Lectura 1 de 4 · En familia
1 Crónicas 18
1Después de estas cosas aconteció que David hirió a los Filisteos, y los humilló; y tomó a Gath y sus villas de mano de los Filisteos. 2También hirió a Moab; y los Moabitas fueron siervos de David trayéndole presentes. 3Asimismo hirió David a Adarezer rey de Soba, en Hamath, yendo él a asegurar su dominio al río de Eufrates. 4Y tomóles David mil carros, y siete mil de a caballo, y veinte mil hombres de a pie: y desjarretó David los caballos de todos los carros, excepto los de cien carros que dejó. 5Y viniendo los Siros de Damasco en ayuda de Adarezer rey de Soba, David hirió de los Siros veintidós mil hombres. 6Y puso David guarnición en Siria la de Damasco, y los Siros fueron hechos siervos de David, trayéndole presentes: porque Jehová salvaba a David donde quiera que iba. 7Tomó también David los escudos de oro que llevaban los siervos de Adarezer, y trájolos a Jerusalem. 8Asimismo de Thibath y de Chûn ciudades de Adarezer, tomó David muy mucho metal, de que Salomón hizo el mar de bronce, las columnas, y vasos de bronce. 9Y oyendo Tou rey de Hamath, que David había deshecho todo el ejército de Adarezer, rey de Soba, 10Envió a Adoram su hijo al rey David, a saludarle y a bendecirle por haber peleado con Adarezer, y haberle vencido; porque Tou tenía guerra con Adarezer. Envióle también toda suerte de vasos de oro, de plata y de metal; 11Los cuales el rey David dedicó a Jehová, con la plata y oro que había tomado de todas las naciones, de Edom, de Moab, de los hijos de Ammón, de los Filisteos, y de Amalec. 12A más de esto Abisai hijo de Sarvia hirió en el valle de la Sal dieciocho mil Idumeos. 13Y puso guarnición en Edom, y todos los Idumeos fueron siervos de David: porque Jehová guardaba a David donde quiera que iba. 14Y reinó David sobre todo Israel, y hacía juicio y justicia a todo su pueblo. 15Y Joab hijo de Sarvia era general del ejército; y Josaphat hijo de Ahilud, canciller; 16Y Sadoc hijo de Achîtob, y Abimelec hijo de Abiathar, eran sacerdotes; y Sausa, secretario; 17Y Benaías hijo de Joiada era sobre los Ceretheos y Peletheos; y los hijos de David eran los príncipes cerca del rey.
Lectura 2 de 4 · En familia
Santiago 5
1Ea ya ahora, oh ricos, llorad aullando por vuestras miserias que os vendrán. 2Vuestras riquezas están podridas: vuestras ropas están comidas de polilla. 3Vuestro oro y plata están corrompidos de orín; y su orín os será en testimonio, y comerá del todo vuestras carnes como fuego. Os habéis allegado tesoro para en los postreros días. 4He aquí, el jornal de los obreros que han segado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado de vosotros, clama; y los clamores de los que habían segado, han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos. 5Habéis vivido en deleites sobre la tierra, y sido disolutos; habéis cebado vuestros corazones como en el día de sacrificios. 6Habéis condenado y muerto al justo; y él no os resiste. 7Pues, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia, hasta que reciba la lluvia temprana y tardía. 8Tened también vosotros paciencia; confirmad vuestros corazones: porque la venida del Señor se acerca. 9Hermanos, no os quejéis unos contra otros, porque no seáis condenados; he aquí, el juez está delante de la puerta. 10Hermanos míos, tomad por ejemplo de aflicción y de paciencia, a los profetas que hablaron en nombre del Señor. 11He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y piadoso. 12Mas sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por otro cualquier juramento; sino vuestro sí sea sí, y vuestro no sea no; porque no caigáis en condenación. 13¿Está alguno entre vosotros afligido? haga oración. ¿Está alguno alegre? cante salmos. 14¿Está alguno enfermo entre vosotros? llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. 15Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si estuviere en pecados, le serán perdonados. 16Confesaos vuestras faltas unos a otros, y rogad los unos por los otros, para que seáis sanos; la oración del justo, obrando eficazmente, puede mucho. 17Elías era hombre sujeto a semejantes pasiones que nosotros, y rogó con oración que no lloviese, y no llovió sobre la tierra en tres años y seis meses. 18Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto. 19Hermanos, si alguno de entre vosotros ha errado de la verdad, y alguno le convirtiere, 20Sepa que el que hubiere hecho convertir al pecador del error de su camino, salvará un alma de muerte, y cubrirá multitud de pecados.
Lectura 3 de 4 · Personal
Jonás 2
1Mas Jehová había prevenido un gran pez que tragase a Jonás: y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches. 2Y oró Jonás desde el vientre del pez a Jehová su Dios, 3Y dijo: Clamé de mi tribulación a Jehová, y él me oyó; del vientre del sepulcro clamé, y mi voz oiste. 4Echásteme en el profundo, en medio de los mares, y rodeóme la corriente; todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí. 5Y yo dije: Echado soy de delante de tus ojos: mas aun veré tu santo templo. 6Las aguas me rodearon hasta el alma, rodeóme el abismo; la ova se enredó a mi cabeza. 7Descendí a las raíces de los montes; la tierra echó sus cerraduras sobre mí para siempre: mas tú sacaste mi vida de la sepultura, oh Jehová Dios mío. 8Cuando mi alma desfallecía en mí, acordéme de Jehová; y mi oración entró hasta ti en tu santo templo. 9Los que guardan las vanidades ilusorias, su misericordia abandonan. 10Yo empero con voz de alabanza te sacrificaré; pagaré lo que prometí. La salvación pertenece a Jehová. Y mandó Jehová al pez, y vomitó a Jonás en tierra.
Lectura 4 de 4 · Personal
Lucas 7
1Y como acabó todas sus palabras oyéndole el pueblo, entró en Capernaum. 2Y el siervo de un centurión, al cual tenía él en estima, estaba enfermo y a punto de morir. 3Y como oyó hablar de Jesús, envió a él los ancianos de los Judíos, rogándole que viniese y librase a su siervo. 4Y viniendo ellos a Jesús, rogáronle con diligencia, diciéndole: Porque es digno de concederle esto; 5Que ama nuestra nación, y él nos edificó una sinagoga. 6Y Jesús fue con ellos. Mas como ya no estuviesen lejos de su casa, envió el centurión amigos a él, diciéndole: Señor, no te incomodes, que no soy digno que entres debajo de mi tejado; 7Por lo cual ni aun me tuve por digno de venir a ti; mas di la palabra, y mi siervo será sano. 8Porque también yo soy hombre puesto en potestad, que tengo debajo de mí soldados; y digo a este: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. 9Lo cual oyendo Jesús, se maravilló de él, y vuelto, dijo a las gentes que le seguían: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe. 10Y vueltos a casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo. 11Y aconteció después, que él iba a la ciudad que se llama Naín, e iban con él muchos de sus discípulos, y gran compañía. 12Y como llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que sacaban fuera a un difunto, unigénito de su madre, la cual también era viuda: y había con ella grande compañía de la ciudad. 13Y como el Señor la vio, compadecióse de ella, y le dice: No llores. 14Y acercándose, tocó el féretro: y los que lo llevaban, pararon. Y dice: Mancebo, a ti digo, levántate. 15Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar. Y dióle a su madre. 16Y todos tuvieron miedo, y glorificaban a Dios, diciendo: Que un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y que Dios ha visitado a su pueblo. 17Y salió esta fama de él por toda Judea, y por toda la tierra de alrededor. 18Y sus discípulos dieron a Juan las nuevas de todas estas cosas: y llamó Juan a dos de sus discípulos, 19Y envió a Jesús, diciendo: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro? 20Y como los hombres vinieron a él, dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado a ti, diciendo: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro? 21Y en la misma hora sanó a muchos de enfermedades y plagas, y de espíritus malos; y a muchos ciegos dio la vista. 22Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, dad las nuevas a Juan de lo que habéis visto y oído: que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan, a los pobres es anunciado el evangelio: 23Y bienaventurado es el que no fuere escandalizado en mí. 24Y como se fueron los mensajeros de Juan, comenzó a hablar de Juan a las gentes: ¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿una caña que es agitada por el viento? 25Mas ¿qué salisteis a ver? ¿un hombre cubierto de vestidos delicados? He aquí, los que están en vestido precioso, y viven en delicias, en los palacios de los reyes están. 26Mas ¿qué salisteis a ver? ¿un profeta? También os digo, y aun más que profeta. 27Este es de quien está escrito: He aquí, envío mi mensajero delante de tu faz, el cual aparejará tu camino delante de ti. 28Porque os digo que entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista: mas el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que él. 29Y todo el pueblo oyéndole, y los publicanos, justificaron a Dios, bautizándose con el bautismo de Juan. 30Mas los Fariseos y los sabios de la ley, desecharon el consejo de Dios contra sí mismos, no siendo bautizados de él. 31Y dice el Señor: ¿A quién, pues, compararé los hombres de esta generación, y a qué son semejantes? 32Semejantes son a los muchachos sentados en la plaza, y que dan voces los unos a los otros, y dicen: Os tañimos con flautas, y no bailasteis: os endechamos, y no llorasteis. 33Porque vino Juan el Bautista, que ni comía pan, ni bebía vino, y decís: Demonio tiene. 34Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. 35Mas la sabiduría es justificada de todos sus hijos. 36Y le rogó uno de los Fariseos, que comiese con él. Y entrado en casa del Fariseo, sentóse a la mesa. 37Y he aquí una mujer que había sido pecadora en la ciudad, como entendió que estaba a la mesa en casa de aquel Fariseo, trajo un alabastro de ungüento, 38Y estando detrás a sus pies, comenzó llorando a regar con lágrimas sus pies, y los limpiaba con los cabellos de su cabeza; y besaba sus pies, y los ungía con el ungüento. 39Y como vio esto el Fariseo que le había convidado, habló entre sí, diciendo: Este, si fuera profeta, conocería quién y cuál es la mujer que le toca, que es pecadora. 40Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él dice: Di, Maestro. 41Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; 42Y no teniendo ellos de qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de estos le amará más? 43Y respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel al cual perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado. 44Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, no diste agua para mis pies; mas esta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha limpiado con los cabellos. 45No me diste beso, mas esta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. 46No ungiste mi cabeza con óleo; mas esta ha ungido con ungüento mis pies. 47Por lo cual te digo que sus muchos pecados son perdonados, porque amó mucho; mas al que se perdona poco, poco ama. 48Y a ella dijo: Los pecados te son perdonados. 49Y los que estaban juntamente sentados a la mesa, comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es este, que también perdona pecados? 50Y dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
1 Crónicas 18 · Santiago 5
Personales
Jonás 2 · Lucas 7