Lectura 1 de 4 · En familia
Génesis 25
1Y Abraham tomó otra mujer, cuyo nombre fue Cetura; 2La cual le parió a Zimram, y a Joksan, y a Medan, y a Midiam, y a Ishbak, y a Sua. 3Y Joksan engendró a Seba, y a Dedán: e hijos de Dedán fueron Assurim, y Letusim, y Leummim. 4E hijos de Midiam: Epha, y Epher, y Enech, y Abida, y Eldaa. Todos estos fueron hijos de Cetura. 5Y Abraham dio todo cuanto tenía a Isaac. 6Y a los hijos de sus concubinas dio Abraham dones, y enviólos de junto Isaac su hijo, mientras él vivía, hacia el oriente, a la tierra oriental. 7Y estos fueron los días de vida que vivió Abraham: ciento setenta y cinco años. 8Y exhaló el espíritu, y murió Abraham en buena vejez, anciano y lleno de días, y fue unido a su pueblo. 9Y sepultáronlo Isaac e Ismael sus hijos en la cueva de Macpela, en la heredad de Ephrón, hijo de Zoar Hetheo, que está enfrente de Mamre; 10Heredad que compró Abraham de los hijos de Heth; allí fue Abraham sepultado, y Sara su mujer. 11Y sucedió, después de muerto Abraham, que Dios bendijo a Isaac su hijo: y habitó Isaac junto al pozo del Viviente que me ve. 12Y estas son las generaciones de Ismael, hijo de Abraham, que le parió Agar Egipcia, sierva de Sara: 13Estos, pues, son los nombres de los hijos de Ismael, por sus nombres, por sus linajes: El primogénito de Ismael, Nabaioth; luego Cedar, y Abdeel, y Mibsam, 14Y Misma, y Duma, y Massa, 15Hadad, y Tema, y Jetur, y Naphis, y Cedema. 16Estos son los hijos de Ismael, y estos sus nombres, por sus villas y por sus campamentos; doce príncipes por sus familias. 17Y estos fueron los años de la vida de Ismael, ciento treinta y siete años: y exhaló el espíritu Ismael, y murió; y fue unido a su pueblo. 18Y habitaron desde Havila hasta Shur, que está enfrente de Egipto viniendo a Asiria; y murió en presencia de todos sus hermanos. 19Y estas son las generaciones de Isaac, hijo de Abraham. Abraham engendró a Isaac: 20Y era Isaac de cuarenta años cuando tomó por mujer a Rebeca, hija de Bethuel Arameo de Padan-aram, hermana de Labán Arameo. 21Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y aceptólo Jehová, y concibió Rebeca su mujer. 22Y los hijos se combatían dentro de ella; y dijo: Si es así ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar a Jehová. 23Y respondióle Jehová: Dos gentes hay en tu seno, y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas: y el un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, y el mayor servirá al menor. 24Y como se cumplieron sus días para parir, he aquí mellizos en su vientre. 25Y salió el primero rubio, y todo él velludo como una pelliza; y llamaron su nombre Esaú. 26Y después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú: y fue llamado su nombre Jacob. Y era Isaac de edad de sesenta años cuando ella los parió. 27Y crecieron los niños, y Esaú fue diestro en la caza, hombre del campo: Jacob empero era varón quieto, que habitaba en tiendas. 28Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba a Jacob. 29Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo cansado, 30Dijo a Jacob: Ruégote que me des a comer de eso bermejo, pues estoy muy cansado. Por tanto fue llamado su nombre Edom. 31Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura. 32Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura? 33Y dijo Jacob: Júrame lo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura. 34Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y levantóse, y fuése. Así menospreció Esaú la primogenitura.
Lectura 2 de 4 · En familia
Mateo 24
1Y salido Jesús, íbase del templo; y se llegaron sus discípulos, para mostrarle los edificios del templo. 2Y respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? de cierto os digo, que no será dejada aquí piedra sobre piedra, que no sea destruída. 3Y sentándose él en el monte de las Olivas, se llegaron a él los discípulos aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del mundo? 4Y respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe. 5Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. 6Y oiréis guerras, y rumores de guerras: mirad que no os turbéis; porque es menester que todo esto acontezca; mas aún no es el fin. 7Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestilencias, y hambres, y terremotos por los lugares. 8Y todas estas cosas, principio de dolores. 9Entonces os entregarán para ser afligidos, y os matarán; y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre. 10Y muchos entonces serán escandalizados; y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. 11Y muchos falsos profetas se levantarán y engañarán a muchos. 12Y por haberse multiplicado la maldad, la caridad de muchos se resfriará. 13Mas el que perseverare hasta el fin, este será salvo. 14Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, por testimonio a todos los Gentiles; y entonces vendrá el fin. 15Por tanto, cuando viereis la abominación del asolamiento, que fue dicha por Daniel profeta, que estará en el lugar santo, (el que lee, entienda), 16Entonces los que están en Judea, huyan a los montes; 17Y el que sobre el terrado, no descienda a tomar algo de su casa; 18Y el que en el campo, no vuelva atrás a tomar sus vestidos. 19Mas ¡ay de las preñadas, y de las que crían en aquellos días! 20Orad, pues, que vuestra huída no sea en invierno ni en sábado; 21Porque habrá entonces grande aflicción, cual no fue desde el principio del mundo hasta ahora, ni será. 22Y si aquellos días no fuesen acortados, ninguna carne sería salva; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados. 23Entonces, si alguno os dijere: He aquí está el Cristo, o allí, no creáis. 24Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y darán señales grandes y prodigios; de tal manera que engañarán, si es posible, aun a los escogidos. 25He aquí os lo he dicho antes. 26Así que, si os dijeren: He aquí en el desierto está; no salgáis: He aquí en las cámaras; no creáis. 27Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del hombre. 28Porque donde quiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas. 29Y luego después de la aflicción de aquellos días, el sol se obscurecerá, y la luna no dará su lumbre, y las estrellas caerán del cielo, y las virtudes de los cielos serán conmovidas. 30Y entonces se mostrará la señal del Hijo del hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del hombre que vendrá sobre las nubes del cielo, con grande poder y gloria. 31Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán sus escogidos de los cuatro vientos, de un cabo del cielo hasta el otro. 32De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama se enternece, y las hojas brotan, sabéis que el verano está cerca. 33Así también vosotros, cuando viereis todas estas cosas, sabed que está cercano, a las puertas. 34De cierto os digo, que no pasará esta generación, que todas estas cosas no acontezcan. 35El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán. 36Empero del día y hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino mi Padre solo. 37Mas como los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre. 38Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día que Noé entró en el arca, 39Y no conocieron hasta que vino el diluvio y llevó a todos, así será también la venida del Hijo del hombre. 40Entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado: 41Dos mujeres moliendo a un molinillo; la una será tomada, y la otra será dejada. 42Velad pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor. 43Esto empero sabed, que si el padre de la familia supiese a cuál vela el ladrón había de venir, velaría, y no dejaría minar su casa. 44Por tanto, también vosotros estad apercibidos; porque el Hijo del hombre ha de venir a la hora que no pensáis. 45¿Quién pues es el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su familia para que les dé alimento a tiempo? 46Bienaventurado aquel siervo, al cual, cuando su señor viniere, le hallare haciendo así. 47De cierto os digo, que sobre todos sus bienes le pondrá. 48Y si aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor se tarda en venir: 49Y comenzare a herir a sus consiervos, y aun a comer y a beber con los borrachos; 50Vendrá el señor de aquel siervo en el día que no espera, y a la hora que no sabe, 51Y le cortará por medio, y pondrá su parte con los hipócritas: allí será el lloro y el crujir de dientes.
Lectura 3 de 4 · Personal
Ester 1
1Y aconteció en los días de Assuero, (el Assuero que reinó desde la India hasta la Etiopía sobre ciento veinte y siete provincias,) 2Que en aquellos días, asentado que fue el rey Assuero en la silla de su reino, la cual estaba en Susán capital del reino, 3En el tercer año de su reinado hizo banquete a todos sus príncipes y siervos, teniendo delante de él la fuerza de Persia y de Media, gobernadores y príncipes de provincias, 4Para mostrar él las riquezas de la gloria de su reino, y el lustre de la magnificencia de su poder, por muchos días, ciento y ochenta días. 5Y cumplidos estos días, hizo el rey banquete por siete días en el patio del huerto del palacio real a todo el pueblo, desde el mayor hasta el menor que se halló en Susán capital del reino. 6El pabellón era de blanco, verde, y cárdeno, tendido sobre cuerdas de lino y púrpura en sortijas de plata y columnas de mármol: los reclinatorios de oro y de plata, sobre losado de pórfido y de mármol, y de alabastro y de jacinto. 7Y daban a beber en vasos de oro, y vasos diferentes unos de otros, y mucho vino real, conforme a la facultad del rey. 8Y la bebida fue según esta ley: Que nadie constriñese; porque así lo había mandado el rey a todos los mayordomos de su casa; que se hiciese según la voluntad de cada uno. 9Asimismo la reina Vasthi hizo banquete de mujeres, en la casa real del rey Assuero. 10El séptimo día, estando el corazón del rey alegre del vino, mandó a Mehumán, y a Biztha, y a Harbona, y a Bigtha, y a Abagtha, y a Zetar, y a Carcas, siete eunucos que servían delante del rey Assuero, 11Que trajesen a la reina Vasthi delante del rey con la corona regia, para mostrar a los pueblos y a los príncipes su hermosura; porque era linda de aspecto. 12Mas la reina Vasthi no quiso comparecer a la orden del rey, enviada por mano de los eunucos; y enojóse el rey muy mucho, y encendióse en él su ira. 13Preguntó entonces el rey a los sabios que sabían los tiempos, (porque así era la costumbre del rey para con todos los que sabían la ley y el derecho; 14Y estaban junto a él, Carsena, y Sethar, y Admatha, y Tharsis, y Meres, y Marsena, y Memucán, siete príncipes de Persia y de Media que veían la cara del rey, y se sentaban los primeros del reino:) 15Qué se había de hacer según la ley con la reina Vasthi, por cuanto no había cumplido la orden del rey Assuero, enviada por mano de los eunucos. 16Y dijo Memucán delante del rey y de los príncipes: No solamente contra el rey ha pecado la reina Vasthi, sino contra todos los príncipes, y contra todos los pueblos que hay en todas las provincias del rey Assuero. 17Porque este hecho de la reina pasará a noticia de todas las mujeres, para hacerles tener en poca estima a sus maridos, diciendo: El rey Assuero mandó traer delante de sí a la reina Vasthi, y ella no vino. 18Y entonces dirán esto las señoras de Persia y de Media que oyeren el hecho de la reina, a todos los príncipes del rey: y habrá mucho menosprecio y enojo. 19Si parece bien al rey, salga mandamiento real delante de él, y escríbase entre las leyes de Persia y de Media, y no sea traspasado: Que no venga más Vasthi delante del rey Assuero: y dé el rey su reino a su compañera que sea mejor que ella. 20Y el mandamiento que hará el rey será oído en todo su reino, aunque es grande, y todas las mujeres darán honra a sus maridos, desde el mayor hasta el menor. 21Y plugo esta palabra en ojos del rey y de los príncipes, e hizo el rey conforme al dicho de Memucán; 22Pues envió letras a todas las provincias del rey, a cada provincia conforme a su escribir, y a cada pueblo conforme a su lenguaje, diciendo que todo hombre fuese señor en su casa; y háblese esto según la lengua de su pueblo.
Lectura 4 de 4 · Personal
Hechos 24
1Y cinco días después descendió el sumo sacerdote Ananías, con algunos de los ancianos, y un cierto Tértulo, orador; y parecieron delante del gobernador contra Pablo. 2Y citado que fue, Tértulo comenzó a acusar, diciendo: Como por causa tuya vivamos en grande paz, y muchas cosas sean bien gobernadas en el pueblo por tu prudencia, 3Siempre y en todo lugar lo recibimos con todo hacimiento de gracias, oh excelentísimo Félix. 4Empero por no molestarte más largamente, ruégote que nos oigas brevemente conforme a tu equidad. 5Porque hemos hallado que este hombre es pestilencial, y levantador de sediciones entre todos los Judíos por todo el mundo, y príncipe de la secta de los Nazarenos: 6El cual también tentó a violar el templo; y prendiéndole, le quisimos juzgar conforme a nuestra ley: 7Mas interviniendo el tribuno Lisias, con grande violencia le quitó de nuestras manos, 8Mandando a sus acusadores que viniesen a ti; del cual tú mismo juzgando, podrás entender todas estas cosas de que le acusamos. 9Y contendían también los Judíos, diciendo ser así estas cosas. 10Entonces Pablo, haciéndole el gobernador señal que hablase, respondió: Porque sé que muchos años ha eres gobernador de esta nación, con buen ánimo satisfaré por mí. 11Porque tú puedes entender que no hace más de doce días que subí a adorar a Jerusalem; 12Y ni me hallaron en el templo disputando con ninguno, ni haciendo concurso de multitud, ni en sinagogas, ni en la ciudad; 13Ni te pueden probar las cosas de que ahora me acusan. 14Esto empero te confieso, que conforme a aquel Camino que llaman herejía, así sirvo al Dios de mis padres, creyendo todas las cosas que en la ley y en los profetas están escritas; 15Teniendo esperanza en Dios que ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos, la cual también ellos esperan. 16Y por esto, procuro yo tener siempre conciencia sin remordimiento acerca de Dios y acerca de los hombres. 17Mas pasados muchos años, vine a hacer limosnas a mi nación, y ofrendas, 18Cuando me hallaron purificado en el templo (no con multitud ni con alboroto) unos Judíos de Asia; 19Los cuales debieron comparecer delante de ti, y acusarme, si contra mí tenían algo. 20O digan estos mismos si hallaron en mí alguna cosa mal hecha, cuando yo estuve en el concilio, 21Si no sea que, estando entre ellos prorrumpí en alta voz: Acerca de la resurrección de los muertos soy hoy juzgado de vosotros. 22Entonces Félix, oídas estas cosas, estando bien informado de esta secta, les puso dilación, diciendo: Cuando descendiere el tribuno Lisias acabaré de conocer de vuestro negocio. 23Y mandó al centurión que Pablo fuese guardado, y aliviado de las prisiones; y que no vedase a ninguno de sus familiares servirle, o venir a él. 24Y algunos días después, viniendo Félix con Drusila, su mujer, la cual era Judía, llamó a Pablo, y oyó de él la fe que es en Jesucristo. 25Y disertando él de la justicia, y de la continencia, y del juicio venidero, espantado Félix, respondió: Ahora vete; mas en teniendo oportunidad te llamaré: 26Esperando también con esto, que de parte de Pablo le serían dados dineros, porque le soltase; por lo cual, haciéndole venir muchas veces, hablaba con él. 27Mas al cabo de dos años recibió Félix por sucesor a Porcio Festo: y queriendo Félix ganar la gracia de los Judíos, dejó preso a Pablo.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Génesis 25 · Mateo 24
Personales
Ester 1 · Hechos 24