Lectura 1 de 4 · En familia
Jueces 8
1Y los de Ephraim le dijeron: ¿Qué es esto que has hecho con nosotros, no llamándonos cuando ibas a la guerra contra Madián? Y reconviniéronlo fuertemente. 2A los cuales él respondió: ¿Qué he hecho yo ahora como vosotros? ¿No es el rebusco de Ephraim mejor que la vendimia de Abiezer? 3Dios ha entregado en vuestras manos a Oreb y a Zeeb, príncipes de Madián: ¿y qué pude yo hacer como vosotros? Entonces el enojo de ellos contra él se aplacó, luego que él habló esta palabra. 4Y vino Gedeón al Jordán para pasar, él y los trescientos hombres que traía consigo, cansados del alcance. 5Y dijo a los de Succoth: Yo os ruego que deis a la gente que me sigue algunos bocados de pan; porque están cansados, y yo persigo a Zeba y a Zalmunna, reyes de Madián. 6Y los principales de Succoth respondieron: ¿Está ya la mano de Zeba y Zalmunna en tu mano, para que hayamos nosotros de dar pan a tu ejército? 7Y Gedeón dijo: Pues cuando Jehová hubiere entregado en mi mano a Zeba y a Zalmunna, yo trillaré vuestra carne con espinas y abrojos del desierto. 8Y de allí subió a Penuel, y hablóles las mismas palabras. Y los de Penuel le respondieron como habían respondido los de Succoth. 9Y él habló también a los de Penuel, diciendo: Cuando yo tornare en paz, derribaré esta torre. 10Y Zeba y Zalmunna estaban en Carcor, y con ellos su ejército de como quince mil hombres, todos los que habían quedado de todo el campo de los orientales: y los muertos habían sido ciento veinte mil hombres que sacaban espada. 11Y subiendo Gedeón hacia los que habitaban en tiendas, a la parte oriental de Noba y de Jogbea, hirió el campo, porque estaba el ejército sin recelo. 12Y huyendo Zeba y Zalmunna, él los siguió; y tomados los dos reyes de Madián, Zeba y Zalmunna, espantó a todo el ejército. 13Y Gedeón hijo de Joas volvió de la batalla antes que el sol subiese; 14Y tomó un mozo de los de Succoth, y preguntándole, él le dio por escrito los principales de Succoth y sus ancianos, setenta y siete varones. 15Y entrando a los de Succoth, dijo: He aquí a Zeba y a Zalmunna, sobre los cuales me zaheristeis, diciendo: ¿Está ya la mano de Zeba y de Zalmunna en tu mano, para que demos nosotros pan a tus hombres cansados? 16Y tomó a los ancianos de la ciudad, y espinas y abrojos del desierto, y castigó con ellos a los de Succoth. 17Asimismo derribó la torre de Penuel, y mató a los de la ciudad. 18Luego dijo a Zeba y a Zalmunna: ¿Qué manera de hombres tenían aquellos que matasteis en Tabor? Y ellos respondieron: Como tú, tales eran aquellos ni más ni menos, que parecían hijos de rey. 19Y él dijo: Mis hermanos eran, hijos de mi madre: ¡Vive Jehová, que si los hubierais guardado en vida, yo no os mataría! 20Y dijo a Jether su primogénito: Levántate, y mátalos. Mas el joven no desenvainó su espada, porque tenía temor; que aun era muchacho. 21Entonces dijo Zeba y Zalmunna: Levántate tú, y mátanos; porque como es el varón, tal es su valentía. Y Gedeón se levantó, y mató a Zeba y a Zalmunna; y tomó los adornos de lunetas que sus camellos traían al cuello. 22Y los Israelitas dijeron a Gedeón: Sé nuestro señor, tú, y tu hijo, y tu nieto; pues que nos has librado de mano de Madián. 23Mas Gedeón respondió: No seré señor sobre vosotros, ni mi hijo os señoreará: Jehová será vuestro Señor. 24Y díjoles Gedeón: Deseo haceros una petición, que cada uno me dé los zarcillos de su despojo. (Porque traían zarcillos de oro, que eran Ismaelitas.) 25Y ellos respondieron: De buena gana los daremos. Y tendiendo una ropa de vestir, echó allí cada uno los zarcillos de su despojo. 26Y fue el peso de los zarcillos de oro que él pidió, mil y setecientos siclos de oro; sin las planchas, y joyeles, y vestidos de púrpura, que traían los reyes de Madián, y sin los collares que traían sus camellos al cuello. 27Y Gedeón hizo de ellos un ephod, el cual hizo guardar en su ciudad de Ophra: y todo Israel fornicó tras de ese ephod en aquel lugar; y fue por tropiezo a Gedeón y a su casa. 28Así fue humillado Madián delante de los hijos de Israel, y nunca más levantaron su cabeza. Y reposó la tierra cuarenta años en los días de Gedeón. 29Y Jerobaal hijo de Joas fue, y habitó en su casa. 30Y tuvo Gedeón setenta hijos que salieron de su muslo, porque tuvo muchas mujeres. 31Y su concubina que estaba en Sichêm, también le parió un hijo; y púsole por nombre Abimelech. 32Y murió Gedeón hijo de Joas en buena vejez, y fue sepultado en el sepulcro de su padre Joas, en Ophra de los Abiezeritas. 33Y aconteció que como murió Gedeón, los hijos de Israel tornaron, y fornicaron en pos de los Baales, y se pusieron por Dios a Baal-berith. 34Y no se acordaron los hijos de Israel de Jehová su Dios, que los había librado de todos sus enemigos alrededor: 35Ni hicieron misericordia con la casa de Jerobaal Gedeón, conforme a todo el bien que él había hecho a Israel.
Lectura 2 de 4 · En familia
Hechos 12
1Y en el mismo tiempo el rey Herodes echó mano a maltratar algunos de la iglesia. 2Y mató a cuchillo a Jacobo, hermano de Juan. 3Y viendo que había agradado a los Judíos, pasó adelante para prender también a Pedro. Eran entonces los días de los ázimos. 4Y habiéndole preso, púsole en la cárcel, entregándole a cuatro cuaterniones de soldados que le guardasen; queriendo sacarle al pueblo después de la Pascua. 5Así que, Pedro era guardado en la cárcel; y la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él. 6Y cuando Herodes le había de sacar, aquella misma noche estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, preso con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta, que guardaban la cárcel. 7Y he aquí, el ángel del Señor sobrevino, y una luz resplandeció en la cárcel; e hiriendo a Pedro en el lado, le despertó, diciendo: Levántate prestamente. Y las cadenas se le cayeron de las manos. 8Y le dijo el ángel: Cíñete, y átate tus sandalias. Y lo hizo así. Y le dijo: Rodéate tu ropa, y sígueme. 9Y saliendo, le seguía; y no sabía que era verdad lo que hacía el ángel, mas pensaba que veía visión. 10Y como pasaron la primera y la segunda guardia, vinieron a la puerta de hierro que va a la ciudad, la cual se les abrió de suyo: y salidos, pasaron una calle; y luego el ángel se apartó de él. 11Entonces Pedro, volviendo en sí, dijo: Ahora entiendo verdaderamente que el Señor ha enviado su ángel, y me ha librado de la mano de Herodes, y de todo el pueblo de los Judíos que me esperaba. 12Y habiendo considerado esto, llegó a casa de María la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban juntos orando. 13Y tocando Pedro a la puerta del patio, salió una muchacha, para escuchar, llamada Rhode: 14La cual como conoció la voz de Pedro, de gozo no abrió el postigo, sino corriendo adentro, dio nueva de que Pedro estaba al postigo. 15Y ellos le dijeron: Estás loca. Mas ella afirmaba que así era. Entonces ellos decían: Su ángel es. 16Mas Pedro perseveraba en llamar: y cuando abrieron, viéronle, y se espantaron. 17Mas él haciéndoles con la mano señal de que callasen, les contó cómo el Señor le había sacado de la cárcel. Y dijo: Haced saber esto a Jacobo y a los hermanos. Y salió, y partió a otro lugar. 18Luego que fue de día, hubo no poco alboroto entre los soldados sobre qué se había hecho de Pedro. 19Mas Herodes, como le buscó y no le halló, hecha inquisición de los guardas, los mandó llevar. Después descendiendo de Judea a Cesarea, se quedó allí. 20Y Herodes estaba enojado contra los de Tiro y los de Sidón: mas ellos vinieron concordes a él, y sobornado Blasto, que era el camarero del rey, pedían paz; porque las tierras de ellos eran abastecidas por las del rey. 21Y un día señalado, Herodes vestido de ropa real, se sentó en el tribunal, y arengóles. 22Y el pueblo aclamaba: Voz de Dios, y no de hombre. 23Y luego el ángel del Señor le hirió, por cuanto no dio la gloria a Dios; y espiró comido de gusanos. 24Mas la palabra del Señor crecía y era multiplicada. 25Y Bernabé y Saulo volvieron de Jerusalem cumplido su servicio, tomando también consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos.
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Jeremías 21
1Palabra que fue a Jeremías de Jehová, cuando el rey Sedechîas envió a él a Pashur hijo de Malchîas, y a Sephanías sacerdote, hijo de Maasías, que le dijesen: 2Pregunta ahora por nosotros a Jehová; porque Nabucodonosor rey de Babilonia hace guerra contra nosotros: quizá Jehová hará con nosotros según todas sus maravillas, y aquel se irá de sobre nosotros. 3Y Jeremías les dijo: Diréis así a Sedechîas: 4Así ha dicho Jehová Dios de Israel: He aquí yo vuelvo las armas de guerra que están en vuestras manos, y con que vosotros peleáis con el rey de Babilonia; y los Caldeos que os tienen cercados fuera de la muralla, yo los juntaré en medio de esta ciudad. 5Y pelearé contra vosotros con mano alzada y con brazo fuerte, y con furor, y enojo, e ira grande: 6Y heriré los moradores de esta ciudad; y los hombres y las bestias morirán de pestilencia grande. 7Y después, así dice Jehová, entregaré a Sedechîas rey de Judá, y a sus criados, y al pueblo, y a los que quedaren en la ciudad de la pestilencia, y del cuchillo, y del hambre, en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, y en mano de sus enemigos, y en mano de los que buscan sus almas; y él los herirá a filo de espada; no los perdonará, ni los recibirá a merced, ni tendrá de ellos misericordia. 8Y a este pueblo dirás: Así ha dicho Jehová: He aquí pongo delante de vosotros camino de vida y camino de muerte. 9El que se quedare en esta ciudad, morirá a cuchillo, o de hambre, o pestilencia: mas el que saliere, y se pasare a los Caldeos que os tienen cercados, vivirá, y su vida le será por despojo. 10Porque mi rostro he puesto contra esta ciudad para mal, y no para bien, dice Jehová: en mano del rey de Babilonia será entregada, y quemarála a fuego. 11Y a la casa del rey de Judá dirás: Oid palabra de Jehová. 12Casa de David, así dijo Jehová: Juzgad de mañana juicio, y librad al oprimido de mano del opresor; porque mi ira no salga como fuego, y se encienda, y no haya quien apague, por la maldad de vuestras obras. 13He aquí yo contra ti, moradora del valle de la piedra de la llanura, dice Jehová: los que decís: ¿Quién subirá contra nosotros? ¿y quién entrará en nuestras moradas? 14Yo os visitaré conforme al fruto de vuestras obras, dice Jehová, y haré encender fuego en su breña, y consumirá todo lo que está alrededor de ella.
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Marcos 7
1Y se juntaron a él los Fariseos, y algunos de los escribas, que habían venido de Jerusalem; 2Los cuales, viendo a algunos de sus discípulos comer pan con manos comunes, es a saber, no lavadas, los condenaban. 3(Porque los Fariseos y todos los Judíos, teniendo la tradición de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen. 4Y volviendo de la plaza, si no se lavaren, no comen. Y otras muchas cosas hay, que tomaron para guardar, como las lavaduras de los vasos de beber, y de los jarros, y de los vasos de metal, y de los lechos.) 5Y le preguntaron los Fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme a la tradición de los ancianos, sino que comen pan con manos comunes? 6Y respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo con los labios me honra, mas su corazón lejos está de mí. 7Y en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. 8Porque dejando el mandamiento de Dios, tenéis la tradición de los hombres; las lavaduras de los jarros y de los vasos de beber: y hacéis otras muchas cosas semejantes. 9Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición. 10Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y: El que maldijere al padre o a la madre, morirá de muerte. 11Y vosotros decís: Basta si dijere un hombre al padre o la madre: Es Corbán (quiere decir, don mío a Dios) todo aquello con que pudiera valerte; 12Y no le dejáis hacer más por su padre o por su madre, 13Invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que disteis: y muchas cosas hacéis semejantes a estas. 14Y llamando a toda la multitud, les dijo: Oidme todos, y entended: 15Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar: mas lo que sale de él, aquello es lo que contamina al hombre. 16Si alguno tiene oídos para oir, oiga. 17Y apartado de la multitud, habiendo entrado en casa, le preguntaron sus discípulos sobre la parábola. 18Y díjoles: ¿También vosotros estáis así sin entendimiento? ¿No entendéis que todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar; 19Porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y sale a la secreta? Esto decía, haciendo limpias todas las viandas. 20Mas decía, que lo que del hombre sale, aquello contamina al hombre. 21Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, 22Los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, las desvergüenzas, el ojo maligno, las injurias, la soberbia, la insensatez. 23Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre. 24Y levantándose de allí, se fue a los términos de Tiro y de Sidón; y entrando en casa, quiso que nadie lo supiese; mas no pudo esconderse. 25Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo, luego que oyó de él, vino y se echó a sus pies. 26Y la mujer era Griega, Sirofenisa de nación; y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio. 27Mas Jesús le dijo: Deja primero hartarse los hijos, porque no es bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos. 28Y respondió ella, y le dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos. 29Entonces le dice: Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija. 30Y como fue a su casa, halló que el demonio había salido, y a la hija echada sobre la cama. 31Y volviendo a salir de los términos de Tiro, vino por Sidón a la mar de Galilea, por mitad de los términos de Decápolis. 32Y le traen un sordo y tartamudo, y le ruegan que le ponga la mano encima. 33Y tomándole aparte de la gente, metió sus dedos en las orejas de él, y escupiendo, tocó su lengua; 34Y mirando al cielo, gimió, y le dijo: Ephphatha: que es decir: Sé abierto. 35Y luego fueron abiertos sus oídos, y fue desatada la ligadura de su lengua, y hablaba bien. 36Y les mandó que no lo dijesen a nadie; pero cuanto más les mandaba, tanto más y más lo divulgaban. 37Y en gran manera se maravillaban, diciendo: Bien lo ha hecho todo: hace a los sordos oir, y a los mudos hablar.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Jueces 8 · Hechos 12
Personales
Jeremías 21 · Marcos 7