Lectura 1 de 4 · En familia
1 Crónicas 16
1Así trajeron el arca de Dios, y asentáronla en medio de la tienda que David había tendido para ella: y ofrecieron holocaustos y pacíficos delante de Dios. 2Y como David hubo acabado de ofrecer el holocausto y los pacíficos, bendijo al pueblo en el nombre de Jehová. 3Y repartió a todo Israel, así a hombres como a mujeres, a cada uno una torta de pan, y una pieza de carne, y un frasco de vino. 4Y puso delante del arca de Jehová ministros de los Levitas, para que recordasen, y confesasen, y loasen a Jehová Dios de Israel: 5Asaph el primero, el segundo después de él Zachârías, Jeiel, Semiramoth, Jehiel, Mathithías, Eliab, Benaías, Obed-edom, y Jehiel, con sus instrumentos de salterios y arpas; mas Asaph hacía sonido con címbalos: 6Benaías también y Jahaziel, sacerdotes, continuamente con trompetas delante del arca del pacto de Dios. 7Entonces, en aquel día, dio David principio a celebrar a Jehová por mano de Asaph y de sus hermanos: 8Confesad a Jehová, invocad su nombre, haced notorias en los pueblos sus obras. 9Cantad a él, cantadle salmos; hablad de todas sus maravillas. 10Gloriaos en su santo nombre; alégrese el corazón de los que buscan a Jehová. 11Buscad a Jehová y su fortaleza; buscad su rostro continuamente. 12Haced memoria de sus maravillas que ha obrado, de sus prodigios, y de los juicios de su boca, 13Oh vosotros, simiente de Israel su siervo, hijos de Jacob, sus escogidos. 14Jehová, él es nuestro Dios; sus juicios en toda la tierra. 15Haced memoria de su alianza perpetuamente, y de la palabra que él mandó en mil generaciones; 16Del pacto que concertó con Abraham, y de su juramento a Isaac; 17El cual confirmó a Jacob por estatuto, y a Israel por pacto sempiterno, 18Diciendo: A ti daré la tierra de Canaán, suerte de vuestra herencia; 19Cuando erais pocos en número, pocos y peregrinos en ella; 20Y andaban de nación en nación, y de un reino a otro pueblo. 21No permitió que nadie los oprimiese: antes por amor de ellos castigó a los reyes. 22No toquéis, dijo, a mis ungidos, ni hagáis mal a mis profetas. 23Cantad a Jehová, toda la tierra, anunciad de día en día su salud. 24Cantad entre las gentes su gloria, y en todos los pueblos sus maravillas. 25Porque grande es Jehová, y digno de ser grandemente loado, y de ser temido sobre todos los dioses. 26Porque todos los dioses de los pueblos son nada: mas Jehová hizo los cielos. 27Poderío y hermosura delante de él; fortaleza y alegría en su morada. 28Atribuid a Jehová, oh familias de los pueblos, atribuid a Jehová gloria y potencia. 29Tributad a Jehová la gloria debida a su nombre: traed ofrenda, y venid delante de él; postraos delante de Jehová en la hermosura de su santidad. 30Temed en su presencia, toda la tierra: el mundo será aún establecido, para que no se conmueva. 31Alégrense los cielos, y gócese la tierra, y digan en las naciones: Reina Jehová. 32Resuene la mar, y la plenitud de ella: alégrese el campo, y todo lo que contiene. 33Entonces cantarán los árboles de los bosques delante de Jehová, porque viene a juzgar la tierra. 34Celebrad a Jehová, porque es bueno; porque su misericordia es eterna. 35Y decid: Sálvanos, oh Dios, salud nuestra: júntanos, y líbranos de las gentes, para que confesemos tu santo nombre, y nos gloriemos en tus alabanzas. 36Bendito sea Jehová Dios de Israel, de eternidad a eternidad. Y dijo todo el pueblo, Amén: y alabó a Jehová. 37Y dejó allí, delante del arca del pacto de Jehová, a Asaph y a sus hermanos, para que ministrasen de continuo delante del arca, cada cosa en su día: 38Y a Obed-edom y a sus hermanos, sesenta y ocho; y a Obed-edom hijo de Jeduthún, y a Asa, por porteros: 39Asimismo a Sadoc el sacerdote, y a sus hermanos los sacerdotes, delante del tabernáculo de Jehová en el alto que estaba en Gabaón, 40Para que sacrificasen continuamente, a mañana y tarde, holocaustos a Jehová en el altar del holocausto, conforme a todo lo que está escrito en la ley de Jehová, que él prescribió a Israel; 41Y con ellos a Hemán y a Jeduthún, y los otros escogidos declarados por sus nombres, para glorificar a Jehová, porque es eterna su misericordia; 42Con ellos a Hemán y a Jeduthún con trompetas y címbalos para tañer, y con otros instrumentos de música de Dios; y a los hijos de Jeduthún, por porteros. 43Y todo el pueblo se fue cada uno a su casa; y David se volvió para bendecir su casa.
Lectura 2 de 4 · En familia
Santiago 3
1Hermanos míos, no os hagáis muchos maestros, sabiendo que recibiremos mayor condenación. 2Porque todos ofendemos en muchas cosas. Si alguno no ofende en palabra, este es varón perfecto, que también puede con freno gobernar todo el cuerpo. 3He aquí nosotros ponemos frenos en las bocas de los caballos para que nos obedezcan, y gobernamos todo su cuerpo. 4Mirad también las naves: aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde quisiere el que las gobierna. 5Así también, la lengua es un miembro pequeño, y se gloría de grandes cosas. He aquí, un pequeño fuego ¡cuán grande bosque enciende! 6Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. Así la lengua está puesta entre nuestros miembros, la cual contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y es inflamada del infierno. 7Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres de la mar, se doma y es domada de la naturaleza humana: 8Pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado; llena de veneno mortal. 9Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, los cuales son hechos a la semejanza de Dios. 10De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, no conviene que estas cosas sean así hechas. 11¿Echa alguna fuente por una misma abertura agua dulce y amarga? 12Hermanos míos, ¿puede la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así ninguna fuente puede hacer agua salada y dulce. 13¿Quién es sabio y avisado entre vosotros? muestre por buena conversación sus obras en mansedumbre de sabiduría. 14Pero si tenéis envidia amarga y contención en vuestros corazones, no os gloriéis, ni seáis mentirosos contra la verdad: 15Que esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrena, animal, diabólica. 16Porque donde hay envidia y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa. 17Mas la sabiduría que es de lo alto, primeramente es pura, después pacífica, modesta, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, no juzgadora, no fingida. 18Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen paz.
Lectura 3 de 4 · Personal
Abdías
1Visión de Abdías. El Señor Jehová ha dicho así cuanto a Edom: Oído hemos el pregón de Jehová, y mensajero es enviado a las gentes. Levantaos, y levantémonos contra ella en batalla. 2He aquí, pequeño te he hecho entre las gentes; abatido eres tú en gran manera. 3La soberbia de tu corazón te ha engañado, tú que moras en las hendiduras de las peñas, en tu altísima morada; que dices en tu corazón: ¿Quién me derribará a tierra? 4Si te encaramares como águila, y si entre las estrellas pusieres tu nido, de ahí te derribaré, dice Jehová. 5Si ladrones vinieran a ti, o robadores de noche (¡cómo has sido destruído!) ¿no hurtaran lo que les bastase? Pues si entraran a ti vendimiadores, aun dejaran algún rebusco. 6¡Cómo fueron escudriñadas las cosas de Esaú! sus cosas escondidas fueron buscadas. 7Hasta el término te hicieron llegar todos tus aliados; te han engañado tus pacíficos, prevalecieron contra ti; los que comían tu pan, pusieron el lazo debajo de ti: no hay en él entendimiento. 8¿No haré que perezcan en aquel día, dice Jehová, los sabios de Edom, y la prudencia del monte de Esaú? 9Y tus valientes, oh Temán, serán quebrantados; porque todo hombre será talado del monte de Esaú por el estrago. 10Por la injuria de tu hermano Jacob te cubrirá vergüenza, y serás talado para siempre. 11El día que estando tú delante, llevaban extraños cautivo su ejército, y los extraños entraban por sus puertas, y echaban suertes sobre Jerusalem, tú también eras como uno de ellos. 12Pues no debiste tú estar mirando en el día de tu hermano, el día en que fue extrañado: no te habías de haber alegrado de los hijos de Judá en el día que se perdieron, ni habías de ensanchar tu boca en el día de la angustia: 13No habías de haber entrado por la puerta de mi pueblo en el día de su quebrantamiento; no, no habías tú de haber mirado su mal el día de su quebranto, ni haber echado mano a sus bienes el día de su calamidad. 14Tampoco habías de haberte parado en las encrucijadas, para matar los que de ellos escapasen; ni habías tú de haber entregado los que quedaban en el día de angustia. 15Porque cercano está el día de Jehová sobre todas las gentes: como tú hiciste se hará contigo: tu galardón volverá sobre tu cabeza. 16De la manera que vosotros bebisteis en mi santo monte, beberán todas las gentes de continuo; beberán, y engullirán, y serán como si no hubieran sido. 17Mas en el monte de Sion habrá salvamento, y será santidad, y la casa de Jacob, poseerá sus posesiones. 18Y la casa de Jacob será fuego, y la casa de José será llama, y la casa de Esaú estopa, y los quemarán, y los consumirán; ni aun reliquia quedará en la casa de Esaú, porque Jehová lo habló. 19Y los del mediodía poseerán el monte de Esaú, y los llanos de los Palestinos; poseerán también los campos de Ephraim, y los campos de Samaria; y Benjamín a Galaad. 20Y los cautivos de aqueste ejército de los hijos de Israel poseerán lo de los Cananeos hasta Sarepta; y los cautivos de Jerusalem, que están en Sepharad, poseerán las ciudades del mediodía. 21Y vendrán salvadores al monte de Sion para juzgar al monte de Esaú; y el reino será de Jehová.
Lectura 4 de 4 · Personal
Lucas 5
1Y aconteció, que estando él junto al lago de Genezaret, las gentes se agolpaban sobre él para oir la palabra de Dios. 2Y vio dos barcos que estaban cerca de la orilla del lago: y los pescadores, habiendo descendido de ellos, lavaban sus redes. 3Y entrado en uno de estos barcos, el cual era de Simón, le rogó que lo desviase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde el barco a las gentes. 4Y como cesó de hablar, dijo a Simón: Tira a alta mar, y echad vuestras redes para pescar. 5Y respondiendo Simón, le dijo: Maestro, habiendo trabajado toda la noche, nada hemos tomado; mas en tu palabra echaré la red. 6Y habiéndolo hecho, encerraron gran multitud de pescado, que su red se rompía. 7E hicieron señas a los compañeros que estaban en el otro barco, que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambos barcos, de tal manera que se anegaban. 8Lo cual viendo Simón Pedro, se derribó de rodillas a Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. 9Porque temor le había rodeado, y a todos los que estaban con él, de la presa de los peces que habían tomado; 10Y asimismo a Jacobo y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo a Simón: No temas: desde ahora pescarás hombres. 11Y como llegaron a tierra los barcos, dejándolo todo, le siguieron. 12Y aconteció que estando en una ciudad, he aquí un hombre lleno de lepra, el cual viendo a Jesús, postrándose sobre el rostro, le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. 13Entonces, extendiendo la mano, le tocó diciendo: Quiero: sé limpio. Y luego la lepra se fue de él. 14Y él le mandó que no lo dijese a nadie: Mas ve, díjole, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza, como mandó Moisés, para testimonio a ellos. 15Empero tanto más se extendía su fama: y se juntaban muchas gentes a oir y ser sanadas de sus enfermedades. 16Mas él se apartaba a los desiertos, y oraba. 17Y aconteció un día, que él estaba enseñando, y los Fariseos y doctores de la ley estaban sentados, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalem: y la virtud del Señor estaba allí para sanarlos. 18Y he aquí unos hombres, que traían sobre un lecho un hombre que estaba paralítico; y buscaban meterle, y ponerle delante de él. 19Y no hallando por donde meterle a causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron con el lecho en medio, delante de Jesús; 20El cual, viendo la fe de ellos, le dice: Hombre, tus pecados te son perdonados. 21Entonces los escribas y los Fariseos comenzaron a pensar, diciendo: ¿Quién es este que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino solo Dios? 22Jesús entonces, conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les dijo: ¿Qué pensáis en vuestros corazones? 23¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda? 24Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados, (dice al paralítico): A ti digo, levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. 25Y luego, levantándose en presencia de ellos, y tomando aquel en que estaba echado, se fue a su casa, glorificando a Dios. 26Y tomó espanto a todos, y glorificaban a Dios; y fueron llenos de temor, diciendo: Hemos visto maravillas hoy. 27Y después de estas cosas salió, y vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de los públicos tributos, y le dijo: Sígueme. 28Y dejadas todas las cosas, levantándose, le siguió. 29E hizo Leví gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos y de otros, los cuales estaban a la mesa con ellos. 30Y los escribas y los Fariseos murmuraban contra sus discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores? 31Y respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no necesitan médico, sino los que están enfermos. 32No he venido a llamar justos, sino pecadores a arrepentimiento. 33Entonces ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces y hacen oraciones, y asimismo los de los Fariseos, y tus discípulos comen y beben? 34Y él les dijo: ¿Podéis hacer que los que están de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos? 35Empero vendrán días cuando el esposo les será quitado: entonces ayunarán en aquellos días. 36Y les decía también una parábola: Nadie mete remiendo de paño nuevo en vestido viejo; de otra manera el nuevo rompe, y al viejo no conviene remiendo nuevo. 37Y nadie echa vino nuevo en cueros viejos; de otra manera el vino nuevo romperá los cueros, y el vino se derramará, y los cueros se perderán. 38Mas el vino nuevo en cueros nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se conserva. 39Y ninguno que bebiere del añejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El añejo es mejor.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
1 Crónicas 16 · Santiago 3
Personales
Abdías · Lucas 5