuvisteis respeto al que la hizo, ni mirasteis de lejos al que la labró. 12Por tanto el Señor Jehová de los ejércitos llamó en este día a llanto y a endechas, a mesar y a vestir saco. 13Y he aquí gozo y alegría, matando vacas y degollando ovejas, comer carne y beber vino, diciendo: Comamos y bebamos, que mañana moriremos. 14Esto fue revelado a mis oídos de parte de Jehová de los ejércitos: Que este pecado no os será perdonado hasta que muráis, dice el Señor Jehová de los ejércitos. 15Jehová de los ejércitos dice así: Ve, entra a este tesorero, a Sebna el mayordomo, y dile: 16¿Qué tienes tú aquí, o a quién tienes tú aquí, que labraste aquí sepulcro para ti, como el que en lugar alto labra su sepultura, o el que esculpe para sí morada en una peña? 17He aquí que Jehová te trasportará en duro cautiverio, y de cierto te cubrirá el rostro. 18Te echará a rodar con ímpetu, como a bola por tierra larga de términos: allá morirás, y allá estarán los carros de tu gloria, oh vergüenza de la casa de tu señor. 19Y arrojarte he de tu lugar, y de tu puesto te empujaré. 20Y será que, en aquel día, llamaré a mi siervo Eliacim, hijo de Hilcías; 21Y vestirélo de tus vestiduras, y le fortaleceré con tu talabarte, y entregaré en sus manos tu potestad; y será padre al morador de Jerusalem, y a la casa de Judá. 22Y pondré la llave de la casa de David sobre su hombro; y abrirá, y nadie cerrará; cerrará, y nadie abrirá. 23E hincarélo como clavo en lugar firme; y será por asiento de honra a la casa de su padre. 24Y colgarán de él toda la honra de la casa de su padre, los hijos y los nietos, todos los vasos menores, desde los vasos de beber hasta todos los instrumentos de música. 25En aquel día, dice Jehová de los ejércitos, el clavo hincado en lugar firme será quitado, y será quebrado y caerá; y la carga que sobre él se puso, se echará a perder; porque Jehová habló.
Lectura 4 de 4 · Personal
2 Pedro 3
1Carísimos, yo os escribo ahora esta segunda carta, por las cuales ambas despierto con exhortación vuestro limpio entendimiento; 2Para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y de nuestro mandamiento, que somos apóstoles del Señor y Salvador: 3Sabiendo primero esto, que en los postrimeros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, 4Y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación. 5Cierto ellos ignoran voluntariamente, que los cielos fueron en el tiempo antiguo, y la tierra que por agua y en agua está asentada, por la palabra de Dios; 6Por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua: 7Mas los cielos que son ahora, y la tierra, son conservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio, y de la perdición de los hombres impíos. 8Mas, oh amados, no ignoréis esta una cosa: que un día delante del Señor es como mil años y mil años como un día. 9El Señor no tarda su promesa, como algunos la tienen por tardanza; sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. 10Mas el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella están serán quemadas. 11Pues como todas estas cosas han de ser deshechas, ¿qué tales conviene que vosotros seáis en santas y pías conversaciones, 12Esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos siendo encendidos serán deshechos, y los elementos siendo abrasados, se fundirán? 13Bien que esperamos cielos nuevos y tierra nueva, según sus promesas, en los cuales mora la justicia. 14Por lo cual, oh amados, estando en esperanza de estas cosas, procurad con diligencia que seáis hallados de él sin mácula, y sin reprensión, en paz. 15Y tened por salud la paciencia de nuestro Señor; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito también; 16Casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para perdición de sí mismos. 17Así que vosotros, oh amados, pues estáis amonestados, guardaos que por el error de los abominables no seáis juntamente extraviados, y caigáis de vuestra firmeza. 18Mas creced en la gracia y conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Números 30 · Salmo 73
Personales
Isaías 22 · 2 Pedro 3