Lectura 1 de 4 · En familia
2 Reyes 2
1Y aconteció que, cuando quiso Jehová alzar a Elías en un torbellino al cielo, Elías venía con Eliseo de Gilgal. 2Y dijo Elías a Eliseo: Quédate ahora aquí, porque Jehová me ha enviado a Beth-el. Y Eliseo dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Descendieron pues a Beth-el. 3Y saliendo a Eliseo los hijos de los profetas que estaban en Beth-el, dijéronle: ¿Sabes como Jehová quitará hoy a tu señor de tu cabeza? Y él dijo: Sí, yo lo sé; callad. 4Y Elías le volvió a decir: Eliseo, quédate aquí ahora, porque Jehová me ha enviado a Jericó. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Vinieron pues a Jericó. 5Y llegáronse a Eliseo los hijos de los profetas que estaban en Jericó, y dijéronle: ¿Sabes cómo Jehová quitará hoy a tu señor de tu cabeza? Y él respondió: Sí, yo lo sé; callad. 6Y Elías le dijo: Ruégote que te quedes aquí, porque Jehová me ha enviado al Jordán. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Fueron pues ambos a dos. 7Y vinieron cincuenta varones de los hijos de los profetas, y paráronse enfrente a lo lejos: y ellos dos se pararon junto al Jordán. 8Tomando entonces Elías su manto, doblólo, e hirió las aguas, las cuales se apartaron a uno y a otro lado, y pasaron ambos en seco. 9Y como hubieron pasado, Elías dijo a Eliseo: Pide lo que quieres que haga por ti, antes que sea quitado de contigo. Y dijo Eliseo: Ruégote que las dos partes de tu espíritu sean sobre mí. 10Y él le dijo: Cosa difícil has pedido. Si me vieres cuando fuere quitado de ti, te será así hecho; mas si no, no. 11Y aconteció que, yendo ellos hablando, he aquí, un carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos: y Elías subió al cielo en un torbellino. 12Y viéndolo Eliseo, clamaba: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo! Y nunca más le vio, y trabando de sus vestidos, rompiólos en dos partes. 13Alzó luego el manto de Elías que se le había caído, y volvió, y paróse a la orilla del Jordán. 14Y tomando el manto de Elías que se le había caído, hirió las aguas, y dijo: ¿Dónde está Jehová, el Dios de Elías? Y así que hubo del mismo modo herido las aguas, apartáronse a uno y a otro lado, y pasó Eliseo. 15Y viéndole los hijos de los profetas que estaban en Jericó de la otra parte, dijeron: El espíritu de Elías reposó sobre Eliseo. Y viniéronle a recibir, e inclináronse a él hasta la tierra. 16Y dijéronle: He aquí hay con tus siervos cincuenta varones fuertes: vayan ahora y busquen a tu señor; quizá lo ha levantado el espíritu de Jehová, y lo ha echado en algún monte o en algún valle. Y él les dijo: No enviéis. 17Mas ellos le importunaron, hasta que avergonzándose dijo: Enviad. Entonces ellos enviaron cincuenta hombres, los cuales lo buscaron tres días, mas no lo hallaron. 18Y cuando volvieron a él, que se había quedado en Jericó, él les dijo: ¿No os dije yo que no fueseis? 19Y los hombres de la ciudad dijeron a Eliseo: He aquí el asiento de esta ciudad es bueno, como mi señor ve; mas las aguas son malas, y la tierra enferma. 20Entonces él dijo: Traedme una botija nueva, y poned en ella sal. Y trajéronsela. 21Y saliendo él a los manaderos de las aguas, echó dentro la sal, y dijo: Así ha dicho Jehová: Yo sané estas aguas, y no habrá más en ellas muerte ni enfermedad. 22Y fueron sanas las aguas hasta hoy, conforme a la palabra que habló Eliseo. 23Después subió de allí a Beth-el; y subiendo por el camino, salieron los muchachos de la ciudad, y se burlaban de él, diciendo: ¡Calvo, sube! ¡calvo, sube! 24Y mirando él atrás, viólos, y maldíjolos en el nombre de Jehová. Y salieron dos osos del monte, y despedazaron de ellos cuarenta y dos muchachos. 25De allí fue al monte de Carmelo, y de allí volvió a Samaria.
Lectura 2 de 4 · En familia
2 Tesalonicenses 2
1Empero os rogamos, hermanos, cuanto a la venida de nuestro Señor Jesucristo, y nuestro recogimiento a él, 2Que no os mováis fácilmente de vuestro sentimiento, ni os conturbéis ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como nuestra, como que el día del Señor esté cerca. 3No os engañe nadie en ninguna manera; porque no vendrá sin que venga antes la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, 4Oponiéndose, y levantándose contra todo lo que se llama Dios, o que se adora; tanto que se asiente en el templo de Dios como Dios, haciéndose parecer Dios. 5¿No os acordáis que cuando estaba todavía con vosotros, os decía esto? 6Y ahora vosotros sabéis lo que impide, para que a su tiempo se manifieste. 7Porque ya está obrando el misterio de iniquidad: solamente espera hasta que sea quitado de en medio el que ahora impide; 8Y entonces será manifestado aquel inicuo, al cual el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida; 9A aquel inicuo, cuyo advenimiento es según operación de Satanás, con grande potencia, y señales, y milagros mentirosos, 10Y con todo engaño de iniquidad en los que perecen; por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. 11Por tanto, pues, les envía Dios operación de error, para que crean a la mentira; 12Para que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, antes consintieron a la iniquidad. 13Mas nosotros debemos dar siempre gracias a Dios por vosotros, hermanos amados del Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salud, por la santificación del Espíritu y fe de la verdad: 14A lo cual os llamó por nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo. 15Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra. 16Y el mismo Señor nuestro Jesucristo, y Dios y Padre nuestro, el cual nos amó, y nos dio consolación eterna, y buena esperanza por gracia, 17Consuele vuestros corazones, y os confirme en toda buena palabra y obra.
Lectura 3 de 4 · Personal
Daniel 6
1Pareció bien a Darío constituir sobre el reino ciento veinte gobernadores, que estuviesen en todo el reino. 2Y sobre ellos tres presidentes, de los cuales Daniel era el uno, a quienes estos gobernadores diesen cuenta, porque el rey no recibiese daño. 3Pero el mismo Daniel era superior a estos gobernadores y presidentes, porque había en él más abundancia de espíritu: y el rey pensaba de ponerlo sobre todo el reino. 4Entonces los presidentes y gobernadores buscaban ocasiones contra Daniel por parte del reino; mas no podían hallar alguna ocasión o falta, porque él era fiel, y ningún vicio ni falta fue en él hallado. 5Entonces dijeron aquellos hombres: No hallaremos contra este Daniel ocasión alguna, si no la hallamos contra él en la ley de su Dios. 6Entonces estos gobernadores y presidentes se juntaron delante del rey, y le dijeron así: Rey Darío, para siempre vive: 7Todos los presidentes del reino, magistrados, gobernadores, grandes, y capitanes, han acordado por consejo promulgar un real edicto, y confirmarlo, que cualquiera que demandare petición de cualquier dios u hombre en el espacio de treinta días, sino de ti, oh rey, sea echado en el foso de los leones. 8Ahora, oh rey, confirma el edicto, y firma la escritura, para que no se pueda mudar, conforme a la ley de Media y de Persia, la cual no se revoca. 9Firmó pues el rey Darío la escritura y el edicto. 10Y Daniel, cuando supo que la escritura estaba firmada, entróse en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que estaban hacia Jerusalem, hincábase de rodillas tres veces al día, y oraba, y confesaba delante de su Dios, como lo solía hacer antes. 11Entonces se juntaron aquellos hombres, y hallaron a Daniel orando y rogando delante de su Dios. 12Llegáronse luego, y hablaron delante del rey acerca del edicto real: ¿No has confirmado edicto que cualquiera que pidiere a cualquier dios u hombre en el espacio de treinta días, excepto a ti, oh rey, fuese echado en el foso de los leones? Respondió el rey y dijo: Verdad es, conforme a la ley de Media y de Persia, la cual no se abroga. 13Entonces respondieron y dijeron delante del rey: Daniel que es de los hijos de la cautividad de los Judíos, no ha hecho cuenta de ti, oh rey, ni del edicto que confirmaste; antes tres veces al día hace su petición. 14El rey entonces, oyendo el negocio, pesóle en gran manera, y sobre Daniel puso cuidado para librarlo; y hasta puestas del sol trabajó para librarle. 15Empero aquellos hombres se reunieron cerca del rey, y dijeron al rey: Sepas, oh rey, que es ley de Media y de Persia, que ningún decreto u ordenanza que el rey confirmare pueda mudarse. 16Entonces el rey mandó, y trajeron a Daniel, y echáronle en el foso de los leones. Y hablando el rey dijo a Daniel: El Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, él te libre. 17Y fue traída una piedra, y puesta sobre la puerta del foso, la cual selló el rey con su anillo, y con el anillo de sus príncipes, porque el acuerdo acerca de Daniel no se mudase. 18Fuése luego el rey a su palacio, y acostóse ayuno; ni instrumentos de música fueron traídos delante de él, y se le fue el sueño. 19El rey, por tanto, se levantó muy de mañana, y fue apriesa al foso de los leones: 20Y llegándose cerca del foso llamó a voces a Daniel con voz triste: y hablando el rey dijo a Daniel: Daniel, siervo del Dios viviente, el Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves ¿te ha podido librar de los leones? 21Entonces habló Daniel con el rey: oh rey, para siempre vive. 22El Dios mío envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones, para que no me hiciesen mal: porque delante de él se halló en mí justicia: y aun delante de ti, oh rey, yo no he hecho lo que no debiese. 23Entonces se alegró el rey en gran manera a causa de él, y mandó sacar a Daniel del foso: y fue Daniel sacado del foso, y ninguna lesión se halló en él, porque creyó en su Dios. 24Y mandándolo el rey fueron traídos aquellos hombres que habían acusado a Daniel, y fueron echados en el foso de los leones, ellos, sus hijos, y sus mujeres; y aun no habían llegado al suelo del foso, cuando los leones se apoderaron de ellos, y quebrantaron todos sus huesos. 25Entonces el rey Darío escribió a todos los pueblos, naciones, y lenguas, que habitan en toda la tierra: Paz os sea multiplicada: 26De parte mía es puesta ordenanza, que en todo el señorío de mi reino todos teman y tiemblen de la presencia del Dios de Daniel: porque él es el Dios viviente y permanente por todos los siglos, y su reino tal que no será deshecho, y su señorío hasta el fin. 27Que salva y libra, y hace señales y maravillas en el cielo y en la tierra; el cual libró a Daniel del poder de los leones. 28Y este Daniel fue prosperado durante el reinado de Darío, y durante el reinado de Ciro, Persa.
Lectura 4 de 4 · Personal
Salmos 112-113 (cap. 112)
1Bienaventurado el hombre que teme a Jehová, y en sus mandamientos se deleita en gran manera. 2Su simiente será poderosa en la tierra: la generación de los rectos será bendita. 3Hacienda y riquezas hay en su casa; y su justicia permanece para siempre. 4Resplandeció en las tinieblas luz a los rectos: es clemente, y misericordioso, y justo. 5El hombre de bien tiene misericordia y presta; gobierna sus cosas con juicio. 6Por lo cual no resbalará para siempre: en memoria eterna será el justo. 7De mala fama no tendrá temor: su corazón está apercibido, confiado en Jehová. 8Asentado está su corazón, no temerá, hasta que vea en sus enemigos su deseo. 9Esparce, da a los pobres: su justicia permanece para siempre; su cuerno será ensalzado en gloria. 10Verálo el impío, y se despechará; crujirá los dientes, y se repudrirá: perecerá el deseo de los impíos.
Lectura 4 de 4 · Personal
Salmos 112-113 (cap. 113)
1Alabad, siervos de Jehová, alabad el nombre de Jehová. 2Sea el nombre de Jehová bendito, desde ahora y para siempre. 3Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, sea alabado el nombre de Jehová. 4Alto sobre todas las naciones es Jehová; sobre los cielos su gloria. 5¿Quién como Jehová nuestro Dios, que ha enaltecido su habitación, 6Que se humilla a mirar en el cielo y en la tierra? 7El levanta del polvo al pobre, y al menesteroso alza del estiércol, 8Para hacerlos sentar con los príncipes, con los príncipes de su pueblo. 9El hace habitar en familia a la estéril, gozosa en ser madre de hijos. Aleluya.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
2 Reyes 2 · 2 Tesalonicenses 2
Personales
Daniel 6 · Salmos 112-113