Lectura 1 de 4 · En familia
2 Crónicas 27-28 (cap. 27)
1De veinticinco años era Joatham cuando comenzó a reinar, y dieciséis años reinó en Jerusalem. El nombre de su madre fue Jerusa, hija de Sadoc. 2E hizo lo recto en ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había hecho Uzzías su padre, salvo que no entró en el templo de Jehová. Y el pueblo falseaba aún. 3Edificó él la puerta mayor de la casa de Jehová, y en el muro de la fortaleza edificó mucho. 4Además edificó ciudades en las montañas de Judá, y labró palacios y torres en los bosques. 5También tuvo él guerra con el rey de los hijos de Ammón, a los cuales venció; y diéronle los hijos de Ammón en aquel año cien talentos de plata, y diez mil coros de trigo, y diez mil de cebada. Esto le dieron los hijos de Ammón, y lo mismo en el segundo año, y en el tercero. 6Así que Joatham fue fortificado, porque preparó sus caminos delante de Jehová su Dios. 7Lo demás de los hechos de Joatham, y todas sus guerras, y sus caminos, he aquí está escrito en el libro de los reyes de Israel y de Judá. 8Cuando comenzó a reinar era de veinticinco años, y dieciséis reinó en Jerusalem. 9Y durmió Joatham con sus padres, y sepultáronlo en la ciudad de David; y reinó en su lugar Achâz su hijo.
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2 Crónicas 27-28 (cap. 28)
1De veinte años era Achâz cuando comenzó a reinar, y dieciséis años reinó en Jerusalem: mas no hizo lo recto en ojos de Jehová, como David su padre. 2Antes anduvo en los caminos de los reyes de Israel, y además hizo imágenes de fundición a los Baales. 3Quemó también perfume en el valle de los hijos de Hinnom, y quemó sus hijos por fuego, conforme a las abominaciones de las gentes que Jehová había echado delante de los hijos de Israel. 4Asimismo sacrificó y quemó perfumes en los altos, y en los collados, y debajo de todo árbol espeso. 5Por lo cual Jehová su Dios lo entregó en manos del rey de los Siros, los cuales le derrotaron, y cogieron de él una grande presa, que llevaron a Damasco. Fue también entregado en manos del rey de Israel, el cual lo batió con gran mortandad. 6Porque Peca, hijo de Remalías mató en Judá en un día ciento y veinte mil, todos hombres valientes; por cuanto habían dejado a Jehová el Dios de sus padres. 7Asimismo Zichri, hombre poderoso de Ephraim, mató a Maasías hijo del rey, y a Azricam su mayordomo, y a Elcana, segundo después del rey. 8Tomaron también cautivos los hijos de Israel de sus hermanos doscientos mil, mujeres, muchachos, y muchachas, a más de haber saqueado de ellos un gran despojo, el cual trajeron a Samaria. 9Había entonces allí un profeta de Jehová, que se llamaba Obed, el cual salió delante del ejército cuando entraba en Samaria, y díjoles: He aquí Jehová el Dios de vuestros padres, por el enojo contra Judá, los ha entregado en vuestras manos; y vosotros los habéis muerto con ira, que hasta el cielo ha llegado. 10Y ahora habéis determinado sujetar a vosotros a Judá y a Jerusalem por siervos y siervas: mas ¿no habéis vosotros pecado contra Jehová vuestro Dios? 11Oidme pues ahora, y volved a enviar los cautivos que habéis tomado de vuestros hermanos: porque Jehová está airado contra vosotros. 12Levantáronse entonces algunos varones de los principales de los hijos de Ephraim, Azarías hijo de Johanán, y Berechîas hijo de Mesillemoth, y Ezechîas hijo de Sallum, y Amasa hijo de Hadlai, contra los que venían de la guerra. 13Y dijéronles: No metáis acá la cautividad; porque el pecado contra Jehová será sobre nosotros. Vosotros tratáis de añadir sobre nuestros pecados y sobre nuestras culpas, siendo asaz grande nuestro delito, y la ira del furor sobre Israel. 14Entonces el ejército dejó los cautivos y la presa delante de los príncipes y de toda la multitud. 15Y levantáronse los varones nombrados, y tomaron los cautivos, y vistieron del despojo a los que de ellos estaban desnudos; vistiéronlos y calzáronlos, y diéronles de comer y de beber, y ungiéronlos, y condujeron en asnos a todos los flacos, y lleváronlos hasta Jericó, ciudad de las palmas, cerca de sus hermanos; y ellos se volvieron a Samaria. 16En aquel tiempo envió a pedir el rey Achâz a los reyes de Asiria que le ayudasen: 17Porque a más de esto, los Idumeos habían venido y herido a los de Judá, y habían llevado cautivos. 18Asimismo los Filisteos se habían derramado por las ciudades de la llanura, y al mediodía de Judá, y habían tomado a Beth-semes, a Ajalón, Gederoth, y Sochô con sus aldeas, Timna también con sus aldeas, y Gimzo con sus aldeas; y habitaban en ellas. 19Porque Jehová había humillado a Judá por causa de Achâz rey de Israel: por cuanto él había desnudado a Judá, y rebeládose gravemente contra Jehová. 20Y vino contra él Tilgath-pilneser, rey de los Asirios: pues lo redujo a estrechez, y no lo fortificó. 21Aunque despojó Achâz la casa de Jehová, y la casa real, y las de los príncipes, para dar al rey de los Asirios, con todo eso él no le ayudó. 22Además el rey Achâz en el tiempo que aquel le apuraba, añadió prevaricación contra Jehová; 23Porque sacrificó a los dioses de Damasco que le habían herido, y dijo: Pues que los dioses de los reyes de Siria les ayudan, yo también sacrificaré a ellos para que me ayuden; bien que fueron estos su ruina, y la de todo Israel. 24A más de eso recogió Achâz los vasos de la casa de Dios, y quebrólos, y cerró las puertas de la casa de Jehová, e hízose altares en Jerusalem en todos los rincones. 25Hizo también altos en todas las ciudades de Judá, para quemar perfumes a los dioses ajenos, provocando así a ira a Jehová el Dios de sus padres. 26Lo demás de sus hechos, y todos sus caminos, primeros y postreros, he aquí ello está escrito en el libro de los reyes de Judá y de Israel. 27Y durmió Achâz con sus padres, y sepultáronlo en la ciudad de Jerusalem: mas no le metieron en los sepulcros de los reyes de Israel; y reinó en su lugar Ezechîas su hijo.
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Apocalipsis 14
1Y miré, y he aquí, el Cordero estaba sobre el monte de Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de su Padre escrito en sus frentes. 2Y oí una voz del cielo como ruido de muchas aguas, y como sonido de un gran trueno: y oí una voz de tañedores de arpas que tañían con sus arpas: 3Y cantaban como un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro animales, y de los ancianos: y ninguno podía aprender el cántico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil, los cuales fueron comprados de entre los de la tierra. 4Estos son los que con mujeres no fueron contaminados; porque son vírgenes. Estos, los que siguen al Cordero por donde quiera que fuere. Estos fueron comprados de entre los hombres por primicias para Dios y para el Cordero. 5Y en sus bocas no ha sido hallado engaño; porque ellos son sin mácula delante del trono de Dios. 6Y vi otro ángel volar por en medio del cielo, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los que moran en la tierra, y a toda nación y tribu y lengua y pueblo, 7Diciendo en alta voz: Temed a Dios, y dadle honra; porque la hora de su juicio es venida; y adorad a aquel que ha hecho el cielo y la tierra y el mar y las fuentes de las aguas. 8Y otro ángel le siguió, diciendo: Ha caído, ha caído Babilonia, aquella grande ciudad, porque ella ha dado a beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación. 9Y el tercer ángel los siguió, diciendo en alta voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y toma la señal en su frente, o en su mano, 10Este también beberá del vino de la ira de Dios, el cual está echado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles, y delante del Cordero: 11Y el humo del tormento de ellos sube para siempre jamás. Y los que adoran a la bestia y a su imagen, no tienen reposo día ni noche, ni cualquiera que tomare la señal de su nombre. 12Aquí está la paciencia de los santos; aquí están los que guardan los mandamientos de Dios, y la fe de Jesús. 13Y oí una voz del cielo que me decía: Escribe: Bienaventurados los muertos que de aquí adelante mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, que descansarán de sus trabajos; porque sus obras con ellos siguen. 14Y miré, y he aquí una nube blanca; y sobre la nube uno sentado semejante al Hijo del hombre, que tenía en su cabeza una corona de oro, y en su mano una hoz aguda. 15Y otro ángel salió del templo, clamando en alta voz al que estaba sentado sobre la nube: Mete tu hoz, y siega; porque la hora de segar te es venida, porque la mies de la tierra está madura. 16Y el que estaba sentado sobre la nube echó su hoz sobre la tierra, y la tierra fue segada. 17Y salió otro ángel del templo que está en el cielo, teniendo también una hoz aguda. 18Y otro ángel salió del altar, el cual tenía poder sobre el fuego, y clamó con gran voz al que tenía la hoz aguda, diciendo: Mete tu hoz aguda, y vendimia los racimos de la tierra; porque están maduras sus uvas. 19Y el ángel echó su hoz aguda en la tierra, y vendimió la viña de la tierra, y echó la uva en el grande lagar de la ira de Dios. 20Y el lagar fue hollado fuera de la ciudad, y del lagar salió sangre hasta los frenos de los caballos por mil y seiscientos estadios.
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Zacarías 10
1Pedid a Jehová lluvia en la sazón tardía: Jehová hará relámpagos, y os dará lluvia abundante, y hierba en el campo a cada uno. 2Porque las imágenes han hablado vanidad, y los adivinos han visto mentira, y han hablado sueños vanos, en vano consuelan: por lo cual se fueron ellos como ovejas, fueron humillados porque no tuvieron pastor. 3Contra los pastores se ha encendido mi enojo, y castigaré los machos de cabrío: mas Jehová de los ejércitos visitará su rebaño, la casa de Judá, y tornarálos como su caballo de honor en la guerra. 4De él saldrá el ángulo, de él la clavija, de él el arco de la guerra, de él también todo apremiador. 5Y serán como valientes, que en la batalla pisan al enemigo en el lodo de las calles; y pelearán, porque Jehová será con ellos; y los que cabalgan en caballos serán avergonzados. 6Porque yo fortificaré la casa de Judá, y guardaré la casa de José; y harélos volver, porque de ellos tendré piedad; y serán como si no los hubiera desechado; porque yo soy Jehová su Dios, que los oiré. 7Y será Ephraim como valiente, y alegraráse su corazón como de vino: sus hijos también verán y se alegrarán; su corazón se gozará en Jehová. 8Yo les silbaré y los juntaré, porque los he redimido; y serán multiplicados como fueron multiplicados. 9Bien que los sembraré entre los pueblos, aun en lejanos países se acordarán de mí; y vivirán con sus hijos, y tornarán. 10Porque yo los tornaré de la tierra de Egipto, y los recogeré de la Asiria; y traerélos a la tierra de Galaad y del Líbano, y no les bastará. 11Y la tribulación pasará por la mar, y en la mar herirá las ondas, y se secarán todas las honduras del río: y la soberbia del Assur será derribada, y se perderá el cetro de Egipto. 12Y yo los fortificaré en Jehová, y caminarán en su nombre, dice Jehová.
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Juan 13
1Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que su hora había venido para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, amólos hasta el fin. 2Y la cena acabada, como el diablo ya había metido en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, que le entregase, 3Sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, 4Levántase de la cena, y quítase su ropa, y tomando una toalla, ciñóse. 5Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a limpiarlos con la toalla con que estaba ceñido. 6Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dice: ¿Señor, tú me lavas los pies? 7Respondió Jesús, y díjole: Lo que yo hago, tú no entiendes ahora; mas lo entenderás después. 8Dícele Pedro: No me lavarás los pies jamás. Respondióle Jesús: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo. 9Dícele Simón Pedro: Señor, no solo mis pies, mas aun las manos y la cabeza. 10Dícele Jesús: El que está lavado, no necesita sino que lave los pies, mas está todo limpio: y vosotros limpios estáis, aunque no todos. 11Porque sabía quién le había de entregar; por eso dijo: No estáis limpios todos. 12Así que, después que les hubo lavado los pies, y tomado su ropa, volviéndose a sentar a la mesa, díjoles: ¿Sabéis lo que os he hecho? 13Vosotros me llamáis, Maestro, y, Señor: y decís bien; porque lo soy. 14Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavar los pies los unos a los otros. 15Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. 16De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el apóstol es mayor que el que le envió. 17Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis, si las hiciereis. 18No hablo de todos vosotros: yo sé los que he elegido: mas para que se cumpla la Escritura: El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar. 19Desde ahora os lo digo antes que se haga, para que cuando se hiciere, creáis que yo soy. 20De cierto, de cierto os digo: El que recibe al que yo enviare, a mí recibe; y el que a mí recibe, recibe al que me envió. 21Como hubo dicho Jesús esto, fue conmovido en el espíritu, y protestó, y dijo: De cierto, de cierto os digo, que uno de vosotros me ha de entregar. 22Entonces los discípulos mirábanse los unos a los otros, dudando de quién decía. 23Y uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba, estaba recostado en el seno de Jesús. 24A este, pues, hizo señas Simón Pedro, para que preguntase quién era aquel de quien decía. 25El entonces recostándose sobre el pecho de Jesús, dícele: Señor, ¿quién es? 26Respondió Jesús: Aquel es, a quien yo diere el pan mojado. Y mojando el pan, diólo a Judas Iscariote, hijo de Simón. 27Y tras el bocado Satanás entró en él. Entonces Jesús le dice: Lo que haces, haz lo más presto. 28Mas ninguno de los que estaban a la mesa entendió a qué propósito le dijo esto. 29Porque los unos pensaban, porque Judas tenía la bolsa, que Jesús le decía: Compra lo que necesitamos para la fiesta: o, que diese algo a los pobres. 30Como él pues hubo tomado el bocado, luego salió: y era ya noche. 31Entonces como él salió, dijo Jesús: Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. 32Si Dios es glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo, y luego le glorificará. 33Hijitos, aun un poco estoy con vosotros. Me buscaréis; mas, como dije a los Judíos: Donde yo voy, vosotros no podéis venir; así digo a vosotros ahora. 34Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros: como os he amado, que también os améis los unos a los otros. 35En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros. 36Dícele Simón Pedro: Señor, ¿adónde vas? Respondióle Jesús: Donde yo voy, no me puedes ahora seguir; mas me seguirás después. 37Dícele Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? mi alma pondré por ti. 38Respondióle Jesús: ¿Tu alma pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: No cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
2 Crónicas 27-28 · Apocalipsis 14
Personales
Zacarías 10 · Juan 13