Lectura 1 de 4 · En familia
Jueces 7
1Levantándose pues de mañana Jerobaal, el cual es Gedeón, y todo el pueblo que estaba con él, asentaron el campo junto a la fuente de Harod: y tenía el campo de los Madianitas al norte, de la otra parte del collado de More, en el valle. 2Y Jehová dijo a Gedeón: El pueblo que está contigo es mucho para que yo dé a los Madianitas en su mano: porque no se alabe Israel contra mí, diciendo: Mi mano me ha salvado. 3Haz pues ahora pregonar, que lo oiga el pueblo, diciendo: El que teme y se estremece, madrugue y vuélvase desde el monte de Galaad. Y volviéronse de los del pueblo veintidós mil: y quedaron diez mil. 4Y Jehová dijo a Gedeón: Aun es mucho el pueblo; llévalos a las aguas, y allí yo te los probaré; y del que yo te dijere: Vaya este contigo, vaya contigo: mas de cualquiera que yo te dijere: Este no vaya contigo, el tal no vaya. 5Entonces llevó el pueblo a las aguas: y Jehová dijo a Gedeón: Cualquiera que lamiere las aguas con su lengua como lame el perro, aquel pondrás aparte; asimismo cualquiera que se doblare sobre sus rodillas para beber. 6Y fue el número de los que lamieron las aguas, llegándola con la mano a la boca, trescientos hombres: y todo el resto del pueblo se dobló sobre sus rodillas para beber las aguas. 7Entonces Jehová dijo a Gedeón: Con estos trescientos hombres que lamieron el agua os salvaré, y entregaré a los Madianitas en tus manos: y váyase toda la gente cada uno a su lugar. 8Y tomada provisión para el pueblo en sus manos, y sus bocinas, envió a todos los Israelitas cada uno a su tienda, y retuvo a aquellos trescientos hombres: y tenía el campo de Madián abajo en el valle. 9Y aconteció que aquella noche Jehová le dijo: Levántate, y desciende al campo; porque yo lo he entregado en tus manos. 10Y si tienes temor de descender, baja tú con Phara tu criado al campo, 11Y oirás lo que hablan; y entonces tus manos se esforzarán, y descenderás al campo. Y él descendió con Phara su criado al principio de la gente de armas que estaba en el campo. 12Y Madián, y Amalec, y todos los orientales, estaban tendidos en el valle como langostas en muchedumbre, y sus camellos eran innumerables, como la arena que está a la ribera de la mar en multitud. 13Y luego que llegó Gedeón, he aquí que un hombre estaba contando a su compañero un sueño, diciendo: He aquí yo soñé un sueño: que veía un pan de cebada que rodaba hasta el campo de Madián, y llegaba a las tiendas, y las hería de tal manera que caían, y las trastornaba de arriba abajo, y las tiendas caían. 14Y su compañero respondió, y dijo: Esto no es otra cosa sino la espada de Gedeón hijo de Joas, varón de Israel: Dios ha entregado en sus manos a los Madianitas con todo el campo. 15Y como Gedeón oyó la historia del sueño y su interpretación, adoró; y vuelto al campo de Israel, dijo: Levantaos, que Jehová ha entregado el campo de Madián en vuestras manos. 16Y repartiendo los trescientos hombres en tres escuadrones, dio a cada uno de ellos bocinas en sus manos, y cántaros vacíos con teas ardiendo dentro de los cántaros. 17Y díjoles: Miradme a mí, y haced como yo hiciere; he aquí que cuando yo llegare al principio del campo, como yo hiciere, así haréis vosotros. 18Yo tocaré la bocina y todos los que estarán conmigo; y vosotros tocaréis entonces las bocinas alrededor de todo el campo, y diréis: ¡Por Jehová y Gedeón! 19Llegó pues Gedeón, y los cien hombres que llevaba consigo, al principio del campo, a la entrada de la vela del medio, cuando acababan de renovar las centinelas; y tocaron las bocinas, y quebraron los cántaros que llevaban en sus manos: 20Y los tres escuadrones tocaron las bocinas, y quebrando los cántaros tomaron en las manos izquierdas las teas, y en las derechas los cuernos con que tañían, y dieron grita: ¡La espada de Jehová y de Gedeón! 21Y estuviéronse en sus lugares en derredor del campo: y todo el campo fue alborotado, y huyeron gritando. 22Mas los trescientos tocaban las bocinas: y Jehová puso la espada de cada uno contra su compañero en todo el campo. Y el ejército huyó hasta Beth-sitta, hacia Cerera, y hasta el término de Abel-mehola en Tabbat. 23Y juntándose los de Israel, de Nephtalí, y de Aser, y de todo Manasés, siguieron a los Madianitas. 24Gedeón también envió mensajeros a todo el monte de Ephraim, diciendo: Descended al encuentro de los Madianitas, y tomadles las aguas hasta Beth-bara y el Jordán. Y juntos todos los hombres de Ephraim, tomaron las aguas de Beth-bara y el Jordán. 25Y tomaron dos príncipes de los Madianitas, Oreb y Zeeb: y mataron a Oreb en la peña de Oreb, y a Zeeb lo mataron en el lagar de Zeeb: y después que siguieron a los Madianitas, trajeron las cabezas de Oreb y de Zeeb a Gedeón de la otra parte del Jordán.
Lectura 2 de 4 · En familia
Hechos 11
1Y oyeron los apóstoles y los hermanos que estaban en Judea, que también los Gentiles habían recibido la palabra de Dios. 2Y como Pedro subió a Jerusalem, contendían contra él los que eran de la circuncisión, 3Diciendo: ¿Por qué has entrado a hombres incircuncisos, y has comido con ellos? 4Entonces comenzando Pedro, les declaró por orden lo pasado, diciendo: 5Estaba yo en la ciudad de Joppe orando, y vi en rapto de entendimiento una visión: un vaso, como un gran lienzo, que descendía, que por los cuatro cabos era abajado del cielo, y venía hasta mí. 6En el cual como puse los ojos, consideré y vi animales terrestres de cuatro pies, y fieras, y reptiles, y aves del cielo. 7Y oí una voz que me decía: Levántate, Pedro, mata y come. 8Y dije: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda entró jamás en mi boca. 9Entonces la voz me respondió del cielo segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común. 10Y esto fue hecho por tres veces: y volvió todo a ser tomado arriba en el cielo. 11Y he aquí, luego sobrevinieron tres hombres a la casa donde yo estaba, enviados a mí de Cesarea. 12Y el Espíritu me dijo que fuese con ellos sin dudar. Y vinieron también conmigo estos seis hermanos, y entramos en casa de un varón, 13El cual nos contó cómo había visto un ángel en su casa, que se paró, y le dijo: Envía a Joppe, y haz venir a un Simón que tiene por sobrenombre Pedro; 14El cual te hablará palabras por las cuales serás salvo tú, y toda tu casa. 15Y como comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio. 16Entonces me acordé del dicho del Señor, como dijo: Juan ciertamente bautizó en agua; mas vosotros seréis bautizados en Espíritu Santo. 17Así que, si Dios les dio el mismo don también como a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios? 18Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: De manera que también a los Gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida. 19Y los que habían sido esparcidos por causa de la tribulación que sobrevino en tiempo de Esteban, anduvieron hasta Fenicia, y Cipro, y Antioquía, no hablando a nadie la palabra, sino solo a los Judíos. 20Y de ellos había unos varones Ciprios y Cirenenses, los cuales como entraron en Antioquía, hablaron a los Griegos, anunciando el evangelio del Señor Jesús. 21Y la mano del Señor era con ellos: y creyendo, gran número se convirtió al Señor. 22Y llegó la fama de estas cosas a oídos de la iglesia que estaba en Jerusalem: y enviaron a Bernabé que fuese hasta Antioquía. 23El cual, como llegó, y vio la gracia de Dios, regocijóse; y exhortó a todos a que permaneciesen en el propósito del corazón en el Señor. 24Porque era varón bueno, y lleno de Espíritu Santo y de fe: y mucha compañía fue agregada al Señor. 25Después partió Bernabé a Tarso a buscar a Saulo; y hallado, le trajo a Antioquía. 26Y conversaron todo un año allí con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y los discípulos fueron llamados Cristianos primeramente en Antioquía. 27Y en aquellos días descendieron de Jerusalem profetas a Antioquía. 28Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por Espíritu, que había de haber una grande hambre en toda la tierra habitada: la cual hubo en tiempo de Claudio. 29Entonces los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar subsidio a los hermanos que habitaban en Judea: 30Lo cual asimismo hicieron, enviándolo a los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo.
Lectura 3 de 4 · Personal
Jeremías 20
1Y Pashur sacerdote, hijo de Immer, que presidía por príncipe en la casa de Jehová, oyó a Jeremías que profetizaba estas palabras. 2E hirió Pashur a Jeremías profeta, y púsole en el cepo que estaba a la puerta de Benjamín en lo alto, la cual conducía a la casa de Jehová. 3Y el día siguiente Pashur sacó a Jeremías del cepo. Díjole entonces Jeremías: Jehová no ha llamado tu nombre Pashur, sino Magor-missabib. 4Porque así ha dicho Jehová: He aquí yo te pondré en espanto a ti, y a todos los que bien te quieren, y caerán por el cuchillo de sus enemigos, y tus ojos lo verán: y a todo Judá entregaré en mano del rey de Babilonia, y los trasportará a Babilonia, y herirálos a cuchillo. 5Entregaré asimismo toda la sustancia de esta ciudad, y todo su trabajo, y todas sus cosas preciosas; y daré todos los tesoros de los reyes de Judá en manos de sus enemigos, y los saquearán, y los tomarán, y llevaránlos a Babilonia. 6Y tú, Pashur, y todos los moradores de tu casa iréis cautivos, y entrarás en Babilonia, y allí morirás, y serás allá enterrado, tú, y todos los que bien te quieren, a los cuales has profetizado con mentira. 7Alucinásteme, oh Jehová, y hállome frustrado: más fuerte fuiste que yo, y vencísteme: cada día he sido escarnecido; cada cual se burla de mí. 8Porque desde que hablo, doy voces, grito, Violencia y destrucción: porque la palabra de Jehová me ha sido para afrenta y escarnio cada día. 9Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre: empero fue en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos, trabajé por sufrirlo, y no pude. 10Porque oí la murmuración de muchos, temor de todas partes: Denunciad, y denunciaremos. Todos mis amigos miraban si claudicaría. Quizá se engañará, decían, y prevaleceremos contra él, y tomaremos de él nuestra venganza. 11Mas Jehová está conmigo como poderoso gigante; por tanto los que me persiguen tropezarán, y no prevalecerán; serán avergonzados en gran manera, porque no prosperarán; tendrán perpetua confusión que jamás será olvidada. 12Oh Jehová de los ejércitos, que sondas los justos, que ves los riñones y el corazón, vea yo tu venganza de ellos; porque a ti he descubierto mi causa. 13Cantad a Jehová, load a Jehová: porque librado ha el alma del pobre de mano de los malignos. 14Maldito el día en que nací: el día en que mi madre me parió no sea bendito. 15Maldito el hombre que dio nuevas a mi padre, diciendo, Hijo varón te ha nacido, haciéndole alegrarse así mucho. 16Y sea el tal hombre como las ciudades que asoló Jehová, y no se arrepintió: y oiga gritos de mañana, y voces al medio día; 17Porque no me mató en el vientre, y mi madre me hubiera sido mi sepulcro, y su vientre concebimiento perpetuo. 18¿Para qué salí del vientre? ¿para ver trabajo y dolor, y que mis días se gastasen en afrenta?
Lectura 4 de 4 · Personal
Marcos 6
1Y salió de allí, y vino a su tierra, y le siguieron sus discípulos. 2Y llegado el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos oyéndole, estaban atónitos, diciendo: ¿De dónde tiene este estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y tales maravillas que por sus manos son hechas? 3¿No es este el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, y de José, y de Judas, y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros, sus hermanas? Y se escandalizaban en él. 4Mas Jesús les decía: No hay profeta deshonrado sino en su tierra, y entre sus parientes, y en su casa. 5Y no pudo hacer allí alguna maravilla; solamente sanó unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos. 6Y estaba maravillado de la incredulidad de ellos. Y rodeaba las aldeas de alrededor, enseñando. 7Y llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos: y les dio potestad sobre los espíritus inmundos. 8Y les mandó que no llevasen nada para el camino, sino solamente báculo; no alforja, ni pan, ni dinero en la bolsa; 9Mas que calzasen sandalias, y no vistiesen dos túnicas. 10Y les decía: Donde quiera que entréis en una casa, posad en ella hasta que salgáis de allí. 11Y todos aquellos que no os recibieren ni os oyeren, saliendo de allí, sacudid el polvo que está debajo de vuestros pies, en testimonio a ellos. De cierto os digo que más tolerable será el castigo de los de Sodoma y Gomorra el día del juicio, que el de aquella ciudad. 12Y saliendo, predicaban que los hombres se arrepintiesen. 13Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y sanaban. 14Y oyó el rey Herodes la fama de Jesús, porque su nombre se había hecho notorio; y dijo: Juan el que bautizaba, ha resucitado de los muertos, y por tanto, virtudes obran en él. 15Otros decían: Elías es. Y otros decían: Profeta es, o alguno de los profetas. 16Y oyéndo lo Herodes, dijo: Este es Juan el que yo degollé: él ha resucitado de los muertos. 17Porque el mismo Herodes había enviado, y prendido a Juan, y le había aprisionado en la cárcel a causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano; pues la había tomado por mujer. 18Porque Juan decía a Herodes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano. 19Mas Herodías le acechaba, y deseaba matarle, y no podía: 20Porque Herodes temía a Juan, sabiendo que era varón justo y santo, y le tenía respeto: y oyéndole, hacía muchas cosas; y le oía de buena gana. 21Y venido un día oportuno, en que Herodes, en la fiesta de su nacimiento, daba una cena a sus príncipes y tribunos, y a los principales de Galilea; 22Y entrando la hija de Herodías, y danzando, y agradando a Herodes y a los que estaban con él a la mesa, el rey dijo a la muchacha: Pídeme lo que quisieres, que yo te lo daré. 23Y le juró: Todo lo que me pidieres te daré, hasta la mitad de mi reino. 24Y saliendo ella, dijo a su madre: ¿Qué pediré? Y ella dijo: La cabeza de Juan Bautista. 25Entonces ella entró prestamente al rey, y pidió, diciendo: Quiero que ahora mismo me des en un plato la cabeza de Juan Bautista. 26Y el rey se entristeció mucho; mas a causa del juramento, y de los que estaban con él a la mesa, no quiso desecharla. 27Y luego el rey, enviando uno de la guardia, mandó que fuese traída su cabeza; 28El cual fue, y le degolló en la cárcel, y trajo su cabeza en un plato, y la dio a la muchacha, y la muchacha la dio a su madre. 29Y oyéndo lo sus discípulos, vinieron y tomaron su cuerpo, y le pusieron en un sepulcro. 30Y los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado. 31Y él les dijo: Venid vosotros aparte al lugar desierto, y reposad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, que ni aun tenían lugar de comer. 32Y se fueron en un barco al lugar desierto aparte. 33Y los vieron ir muchos, y le conocieron; y concurrieron allá muchos a pie de las ciudades, y llegaron antes que ellos, y se juntaron a él. 34Y saliendo Jesús vio grande multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y les comenzó a enseñar muchas cosas. 35Y como ya fuese el día muy entrado, sus discípulos llegaron a él, diciendo: El lugar es desierto, y el día ya muy entrado; 36Envíalos para que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor, y compren para sí pan; porque no tienen qué comer. 37Y respondiendo él, les dijo: Dadles de comer vosotros. Y le dijeron: ¿ Que vayamos y compremos pan por doscientos denarios, y les demos de comer? 38Y él les dice: ¿Cuántos panes tenéis? Id, y vedlo. Y sabiéndolo, dijeron: Cinco, y dos peces. 39Y les mandó que hiciesen recostar a todos por partidas sobre la hierba verde. 40Y se recostaron por partidas, de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta. 41Y tomados los cinco panes y los dos peces, mirando al cielo, bendijo, y partió los panes, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante: y repartió a todos los dos peces. 42Y comieron todos, y se hartaron. 43Y alzaron de los pedazos doce cofines llenos, y de los peces. 44Y los que comieron eran cinco mil hombres. 45Y luego dio priesa a sus discípulos a subir en el barco, e ir delante de él a Bethsaida de la otra parte, entre tanto que él despedía la multitud. 46Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar. 47Y como fue la tarde, el barco estaba en medio de la mar, y él solo en tierra. 48Y los vio fatigados bogando, porque el viento les era contrario: y cerca de la cuarta vigilia de la noche, vino a ellos andando sobre la mar, y quería precederlos. 49Y viéndole ellos, que andaba sobre la mar, pensaron que era fantasma, y dieron voces; 50Porque todos le veían, y se turbaron. Mas luego habló con ellos, y les dijo: Alentaos; yo soy, no temáis. 51Y subió a ellos en el barco, y calmó el viento: y ellos en gran manera estaban fuera de sí, y se maravillaban: 52Porque aun no habían considerado lo de los panes, por cuanto estaban ofuscados sus corazones. 53Y cuando estuvieron de la otra parte, vinieron a tierra de Genezaret, y tomaron puerto. 54Y saliendo ellos del barco, luego le conocieron. 55Y recorriendo toda la tierra de alrededor, comenzaron a traer de todas partes enfermos en lechos, a donde oían que estaba. 56Y donde quiera que entraba, en aldeas, o ciudades, o heredades, ponían en las calles a los que estaban enfermos, y le rogaban que tocasen siquiera el borde de su vestido; y todos los que le tocaban quedaban sanos.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Jueces 7 · Hechos 11
Personales
Jeremías 20 · Marcos 6