Lectura 1 de 4 · En familia
1 Crónicas 15
1Hizo también casas para sí en la ciudad de David, y labró un lugar para el arca de Dios, y tendióle una tienda. 2Entonces dijo David: El arca de Dios no debe ser traída sino por los Levitas; porque a ellos ha elegido Jehová para que lleven el arca de Jehová, y le sirvan perpetuamente. 3Y juntó David a todo Israel en Jerusalem, para que pasasen el arca de Jehová a su lugar, el cual le había él preparado. 4Juntó también David a los hijos de Aarón y a los Levitas: 5De los hijos de Coath, Uriel el principal, y sus hermanos, ciento y veinte; 6De los hijos de Merari, Asaías el principal, y sus hermanos, doscientos y veinte; 7De los hijos de Gersón, Joel el principal, y sus hermanos, ciento y treinta; 8De los hijos de Elisaphán, Semeías el principal, y sus hermanos, doscientos; 9De los hijos de Hebrón, Eliel el principal, y sus hermanos, ochenta; 10De los hijos de Uzziel, Aminadab el principal, y sus hermanos, ciento y doce. 11Y llamó David a Sadoc y a Abiathar, sacerdotes, y a los Levitas, Uriel, Asaías, Joel, Semeías, Eliel, y Aminadab; 12Y díjoles: Vosotros que sois los principales de padres entre los Levitas, santificaos, vosotros y vuestros hermanos, y pasad el arca de Jehová Dios de Israel al lugar que le he preparado; 13Pues por no haberlo hecho así vosotros la primera vez, Jehová nuestro Dios hizo en nosotros rotura, por cuanto no le buscamos según la ordenanza. 14Así los sacerdotes y los Levitas se santificaron para traer el arca de Jehová Dios de Israel. 15Y los hijos de los Levitas trajeron el arca de Dios puesta sobre sus hombros en las barras, como lo había mandado Moisés conforme a la palabra de Jehová. 16Asimismo dijo David a los principales de los Levitas, que constituyesen de sus hermanos cantores, con instrumentos de música, con salterios, y arpas, y címbalos, que resonasen, y alzasen la voz con alegría. 17Y los Levitas constituyeron a Hemán hijo de Joel; y de sus hermanos, a Asaph hijo de Berechîas; y de los hijos de Merari y de sus hermanos, a Ethán hijo de Cusaías; 18Y con ellos a sus hermanos del segundo orden, a Zachârías, Ben y Jaaziel, Semiramoth, Jehiel, Unni, Eliab, Benaías, Maasías, y Mathithías, Eliphelehu, Micnías, Obed-edom, y Jehiel, los porteros. 19Así Hemán, Asaph, y Ethán, que eran cantores, sonaban con címbalos de metal. 20Y Zachârías, Jaaziel, Semiramoth, Jehiel, Unni, Eliab, Maasías, y Benaías, con salterios sobre Alamoth. 21Y Mathithías, Eliphelehu, Micnías, Obed-edom, Jehiel, y Azazías, cantaban con arpas en la octava sobresaliendo. 22Y Chênanías, principal de los Levitas, estaba para la entonación; pues él presidía en el canto, porque era entendido. 23Y Berechîas y Elcana eran porteros del arca. 24Y Sebanías, Josaphat, Nathanael, Amasai, Zachârías, Benaías, y Eliezer, sacerdotes, tocaban las trompetas delante del arca de Dios: Obed-edom y Jehías eran también porteros del arca. 25David pues y los ancianos de Israel, y los capitanes de millares, fueron a traer el arca del pacto de Jehová, de casa de Obed-edom, con alegría. 26Y ayudando Dios a los Levitas que llevaban el arca del pacto de Jehová, sacrificaban siete novillos y siete carneros. 27Y David iba vestido de lino fino y también todos los Levitas que llevaban el arca, y asimismo los cantores; y Chênanías era maestro de canto entre los cantores. Llevaba también David sobre sí un ephod de lino. 28De esta manera llevaba todo Israel el arca del pacto de Jehová, con júbilo y sonido de bocinas, y trompetas, y címbalos, y al son de salterios y arpas. 29Y como el arca del pacto de Jehová llegó a la ciudad de David, Michâl, hija de Saúl, mirando por una ventana, vio al rey David que saltaba y bailaba; y menospreciólo en su corazón.
Lectura 2 de 4 · En familia
Santiago 2
1Hermanos míos, no tengáis la fe de nuestro Señor Jesucristo glorioso en acepción de personas. 2Porque si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de oro, y de preciosa ropa, y también entra un pobre con vestidura vil, 3Y tuviereis respeto al que trae la vestidura preciosa, y le dijereis: Siéntate tú aquí en buen lugar: y dijereis al pobre: Estáte tú allí en pie; o siéntate aquí debajo de mi estrado: 4¿No juzgáis en vosotros mismos, y venís a ser jueces de pensamientos malos? 5Hermanos míos amados, oid: ¿No ha elegido Dios los pobres de este mundo, ricos en fe, y herederos del reino que ha prometido a los que le aman? 6Mas vosotros habéis afrentado al pobre. ¿No os oprimen los ricos, y no son ellos los mismos que os arrastran a los juzgados? 7¿No blasfeman ellos el buen nombre que fue invocado sobre vosotros? 8Si en verdad cumplís vosotros la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis: 9Mas si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y sois reconvenidos de la ley como transgresores. 10Porque cualquiera que hubiere guardado toda la ley, y ofendiere en un punto, es hecho culpado de todos. 11Porque el que dijo: No cometerás adulterio, también ha dicho: No matarás. Ahora bien, si no hubieres cometido adulterio, pero hubieres matado, ya eres hecho transgresor de la ley. 12Así hablad, y así obrad, como los que habéis de ser juzgados por la ley de libertad. 13Porque juicio sin misericordia será hecho con aquel que no hiciere misericordia: y la misericordia se gloría contra el juicio. 14Hermanos míos, ¿qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? 15Y si el hermano o la hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, 16Y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y hartaos; pero no les diereis las cosas que son necesarias para el cuerpo: ¿qué aprovechará? 17Así también la fe, si no tuviere obras, es muerta en sí misma. 18Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras: muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. 19Tú crees que Dios es uno; bien haces: también los demonios creen, y tiemblan. 20¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? 21¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? 22¿No ves que la fe obró con sus obras, y que la fe fue perfecta por las obras? 23Y fue cumplida la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue imputado a justicia, y fue llamado amigo de Dios. 24Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe. 25Asimismo también Rahab la ramera, ¿no fue justificada por obras, cuando recibió los mensajeros, y los echó fuera por otro camino? 26Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras es muerta.
Lectura 3 de 4 · Personal
Amós 9
1Vi al Señor que estaba sobre el altar, y dijo: Hiere el umbral, y estremézcanse las puertas: y córtales en piezas la cabeza de todos; y el postrero de ellos mataré a cuchillo: no habrá de ellos quien se fugue, ni quien escape. 2Aunque cavasen hasta el infierno, de allá los tomará mi mano; y si subieren hasta el cielo, de allá los haré descender. 3Y si se escondieren en la cumbre del Carmelo, allí los buscaré y los tomaré; y aunque se escondieren de delante de mis ojos en el profundo de la mar, allí mandaré a la culebra, y morderálos. 4Y si fueren en cautiverio, delante de sus enemigos, allí mandaré al cuchillo, y los matará; y pondré sobre ellos mis ojos para mal, y no para bien. 5El Señor Jehová de los ejércitos es el que toca la tierra, y se derretirá, y llorarán todos los que en ella moran: y subirá toda como un río, y hundiráse luego como el río de Egipto. 6El edificó en el cielo sus gradas, y ha establecido su expansión sobre la tierra: él llama las aguas de la mar, y sobre la haz de la tierra las derrama: Jehová es su nombre. 7Hijos de Israel, ¿no me sois vosotros, dice Jehová, como hijos de Etiopes? ¿no hice yo subir a Israel de la tierra de Egipto, y a los Palestinos de Caphtor, y de Chîr a los Arameos? 8He aquí los ojos del Señor Jehová están contra el reino pecador, y yo lo asolaré de la haz de la tierra: mas no destruiré del todo la casa de Jacob, dice Jehová. 9Porque he aquí yo mandaré, y haré que la casa de Israel sea zarandeada entre todas las gentes, como se zarandea el grano en un harnero, y no cae un granito en la tierra. 10A cuchillo morirán todos los pecadores de mi pueblo, que dicen: No se acercará, ni nos alcanzará el mal. 11En aquel día yo levantaré el tabernáculo de David, caído, y cerraré sus portillos, y levantaré sus ruinas, y edificarélo como en el tiempo pasado; 12Para que aquellos sobre los cuales es llamado mi nombre, posean el resto de Idumea, y a todas las naciones, dice Jehová que hace esto. 13He aquí vienen días, dice Jehová, en que el que ara alcanzará al segador, y el pisador de las uvas al que lleva la simiente; y los montes destilarán mosto, y todos los collados se derretirán. 14Y tornaré el cautiverio de mi pueblo Israel, y edificarán ellos las ciudades asoladas, y las habitarán; y plantarán viñas, y beberán el vino de ellas; y harán huertos, y comerán el fruto de ellos. 15Pues los plantaré sobre su tierra, y nunca más serán arrancados de su tierra que yo les di, ha dicho Jehová Dios tuyo.
Lectura 4 de 4 · Personal
Lucas 4
1Y Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto 2Por cuarenta días, y era tentado del diablo. Y no comió cosa en aquellos días: los cuales pasados, tuvo hambre. 3Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se haga pan. 4Y Jesús respondiéndole, dijo: Escrito está: Que no con pan solo vivirá el hombre, mas con toda palabra de Dios. 5Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento de tiempo todos los reinos de la tierra. 6Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí es entregada, y a quien quiero la doy: 7Pues si tú adorares delante de mí, serán todos tuyos. 8Y respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque escrito está: A tu Señor Dios adorarás, y a él solo servirás. 9Y le llevó a Jerusalem, y púsole sobre las almenas del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo: 10Porque escrito está: Que a sus ángeles mandará de ti, que te guarden; 11Y en las manos te llevarán, porque no dañes tu pie en piedra. 12Y respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios. 13Y acabada toda tentación, el diablo se fue de él por un tiempo. 14Y Jesús volvió en virtud del Espíritu a Galilea, y salió la fama de él por toda la tierra de alrededor. 15Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado de todos. 16Y vino a Nazaret, donde había sido criado; y entró, conforme a su costumbre, el día del sábado en la sinagoga, y se levantó a leer. 17Y fuéle dado el libro del profeta Isaías; y como abrió el libro, halló el lugar donde estaba escrito: 18El Espíritu del Señor es sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres: me ha enviado para sanar a los quebrantados de corazón; para pregonar a los cautivos libertad, y a los ciegos vista; para poner en libertad a los quebrantados: 19Para predicar el año agradable del Señor. 20Y rollando el libro, lo dio al ministro, y sentóse: y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. 21Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos. 22Y todos le daban testimonio, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es este el hijo de José? 23Y les dijo: Sin duda me diréis este refrán: Médico, cúrate a ti mismo: de tantas cosas que hemos oído haber sido hechas en Capernaum, haz también aquí en tu tierra. 24Y dijo: De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su tierra. 25Mas en verdad os digo, que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, que hubo una grande hambre en toda la tierra; 26Pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a Sarepta de Sidón, a una mujer viuda. 27Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; mas ninguno de ellos fue limpio, sino Naamán el Siro. 28Entonces todos en la sinagoga fueron llenos de ira, oyendo estas cosas; 29Y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual la ciudad de ellos estaba edificada, para despeñarle. 30Mas él, pasando por medio de ellos, se fue. 31Y descendió a Capernaum, ciudad de Galilea. Y los enseñaba en los sábados. 32Y se maravillaban de su doctrina, porque su palabra era con potestad. 33Y estaba en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu de un demonio inmundo, el cual exclamó a gran voz, 34Diciendo: Déjanos, ¿qué tenemos contigo, Jesús Nazareno? ¿has venido a destruirnos? Yo te conozco quién eres, el Santo de Dios. 35Y Jesús le increpó, diciendo: Enmudece, y sal de él. Entonces el demonio, derribándole en medio, salió de él, y no le hizo daño alguno. 36Y hubo espanto en todos, y hablaban unos a otros, diciendo: ¿Qué palabra es esta, que con autoridad y potencia manda a los espíritus inmundos, y salen? 37Y la fama de él se divulgaba de todas partes por todos los lugares de la comarca. 38Y levantándose Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón: y la suegra de Simón estaba con una grande fiebre; y le rogaron por ella. 39E inclinándose hacia ella, riñó a la fiebre; y la fiebre la dejó; y ella levantándose luego, les servía. 40Y poniéndose el sol, todos los que tenían enfermos de diversas enfermedades, los traían a él; y él, poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba. 41Y salían también demonios de muchos, dando voces, y diciendo: Tú eres el Hijo de Dios. Mas riñéndolos no les dejaba hablar; porque sabían que él era el Cristo. 42Y siendo ya de día salió, y se fue a un lugar desierto: y las gentes le buscaban, y vinieron hasta él; y le detenían para que no se apartase de ellos. 43Mas él les dijo: Que también a otras ciudades es necesario que anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto soy enviado. 44Y predicaba en las sinagogas de Galilea.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
1 Crónicas 15 · Santiago 2
Personales
Amós 9 · Lucas 4