Lectura 1 de 4 · En familia

Deuteronomio 28:20-68

20Y Jehová enviará contra ti la maldición, quebranto y asombro en todo cuanto pusieres mano e hicieres, hasta que seas destruído, y perezcas presto a causa de la maldad de tus obras, por las cuales me habrás dejado. 21Jehová hará que se te pegue mortandad, hasta que te consuma de la tierra a la cual entras para poseerla. 22Jehová te herirá de tisis, y de fiebre, y de ardor, y de calor, y de cuchillo, y de calamidad repentina, y con añublo; y perseguirte han hasta que perezcas. 23Y tus cielos que están sobre tu cabeza, serán de metal; y la tierra que está debajo de ti, de hierro. 24Dará Jehová por lluvia a tu tierra polvo y ceniza: de los cielos descenderán sobre ti hasta que perezcas. 25Jehová te entregará herido delante de tus enemigos: por un camino saldrás a ellos, y por siete caminos huirás delante de ellos: y serás sacudido a todos los reinos de la tierra. 26Y será tu cuerpo muerto por comida a toda ave del cielo y bestia de la tierra, y no habrá quien las espante. 27Jehová te herirá de la plaga de Egipto, y con almorranas, y con sarna, y con comezón, de que no puedas ser curado. 28Jehová te herirá con locura, y con ceguedad, y con pasmo de corazón. 29Y palparás al mediodía, como palpa el ciego en la oscuridad, y no serás prosperado en tus caminos: y nunca serás sino oprimido y robado todos los días, y no habrá quien te salve. 30Te desposarás con mujer, y otro varón dormirá con ella; edificarás casa, y no habitarás en ella; plantarás viña, y no la vendimiarás. 31Tu buey será matado delante de tus ojos, y tú no comerás de él; tu asno será arrebatado de delante de ti, y no se te volverá; tus ovejas serán dadas a tus enemigos, y no tendrás quien te las rescate. 32Tus hijos y tus hijas serán entregados a otro pueblo, y tus ojos lo verán, y desfallecerán por ellos todo el día: y no habrá fuerza en tu mano. 33El fruto de tu tierra y todo tu trabajo comerá pueblo que no conociste; y nunca serás sino oprimido y quebrantado todos los días. 34Y enloquecerás a causa de lo que verás con tus ojos. 35Herirte ha Jehová con maligna pústula en las rodillas y en las piernas, sin que puedas ser curado: aun desde la planta de tu pie hasta tu mollera. 36Jehová llevará a ti, y a tu rey que hubieres puesto sobre ti, a gente que no conociste tú ni tus padres; y allá servirás a dioses ajenos, al palo y a la piedra. 37Y serás por pasmo, por ejemplo y por fábula, a todos los pueblos a los cuales te llevará Jehová. 38Sacarás mucha simiente al campo, y cogerás poco; porque la langosta lo consumirá. 39Plantarás viñas y labrarás, mas no beberás vino, ni cogerás uvas; porque el gusano las comerá. 40Tendrás olivas en todo tu término, mas no te ungirás con el aceite; porque tu aceituna se caerá. 41Hijos e hijas engendrarás, y no serán para ti; porque irán en cautiverio. 42Toda tu arboleda y el fruto de tu tierra consumirá la langosta. 43El extranjero que estará en medio de ti subirá sobre ti muy alto, y tú serás puesto muy bajo. 44El te prestará a ti, y tú no prestarás a él: él será por cabeza, y tú serás por cola. 45Y vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te perseguirán, y te alcanzarán hasta que perezcas; por cuanto no habrás atendido a la voz de Jehová tu Dios, para guardar sus mandamientos y sus estatutos, que él te mandó: 46Y serán en ti por señal y por maravilla, y en tu simiente para siempre. 47Por cuanto no serviste a Jehová tu Dios con alegría y con gozo de corazón, por la abundancia de todas las cosas; 48Servirás por tanto a tus enemigos que enviare Jehová contra ti, con hambre y con sed y con desnudez, y con falta de todas las cosas; y él pondrá yugo de hierro sobre tu cuello, hasta destruirte. 49Jehová traerá sobre ti gente de lejos, del cabo de la tierra, que vuele como águila, gente cuya lengua no entiendas; 50Gente fiera de rostro, que no tendrá respeto al anciano, ni perdonará al niño: 51Y comerá el fruto de tu bestia y el fruto de tu tierra, hasta que perezcas: y no te dejará grano, ni mosto, ni aceite, ni la cría de tus vacas, ni los rebaños de tus ovejas, hasta destruirte. 52Y te pondrá cerco en todas tus ciudades, hasta que caigan tus muros altos y encastillados en que tú confías, en toda tu tierra: te cercará, pues, en todas tus ciudades y en toda tu tierra, que Jehová tu Dios te habrá dado. 53Y comerás el fruto de tu vientre, la carne de tus hijos y de tus hijas que Jehová tu Dios te dio, en el cerco y en el apuro con que te angustiará tu enemigo. 54El hombre tierno en ti, y el muy delicado, su ojo será maligno para con su hermano, y para con la mujer de su seno, y para con el resto de sus hijos que le quedaren; 55Para no dar a alguno de ellos de la carne de sus hijos, que él comerá, porque nada le habrá quedado, en el cerco y en el apuro con que tu enemigo te oprimirá en todas tus ciudades. 56La tierna y la delicada entre vosotros, que nunca la planta de su pie probó a sentar sobre la tierra, de ternura y delicadeza, su ojo será maligno para con el marido de su seno, y para con su hijo, y para con su hija, 57Y para con su chiquita que sale de entre sus pies, y para con sus hijos que pariere; pues los comerá escondidamente, a falta de todo, en el cerco y en el apuro con que tu enemigo te oprimirá en tus ciudades. 58Si no cuidares de poner por obra todas las palabras de aquesta ley que están escritas en este libro, temiendo este nombre glorioso y terrible, JEHOVÁ TU DIOS, 59Jehová aumentará maravillosamente tus plagas y las plagas de tu simiente, plagas grandes y estables, y enfermedades malignas y duraderas; 60Y hará volver sobre ti todos los males de Egipto, delante de los cuales temiste, y se te pegarán. 61Asimismo toda enfermedad y toda plaga que no está escrita en el libro de esta ley, Jehová la enviará sobre ti, hasta que tú seas destruído. 62Y quedaréis en poca gente, en lugar de haber sido como las estrellas del cielo en multitud; por cuanto no obedeciste a la voz de Jehová tu Dios. 63Y será que como Jehová se gozó sobre vosotros para haceros bien, y para multiplicaros, así se gozará Jehová sobre vosotros para arruinaros, y para destruiros; y seréis arrancados de sobre la tierra, a la cual entráis para poseerla. 64Y Jehová te esparcirá por todos los pueblos, desde el un cabo de la tierra hasta el otro cabo de ella; y allí servirás a dioses ajenos que no conociste tú ni tus padres, al leño y a la piedra. 65Y ni aun entre las mismas gentes descansarás, ni la planta de tu pie tendrá reposo; que allí te dará Jehová corazón temeroso, y caimiento de ojos, y tristeza de alma: 66Y tendrás tu vida como colgada delante de ti, y estarás temeroso de noche y de día, y no confiarás de tu vida. 67Por la mañana dirás: ¡Quién diera fuese la tarde! y a la tarde dirás: ¡Quién diera fuese la mañana! por el miedo de tu corazón con que estarás amedrentado, y por lo que verán tus ojos. 68Y Jehová te hará tornar a Egipto en navíos por el camino del cual te ha dicho: Nunca más volveréis: y allí seréis vendidos a vuestros enemigos por esclavos y por esclavas, y no habrá quien os compre.
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Salmo 119:1-24

1Bienaventurados los perfectos de camino; los que andan en la ley de Jehová. 2Bienaventurados los que guardan sus testimonios, y con todo el corazón le buscan: 3Pues no hacen iniquidad los que andan en sus caminos. 4Tú encargaste que sean muy guardados tus mandamientos. 5¡Ojalá fuesen ordenados mis caminos a observar tus estatutos! 6Entonces no sería yo avergonzado, cuando atendiese a todos tus mandamientos. 7Te alabaré con rectitud de corazón, cuando aprendiere los juicios de tu justicia. 8Tus estatutos guardaré: no me dejes enteramente. 9¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra. 10Con todo mi corazón te he buscado: no me dejes divagar de tus mandamientos. 11En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti. 12Bendito tú, oh Jehová: enséñame tus estatutos. 13Con mis labios he contado todos los juicios de tu boca. 14Heme gozado en el camino de tus testimonios, como sobre toda riqueza. 15En tus mandamientos meditaré, consideraré tus caminos. 16Recrearéme en tus estatutos: no me olvidaré de tus palabras. 17Haz bien a tu siervo; que viva y guarde tu palabra. 18Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley. 19Advenedizo soy yo en la tierra: no encubras de mí tus mandamientos. 20Quebrantada está mi alma de desear tus juicios en todo tiempo. 21Destruiste a los soberbios malditos, que se desvían de tus mandamientos. 22Aparta de mí oprobio y menosprecio; porque tus testimonios he guardado. 23Príncipes también se sentaron y hablaron contra mí: mas tu siervo meditaba en tus estatutos. 24Pues tus testimonios son mis deleites, y mis consejeros.
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Isaías 55

1A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad, y comed. Venid, comprad, sin dinero y sin precio, vino y leche. 2¿Por qué gastáis el dinero no en pan, y vuestro trabajo no en hartura? Oidme atentamente, y comed del bien, y deleitaráse vuestra alma con grosura. 3Inclinad vuestros oídos, y venid a mí; oid, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David. 4He aquí, que yo lo di por testigo a los pueblos, por jefe y por maestro a las naciones. 5He aquí, llamarás a gente que no conociste, y gentes que no te conocieron correrán a ti; por causa de Jehová tu Dios, y del Santo de Israel que te ha honrado. 6Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. 7Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos; y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. 8Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. 9Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. 10Porque como desciende de los cielos la lluvia, y la nieve, y no vuelve allá, sino que harta la tierra, y la hace germinar y producir, y da simiente al que siembra, y pan al que come; 11Así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, antes hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié. 12Porque con alegría saldréis, y con paz seréis vueltos; los montes y los collados levantarán canción delante de vosotros, y todos los árboles del campo darán palmadas de aplauso. 13En lugar de la zarza crecerá haya, y en lugar de la ortiga crecerá arrayán: y será a Jehová por nombre, por señal eterna que nunca será raída.
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Mateo 3

1Y en aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, 2Y diciendo: Arrepentíos, que el reino de los cielos se ha acercado. 3Porque este es aquel del cual fue dicho por el profeta Isaías, que dijo: Voz de uno que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor, enderezad sus veredas. 4Y tenía Juan su vestido de pelos de camellos, y una cinta de cuero alrededor de sus lomos; y su comida era langostas y miel silvestre. 5Entonces salía a él Jerusalem, y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán; 6Y eran bautizados de él en el Jordán, confesando sus pecados. 7Y viendo él muchos de los Fariseos y de los Saduceos, que venían a su bautismo, decíales: Generación de víboras, ¿quién os ha enseñado a huir de la ira que vendrá? 8Haced pues frutos dignos de arrepentimiento, 9Y no penséis decir dentro de vosotros: A Abraham tenemos por padre: porque yo os digo, que puede Dios despertar hijos a Abraham aun de estas piedras. 10Ahora, ya también la segur está puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no hace buen fruto, es cortado y echado en el fuego. 11Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; mas el que viene tras mí, más poderoso es que yo; los zapatos del cual yo no soy digno de llevar; él os bautizará en Espíritu Santo y en fuego. 12Su aventador en su mano está, y aventará su era: y allegará su trigo en el alfolí, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará. 13Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado de él. 14Mas Juan lo resistía mucho, diciendo: Yo he menester ser bautizado de ti, ¿y tú vienes a mí? 15Empero respondiendo Jesús le dijo: Deja ahora; porque así nos conviene cumplir toda justicia. Entonces le dejó. 16Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. 17Y he aquí una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Deuteronomio 28:20-68 · Salmo 119:1-24
Personales
Isaías 55 · Mateo 3