Lectura 1 de 4 · En familia

Éxodo 7

1Y Jehová dijo a Moisés: Mira, yo te he constituído dios para Faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta. 2Tú dirás todas las cosas que yo te mandaré, y Aarón tu hermano hablará a Faraón, para que deje ir de su tierra a los hijos de Israel. 3Y yo endureceré el corazón de Faraón, y multiplicaré en la tierra de Egipto mis señales y mis maravillas. 4Y Faraón no os oirá; mas yo pondré mi mano sobre Egipto, y sacaré a mis ejércitos, mi pueblo, los hijos de Israel, de la tierra de Egipto, con grandes juicios. 5Y sabrán los Egipcios que yo soy Jehová, cuando extenderé mi mano sobre Egipto, y sacaré los hijos de Israel de en medio de ellos. 6E hizo Moisés y Aarón como Jehová les mandó: hiciéronlo así. 7Y era Moisés de edad de ochenta años, y Aarón de edad de ochenta y tres, cuando hablaron a Faraón. 8Y habló Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo: 9Si Faraón os respondiere diciendo, Mostrad milagro; dirás a Aarón: Toma tu vara, y échala delante de Faraón, para que se torne culebra. 10Vinieron, pues, Moisés y Aarón a Faraón, e hicieron como Jehová lo había mandado: y echó Aarón su vara delante de Faraón y de sus siervos, y tornóse culebra. 11Entonces llamó también Faraón sabios y encantadores; e hicieron también lo mismo los encantadores de Egipto con sus encantamientos; 12Pues echó cada uno su vara, las cuales se volvieron culebras: mas la vara de Aarón devoró las varas de ellos. 13Y el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó; como Jehová lo había dicho. 14Entonces Jehová dijo a Moisés: El corazón de Faraón está agravado, que no quiere dejar ir al pueblo. 15Ve por la mañana a Faraón, he aquí que él sale a las aguas; y tú ponte a la orilla del río delante de él, y toma en tu mano la vara que se volvió culebra, 16Y dile: Jehová el Dios de los Hebreos me ha enviado a ti, diciendo: Deja ir a mi pueblo, para que me sirvan en el desierto; y he aquí que hasta ahora no has querido oir. 17Así ha dicho Jehová: En esto conocerás que yo soy Jehová: he aquí, yo heriré con la vara que tengo en mi mano el agua que está en el río, y se convertirá en sangre: 18Y los peces que hay en el río morirán, y hederá el río, y tendrán asco los Egipcios de beber el agua del río. 19Y Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón: Toma tu vara, y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto, sobre sus ríos, sobre sus arroyos y sobre sus estanques, y sobre todos sus depósitos de aguas, para que se conviertan en sangre, y haya sangre por toda la región de Egipto, así en los vasos de madera como en los de piedra. 20Y Moisés y Aarón hicieron como Jehová lo mandó; y alzando la vara hirió las aguas que había en el río, en presencia de Faraón y de sus siervos; y todas las aguas que había en el río se convirtieron en sangre. 21Asimismo los peces que había en el río murieron; y el río se corrompió, que los Egipcios no podían beber de él: y hubo sangre por toda la tierra de Egipto. 22Y los encantadores de Egipto hicieron lo mismo con sus encantamientos: y el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó; como Jehová lo había dicho. 23Y tornando Faraón volvióse a su casa, y no puso su corazón aun en esto. 24Y en todo Egipto hicieron pozos alrededor del río para beber, porque no podían beber de las aguas del río. 25Y cumpliéronse siete días después que Jehová hirió el río.
Lectura 2 de 4 · En familia

Lucas 10

1Y después de estas cosas, designó el Señor aun otros setenta, los cuales envió de dos en dos delante de sí, a toda ciudad y lugar a donde él había de venir. 2Y les decía: La mies a la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies. 3Andad, he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos. 4No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado; y a nadie saludéis en el camino. 5En cualquiera casa donde entrareis, primeramente decid: Paz sea a esta casa. 6Y si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá a vosotros. 7Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os dieren; porque el obrero digno es de su salario. No os paséis de casa en casa. 8Y en cualquier ciudad donde entrareis, y os recibieren, comed lo que os pusieren delante; 9Y sanad los enfermos que en ella hubiere, y decidles: Se ha llegado a vosotros el reino de Dios. 10Mas en cualquier ciudad donde entrareis, y no os recibieren, saliendo por sus calles, decid: 11Aun el polvo que se nos ha pegado de vuestra ciudad a nuestros pies, sacudimos en vosotros: esto empero sabed, que el reino de los cielos se ha llegado a vosotros. 12Y os digo que los de Sodoma tendrán más remisión aquel día, que aquella ciudad. 13¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Bethsaida! que si en Tiro y en Sidón hubieran sido hechas las maravillas que se han hecho en vosotras, ya días ha que, sentados en cilicio y ceniza, se habrían arrepentido. 14Por tanto, Tiro y Sidón tendrán más remisión que vosotras en el juicio. 15Y tú, Capernaum, que hasta los cielos estás levantada, hasta los infiernos serás abajada. 16El que a vosotros oye, a mí oye; y el que a vosotros desecha, a mí desecha; y el que a mí desecha, desecha al que me envió. 17Y volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre. 18Y les dijo: Yo veía a Satanás, como un rayo, que caía del cielo. 19He aquí os doy potestad de hollar sobre las serpientes y sobre los escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará. 20Mas no os gocéis de esto, que los espíritus se os sujetan; antes gozaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos. 21En aquella misma hora Jesús se alegró en espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, que escondiste estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños: así, Padre, porque así te agradó. 22Todas las cosas me son entregadas de mi Padre: y nadie sabe quién sea el Hijo sino el Padre; ni quién sea el Padre, sino el Hijo, y a quien el Hijo lo quisiere revelar. 23Y vuelto particularmente a los discípulos, dijo: Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis: 24Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oir lo que oís, y no lo oyeron. 25Y he aquí, un doctor de la ley se levantó, tentándole y diciendo: Maestro, ¿haciendo qué cosa poseeré la vida eterna? 26Y él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿cómo lees? 27Y él respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de todas tus fuerzas, y de todo tu entendimiento; y a tu prójimo como a ti mismo. 28Y díjole: Bien has respondido: haz esto, y vivirás. 29Mas él, queriéndose justificar a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? 30Y respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalem a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. 31Y aconteció, que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, se pasó de un lado. 32Y asimismo un Levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, se pasó de un lado. 33Mas un Samaritano que transitaba, viniendo cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; 34Y llegándose, vendó sus heridas, echándo les aceite y vino; y poniéndole sobre su cabalgadura, llevóle al mesón, y cuidó de él. 35Y otro día al partir, sacó dos denarios, y diólos al huésped, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que de más gastares, yo cuando vuelva te lo pagaré. 36¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo de aquel que cayó en manos de los ladrones? 37Y él dijo: El que usó con él de misericordia. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo. 38Y aconteció que yendo, entró él en una aldea: y una mujer llamada Marta, le recibió en su casa. 39Y esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. 40Empero Marta se distraía en muchos servicios; y sobreviniendo, dice: Señor, ¿no tienes cuidado que mi hermana me deja servir sola? Dile pues, que me ayude. 41Pero respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, cuidadosa estás, y con las muchas cosas estás turbada: 42Empero una cosa es necesaria; y María escogió la buena parte, la cual no le será quitada.
Lectura 3 de 4 · Personal

Job 24

1Puesto que no son ocultos los tiempos al Todopoderoso, ¿por qué los que le conocen no ven sus días? 2Traspasan los términos, roban los ganados, y apaciéntanlos. 3Llévanse el asno de los huérfanos; prenden el buey de la viuda. 4Hacen apartar del camino a los menesterosos: y todos los pobres de la tierra se esconden. 5He aquí, como asnos monteses en el desierto, salen a su obra madrugando para robar; el desierto es mantenimiento de sus hijos. 6En el campo siegan su pasto, y los impíos vendimian la viña ajena. 7Al desnudo hacen dormir sin ropa, y que en el frío no tenga cobertura. 8Con las avenidas de los montes se mojan, y abrazan las peñas sin tener abrigo. 9Quitan el pecho a los huérfanos, y de sobre el pobre toman la prenda. 10Al desnudo hacen andar sin vestido, y a los hambrientos quitan los hacecillos. 11De dentro de sus paredes exprimen el aceite, pisan los lagares, y mueren de sed. 12De la ciudad gimen los hombres, y claman las almas de los heridos de muerte: mas Dios no puso estorbo. 13Ellos son los que, rebeldes a la luz, nunca conocieron sus caminos, ni estuvieron en sus veredas. 14A la luz se levanta el matador, mata al pobre y al necesitado, y de noche es como ladrón. 15El ojo del adúltero está aguardando la noche, diciendo: No me verá nadie: y esconde su rostro. 16En las tinieblas minan las casas, que de día para sí señalaron; no conocen la luz. 17Porque la mañana es a todos ellos como sombra de muerte; si son conocidos, terrores de sombra de muerte los toman. 18Son instables más que la superficie de las aguas; su porción es maldita en la tierra; no andarán por el camino de las viñas. 19La sequía y el calor arrebatan las aguas de la nieve; y el sepulcro a los pecadores. 20Olvidaráse de ellos el seno materno; de ellos sentirán los gusanos dulzura; nunca más habrá de ellos memoria, y como un árbol serán los impíos quebrantados. 21A la mujer estéril que no paría, afligió; y a la viuda nunca hizo bien. 22Mas a los fuertes adelantó con su poder: levantóse, y no se da por segura la vida. 23Le dieron a crédito, y se afirmó: sus ojos están sobre los caminos de ellos. 24Fueron ensalzados por un poco, mas desaparecen, y son abatidos como cada cual: serán encerrados, y cortados como cabezas de espigas. 25Y si no, ¿quién me desmentirá ahora, o reducirá a nada mis palabras?
Lectura 4 de 4 · Personal

1 Corintios 11

1Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo. 2Y os alabo, hermanos, que en todo os acordáis de mí, y retenéis las instrucciones mías, de la manera que os enseñé. 3Mas quiero que sepáis, que Cristo es la cabeza de todo varón; y el varón es la cabeza de la mujer; y Dios la cabeza de Cristo. 4Todo varón que ora o profetiza cubierta la cabeza, afrenta su cabeza. 5Mas toda mujer que ora o profetiza no cubierta su cabeza, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se rayese. 6Porque si la mujer no se cubre, trasquílese también: y si es deshonesto a la mujer trasquilarse o raerse, cúbrase. 7Porque el varón no ha de cubrir la cabeza, porque es imagen y gloria de Dios: mas la mujer es gloria del varón. 8Porque el varón no es de la mujer, sino la mujer del varón. 9Porque tampoco el varón fue criado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón. 10Por lo cual, la mujer debe tener señal de potestad sobre su cabeza, por causa de los ángeles. 11Mas ni el varón sin la mujer, ni la mujer sin el varón, en el Señor. 12Porque como la mujer es del varón, así también el varón es por la mujer: empero todo de Dios. 13Juzgad vosotros mismos: ¿es honesto orar la mujer a Dios no cubierta? 14La misma naturaleza ¿no os enseña que al hombre sea deshonesto criar cabello? 15Por el contrario, a la mujer criar el cabello le es honroso; porque en lugar de velo le es dado el cabello. 16Con todo eso, si alguno parece ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios. 17Esto empero os denuncio, que no alabo, que no por mejor sino por peor os juntáis. 18Porque lo primero, cuando os juntáis en la iglesia, oigo que hay entre vosotros disensiones; y en parte lo creo. 19Porque preciso es que haya entre vosotros aun herejías, para que los que son probados se manifiesten entre vosotros. 20Cuando pues os juntáis en uno, esto no es comer la cena del Señor: 21Porque cada uno toma antes para comer su propia cena; y el uno tiene hambre, y el otro está embriagado. 22Pues qué, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿o menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen? ¿Qué os diré? ¿os alabaré? En esto no os alabo. 23Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; 24Y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed: esto es mi cuerpo que por vosotros es partido: haced esto en memoria de mí. 25Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre: haced esto todas las veces que bebiereis, en memoria de mí. 26Porque todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que venga. 27De manera que, cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. 28Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así de aquel pan, y beba de aquella copa. 29Porque el que come y bebe indignamente, juicio come y bebe para sí, no discerniendo el cuerpo del Señor. 30Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros; y muchos duermen. 31Que si nos examinásemos a nosotros mismos, cierto no seríamos juzgados. 32Mas siendo juzgados, somos castigados del Señor, para que no seamos condenados con el mundo. 33Así, que, hermanos míos, cuando os juntáis a comer, esperaos unos a otros. 34Si alguno tuviere hambre, coma en su casa, porque no os juntéis para juicio. Las demás cosas ordenaré cuando llegare.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Éxodo 7 · Lucas 10
Personales
Job 24 · 1 Corintios 11