Lectura 1 de 4 · En familia
Génesis 24
1Y Abraham era viejo, y bien entrado en días; y Jehová había bendecido a Abraham en todo. 2Y dijo Abraham a un criado suyo, el más viejo de su casa, que era el que gobernaba en todo lo que tenía: Pon ahora tu mano debajo de mi muslo, 3Y te juramentaré por Jehová, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que no has de tomar mujer para mi hijo de las hijas de los Cananeos, entre los cuales yo habito; 4Sino que irás a mi tierra y a mi parentela, y tomarás mujer para mi hijo Isaac. 5Y el criado le respondió: Quizá la mujer no querrá venir en pos de mí a esta tierra: ¿volveré, pues, tu hijo a la tierra de donde saliste? 6Y Abraham le dijo: Guárdate que no vuelvas a mi hijo allá. 7Jehová, Dios de los cielos, que me tomó de la casa de mi padre y de la tierra de mi parentela, y me habló y me juró, diciendo: A tu simiente daré esta tierra; él enviará su ángel delante de ti, y tú tomarás de allá mujer para mi hijo. 8Y si la mujer no quisiere venir en pos de ti, serás libre de este mi juramento; solamente que no vuelvas allá a mi hijo. 9Entonces el criado puso su mano debajo del muslo de Abraham su señor, y juróle sobre este negocio. 10Y el criado tomó diez camellos de los camellos de su señor, y fuése, pues tenía a su disposición todos los bienes de su señor: y puesto en camino, llegó a Mesopotamia, a la ciudad de Nachôr. 11E hizo arrodillar los camellos fuera de la ciudad, junto a un pozo de agua, a la hora de la tarde, a la hora en que salen las mozas por agua. 12Y dijo: Jehová, Dios de mi señor Abraham, dame, te ruego, el tener hoy buen encuentro, y haz misericordia con mi señor Abraham. 13He aquí yo estoy junto a la fuente de agua, y las hijas de los varones de esta ciudad salen por agua: 14Sea, pues, que la moza a quien yo dijere: Baja tu cántaro, te ruego, para que yo beba; y ella respondiere: Bebe, y también daré de beber a tus camellos: que sea esta la que tú has destinado para tu siervo Isaac; y en esto conoceré que habrás hecho misericordia con mi señor. 15Y aconteció que antes que él acabase de hablar, he aquí Rebeca, que había nacido a Bethuel, hijo de Milca, mujer de Nachôr hermano de Abraham, la cual salía con su cántaro sobre su hombro. 16Y la moza era de muy hermoso aspecto, virgen, a la que varón no había conocido; la cual descendió a la fuente, y llenó su cántaro, y se volvía. 17Entonces el criado corrió hacia ella, y dijo: Ruégote que me des a beber un poco de agua de tu cántaro. 18Y ella respondió: Bebe, señor mío: y dióse prisa a bajar su cántaro sobre su mano, y le dio a beber. 19Y cuando acabó de darle a beber, dijo: También para tus camellos sacaré agua, hasta que acaben de beber. 20Y dióse prisa, y vació su cántaro en la pila, y corrió otra vez al pozo para sacar agua, y sacó para todos sus camellos. 21Y el hombre estaba maravillado de ella, callando, para saber si Jehová había prosperado o no su viaje. 22Y fue que como los camellos acabaron de beber, presentóle el hombre un pendiente de oro que pesaba medio siclo, y dos brazaletes que pesaban diez: 23Y dijo: ¿De quién eres hija? Ruégote me digas, ¿hay lugar en casa de tu padre donde posemos? 24Y ella respondió: Soy hija de Bethuel, hijo de Milca, el cual parió ella a Nachôr. 25Y añadió: También hay en nuestra casa paja y mucho forraje, y lugar para posar. 26El hombre entonces se inclinó, y adoró a Jehová. 27Y dijo: Bendito sea Jehová, Dios de mi amo Abraham, que no apartó su misericordia y su verdad de mi amo, guiándome Jehová en el camino a casa de los hermanos de mi amo. 28Y la moza corrió, e hizo saber en casa de su madre estas cosas. 29Y Rebeca tenía un hermano que se llamaba Labán, el cual corrió afuera al hombre, a la fuente; 30Y fue que como vio el pendiente y los brazaletes en las manos de su hermana, que decía, Así me habló aquel hombre; vino a él: y he aquí que estaba junto a los camellos a la fuente. 31Y díjole: Ven, bendito de Jehová; ¿por qué estás fuera? yo he limpiado la casa, y el lugar para los camellos. 32Entonces el hombre vino a casa, y Labán desató los camellos; y dióles paja y forraje, y agua para lavar los pies de él, y los pies de los hombres que con él venían. 33Y pusiéronle delante qué comer; mas él dijo: No comeré hasta que haya dicho mi mensaje. Y él le dijo: Habla. 34Entonces dijo: Yo soy criado de Abraham; 35Y Jehová ha bendecido mucho a mi amo, y él se ha engrandecido: y le ha dado ovejas y vacas, plata y oro, siervos y siervas, camellos y asnos. 36Y Sara, mujer de mi amo, parió en su vejez un hijo a mi señor, quien le ha dado todo cuanto tiene. 37Y mi amo me hizo jurar, diciendo: No tomarás mujer para mi hijo de las hijas de los Cananeos, en cuya tierra habito; 38Sino que irás a la casa de mi padre, y a mi parentela, y tomarás mujer para mi hijo. 39Y yo dije: Quizás la mujer no querrá seguirme. 40Entonces él me respondió: Jehová, en cuya presencia he andado, enviará su ángel contigo, y prosperará tu camino; y tomarás mujer para mi hijo de mi linaje y de la casa de mi padre: 41Entonces serás libre de mi juramento, cuando hubieres llegado a mi linaje; y si no te la dieren, serás libre de mi juramento. 42Llegué, pues, hoy a la fuente, y dije: Jehová, Dios de mi señor Abraham, si tú prosperas ahora mi camino por el cual ando; 43He aquí yo estoy junto a la fuente de agua; sea, pues, que la doncella que saliere por agua, a la cual dijere: Dame a beber, te ruego, un poco de agua de tu cántaro; 44Y ella me respondiere, Bebe tú, y también para tus camellos sacaré agua: esta sea la mujer que destinó Jehová para el hijo de mi señor. 45Y antes que acabase de hablar en mi corazón, he aquí Rebeca, que salía con su cántaro sobre su hombro; y descendió a la fuente, y sacó agua; y le dije: Ruégote que me des a beber. 46Y prestamente bajó su cántaro de encima de sí, y dijo: Bebe, y también a tus camellos daré a beber. Y bebí, y dio también de beber a mis camellos. 47Entonces preguntéle, y dije: ¿De quién eres hija? Y ella respondió: Hija de Bethuel, hijo de Nachôr, que le parió Milca. Entonces púsele un pendiente sobre su nariz, y brazaletes sobre sus manos: 48E inclinéme, y adoré a Jehová, y bendije a Jehová, Dios de mi señor Abraham, que me había guiado por camino de verdad para tomar la hija del hermano de mi señor para su hijo. 49Ahora pues, si vosotros hacéis misericordia y verdad con mi señor, declarádmelo; y si no, declarádmelo; y echaré a la diestra o a la siniestra. 50Entonces Labán y Bethuel respondieron y dijeron: De Jehová ha salido esto; no podemos hablarte malo ni bueno. 51He ahí Rebeca delante de ti; tómala y vete, y sea mujer del hijo de tu señor, como lo ha dicho Jehová. 52Y fue, que como el criado de Abraham oyó sus palabras, inclinóse a tierra a Jehová. 53Y sacó el criado vasos de plata, y vasos de oro y vestidos, y dio a Rebeca: también dio cosas preciosas a su hermano y a su madre. 54Y comieron y bebieron él y los varones que venían con él, y durmieron; y levantándose de mañana, dijo: Enviadme a mi señor. 55Entonces respondió su hermano y su madre: Espere la moza con nosotros a lo menos diez días, y después irá. 56Y él les dijo: No me detengáis, pues que Jehová ha prosperado mi camino; despachadme para que me vaya a mi señor. 57Ellos respondieron entonces: Llamemos la moza y preguntémosle. 58Y llamaron a Rebeca, y dijéronle: ¿Irás tú con este varón? Y ella respondió: Sí, iré. 59Entonces dejaron ir a Rebeca su hermana, y a su nodriza, y al criado de Abraham y a sus hombres. 60Y bendijeron a Rebeca, y dijéronle: Nuestra hermana eres; seas en millares de millares, y tu generación posea la puerta de sus enemigos. 61Levantóse entonces Rebeca y sus mozas, y subieron sobre los camellos, y siguieron al hombre; y el criado tomó a Rebeca, y fuése. 62Y venía Isaac del pozo del Viviente que me ve; porque él habitaba en la tierra del Mediodía; 63Y había salido Isaac a orar al campo, a la hora de la tarde; y alzando sus ojos miró, y he aquí los camellos que venían. 64Rebeca también alzó sus ojos, y vio a Isaac, y descendió del camello; 65Porque había preguntado al criado: ¿Quién es este varón que viene por el campo hacia nosotros? Y el siervo había respondido: Este es mi señor. Ella entonces tomó el velo, y cubrióse. 66Entonces el criado contó a Isaac todo lo que había hecho. 67E introdújola Isaac a la tienda de su madre Sara, y tomó a Rebeca por mujer; y amóla: y consolóse Isaac después de la muerte de su madre.
Lectura 2 de 4 · En familia
Mateo 23
1Entonces habló Jesús a las gentes y a sus discípulos, 2Diciendo: Sobre la cátedra de Moisés se sentaron los escribas y los Fariseos: 3Así que, todo lo que os dijeren que guardéis, guardad lo y haced lo; mas no hagáis conforme a sus obras: porque dicen, y no hacen. 4Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; mas ni aun con su dedo las quieren mover. 5Antes, todas sus obras hacen para ser mirados de los hombres; porque ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos; 6Y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas; 7Y las salutaciones en las plazas, y ser llamados de los hombres Rabbí, Rabbí. 8Mas vosotros, no queráis ser llamados Rabbí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo; y todos vosotros sois hermanos. 9Y vuestro padre no llaméis a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el cual está en los cielos. 10Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo. 11El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. 12Porque el que se ensalzare, será humillado; y el que se humillare, será ensalzado. 13Mas ¡ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; que ni vosotros entráis, ni a los que están entrando dejáis entrar. 14¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque coméis las casas de las viudas, y por pretexto hacéis larga oración: por esto llevaréis más grave juicio. 15¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque rodeáis la mar y la tierra por hacer un prosélito; y cuando fuere hecho, le hacéis hijo del infierno doble más que vosotros. 16¡Ay de vosotros, guías ciegos! que decís: Cualquiera que jurare por el templo es nada; mas cualquiera que jurare por el oro del templo, deudor es. 17¡Insensatos y ciegos! porque ¿cuál es mayor, el oro, o el templo que santifica al oro? 18Y: Cualquiera que jurare por el altar, es nada; mas cualquiera que jurare por el presente que está sobre él, deudor es. 19¡Necios y ciegos! porque, ¿cuál es mayor, el presente, o el altar que santifica al presente? 20Pues el que jurare por el altar, jura por él, y por todo lo que está sobre él; 21Y el que jurare por el templo, jura por él, y por Aquel que habita en él; 22Y el que jura por el cielo, jura por el trono de Dios, y por Aquel que está sentado sobre él. 23¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejasteis lo que es lo más grave de la ley, es a saber, el juicio y la misericordia y la fe: esto era menester hacer, y no dejar lo otro. 24¡Guías ciegos, que coláis el mosquito, mas tragáis el camello! 25¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo que está de fuera del vaso y del plato; mas de dentro están llenos de robo y de injusticia. 26¡Fariseo ciego, limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera se haga limpio! 27¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que de fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas de dentro están llenos de huesos de muertos y de toda suciedad. 28Así también vosotros de fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres; mas de dentro, llenos estáis de hipocresía e iniquidad. 29¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque edificáis los sepulcros de los profetas, y adornáis los monumentos de los justos, 30Y decís: Si fuéramos en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido sus compañeros en la sangre de los profetas. 31Así que, testimonio dais a vosotros mismos, que sois hijos de aquellos que mataron a los profetas. 32¡Vosotros también henchid la medida de vuestros padres! 33¡Serpientes, generación de víboras! ¿cómo evitaréis el juicio del infierno? 34Por tanto, he aquí, yo envío a vosotros profetas, y sabios, y escribas: y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros de ellos azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad: 35Para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo, hasta la sangre de Zacarías, hijo de Barachîas, al cual matasteis entre el templo y el altar. 36De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación. 37¡Jerusalem, Jerusalem, que matas a los profetas, y apedreas a los que son enviados a ti! ¡cuántas veces quise juntar tus hijos, como la gallina junta sus pollos debajo de las alas, y no quisiste! 38He aquí vuestra casa os es dejada desierta. 39Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.
Lectura 3 de 4 · Personal
Nehemías 13
1Aquel día se leyó en el libro de Moisés oyéndolo el pueblo, y fue hallado en él escrito, que los Ammonitas y Moabitas no debían entrar jamás en la congregación de Dios; 2Por cuanto no salieron a recibir a los hijos de Israel con pan y agua, antes alquilaron a Balaam contra ellos, para que los maldijera: mas nuestro Dios volvió la maldición en bendición. 3Y fue que, como oyeron la ley, apartaron de Israel toda mistura. 4Y antes de esto, Eliasib sacerdote, siendo superintendente de la cámara de la casa de nuestro Dios, había emparentado con Tobías, 5Y le había hecho una grande cámara, en la cual guardaban antes las ofrendas, y el perfume, y los vasos, y el diezmo del grano, y del vino y del aceite, que estaba mandado dar a los Levitas, a los cantores, y a los porteros; y la ofrenda de los sacerdotes. 6Mas a todo esto, yo no estaba en Jerusalem; porque el año treinta y dos de Artajerjes rey de Babilonia, vine al rey; y al cabo de días fui enviado del rey. 7Y venido a Jerusalem, entendí el mal que había hecho Eliasib en atención a Tobías, haciendo para él cámara en los patios de la casa de Dios. 8Y dolióme en gran manera; y eché todas las alhajas de la casa de Tobías fuera de la cámara; 9Y dije que limpiasen las cámaras, e hice volver allí las alhajas de la casa de Dios, las ofrendas y el perfume. 10Entendí asimismo que las partes de los Levitas no se les habían dado; y que los Levitas y cantores que hacían el servicio se habían huído cada uno a su heredad. 11Y reprendí a los magistrados, y dije: ¿Por qué está la casa de Dios abandonada? Y juntélos, y púselos en su lugar. 12Y todo Judá trajo el diezmo del grano, del vino y del aceite, a los almacenes. 13Y puse por sobrestantes de ellos a Selemías sacerdote, y a Sadoc escriba, y de los Levitas, a Pedaías; y a mano de ellos Hanán hijo de Zaccur, hijo de Mathanías: pues que eran tenidos por fieles, y de ellos era el repartir a sus hermanos. 14Acuérdate de mí, oh Dios, en orden a esto, y no raigas mis misericordias que hice en la casa de mi Dios, y en sus observancias. 15En aquellos días vi en Judá algunos que pisaban en lagares el sábado, y que acarreaban haces, y cargaban asnos con vino, y también de uvas, de higos, y toda suerte de carga, y traían a Jerusalem en día de sábado; y protesté les acerca del día que vendían el mantenimiento. 16También estaban en ella Tirios que traían pescado y toda mercadería, y vendían en sábado a los hijos de Judá en Jerusalem. 17Y reprendí a los señores de Judá, y díjeles: ¿Qué mala cosa es esta que vosotros hacéis, profanando así el día del sábado? 18¿No hicieron así vuestros padres, y trajo nuestro Dios sobre nosotros todo este mal, y sobre esta ciudad? ¿Y vosotros añadís ira sobre Israel profanando el sábado? 19Sucedió pues, que cuando iba oscureciendo a las puertas de Jerusalem antes del sábado, dije que se cerrasen las puertas, y ordené que no las abriesen hasta después del sábado; y puse a las puertas algunos de mis criados, para que en día de sábado no entrasen carga. 20Y quedáronse fuera de Jerusalem una y dos veces los negociantes, y los que vendían toda especie de mercancía. 21Y protestéles, y díjeles: ¿Por qué os quedáis vosotros delante del muro? Si lo hacéis otra vez, os echaré mano. Desde entonces no vinieron en sábado. 22Y dije a los Levitas que se purificasen, y viniesen a guardar las puertas, para santificar el día del sábado. También por esto acuérdate de mí, Dios mío, y perdóname según la muchedumbre de tu misericordia. 23Vi asimismo en aquellos días Judíos que habían tomado mujeres de Asdod, Ammonitas, y Moabitas: 24Y sus hijos la mitad hablaban asdod, y conforme a la lengua de cada pueblo; que no sabían hablar judaico. 25Y reñí con ellos, y maldíjelos, y herí algunos de ellos, y arranquéles los cabellos, y juramentélos, diciendo: No daréis vuestras hijas a sus hijos, y no tomaréis de sus hijas para vuestros hijos, o para vosotros. 26¿No pecó por esto Salomón, rey de Israel? Bien que en muchas gentes no hubo rey como él, que era amado de su Dios y Dios lo había puesto por rey sobre todo Israel, aun a él hicieron pecar las mujeres extranjeras. 27¿Y obedeceremos a vosotros para cometer todo este mal tan grande de prevaricar contra nuestro Dios, tomando mujeres extranjeras? 28Y uno de los hijos de Joiada hijo de Eliasib el gran sacerdote, era yerno de Sanballat Horonita: ahuyentélo por tanto de mí. 29Acuérdate de ellos, Dios mío, contra los que contaminan el sacerdocio, y el pacto del sacerdocio y de los Levitas. 30Limpiélos pues de todo extranjero, y puse a los sacerdotes y Levitas por sus clases, a cada uno en su obra; 31Y para la ofrenda de la leña en los tiempos señalados, y para las primicias. Acuérdate de mí, Dios mío, para bien.
Lectura 4 de 4 · Personal
Hechos 23
1Entonces Pablo, poniendo los ojos en el concilio, dice: Varones hermanos, yo con toda buena conciencia he conversado delante de Dios hasta el día de hoy. 2El príncipe de los sacerdotes, Ananías, mandó entonces a los que estaban delante de él, que le hiriesen en la boca. 3Entonces Pablo le dijo: Herirte ha Dios, pared blanqueada: ¿y estás tú sentado para juzgarme conforme a la ley, y contra la ley me mandas herir? 4Y los que estaban presentes dijeron: ¿Al sumo sacerdote de Dios maldices? 5Y Pablo dijo: No sabía, hermanos, que era el sumo sacerdote; pues escrito está: Al príncipe de tu pueblo no maldecirás. 6Entonces Pablo, sabiendo que la una parte era de Saduceos, y la otra de Fariseos, clamó en el concilio: Varones hermanos, yo soy Fariseo, hijo de Fariseo: de la esperanza y de la resurrección de los muertos soy yo juzgado. 7Y como hubo dicho esto, fue hecha disensión entre los Fariseos y los Saduceos; y la multitud fue dividida. 8Porque los Saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; mas los Fariseos confiesan ambas cosas. 9Y levantóse un gran clamor: y levantándose los escribas de la parte de los Fariseos, contendían diciendo: Ningún mal hallamos en este hombre; que si espíritu le ha hablado, o ángel, no resistamos a Dios. 10Y habiendo grande disensión, el tribuno, teniendo temor de que Pablo fuese despedazado de ellos, mandó venir soldados, y arrebatarle de en medio de ellos, y llevarle a la fortaleza. 11Y la noche siguiente, presentándosele el Señor, le dijo: Confía, Pablo; que como has testificado de mí en Jerusalem, así es menester testifiques también en Roma. 12Y venido el día, algunos de los Judíos se juntaron, e hicieron voto bajo de maldición, diciendo que ni comerían ni beberían hasta que hubiesen muerto a Pablo. 13Y eran más de cuarenta los que habían hecho esta conjuración; 14Los cuales se fueron a los príncipes de los sacerdotes y a los ancianos, y dijeron: Nosotros hemos hecho voto debajo de maldición, que no hemos de gustar nada hasta que hayamos muerto a Pablo. 15Ahora pues, vosotros, con el concilio, requerid al tribuno que le saque mañana a vosotros como que queréis entender de él alguna cosa más cierta; y nosotros, antes que él llegue, estaremos aparejados para matarle. 16Entonces un hijo de la hermana de Pablo, oyendo las asechanzas, fue, y entró en la fortaleza, y dio aviso a Pablo. 17Y Pablo, llamando a uno de los centuriones, dice: Lleva a este mancebo al tribuno, porque tiene cierto aviso que darle. 18El entonces tomándole, le llevó al tribuno, y dijo: El preso Pablo, llamándome, me rogó que trajese a ti este mancebo, que tiene algo que hablarte. 19Y el tribuno, tomándole de la mano y retirándose aparte, le preguntó: ¿Qué es lo que tienes que decirme? 20Y él dijo: Los Judíos han concertado rogarte que mañana saques a Pablo al concilio, como que han de inquirir de él alguna cosa más cierta. 21Mas tú no los creas; porque más de cuarenta hombres de ellos le acechan, los cuales han hecho voto debajo de maldición, de no comer ni beber hasta que le hayan muerto; y ahora están apercibidos esperando tu promesa. 22Entonces el tribuno despidió al mancebo, mandándole que a nadie dijese que le había dado aviso de esto. 23Y llamados dos centuriones, mandó que apercibiesen para la hora tercia de la noche doscientos soldados, que fuesen hasta Cesarea, y setenta de a caballo, y doscientos lanceros; 24Y que aparejasen cabalgaduras en que poniendo a Pablo, le llevasen en salvo a Félix el Presidente. 25Y escribió una carta en estos términos: 26Claudio Lisias al excelentísimo gobernador Félix: Salud. 27A este hombre, aprehendido de los Judíos, y que iban ellos a matar, libré yo acudiendo con la tropa, habiendo entendido que era Romano. 28Y queriendo saber la causa por qué le acusaban, le llevé al concilio de ellos: 29Y hallé que le acusaban de cuestiones de la ley de ellos, y que ningún crimen tenía digno de muerte o de prisión. 30Mas siéndome dado aviso de asechanzas que le habían aparejado los Judíos, luego al punto le he enviado a ti, intimando también a los acusadores que traten delante de ti lo que tienen contra él. Pásalo bien. 31Y los soldados, tomando a Pablo como les era mandado, lleváronle de noche a Antipatris. 32Y al día siguiente, dejando a los de a caballo que fuesen con él, se volvieron a la fortaleza. 33Y como llegaron a Cesarea, y dieron la carta al gobernador, presentaron también a Pablo delante de él. 34Y el gobernador, leída la carta, preguntó de qué provincia era; y entendiendo que de Cilicia, 35Te oiré, dijo, cuando vinieren tus acusadores. Y mandó que le guardasen en el pretorio de Herodes.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Génesis 24 · Mateo 23
Personales
Nehemías 13 · Hechos 23