Lectura 1 de 4 · En familia
Éxodo 6
1Jehová respondió a Moisés: Ahora verás lo que yo haré a Faraón; porque con mano fuerte los ha de dejar ir; y con mano fuerte los ha de echar de su tierra. 2Habló todavía Dios a Moisés, y díjole: Yo soy JEHOVÁ; 3Y aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob bajo el nombre de Dios Omnipotente, mas en mi nombre JEHOVÁ no me notifiqué a ellos. 4Y también establecí mi pacto con ellos, de darles la tierra de Canaán, la tierra en que fueron extranjeros, y en la cual peregrinaron. 5Y asimismo yo he oído el gemido de los hijos de Israel, a quienes hacen servir los Egipcios, y heme acordado de mi pacto. 6Por tanto dirás a los hijos de Israel: Yo JEHOVÁ; y yo os sacaré de debajo de las cargas de Egipto, y os libraré de su servidumbre, y os redimiré con brazo extendido, y con juicios grandes: 7Y os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios: y vosotros sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios, que os saco de debajo de las cargas de Egipto: 8Y os meteré en la tierra, por la cual alcé mi mano que la daría a Abraham, a Isaac y a Jacob: y yo os la daré por heredad. Yo JEHOVÁ. 9De esta manera habló Moisés a los hijos de Israel: mas ellos no escuchaban a Moisés a causa de la congoja de espíritu, y de la dura servidumbre. 10Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 11Entra, y habla a Faraón rey de Egipto, que deje ir de su tierra a los hijos de Israel. 12Y respondió Moisés delante de Jehová, diciendo: He aquí, los hijos de Israel no me escuchan: ¿cómo pues me escuchará Faraón, mayormente siendo yo incircunciso de labios? 13Entonces Jehová habló a Moisés y a Aarón, y dióles mandamiento para los hijos de Israel, y para Faraón rey de Egipto, para que sacasen a los hijos de Israel de la tierra de Egipto. 14Estas son las cabezas de las familias de sus padres. Los hijos de Rubén, el primogénito de Israel: Hanoch y Phallú, Hezrón y Carmi: estas son las familias de Rubén. 15Los hijos de Simeón: Jemuel, y Jamín, y Ohad, y Jachîn, y Zoar, y Saúl, hijo de una Cananea: estas son las familias de Simeón. 16Y estos son los nombres de los hijos de Leví por sus linajes: Gersón, y Coath, y Merari. Y los años de la vida de Leví fueron ciento treinta y siete años. 17Y los hijos de Gersón: Libni, y Shimi, por sus familias. 18Y los hijos de Coath: Amram, e Izhar, y Hebrón, y Uzziel. Y los años de la vida de Coath fueron ciento treinta y tres años. 19Y los hijos de Merari: Mahali, y Musi: estas son las familias de Leví por sus linajes. 20Y Amram tomó por mujer a Jochêbed su tía; la cual le parió a Aarón y a Moisés. Y los años de la vida de Amram fueron ciento treinta y siete años. 21Y los hijos de Izhar: Cora, y Nepheg y Zithri. 22Y los hijos de Uzziel: Misael, y Elzaphán y Zithri. 23Y tomóse Aarón por mujer a Elisabeth, hija de Aminadab, hermana de Naasón; la cual le parió a Nadab, y a Abiú, y a Eleazar y a Ithamar. 24Y los hijos de Cora: Assir, y Elcana, y Abiasaph: estas son las familias de los Coritas. 25Y Eleazar, hijo de Aarón, tomó para sí mujer de las hijas de Phutiel, la cual le parió a Phinees: y estas son las cabezas de los padres de los Levitas por sus familias. 26Este es aquel Aarón y aquel Moisés, a los cuales Jehová dijo: Sacad a los hijos de Israel de la tierra de Egipto por sus escuadrones. 27Estos son los que hablaron a Faraón rey de Egipto, para sacar de Egipto a los hijos de Israel. Moisés y Aarón fueron estos. 28Cuando Jehová habló a Moisés en la tierra de Egipto, 29Entonces Jehová habló a Moisés, diciendo: Yo soy JEHOVÁ; di a Faraón rey de Egipto todas las cosas que yo te digo a ti. 30Y Moisés respondió delante de Jehová: He aquí, yo soy incircunciso de labios, ¿cómo pues me ha de oir Faraón?
Lectura 2 de 4 · En familia
Lucas 9
1Y juntando a sus doce discípulos, les dio virtud y potestad sobre todos los demonios, y que sanasen enfermedades. 2Y los envió a que predicasen el reino de Dios, y que sanasen a los enfermos. 3Y les dice: No toméis nada para el camino, ni báculo, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni tengáis dos vestidos cada uno. 4Y en cualquiera casa en que entrareis, quedad allí, y de allí salid. 5Y todos los que no os recibieren, saliéndoos de aquella ciudad, aun el polvo sacudid de vuestros pies en testimonio contra ellos. 6Y saliendo, rodeaban por todas las aldeas, anunciando el evangelio, y sanando por todas partes. 7Y oyó Herodes el tetrarca todas las cosas que hacía; y estaba en duda, porque decían algunos: Juan ha resucitado de los muertos; 8Y otros: Elías ha aparecido; y otros: Algún profeta de los antiguos ha resucitado. 9Y dijo Herodes: A Juan yo degollé: ¿quién pues será este, de quien yo oigo tales cosas? Y procuraba verle. 10Y vueltos los apóstoles, le contaron todas las cosas que habían hecho. Y tomándolos, se retiró aparte a un lugar desierto de la ciudad que se llama Bethsaida. 11Y como lo entendieron las gentes, le siguieron; y él las recibió, y les hablaba del reino de Dios, y sanaba a los que tenían necesidad de cura. 12Y el día había comenzado a declinar; y llegándose los doce, le dijeron: Despide a las gentes, para que yendo a las aldeas y heredades de alrededor, procedan a alojarse y hallen viandas; porque aquí estamos en lugar desierto. 13Y les dice: Dadles vosotros de comer. Y dijeron ellos: No tenemos más que cinco panes y dos pescados, si no vamos nosotros a comprar viandas para toda esta compañía. 14Y eran como cinco mil hombres. Entonces dijo a sus discípulos: Hacedlos sentar en ranchos, de cincuenta en cincuenta. 15Y así lo hicieron, haciéndolos sentar a todos. 16Y tomando los cinco panes y los dos pescados, mirando al cielo los bendijo, y partió, y dio a sus discípulos para que pusiesen delante de las gentes. 17Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que les sobró, doce cestos de pedazos. 18Y aconteció que estando él solo orando, estaban con él los discípulos; y les preguntó diciendo: ¿Quién dicen las gentes que soy? 19Y ellos respondieron, y dijeron: Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros, que algún profeta de los antiguos ha resucitado. 20Y les dijo: ¿Y vosotros, quién decís que soy? Entonces respondiendo Simón Pedro, dijo: El Cristo de Dios. 21Mas él, conminándolos, mandó que a nadie dijesen esto; 22Diciendo: Es necesario que el Hijo del hombre padezca muchas cosas, y sea desechado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer día. 23Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz cada día, y sígame. 24Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá; y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, este la salvará. 25Porque ¿qué aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y se pierda él a sí mismo, o corra peligro de sí? 26Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de este tal el Hijo del hombre se avergonzará cuando viniere en su gloria, y del Padre, y de los santos ángeles. 27Y os digo en verdad, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que vean el reino de Dios. 28Y aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó a Pedro y a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar. 29Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente. 30Y he aquí dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías; 31Que aparecieron en majestad, y hablaban de su salida, la cual había de cumplir en Jerusalem. 32Y Pedro y los que estaban con él, estaban cargados de sueño: y como despertaron, vieron su majestad, y a aquellos dos varones que estaban con él. 33Y aconteció, que apartándose ellos de él, Pedro dice a Jesús: Maestro, bien es que nos quedemos aquí: y hagamos tres pabellones, uno para ti, y uno para Moisés, y uno para Elías; no sabiendo lo que se decía. 34Y estando él hablando esto, vino una nube que los cubrió; y tuvieron temor, entrando ellos en la nube. 35Y vino una voz de la nube, que decía: Este es mi Hijo amado; a él oid. 36Y pasada aquella voz, Jesús fue hallado solo: y ellos callaron; y por aquellos días no dijeron nada a nadie de lo que habían visto. 37Y aconteció al día siguiente, que apartándose ellos del monte, gran compañía les salió al encuentro. 38Y he aquí, un hombre de la compañía clamó, diciendo: Maestro, ruégote que veas a mi hijo; que es el único que tengo: 39Y he aquí un espíritu le toma, y de repente da voces; y le despedaza y hace echar espuma, y apenas se aparta de él quebrantándole. 40Y rogué a tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron. 41Y respondiendo Jesús, dice: ¡Oh generación infiel y perversa! ¿hasta cuándo tengo de estar con vosotros, y os sufriré? Trae tu hijo acá. 42Y como aun se acercaba, el demonio le derribó y despedazó: mas Jesús increpó al espíritu inmundo, y sanó al muchacho, y se lo volvió a su padre. 43Y todos estaban atónitos de la grandeza de Dios. Y maravillándose todos de todas las cosas que hacía, dijo a sus discípulos: 44Poned vosotros en vuestros oídos estas palabras; porque ha de acontecer que el Hijo del hombre será entregado en manos de hombres. 45Mas ellos no entendían esta palabra, y les era encubierta para que no la entendiesen; y temían preguntarle de esta palabra. 46Entonces entraron en disputa, cuál de ellos sería el mayor. 47Mas Jesús, viendo los pensamientos del corazón de ellos, tomó un niño, y púsole junto a sí, 48Y les dice: Cualquiera que recibiere este niño en mi nombre, a mí recibe; y cualquiera que me recibiere a mí, recibe al que me envió; porque el que fuere el menor entre todos vosotros, este será el grande. 49Entonces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto a uno que echaba fuera demonios en tu nombre; y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros. 50Jesús le dijo: No se lo prohibáis; porque el que no es contra nosotros, por nosotros es. 51Y aconteció que, como se cumplió el tiempo en que había de ser recibido arriba, él afirmó su rostro para ir a Jerusalem. 52Y envió mensajeros delante de sí, los cuales fueron y entraron en una ciudad de los Samaritanos, para prevenirle. 53Mas no le recibieron, porque era su traza de ir a Jerusalem. 54Y viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, y los consuma, como hizo Elías? 55Entonces volviéndose él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois; 56Porque el Hijo del hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron a otra aldea. 57Y aconteció que yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré donde quiera que fueres. 58Y le dijo Jesús: Las zorras tienen cuevas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recline la cabeza. 59Y dijo a otro: Sígueme. Y él dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre. 60Y Jesús le dijo: Deja los muertos que entierren a sus muertos; y tú, ve, y anuncia el reino de Dios. 61Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; mas déjame que me despida primero de los que están en mi casa. 62Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano al arado mira atrás, es apto para el reino de Dios.
Lectura 3 de 4 · Personal
Job 23
1Y respondió Job, y dijo: 2Hoy también hablaré con amargura; que es más grave mi llaga que mi gemido. 3¡Quién me diera el saber dónde hallar a Dios! yo iría hasta su silla. 4Ordenaría juicio delante de él, y henchiría mi boca de argumentos. 5Yo sabría lo que él me respondería, y entendería lo que me dijese. 6¿Pleitearía conmigo con grandeza de fuerza? No: antes él la pondría en mí. 7Allí el justo razonaría con él: y escaparía para siempre de mi juez. 8He aquí yo iré al oriente, y no lo hallaré; y al occidente, y no lo percibiré: 9Si al norte él obrare, yo no lo veré; al mediodía se esconderá, y no lo veré. 10Mas él conoció mi camino: probaráme, y saldré como oro. 11Mis pies tomaron su rastro; guardé su camino, y no me aparté. 12Del mandamiento de sus labios nunca me separé; guardé las palabras de su boca más que mi comida. 13Empero si él se determina en una cosa, ¿quién lo apartará? Su alma deseó, e hizo. 14El pues acabará lo que ha determinado de mí: y muchas cosas como estas hay en él. 15Por lo cual yo me espanto en su presencia: consideraré, y temerélo. 16Dios ha enervado mi corazón, y hame turbado el Omnipotente. 17¿Por qué no fui yo cortado delante de las tinieblas, y cubrió con oscuridad mi rostro?
Lectura 4 de 4 · Personal
1 Corintios 10
1Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron la mar; 2Y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en la mar; 3Y todos comieron la misma vianda espiritual; 4Y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la piedra espiritual que los seguía, y la piedra era Cristo: 5Mas de muchos de ellos no se agradó Dios; por lo cual fueron postrados en el desierto. 6Empero estas cosas fueron en figura de nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron. 7Ni seáis honradores de ídolos, como algunos de ellos; según está escrito: Sentóse el pueblo a comer y a beber, y se levantaron a jugar. 8Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veinte y tres mil. 9Ni tentemos a Cristo, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes. 10Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor. 11Y estas cosas les acontecieron en figura; y son escritas para nuestra admonición, en quienes los fines de los siglos han parado. 12Así que, el que piensa estar firme, mire no caiga. 13No os ha tomado tentación, sino humana: mas fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis llevar; antes dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis aguantar. 14Por tanto, amados míos, huid de la idolatría. 15Como a sabios hablo; juzgad vosotros lo que digo. 16La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? 17Porque un pan, es que muchos somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel un pan. 18Mirad a Israel según la carne: los que comen de los sacrificios ¿no son partícipes con el altar? 19¿Qué pues digo? ¿Que el ídolo es algo? ¿o que sea algo lo que es sacrificado a los ídolos? 20Antes digo que lo que los Gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios: y no querría que vosotros fueseis partícipes con los demonios. 21No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios: no podéis ser partícipes de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios. 22¿O provocaremos a celo al Señor? ¿Somos más fuertes que él? 23Todo me es lícito, mas no todo conviene: todo me es lícito, mas no todo edifica. 24Ninguno busque su propio bien, sino el del otro. 25De todo lo que se vende en la carnicería, comed, sin preguntar nada por causa de la conciencia; 26Porque del Señor es la tierra y lo que la hinche. 27Y si algún infiel os llama, y queréis ir, de todo lo que se os pone delante comed, sin preguntar nada por causa de la conciencia. 28Mas si alguien os dijere: Esto fue sacrificado a los ídolos: no lo comáis, por causa de aquel que lo declaró, y por causa de la conciencia: porque del Señor es la tierra y lo que la hinche. 29La conciencia, digo, no tuya, sino del otro. Pues ¿por qué ha de ser juzgada mi libertad por otra conciencia? 30Y si yo con agradecimiento participo, ¿por qué he de ser blasfemado por lo que doy gracias? 31Si pues coméis, o bebéis, o hacéis otra cosa, haced lo todo a gloria de Dios. 32Sed sin ofensa a Judíos, y a Gentiles, y a la iglesia de Dios: 33Como también yo en todas las cosas complazco a todos, no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Éxodo 6 · Lucas 9
Personales
Job 23 · 1 Corintios 10