Lectura 1 de 4 · En familia

1 Crónicas 19-20 (cap. 19)

1Después de estas cosas aconteció que murió Naas rey de los hijos de Ammón, y reinó en su lugar su hijo. 2Y dijo David: Haré misericordia con Hanán hijo de Naas, porque también su padre hizo conmigo misericordia. Así David envió embajadores que lo consolasen de la muerte de su padre. Mas venidos los siervos de David en la tierra de los hijos de Ammón a Hanán, para consolarle, 3Los príncipes de los hijos de Ammón dijeron a Hanán: ¿A tu parecer honra David a tu padre, que te ha enviado consoladores? ¿no vienen antes sus siervos a ti para escudriñar, e inquirir, y reconocer la tierra? 4Entonces Hanán tomó los siervos de David, y rapólos, y cortóles los vestidos por medio, hasta las nalgas, y despachólos. 5Fuéronse pues, y dada que fue la nueva a David de aquellos varones, él envió a recibirlos, porque estaban muy afrentados. E hízoles decir el rey: Estaos en Jericó hasta que os crezca la barba, y entonces volveréis. 6Y viendo los hijos de Ammón que se habían hecho odiosos a David, Hanán y los hijos de Ammón enviaron mil talentos de plata, para tomar a sueldo carros y gente de a caballo de Siria de los ríos, y de la Siria de Maachâ, y de Soba. 7Y tomaron a sueldo treinta y dos mil carros, y al rey de Maachâ y a su pueblo, los cuales vinieron y asentaron su campo delante de Medeba. Y juntáronse también los hijos de Ammón de sus ciudades, y vinieron a la guerra. 8Oyéndolo David, envió a Joab con todo el ejército de los hombres valientes. 9Y los hijos de Ammón salieron, y ordenaron su tropa a la entrada de la ciudad; y los reyes que habían venido, estaban por sí en el campo. 10Y viendo Joab que la haz de la batalla estaba contra él delante y a las espaldas, escogió de todos los más aventajados que había en Israel, y ordenó su escuadrón contra los Siros. 11Puso luego el resto de la gente en mano de Abisai su hermano, ordenándolos en batalla contra los Ammonitas. 12Y dijo: Si los Siros fueren más fuertes que yo, tú me salvarás; y si los Ammonitas fueren más fuertes que tú, yo te salvaré. 13Esfuérzate, y esforcémonos por nuestro pueblo, y por las ciudades de nuestro Dios; y haga Jehová lo que bien le pareciere. 14Acercóse luego Joab y el pueblo que tenía consigo, para pelear contra los Siros; mas ellos huyeron delante de él. 15Y los hijos de Ammón, viendo que los Siros habían huído, huyeron también ellos delante de Abisai su hermano, y entráronse en la ciudad. Entonces Joab se volvió a Jerusalem. 16Y viendo los Siros que habían caído delante de Israel, enviaron embajadores, y trajeron a los Siros que estaban de la otra parte del río, cuyo capitán era Sophach, general del ejército de Adarezer. 17Luego que fue dado aviso a David, juntó a todo Israel, y pasando el Jordán vino a ellos, y ordenó contra ellos su ejército. Y como David hubo ordenado su tropa contra ellos, pelearon con él los Siros. 18Mas el Siro huyó delante de Israel; y mató David de los Siros siete mil hombres de los carros, y cuarenta mil hombres de a pie: asimismo mató a Sophach, general del ejército. 19Y viendo los Siros de Adarezer que habían caído delante de Israel, concertaron paz con David, y fueron sus siervos; y nunca más quiso el Siro ayudar a los hijos de Ammón.
Lectura 1 de 4 · En familia

1 Crónicas 19-20 (cap. 20)

1Y aconteció a la vuelta del año, en el tiempo que suelen los reyes salir a la guerra, que Joab sacó las fuerzas del ejército, y destruyó la tierra de los hijos de Ammón, y vino y cercó a Rabba. Mas David estaba en Jerusalem: y Joab batió a Rabba, y destruyóla. 2Y tomó David la corona de su rey de encima de su cabeza, y hallóla de peso de un talento de oro, y había en ella piedras preciosas; y fue puesta sobre la cabeza de David. Y además de esto sacó de la ciudad un muy gran despojo. 3Sacó también al pueblo que estaba en ella, y cortólos con sierras, y con trillos de hierro, y segures. Lo mismo hizo David a todas las ciudades de los hijos de Ammón. Y volvióse David con todo el pueblo a Jerusalem. 4Después de esto aconteció que se levantó guerra en Gezer con los Filisteos; e hirió Sibbecai Husathita a Sippai, del linaje de los gigantes; y fueron humillados. 5Y volvióse a levantar guerra con los Filisteos; e hirió Elhanán hijo de Jair a Lahmi, hermano de Goliath Getheo, el asta de cuya lanza era como un enjullo de tejedores. 6Y volvió a haber guerra en Gath, donde hubo un hombre de grande estatura, el cual tenía seis dedos en pies y manos, en todos veinticuatro: y también era hijo de Rapha. 7Denostó él a Israel, mas hiriólo Jonathán, hijo de Sima hermano de David. 8Estos fueron hijos de Rapha en Gath, los cuales cayeron por mano de David y de sus siervos.
Lectura 2 de 4 · En familia

1 Pedro 1

1Pedro, apóstol de Jesucristo, a los extranjeros esparcidos en Ponto, en Galacia, en Capadocia, en Asia, y en Bithinia, 2Elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sea multiplicada. 3Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos ha regenerado en esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, 4Para una herencia incorruptible, y que no puede contaminarse, ni marchitarse, reservada en los cielos 5Para nosotros que somos guardados en la virtud de Dios por fe, para alcanzar la salud que está aparejada para ser manifestada en el postrimero tiempo. 6En lo cual vosotros os alegráis, estando al presente un poco de tiempo afligidos en diversas tentaciones, si es necesario, 7Para que la prueba de vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual perece, bien que sea probado con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra, cuando Jesucristo fuere manifestado: 8Al cual, no habiendo visto, le amáis; en el cual creyendo, aunque al presente no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorificado; 9Obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salud de vuestras almas. 10De la cual salud los profetas que profetizaron de la gracia que había de venir a vosotros, han inquirido y diligentemente buscado, 11Escudriñando cuándo y en qué punto de tiempo significaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual prenunciaba las aflicciones que habían de venir a Cristo, y las glorias después de ellas. 12A los cuales fue revelado, que no para sí mismos, sino para nosotros administraban las cosas que ahora os son anunciadas de los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; en las cuales desean mirar los ángeles. 13Por lo cual, teniendo los lomos de vuestro entendimiento ceñidos, con templanza, esperad perfectamente en la gracia que os es presentada cuando Jesucristo os es manifestado: 14Como hijos obedientes, no conformándoos con los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; 15Sino como aquel que os ha llamado es santo, sed también vosotros santos en toda conversación: 16Porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo. 17Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conversad en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación: 18Sabiendo que habéis sido rescatados de vuestra vana conversación, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata; 19Sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación: 20Ya ordenado de antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postrimeros tiempos por amor de vosotros, 21Que por él creéis a Dios, el cual le resucitó de los muertos, y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sea en Dios. 22Habiendo purificado vuestra almas en la obediencia de la verdad, por el Espíritu, en caridad hermanable sin fingimiento, amaos unos a otros entrañablemente de corazón puro: 23Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios, que vive y permanece para siempre. 24Porque Toda carne es como la hierba, y toda la gloria del hombre como la flor de la hierba: secóse la hierba, y la flor se cayó; 25Mas la palabra del Señor permanece perpetuamente. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada.
Lectura 3 de 4 · Personal

Jonás 3

1Y fue palabra de Jehová segunda vez a Jonás, diciendo: 2Levántate, y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y publica en ella el pregón que yo te diré. 3Y levantóse Jonás, y fue a Nínive, conforme a la palabra de Jehová. Y era Nínive ciudad sobremanera grande, de tres días de camino. 4Y comenzó Jonás a entrar por la ciudad, camino de un día, y pregonaba diciendo: De aquí a cuarenta días Nínive será destruída. 5Y los hombres de Nínive creyeron a Dios, y pregonaron ayuno, y vistiéronse de sacos desde el mayor de ellos hasta el menor de ellos. 6Y llegó el negocio hasta el rey de Nínive, y levantóse de su silla, y echó de sí su vestido, y cubrióse de saco, y se sentó sobre ceniza. 7E hizo pregonar y anunciar en Nínive, por mandado del rey y de sus grandes, diciendo: Hombres y animales, bueyes y ovejas, no gusten cosa alguna, no se les dé alimento, ni beban agua: 8Y que se cubran de saco los hombres y los animales, y clamen a Dios fuertemente: y conviértase cada uno de su mal camino, de la rapiña que está en sus manos. 9¿Quién sabe si se volverá y arrepentirá Dios, y se apartará del furor de su ira, y no pereceremos? 10Y vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino: y arrepintióse del mal que había dicho les había de hacer, y no lo hizo.
Lectura 4 de 4 · Personal

Lucas 8

1Y aconteció después, que él caminaba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él, 2Y algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la cual habían salido siete demonios, 3Y Juana, mujer de Chuza, procurador de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus haciendas. 4Y como se juntó una grande compañía, y los que estaban en cada ciudad vinieron a él, dijo por una parábola: 5Uno que sembraba, salió a sembrar su simiente; y sembrando, una parte cayó junto al camino, y fue hollada; y las aves del cielo la comieron. 6Y otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenía humedad. 7Y otra parte cayó entre las espinas; y naciendo las espinas juntamente, la ahogaron. 8Y otra parte cayó en buena tierra, y cuando fue nacida, llevó fruto a ciento por uno. Diciendo estas cosas clamaba: El que tiene oídos para oir, oiga. 9Y sus discípulos le preguntaron, diciendo, qué era esta parábola. 10Y él dijo: A vosotros es dado conocer los misterios del reino de Dios; mas a los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan. 11Es pues esta la parábola: La simiente es la palabra de Dios. 12Y los de junto al camino, estos son los que oyen; y luego viene el diablo, y quita la palabra de su corazón, porque no crean y se salven. 13Y los de sobre la piedra, son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; mas estos no tienen raíces; que a tiempo creen, y en el tiempo de la tentación se apartan. 14Y la que cayó entre las espinas, estos son los que oyeron; mas yéndose, son ahogados de los cuidados y de las riquezas y de los pasatiempos de la vida, y no llevan fruto. 15Mas la que en buena tierra, estos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y llevan fruto en paciencia. 16Ninguno que enciende la antorcha la cubre con vasija, o la pone debajo de la cama; mas la pone en un candelero, para que los que entran vean la luz. 17Porque no hay cosa oculta, que no haya de ser manifestada; ni cosa escondida, que no haya de ser entendida, y de venir a luz. 18Mirad pues cómo oís; porque a cualquiera que tuviere, le será dado; y a cualquiera que no tuviere, aun lo que parece tener le será quitado. 19Y vinieron a él su madre y hermanos; y no podían llegar a él por causa de la multitud. 20Y le fue dado aviso, diciendo: Tu madre y tus hermanos están fuera, que quieren verte. 21El entonces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la ejecutan. 22Y aconteció un día que él entró en un barco con sus discípulos, y les dijo: Pasemos a la otra parte del lago. Y partieron. 23Pero mientras ellos navegaban, él se durmió. Y sobrevino una tempestad de viento en el lago; y henchían de agua, y peligraban. 24Y llegándose a él, le despertaron, diciendo: ¡Maestro, Maestro, que perecemos! Y despertado él, increpó al viento y a la tempestad del agua; y cesaron, y fue hecha bonanza. 25Y les dijo: ¿Qué es de vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, diciendo los unos a los otros: ¿Quién es este, que aun a los vientos y al agua manda, y le obedecen? 26Y navegaron a la tierra de los Gadarenos, que está delante de Galilea. 27Y saliendo él a tierra, le vino al encuentro de la ciudad un hombre que tenía demonios ya de mucho tiempo; y no vestía vestido, ni estaba en casa, sino por los sepulcros. 28El cual, como vio a Jesús, exclamó y se postró delante de él, y dijo a gran voz: ¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Ruégote que no me atormentes. 29(Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre: porque ya de mucho tiempo le arrebataba; y le guardaban preso con cadenas y grillos; mas rompiendo las prisiones, era agitado del demonio por los desiertos.) 30Y le preguntó Jesús, diciendo: ¿Qué nombre tienes? Y él dijo: Legión. Porque muchos demonios habían entrado en él. 31Y le rogaban que no les mandase ir al abismo. 32Y había allí un hato de muchos puercos que pacían en el monte; y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y los dejó. 33Y salidos los demonios del hombre, entraron en los puercos; y el hato se arrojó de un despeñadero en el lago, y ahogóse. 34Y los pastores, como vieron lo que había acontecido, huyeron, y yendo dieron aviso en la ciudad y por las heredades. 35Y salieron a ver lo que había acontecido; y vinieron a Jesús, y hallaron sentado al hombre de quien habían salido los demonios, vestido, y en su juicio, a los pies de Jesús; y tuvieron miedo. 36Y les contaron los que lo habían visto, cómo había sido salvado aquel endemoniado. 37Entonces toda la multitud de la tierra de los Gadarenos alrededor, le rogaron que se fuese de ellos; porque tenían gran temor. Y él, subiendo en el barco, volvióse. 38Y aquel hombre, de quien habían salido los demonios, le rogó para estar con él; mas Jesús le despidió, diciendo: 39Vuélvete a tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y él se fue, publicando por toda la ciudad cuán grandes cosas había hecho Jesús con él. 40Y aconteció que volviendo Jesús, recibióle la gente; porque todos le esperaban. 41Y he aquí un varón, llamado Jairo, y que era príncipe de la sinagoga, vino, y cayendo a los pies de Jesús, le rogaba que entrase en su casa; 42Porque tenía una hija única, como de doce años, y ella se estaba muriendo. Y yendo, le apretaba la compañía. 43Y una mujer, que tenía flujo de sangre hacía ya doce años, la cual había gastado en médicos toda su hacienda, y por ninguno había podido ser curada, 44Llegándose por las espaldas, tocó el borde de su vestido; y luego se estancó el flujo de su sangre. 45Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado? Y negando todos, dijo Pedro y los que estaban con él: Maestro, la compañía te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado? 46Y Jesús dijo: Me ha tocado alguien; porque yo he conocido que ha salido virtud de mí. 47Entonces, como la mujer vio que no se había ocultado, vino temblando, y postrándose delante de él declaróle delante de todo el pueblo la causa por qué le había tocado, y cómo luego había sido sana. 48Y él le dijo: Hija, tu fe te ha salvado: ve en paz. 49Estando aún él hablando, vino uno del príncipe de la sinagoga a decirle: Tu hija es muerta, no des trabajo al Maestro. 50Y oyéndolo Jesús, le respondió: No temas: cree solamente, y será salva. 51Y entrado en casa, no dejó entrar a nadie consigo, sino a Pedro, y a Jacobo, y a Juan, y al padre y a la madre de la moza. 52Y lloraban todos, y la plañían. Y él dijo: No lloréis; no es muerta, sino que duerme. 53Y hacían burla de él, sabiendo que estaba muerta. 54Mas él, tomándola de la mano, clamó, diciendo: Muchacha, levántate. 55Entonces su espíritu volvió, y se levantó luego: y él mandó que le diesen de comer. 56Y sus padres estaban atónitos; a los cuales él mandó, que a nadie dijesen lo que había sido hecho.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
1 Crónicas 19-20 · 1 Pedro 1
Personales
Jonás 3 · Lucas 8