Lectura 1 de 4 · En familia
2 Reyes 3
1Y Joram hijo de Achâb comenzó a reinar en Samaria sobre Israel el año dieciocho de Josaphat rey de Judá; y reinó doce años. 2E hizo lo malo en ojos de Jehová, aunque no como su padre y su madre; porque quitó las estatuas de Baal que su padre había hecho. 3Mas allegóse a los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel; y no se apartó de ellos. 4Entonces Mesa rey de Moab era propietario de ganados, y pagaba al rey de Israel cien mil corderos y cien mil carneros con sus vellones. 5Mas muerto Achâb, el rey de Moab se rebeló contra el rey de Israel. 6Y salió entonces de Samaria el rey Joram, e inspeccionó a todo Israel. 7Y fue y envió a decir a Josaphat rey de Judá: El rey de Moab se ha rebelado contra mí: ¿irás tú conmigo a la guerra contra Moab? Y él respondió: Iré, porque como yo, así tú; como mi pueblo, así tu pueblo; como mis caballos, así también tus caballos. 8Y dijo: ¿Por qué camino iremos? Y él respondió: Por el camino del desierto de Idumea. 9Partieron pues el rey de Israel, y el rey de Judá, y el rey de Idumea; y como anduvieron rodeando por el desierto siete días de camino, faltóles el agua para el ejército, y para las bestias que los seguían. 10Entonces el rey de Israel dijo: ¡Ah! que ha llamado Jehová estos tres reyes para entregarlos en manos de los Moabitas. 11Mas Josaphat dijo: ¿No hay aquí profeta de Jehová, para que consultemos a Jehová por él? Y uno de los siervos del rey de Israel respondió y dijo: Aquí está Eliseo hijo de Saphat, que daba agua a manos a Elías. 12Y Josaphat dijo: Este tendrá palabra de Jehová. Y descendieron a él el rey de Israel, y Josaphat, y el rey de Idumea. 13Entonces Eliseo dijo al rey de Israel: ¿Qué tengo yo contigo? Ve a los profetas de tu padre, y a los profetas de tu madre. Y el rey de Israel le respondió: No: porque ha juntado Jehová estos tres reyes para entregarlos en manos de los Moabitas. 14Y Eliseo dijo: Vive Jehová de los ejércitos, en cuya presencia estoy, que si no tuviese respeto al rostro de Josaphat rey de Judá, no mirara a ti, ni te viera. 15Mas ahora traedme un tañedor. Y mientras el tañedor tocaba, la mano de Jehová fue sobre Eliseo. 16Y dijo: Así ha dicho Jehová: Haced en este valle muchas acequias. 17Porque Jehová ha dicho así: No veréis viento, ni veréis lluvia, y este valle será lleno de agua, y beberéis vosotros, y vuestras bestias, y vuestros ganados. 18Y esto es cosa ligera en los ojos de Jehová; dará también a los Moabitas en vuestras manos. 19Y vosotros heriréis a toda ciudad fortalecida y a toda villa hermosa, y talaréis todo buen árbol, y cegaréis todas las fuentes de aguas, y destruiréis con piedras toda tierra fértil. 20Y aconteció que por la mañana, cuando se ofrece el sacrificio, he aquí vinieron aguas por el camino de Idumea, y la tierra fue llena de aguas. 21Y todos los de Moab, como oyeron que los reyes subían a pelear contra ellos, juntáronse desde todos los que ceñían talabarte arriba, y pusiéronse en la frontera. 22Y como se levantaron por la mañana, y lució el sol sobre las aguas, vieron los de Moab desde lejos las aguas rojas como sangre; 23Y dijeron: ¡Sangre es esta de espada! Los reyes se han revuelto, y cada uno ha muerto a su compañero. Ahora pues, ¡Moab, a la presa! 24Mas cuando llegaron al campo de Israel, levantáronse los Israelitas e hirieron a los de Moab, los cuales huyeron delante de ellos: siguieron empero hiriendo todavía a los de Moab. 25Y asolaron las ciudades, y en todas las heredades fértiles echó cada uno su piedra, y las llenaron; cegaron también todas las fuentes de las aguas, y derribaron todos los buenos árboles; hasta que en Kir-hareseth solamente dejaron sus piedras; porque los honderos la cercaron, y la hirieron. 26Y cuando el rey de Moab vio que la batalla lo vencía, tomó consigo setecientos hombres que sacaban espada, para romper contra el rey de Idumea: mas no pudieron. 27Entonces arrebató a su primogénito que había de reinar en su lugar, y sacrificóle en holocausto sobre el muro. Y hubo grande enojo en Israel; y retiráronse de él, y volviéronse a su tierra.
Lectura 2 de 4 · En familia
2 Tesalonicenses 3
1Resta, hermanos, que oréis por nosotros, que la palabra del Señor corra y sea glorificada así como entre vosotros: 2Y que seamos librados de hombres importunos y malos; porque no es de todos la fe. 3Mas fiel es el Señor, que os confirmará y guardará del mal. 4Y tenemos confianza de vosotros en el Señor, que hacéis y haréis lo que os hemos mandado. 5Y el Señor enderece vuestros corazones en el amor de Dios, y en la paciencia de Cristo. 6Empero os denunciamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que anduviere fuera de orden, y no conforme a la doctrina que recibieron de nosotros: 7Porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos: porque no anduvimos desordenadamente entre vosotros, 8Ni comimos el pan de ninguno de balde; antes, obrando con trabajo y fatiga de noche y de día, por no ser gravosos a ninguno de vosotros; 9No porque no tuviésemos potestad, sino por daros en nosotros un dechado, para que nos imitaseis. 10Porque aun estando con vosotros, os denunciábamos esto: Que si alguno no quisiere trabajar, tampoco coma. 11Porque oímos que andan algunos entre vosotros fuera de orden, no trabajando en nada, sino ocupados en curiosear. 12Y a los tales requerimos y rogamos por nuestro Señor Jesucristo, que, trabajando con reposo, coman su pan. 13Y vosotros, hermanos, no os canséis de hacer bien. 14Y si alguno no obedeciere a nuestra palabra por carta, notad al tal, y no os juntéis con él, para que se avergüence. 15Mas no lo tengáis como a enemigo, sino amonestadle como a hermano. 16Y el mismo Señor de paz os dé siempre paz en toda manera. El Señor sea con todos vosotros. 17Salud de mi mano, Pablo, que es mi signo en toda carta mía: así escribo. 18La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.
Lectura 3 de 4 · Personal
Daniel 7
1En el primer año de Belsasar rey de Babilonia, vio Daniel un sueño y visiones de su cabeza en su cama: luego escribió el sueño, y notó la suma de los negocios. 2Habló Daniel y dijo: Veía yo en mi visión de noche, y he aquí que los cuatro vientos del cielo combatían en la gran mar. 3Y cuatro bestias grandes, diferentes la una de la otra, subían de la mar. 4La primera era como león, y tenía alas de águila. Yo estaba mirando hasta tanto que sus alas fueron arrancadas, y fue quitada de la tierra; y púsose enhiesta sobre los pies a manera de hombre, y fuéle dado corazón de hombre. 5Y he aquí otra segunda bestia, semejante a un oso, la cual se puso al un lado, y tenía en su boca tres costillas entre sus dientes; y fuéle dicho así: Levántate, traga carne mucha. 6Después de esto yo miraba, y he aquí otra, semejante a un tigre, y tenía cuatro alas de ave en sus espaldas: tenía también esta bestia cuatro cabezas; y fuéle dada potestad. 7Después de esto miraba yo en las visiones de la noche, y he aquí la cuarta bestia, espantosa y terrible, y en grande manera fuerte; la cual tenía unos dientes grandes de hierro: devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies: y era muy diferente de todas las bestias que habían sido antes de ella, y tenía diez cuernos. 8Estando yo contemplando los cuernos, he aquí que otro cuerno pequeño subía entre ellos, y delante de él fueron arrancados tres cuernos de los primeros; y he aquí, en este cuerno había ojos como ojos de hombre, y una boca que hablaba grandezas. 9Estuve mirando hasta que fueron puestas sillas: y un Anciano de grande edad se sentó, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su silla llama de fuego, sus ruedas fuego ardiente. 10Un río de fuego procedía y salía de delante de él: millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él: el Juez se sentó, y los libros se abrieron. 11Yo entonces miraba a causa de la voz de las grandes palabras que hablaba el cuerno; miraba hasta tanto que mataron la bestia, y su cuerpo fue deshecho, y entregado para ser quemado en el fuego. 12Habían también quitado a las otras bestias su señorío, y les había sido dada prolongación de vida hasta cierto tiempo. 13Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí en las nubes del cielo como un hijo de hombre que venía, y llegó hasta el Anciano de grande edad, e hiciéronle llegar delante de él. 14Y fuéle dado señorío, y gloria, y reino; y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron; su señorío, señorío eterno, que no será transitorio, y su reino que no se corromperá. 15Mi espíritu fue turbado, yo Daniel, en medio de mi cuerpo, y las visiones de mi cabeza me asombraron. 16Lleguéme a uno de los que asistían, y preguntéle la verdad acerca de todo esto. Y hablóme, y declaróme la interpretación de las cosas. 17Estas grandes bestias, las cuales son cuatro, cuatro reyes son, que se levantarán en la tierra. 18Después tomarán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, y hasta el siglo de los siglos. 19Entonces tuve deseo de saber la verdad acerca de la cuarta bestia, que tan diferente era de todas las otras, espantosa en gran manera, que tenía dientes de hierro, y sus uñas de metal, que devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies: 20Asimismo acerca de los diez cuernos que tenía en su cabeza, y del otro que había subido, de delante del cual habían caído tres: y este mismo cuerno tenía ojos, y boca que hablaba grandezas, y su parecer mayor que el de sus compañeros. 21Y veía yo que este cuerno hacía guerra contra los santos, y los vencía, 22Hasta tanto que vino el Anciano de grande edad, y se dio el juicio a los santos del Altísimo; y vino el tiempo, y los santos poseyeron el reino. 23Dijo así: La cuarta bestia será un cuarto reino en la tierra, el cual será más grande que todos los otros reinos, y a toda la tierra devorará, y la hollará, y la despedazará. 24Y los diez cuernos significan que de aquel reino se levantarán diez reyes; y tras ellos se levantará otro, el cual será mayor que los primeros, y a tres reyes derribará. 25Y hablará palabras contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en mudar los tiempos y la ley: y entregados serán en su mano hasta tiempo, y tiempos, y el medio de un tiempo. 26Empero se sentará el juez, y quitaránle su señorío, para que sea destruído y arruinado hasta el extremo; 27Y que el reino, y el señorío, y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo; cuyo reino es reino eterno, y todos los señoríos le servirán y obedecerán. 28Hasta aquí fue el fin de la plática. Yo Daniel, mucho me turbaron mis pensamientos, y mi rostro se me mudó: mas guardé en mi corazón el negocio.
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Salmos 114-115 (cap. 114)
1Cuando salió Israel de Egipto, la casa de Jacob del pueblo bárbaro, 2Judá fue su consagrada heredad, Israel su señorío. 3La mar vio, y huyó; el Jordán se volvió atrás. 4Los montes saltaron como carneros: los collados como corderitos. 5¿Qué tuviste, oh mar, que huiste? ¿y tú, oh Jordán, que te volviste atrás? 6Oh montes, ¿por qué saltasteis como carneros, y vosotros, collados, como corderitos? 7A la presencia del Señor tiembla la tierra, a la presencia del Dios de Jacob; 8El cual tornó la peña en estanque de aguas, y en fuente de aguas la roca.
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Salmos 114-115 (cap. 115)
1No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria; por tu misericordia, por tu verdad. 2Por qué dirán las gentes: ¿Dónde está ahora su Dios? 3Y nuestro Dios está en los cielos: todo lo que quiso ha hecho. 4Sus ídolos son plata y oro, obra de manos de hombres. 5Tienen boca, mas no hablarán; tienen ojos, mas no verán; 6Orejas tienen, mas no oirán; tienen narices, mas no olerán; 7Manos tienen, mas no palparán; tienen pies, mas no andarán; no hablarán con su garganta. 8Como ellos son los que los hacen; cualquiera que en ellos confía. 9Oh Israel, confía en Jehová: él es su ayuda y su escudo. 10Casa de Aarón, confiad en Jehová: él es su ayuda y su escudo. 11Los que teméis a Jehová, confiad en Jehová: él es su ayuda y su escudo. 12Jehová se acordó de nosotros: nos bendecirá: bendecirá a la casa de Israel; bendecirá a la casa de Aarón. 13Bendecirá a los que temen a Jehová; a chicos y a grandes. 14Acrecentará Jehová bendición sobre vosotros; sobre vosotros y sobre vuestros hijos. 15Benditos vosotros de Jehová, que hizo los cielos y la tierra. 16Los cielos son los cielos de Jehová: y ha dado la tierra a los hijos de los hombres. 17No alabarán los muertos a JAH, ni cuantos descienden al silencio; 18Mas nosotros bendeciremos a JAH, desde ahora para siempre. Aleluya.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
2 Reyes 3 · 2 Tesalonicenses 3
Personales
Daniel 7 · Salmos 114-115