Lectura 1 de 4 · En familia
2 Crónicas 26
1Entonces todo el pueblo de Judá tomó a Uzzías, el cual era de diez y seis años, y pusiéronlo por rey en lugar de Amasías su padre. 2Edificó él a Eloth, y la restituyó a Judá después que el rey durmió con sus padres. 3De diez y seis años era Uzzías cuando comenzó a reinar, y cincuenta y dos años reinó en Jerusalem. El nombre de su madre fue Jechôlía, de Jerusalem. 4E hizo lo recto en los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había hecho Amasías su padre. 5Y persistió en buscar a Dios en los días de Zachârías, entendido en visiones de Dios; y en estos días que él buscó a Jehová, él le prosperó. 6Y salió, y peleó contra los Filisteos, y rompió el muro de Gath, y el muro de Jabnia, y el muro de Asdod; y edificó ciudades en Asdod, y en la tierra de los Filisteos. 7Y dióle Dios ayuda contra los Filisteos, y contra los Arabes que habitaban en Gur-baal, y contra los Ammonitas. 8Y dieron los Ammonitas presentes a Uzzías, y divulgóse su nombre hasta la entrada de Egipto; porque se había hecho altamente poderoso. 9Edificó también Uzzías torres en Jerusalem, junto a la puerta del ángulo, y junto a la puerta del valle, y junto a las esquinas; y fortificólas. 10Asimismo edificó torres en el desierto, y abrió muchas cisternas: porque tuvo muchos ganados, así en los valles como en las vegas; y viñas, y labranzas, así en los montes como en los llanos fértiles; porque era amigo de la agricultura. 11Tuvo también Uzzías escuadrones de guerreros, los cuales salían a la guerra en ejército, según que estaban por lista hecha por mano de Jehiel escriba y de Maasías gobernador, y por mano de Hananías, uno de los príncipes del rey. 12Todo el número de los jefes de familias, valientes y esforzados, era dos mil y seiscientos. 13Y bajo la mano de estos estaba el ejército de guerra, de trescientos siete mil y quinientos guerreros poderosos y fuertes para ayudar al rey contra los enemigos. 14Y aprestóles Uzzías para todo el ejército, escudos, lanzas, almetes, coseletes, arcos, y hondas de tirar piedras. 15E hizo en Jerusalem máquinas por industria de ingenieros, para que estuviesen en las torres y en los baluartes, para arrojar saetas y grandes piedras, y su fama se extendió lejos, porque se ayudó maravillosamente, hasta hacerse fuerte. 16Mas cuando fue fortificado, su corazón se enalteció hasta corromperse; porque se rebeló contra Jehová su Dios, entrando en el templo de Jehová para quemar sahumerios en el altar del perfume. 17Y entró tras él el sacerdote Azarías, y con él ochenta sacerdotes de Jehová, de los valientes. 18Y pusiéronse contra el rey Uzzías, y dijéronle: No a ti, oh Uzzías, el quemar perfume a Jehová, sino a los sacerdotes hijos de Aarón, que son consagrados para quemarlo: sal del santuario, por que has prevaricado, y no te será para gloria delante del Dios Jehová. 19Y airóse Uzzías, que tenía el perfume en la mano para quemarlo; y en esta su ira contra los sacerdotes, la lepra le salió en la frente delante de los sacerdotes en la casa de Jehová, junto al altar del perfume. 20Y miróle Azarías el sumo sacerdote, y todos los sacerdotes, y he aquí la lepra estaba en su frente; e hiciéronle salir apriesa de aquel lugar; y él también se dio priesa a salir, porque Jehová lo había herido. 21Así el rey Uzzías fue leproso hasta el día de su muerte, y habitó en una casa apartada, leproso, por lo que había sido separado de la casa de Jehová; y Joatham su hijo tuvo cargo de la casa real, gobernando al pueblo de la tierra. 22Lo demás de los hechos de Uzzías, primeros y postreros, escribiólo Isaías profeta, hijo de Amós. 23Y durmió Uzzías con sus padres, y sepultáronlo con sus padres en el campo de los sepulcros reales; porque dijeron: Leproso es. Y reinó Joatham su hijo en lugar suyo.
Lectura 2 de 4 · En familia
Apocalipsis 13
1Y yo me paré sobre la arena del mar, y vi una bestia subir del mar, que tenía siete cabezas y diez cuernos; y sobre sus cuernos diez diademas; y sobre las cabezas de ella nombre de blasfemia. 2Y la bestia que vi, era semejante a un leopardo, y sus pies como de oso, y su boca como boca de león. Y el dragón le dio su poder, y su trono, y grande potestad. 3Y vi una de sus cabezas como herida de muerte, y la llaga de su muerte fue curada: y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia. 4Y adoraron al dragón que había dado la potestad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién es semejante a la bestia, y quién podrá lidiar con ella? 5Y le fue dada boca que hablaba grandes cosas y blasfemias: y le fue dada potencia de obrar cuarenta y dos meses. 6Y abrió su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar su nombre, y su tabernáculo, y a los que moran en el cielo. 7Y le fue dado hacer guerra contra los santos, y vencerlos. También le fue dada potencia sobre toda tribu y pueblo y lengua y gente. 8Y todos los que moran en la tierra le adoraron, cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida del Cordero, el cual fue muerto desde el principio del mundo. 9Si alguno tiene oído, oiga. 10El que lleva en cautividad, va en cautividad: el que a cuchillo matare, es necesario que a cuchillo sea muerto. Aquí está la paciencia y la fe de los santos. 11Después vi otra bestia que subía de la tierra; y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, mas hablaba como un dragón. 12Y ejerce todo el poder de la primera bestia en presencia de ella; y hace a la tierra y a los moradores de ella adorar la primera bestia, cuya llaga de muerte fue curada. 13Y hace grandes señales, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la tierra delante de los hombres. 14Y engaña a los moradores de la tierra por las señales que le ha sido dado hacer en presencia de la bestia, mandando a los moradores de la tierra que hagan la imagen de la bestia que tiene la herida de cuchillo, y vivió. 15Y le fue dado que diese espíritu a la imagen de la bestia, para que la imagen de la bestia hable; y hará que cualesquiera que no adoraren la imagen de la bestia sean muertos. 16Y hacía que a todos, a los pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y siervos, se pusiese una marca en su mano derecha, o en sus frentes: 17Y que ninguno pudiese comprar o vender, sino el que tuviera la señal, o el nombre de la bestia, o el número de su nombre. 18Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia; porque es el número de hombre: y el número de ella, seiscientos sesenta y seis.
Lectura 3 de 4 · Personal
Zacarías 9
1Carga de la palabra de Jehová contra tierra de Hadrach, y de Damasco su reposo: porque a Jehová están vueltos los ojos de los hombres, y de todas las tribus de Israel. 2Y también Hamath tendrá término en ella; Tiro y Sidón, aunque muy sabia sea. 3Bien que Tiro se edificó fortaleza, y amontonó plata como polvo, y oro como lodo de las calles, 4He aquí, el Señor la empobrecerá, y herirá en la mar su fortaleza, y ella será consumida de fuego. 5Ascalón verá, y temerá; Gaza también, y se dolerá en gran manera: asimismo Ecrón, porque su esperanza será confundida; y de Gaza perecerá el rey, y Ascalón no será habitada. 6Y habitará en Asdod un extranjero, y yo talaré la soberbia de los Palestinos; 7Y quitaré sus sangres de su boca, y sus abominaciones de sus dientes, y quedarán ellos también para nuestro Dios, y serán como capitanes en Judá, y Ecrón como el Jebuseo. 8Y seré real de ejército a mi casa, a causa del que va y del que viene: y no pasará más sobre ellos angustiador; porque ahora miré con mis ojos. 9Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalem: he aquí, tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, así sobre un pollino hijo de asna. 10Y de Ephraim destruiré los carros, y los caballos de Jerusalem; y los arcos de guerra serán quebrados: y hablará paz a las gentes; y su señorío será de mar a mar, y desde el río hasta los fines de la tierra. 11Y tú también por la sangre de tu pacto serás salva; yo he sacado tus presos del aljibe en que no hay agua. 12Tornaos a la fortaleza, oh presos de esperanza: hoy también os anuncio que os daré doblado. 13Porque entesado he para mí a Judá como arco, henchí a Ephraim; y despertaré tus hijos, oh Sion, contra tus hijos, oh Grecia, y te pondré como espada de valiente. 14Y Jehová será visto sobre ellos, y su dardo saldrá como relámpago: y el Señor Jehová tocará trompeta, e irá como torbellinos del austro. 15Jehová de los ejércitos los amparará, y ellos devorarán, y sujetarán a las piedras de la honda, y beberán, y harán estrépito como tomados del vino; y se llenarán como cuenco, o como los lados del altar. 16Y los salvará en aquel día Jehová su Dios como a rebaño de su pueblo: porque serán engrandecidos en su tierra como piedras de corona. 17Porque ¡cuánta es su bondad, y cuánta su hermosura! El trigo alegrará a los mancebos, y el vino a las doncellas.
Lectura 4 de 4 · Personal
Juan 12
1Y Jesús, seis días antes de la Pascua, vino a Bethania, donde estaba Lázaro, que había sido muerto, al cual había resucitado de los muertos. 2E hiciéronle allí una cena: y Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa juntamente con él. 3Entonces María tomó una libra de ungüento de nardo líquido de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y limpió sus pies con sus cabellos: y la casa se llenó del olor del ungüento. 4Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote, hijo de Simón, el que le había de entregar: 5¿Por qué no se ha vendido este ungüento por trescientos dineros, y se dio a los pobres? 6Mas dijo esto, no por el cuidado que él tenía de los pobres; sino porque era ladrón, y tenía la bolsa, y traía lo que se echaba en ella. 7Entonces Jesús dijo: Déjala: para el día de mi sepultura ha guardado esto; 8Porque a los pobres siempre los tenéis con vosotros, mas a mí no siempre me tenéis. 9Entonces mucha gente de los Judíos entendió que él estaba allí; y vinieron no solamente por causa de Jesús, mas también por ver a Lázaro, al cual había resucitado de los muertos. 10Consultaron asimismo los príncipes de los sacerdotes, de matar también a Lázaro; 11Porque muchos de los Judíos iban y creían en Jesús por causa de él. 12El siguiente día, mucha gente que había venido a la fiesta, como oyeron que Jesús venía a Jerusalem, 13Tomaron ramos de palmas, y salieron a recibirle, y clamaban: ¡Hosanna, Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel! 14Y halló Jesús un asnillo, y se sentó sobre él, como está escrito: 15No temas, hija de Sion: he aquí tu Rey viene, sentado sobre un pollino de asna. 16Estas cosas no las entendieron sus discípulos de primero: empero cuando Jesús fue glorificado, entonces se acordaron de que estas cosas estaban escritas de él, y que le hicieron estas cosas. 17Y la gente que estaba con él, daba testimonio de cuando llamó a Lázaro del sepulcro, y le resucitó de los muertos. 18Por lo cual también había venido la gente a recibirle, porque había oído que él había hecho esta señal; 19Mas los Fariseos dijeron entre sí: ¿Veis que nada aprovecháis? he aquí, el mundo se va tras de él. 20Y había ciertos Griegos de los que habían subido a adorar en la fiesta: 21Estos pues, se llegaron a Felipe, que era de Bethsaida de Galilea, y rogáronle, diciendo: Señor, querríamos ver a Jesús. 22Vino Felipe, y díjolo a Andrés: Andrés entonces, y Felipe, lo dicen a Jesús. 23Entonces Jesús les respondió, diciendo: La hora viene en que el Hijo del hombre ha de ser glorificado. 24De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, él solo queda; mas si muriere, mucho fruto lleva. 25El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. 26Si alguno me sirve, sígame: y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará. 27Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? Padre, sálvame de esta hora. Mas por esto he venido en esta hora. 28Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Y lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez. 29Y la gente que estaba presente, y había oído, decía que había sido trueno. Otros decían: Angel le ha hablado. 30Respondió Jesús, y dijo: No ha venido esta voz por mi causa, mas por causa de vosotros. 31Ahora es el juicio de este mundo: ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. 32Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos traeré a mí mismo. 33Y esto decía dando a entender de qué muerte había de morir. 34Respondióle la gente: Nosotros hemos oído de la ley, que el Cristo permanece para siempre: ¿cómo pues dices tú: Conviene que el Hijo del hombre sea levantado? ¿Quién es este Hijo del hombre? 35Entonces Jesús les dice: Aun por un poco estará la luz entre vosotros: andad entre tanto que tenéis luz, porque no os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe dónde va. 36Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz. Estas cosas habló Jesús, y fuése, y escondióse de ellos. 37Empero habiendo hecho delante de ellos tantas señales, no creían en él. 38Para que se cumpliese el dicho que dijo el profeta Isaías: ¿Señor, quién ha creído a nuestro dicho? ¿y el brazo del Señor, a quién es revelado? 39Por esto no podían creer, porque otra vez dijo Isaías: 40Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; porque no vean con los ojos, y entiendan de corazón, y se conviertan, y yo los sane. 41Estas cosas dijo Isaías cuando vio su gloria, y habló de él. 42Con todo eso, aun de los príncipes, muchos creyeron en él; mas por causa de los Fariseos no lo confesaban, por no ser echados de la sinagoga. 43Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios. 44Mas Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió; 45Y el que me ve, ve al que me envió. 46Yo la luz he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas. 47Y el que oyere mis palabras, y no las creyere, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. 48El que me desecha, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue: la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero. 49Porque yo no he hablado de mí mismo: mas el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar. 50Y sé que su mandamiento es vida eterna: así que, lo que yo hablo, como el Padre me lo ha dicho, así hablo.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
2 Crónicas 26 · Apocalipsis 13
Personales
Zacarías 9 · Juan 12