Lectura 1 de 4 · En familia
1 Samuel 15
1Y Samuel dijo a Saúl: Jehová me envió a que te ungiese por rey sobre su pueblo Israel: oye pues la voz de las palabras de Jehová. 2Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Acuérdome de lo que hizo Amalec a Israel; que se le opuso en el camino, cuando subía de Egipto. 3Ve pues, y hiere a Amalec, y destruiréis en él todo lo que tuviere: y no te apiades de él: mata hombres y mujeres, niños y mamantes, vacas y ovejas, camellos y asnos. 4Saúl pues juntó el pueblo, y reconociólos en Telaim, doscientos mil de a pie, y diez mil hombres de Judá. 5Y viniendo Saúl a la ciudad de Amalec, puso emboscada en el valle. 6Y dijo Saúl al Cineo: Idos, apartaos, y salid de entre los de Amalec, para que no te destruya juntamente con él: pues que tú hiciste misericordia con todos los hijos de Israel, cuando subían de Egipto. Apartóse pues el Cineo de entre los de Amalec. 7Y Saúl hirió a Amalec, desde Havila hasta llegar a Shur, que está a la frontera de Egipto. 8Y tomó vivo a Agag rey de Amalec, mas a todo el pueblo mató a filo de espada. 9Y Saúl y el pueblo perdonaron a Agag, y a lo mejor de las ovejas, y al ganado mayor, a los gruesos y a los carneros, y a todo lo bueno: que no lo quisieron destruir: mas todo lo que era vil y flaco destruyeron. 10Y fue palabra de Jehová a Samuel, diciendo: 11Pésame de haber puesto por rey a Saúl, porque se ha vuelto de en pos de mí, y no ha cumplido mis palabras. Y apesadumbróse Samuel, y clamó a Jehová toda aquella noche. 12Madrugó luego Samuel para ir a encontrar a Saúl por la mañana; y fue dado aviso a Samuel, diciendo: Saúl ha venido al Carmel, y he aquí él se ha levantado un trofeo, y después volviendo, ha pasado y descendido a Gilgal. 13Vino pues Samuel a Saúl, y Saúl le dijo: Bendito seas tú de Jehová; yo he cumplido la palabra de Jehová. 14Samuel entonces dijo: ¿Pues qué balido de ganados y bramido de bueyes es este que yo oigo con mis oídos? 15Y Saúl respondió: De Amalec los han traído; porque el pueblo perdonó a lo mejor de las ovejas y de las vacas, para sacrificarlas a Jehová tu Dios; pero lo demás lo destruimos. 16Entonces dijo Samuel a Saúl: Déjame declararte lo que Jehová me ha dicho esta noche. Y él le respondió: Di. 17Y dijo Samuel: Siendo tú pequeño en tus ojos ¿no has sido hecho cabeza a las tribus de Israel, y Jehová te ha ungido por rey sobre Israel? 18Y envióte Jehová en jornada, y dijo: Ve, y destruye los pecadores de Amalec, y hazles guerra hasta que los acabes. 19¿Por qué pues no has oído la voz de Jehová, sino que vuelto al despojo, has hecho lo malo en los ojos de Jehová? 20Y Saúl respondió a Samuel: Antes he oído la voz de Jehová, y fui a la jornada que Jehová me envió, y he traído a Agag rey de Amalec, y he destruído a los Amalecitas: 21Mas el pueblo tomó del despojo ovejas y vacas, las primicias del anatema, para sacrificarlas a Jehová tu Dios en Gilgal. 22Y Samuel dijo: ¿Tiene Jehová tanto contentamiento con los holocaustos y víctimas, como en obedecer a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios; y el prestar atención que el sebo de los carneros: 23Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría el infringir. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey. 24Entonces Saúl dijo a Samuel: Yo he pecado; que he quebrantado el dicho de Jehová y tus palabras: porque temí al pueblo, consentí a la voz de ellos. Perdona pues ahora mi pecado, 25Y vuelve conmigo para que adore a Jehová. 26Y Samuel respondió a Saúl: No volveré contigo; porque desechaste la palabra de Jehová, y Jehová te ha desechado para que no seas rey sobre Israel. 27Y volviéndose Samuel para irse, él echó mano de la orla de su capa, y desgarróse. 28Entonces Samuel le dijo: Jehová ha desgarrado hoy de ti el reino de Israel, y lo ha dado a tu prójimo mejor que tú. 29Y también el Vencedor de Israel no mentirá, ni se arrepentirá: porque no es hombre para que se arrepienta. 30Y él dijo: Yo he pecado: mas ruégote que me honres delante de los ancianos de mi pueblo, y delante de Israel; y vuelve conmigo para que adore a Jehová tu Dios. 31Y volvió Samuel tras Saúl, y adoró Saúl a Jehová. 32Después dijo Samuel: Traedme a Agag rey de Amalec. Y Agag vino a él delicadamente. Y dijo Agag: Ciertamente se pasó la amargura de la muerte. 33Y Samuel dijo: Como tu espada dejó las mujeres sin hijos, así tu madre será sin hijo entre las mujeres. Entonces Samuel cortó en pedazos a Agag delante de Jehová en Gilgal. 34Fuése luego Samuel a Rama, y Saúl subió a su casa en Gabaa de Saúl. 35Y nunca después vio Samuel a Saúl en toda su vida: y Samuel lloraba a Saúl: mas Jehová se había arrepentido de haber puesto a Saúl por rey sobre Israel.
Lectura 2 de 4 · En familia
Romanos 13
1Toda alma se someta a las potestades superiores; porque no hay potestad sino de Dios; y las que son, de Dios son ordenadas. 2Así que, el que se opone a la potestad, a la ordenación de Dios resiste: y los que resisten, ellos mismos ganan condenación para sí. 3Porque los magistrados no son para temor al que bien hace, sino al malo. ¿Quieres pues no temer la potestad? haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; 4Porque es ministro de Dios para tu bien. Mas si hicieres lo malo, teme: porque no en vano lleva el cuchillo; porque es ministro de Dios, vengador para castigo al que hace lo malo. 5Por lo cual es necesario que le estéis sujetos, no solamente por la ira, mas aun por la conciencia. 6Porque por esto pagáis también los tributos; porque son ministros de Dios que sirven a esto mismo. 7Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que pecho, pecho; al que temor, temor; al que honra, honra. 8No debáis a nadie nada, sino amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, cumplió la ley. 9Porque: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; no codiciarás; y si hay algún otro mandamiento, en esta sentencia se comprende sumariamente: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 10La caridad no hace mal al prójimo: así que, el cumplimento de la ley es la caridad. 11Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora nos está más cerca nuestra salud que cuando creímos. 12La noche ha pasado, y ha llegado el día: echemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de luz. 13Andemos como de día, honestamente: no en glotonerías y borracheras, no en lechos y disoluciones, no en pedencias y envidia: 14Mas vestíos del Señor Jesucristo, y no hagáis caso de la carne en sus deseos.
Lectura 3 de 4 · Personal
Jeremías 52
1Era Sedechîas de edad de veintiún años cuando comenzó a reinar, y reinó once años en Jerusalem. Su madre se llamaba Hamutal, hija de Jeremías, de Libna. 2E hizo lo malo en los ojos de Jehová, conforme a todo lo que hizo Joacim. 3Y a causa de la ira de Jehová contra Jerusalem y Judá, fue el llegar a echarlos de su presencia: y rebelóse Sedechîas contra el rey de Babilonia. 4Aconteció por tanto a los nueve años de su reinado, en el mes décimo, a los diez días del mes, que vino Nabucodonosor rey de Babilonia, él y todo su ejército, contra Jerusalem, y contra ella asentaron campo, y de todas partes edificaron contra ella baluartes. 5Y estuvo cercada la ciudad hasta el undécimo año del rey Sedechîas. 6En el mes cuarto, a los nueve del mes, prevaleció el hambre en la ciudad, hasta no haber pan para el pueblo de la tierra. 7Y fue entrada la ciudad, y todos los hombres de guerra huyeron, y saliéronse de la ciudad de noche por el camino del postigo de entre los dos muros, que había cerca del jardín del rey, y fuéronse por el camino del desierto, estando aún los Caldeos junto a la ciudad alrededor. 8Y el ejército de los Caldeos siguió al rey, y alcanzaron a Sedechîas en los llanos de Jericó; y esparcióse de él todo su ejército. 9Entonces prendieron al rey, e hiciéronle venir al rey de Babilonia, a Ribla en tierra de Hamath, donde pronunció contra él sentencia. 10Y degolló el rey de Babilonia a los hijos de Sedechîas delante de sus ojos, y también degolló a todos los príncipes de Judá en Ribla. 11A Sedechîas empero sacó los ojos, y le aprisionó con grillos, e hízolo el rey de Babilonia llevar a Babilonia; y púsolo en la casa de la cárcel hasta el día en que murió. 12Y en el mes quinto, a los diez del mes, que era el año diecinueve del reinado de Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino a Jerusalem Nabuzaradán, capitán de la guardia, que solía estar delante del rey de Babilonia. 13Y quemó la casa de Jehová, y la casa del rey, y todas las casas de Jerusalem; y abrasó con fuego todo grande edificio. 14Y todo el ejército de los Caldeos, que venía con el capitán de la guardia, destruyó todos los muros de Jerusalem en derredor. 15E hizo trasportar Nabuzaradán, capitán de la guardia, los pobres del pueblo, y toda la otra gente vulgar que en la ciudad habían quedado, y los fugitivos que se habían huído al rey de Babilonia, y todo el resto de la multitud vulgar. 16Mas de los pobres del país dejó Nabuzaradán, capitán de la guardia, para viñadores y labradores. 17Y los Caldeos quebraron las columnas de bronce que estaban en la casa de Jehová, y las basas, y el mar de bronce que estaba en la casa de Jehová, y llevaron todo el metal a Babilonia. 18Lleváronse también los calderos, y los badiles, y los salterios, y las bacías, y los cazos, y todos los vasos de metal con que se servían. 19Y las copas, e incensarios, y tazones, y ollas, y candeleros, y escudillas, y tazas: lo que de oro de oro, y lo que de plata de plata, se llevó el capitán de la guardia. 20Las dos columnas, un mar, y doce bueyes de bronce que estaban debajo de las basas, que había hecho el rey Salomón en la casa de Jehová: no se podía pesar el metal de todos estos vasos. 21Cuanto a las columnas, la altura de la columna era de dieciocho codos, y un hilo de doce codos la rodeaba: y su grueso era de cuatro dedos, y hueca. 22Y el capitel de bronce que había sobre ella, era de altura de cinco codos, con una red y granadas en el capitel alrededor, todo de bronce; y lo mismo era lo de la segunda columna con sus granadas. 23Había noventa y seis granadas en cada orden: todas ellas eran ciento sobre la red alrededor. 24Tomó también el capitán de la guardia a Seraías principal sacerdote, y a Sophonías segundo sacerdote, y tres guardas del atrio. 25Y de la ciudad tomó un eunuco que era capitán sobre los hombres de guerra, y siete hombres de los continuos del rey, que se hallaron en la ciudad; y al principal secretario de la milicia, que revistaba el pueblo de la tierra para la guerra; y sesenta hombres del vulgo del país, que se hallaron dentro de la ciudad. 26Tomólos pues Nabuzaradán, capitán de la guardia, y llevólos al rey de Babilonia a Ribla. 27Y el rey de Babilonia los hirió, y los mató en Ribla en tierra de Hamath. Así fue Judá trasportado de su tierra. 28Este es el pueblo que Nabucodonosor hizo trasportar: En el año séptimo, tres mil veintitrés Judíos: 29En el año dieciocho hizo Nabucodonosor trasportar de Jerusalem ochocientas treinta y dos personas: 30El año veintitrés de Nabucodonosor, trasportó Nabuzaradán capitán de la guardia, setecientas cuarenta y cinco personas de los Judíos: todas las personas fueron cuatro mil seiscientas. 31Y acaeció que en el año treinta y siete de la cautividad de Joachîn rey de Judá, en el mes duodécimo, a los veinticinco del mes, Evil-merodach, rey de Babilonia, en el año primero de su reinado, alzó la cabeza de Joachîn rey de Judá y sacólo de la casa de la cárcel; 32Y habló con él amigablemente, e hizo poner su silla sobre las sillas de los reyes que estaban con él en Babilonia. 33Hízole mudar también los vestidos de su prisión, y comía pan delante de él siempre todos los días de su vida. 34Y continuamente se le daba ración por el rey de Babilonia, cada cosa en su día por todos los de su vida, hasta el día de su muerte.
Lectura 4 de 4 · Personal
Salmo 31
1En ti, oh Jehová, he esperado; no sea yo confundido para siempre: líbrame en tu justicia. 2Inclina a mí tu oído, líbrame presto; séme por roca de fortaleza, por casa fuerte para salvarme. 3Porque tú eres mi roca y mi castillo; y por tu nombre me guiarás, y me encaminarás. 4Me sacarás de la red que han escondido para mí; porque tú eres mi fortaleza. 5En tu mano encomiendo mi espíritu: tú me has redimido, oh Jehová, Dios de verdad. 6Aborrecí a los que esperan en vanidades ilusorias; mas yo en Jehová he esperado. 7Me gozaré y alegraré en tu misericordia; porque has visto mi aflicción; has conocido mi alma en las angustias. 8Y no me encerraste en mano del enemigo; hiciste estar mis pies en anchura. 9Ten misericordia de mí, oh Jehová, que estoy en angustia: hanse consumido de pesar mis ojos, mi alma, y mis entrañas. 10Porque mi vida se va gastando de dolor, y mis años de suspirar: hase enflaquecido mi fuerza a causa de mi iniquidad, y mis huesos se han consumido. 11De todos mis enemigos he sido oprobio, y de mis vecinos en gran manera, y horror a mis conocidos: los que me veían fuera, huían de mí. 12He sido olvidado de su corazón como un muerto: he venido a ser como un vaso perdido. 13Porque he oído afrenta de muchos; miedo por todas partes, cuando consultaban juntos contra mí, e ideaban quitarme la vida. 14Mas yo en ti confié, oh Jehová: yo dije: Dios mío eres tú. 15En tu mano están mis tiempos: líbrame de la mano de mis enemigos, y de mis perseguidores. 16Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo: sálvame por tu misericordia. 17No sea yo confundido, oh Jehová, ya que te he invocado; sean corridos los impíos, estén mudos en el profundo. 18Enmudezcan los labios mentirosos, que hablan contra el justo cosas duras, con soberbia y menosprecio. 19¡Cuán grande es tu bien, que has guardado para los que te temen, que has obrado para los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres! 20Los esconderás en el secreto de tu rostro de las arrogancias del hombre: los pondrás en un tabernáculo a cubierto de contención de lenguas. 21Bendito Jehová, porque ha hecho maravillosa su misericordia para conmigo en ciudad fuerte. 22Y decía yo en mi premura: Cortado soy de delante de tus ojos: tú empero oíste la voz de mis ruegos, cuando a ti clamaba. 23Amad a Jehová todos vosotros sus santos: a los fieles guarda Jehová, y paga abundantemente al que obra con soberbia. 24Esforzaos todos vosotros los que esperáis en Jehová, y tome vuestro corazón aliento.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
1 Samuel 15 · Romanos 13
Personales
Jeremías 52 · Salmo 31