Lectura 1 de 4 · En familia
2 Reyes 5
1Naamán, general del ejército del rey de Siria, era gran varón delante de su señor, y en alta estima, porque por medio de él había dado Jehová salvamento a la Siria. Era este hombre valeroso en extremo, pero leproso. 2Y de Siria habían salido cuadrillas, y habían llevado cautiva de la tierra de Israel una muchacha; la cual sirviendo a la mujer de Naamán, 3Dijo a su señora: Si rogase mi señor al profeta que está en Samaria, él lo sanaría de su lepra. 4Y entrando Naamán a su señor, declaróselo, diciendo: Así y así ha dicho una muchacha que es de la tierra de Israel. 5Y díjole el rey de Siria: Anda, ve, y yo enviaré letras al rey de Israel. Partió pues él, llevando consigo diez talentos de plata, y seis mil piezas de oro, y diez mudas de vestidos. 6Tomó también letras para el rey de Israel, que decían así: Luego en llegando a ti estas letras, sabe por ellas que yo envío a ti mi siervo Naamán, para que lo sanes de su lepra. 7Y luego que el rey de Israel leyó las cartas, rasgó sus vestidos, y dijo: ¿Soy yo Dios, que mate y dé vida, para que este envíe a mí a que sane un hombre de su lepra? Considerad ahora, y ved cómo busca ocasión contra mí. 8Y como Eliseo, varón de Dios oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestidos, envió a decir al rey: ¿Por qué has rasgado tus vestidos? Venga ahora a mí, y sabrá que hay profeta en Israel. 9Y vino Naamán con sus caballos y con su carro, y paróse a las puertas de la casa de Eliseo. 10Entonces Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Ve, y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio. 11Y Naamán se fue enojado, diciendo: He aquí yo decía para mí: Saldrá él luego, y estando en pie invocará el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano, y tocará el lugar, y sanará la lepra. 12Abana y Pharphar, ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Si me lavare en ellos, ¿no seré también limpio? Y volvióse, y fuése enojado. 13Mas sus criados se llegaron a él, y habláronle, diciendo: Padre mío, si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿no la hicieras? ¿cuánto más, diciéndote: Lávate, y serás limpio? 14El entonces descendió, y zambullóse siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios: y su carne se volvió como la carne de un niño, y fue limpio. 15Y volvió al varón de Dios, él y toda su compañía, y púsose delante de él, y dijo: He aquí ahora conozco que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israel. Ruégote que recibas algún presente de tu siervo. 16Mas él dijo: Vive Jehová, delante del cual estoy, que no lo tomaré. E importunándole que tomase, él nunca quiso. 17Entonces Naamán dijo: Ruégote pues, ¿no se dará a tu siervo una carga de un par de acémilas de aquesta tierra? porque de aquí adelante tu siervo no sacrificará holocausto ni sacrificio a otros dioses, sino a Jehová. 18En esto perdone Jehová a tu siervo: que cuando mi señor entrare en el templo de Rimmón, y para adorar en él se apoyare sobre mi mano, si yo también me inclinare en el templo de Rimmón, si en el templo de Rimmón me inclino, Jehová perdone en esto a tu siervo. 19Y él le dijo: Vete en paz. Partióse pues de él, y caminó como el espacio de una milla. 20Entonces Giezi, criado de Eliseo el varón de Dios, dijo entre sí: He aquí mi señor estorbó a este Siro Naamán, no tomando de su mano las cosas que había traído. Vive Jehová, que correré yo tras él, y tomaré de él alguna cosa. 21Y siguió Giezi a Naamán: y como le vio Naamán que venía corriendo tras él, apeóse del carro para recibirle, y dijo: ¿Va bien? 22Y él dijo: Bien. Mi señor me envía a decir: He aquí vinieron a mí en esta hora del monte de Ephraim dos mancebos de los hijos de los profetas: ruégote que les des un talento de plata, y sendas mudas de vestidos. 23Y Naamán dijo: Ruégote que tomes dos talentos. Y él le constriñó, y ató dos talentos de plata en dos sacos, y dos mudas de vestidos, y púsolo a cuestas a dos de sus criados, que lo llevasen delante de él. 24Y llegado que hubo a un lugar secreto, él lo tomó de mano de ellos, y guardólo en casa: luego mandó a los hombres que se fuesen. 25Y él entró, y púsose delante de su señor. Y Eliseo le dijo: ¿De dónde vienes, Giezi? Y él dijo: Tu siervo no ha ido a ninguna parte. 26El entonces le dijo: ¿No fue también mi corazón, cuando el hombre volvió de su carro a recibirte? ¿es tiempo de tomar plata, y de tomar vestidos, olivares, viñas, ovejas, bueyes, siervos y siervas? 27La lepra de Naamán se te pegará a ti, y a tu simiente para siempre. Y salió de delante de él leproso, blanco como la nieve.
Lectura 2 de 4 · En familia
1 Timoteo 2
1Amonesto pues, ante todas cosas, que se hagan rogativas, oraciones, peticiones, hacimientos de gracias, por todos los hombres; 2Por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. 3Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador; 4El cual quiere que todos los hombres sean salvos, y que vengan al conocimiento de la verdad. 5Porque hay un Dios, asimismo un mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre; 6El cual se dio a sí mismo en precio del rescate por todos, para testimonio en sus tiempos: 7De lo que yo soy puesto por predicador y apóstol, (digo verdad en Cristo, no miento) doctor de los Gentiles en fidelidad y verdad. 8Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos limpias, sin ira ni contienda. 9Asimismo también las mujeres, ataviándose en hábito honesto, con vergüenza y modestia; no con cabellos encrespados, u oro, o perlas, o vestidos costosos, 10Sino de buenas obras, como conviene a mujeres que profesan piedad. 11La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. 12Porque no permito a la mujer enseñar, ni tomar autoridad sobre el hombre, sino estar en silencio. 13Porque Adam fue formado el primero, después Eva; 14Y Adam no fue engañado, sino la mujer, siendo seducida, vino a ser envuelta en transgresión: 15Empero se salvará engendrando hijos, si permaneciere en la fe y caridad y santidad, con modestia.
Lectura 3 de 4 · Personal
Daniel 9
1En el año primero de Darío hijo de Assuero, de la nación de los Medos, el cual fue puesto por rey sobre el reino de los Caldeos; 2En el año primero de su reinado, yo Daniel miré atentamente en los libros el número de los años, del cual habló Jehová al profeta Jeremías, que había de concluir la asolación de Jerusalem en setenta años. 3Y volví mi rostro al Señor Dios, buscándole en oración y ruego, en ayuno, y cilicio, y ceniza. 4Y oré a Jehová mi Dios, y confesé, y dije: Ahora Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos; 5Hemos pecado, hemos hecho iniquidad, hemos obrado impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus juicios. 6No hemos obedecido a tus siervos los profetas, que en tu nombre hablaron a nuestros reyes, y a nuestros príncipes, a nuestros padres, y a todo el pueblo de la tierra. 7Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la confusión de rostro, como en el día de hoy a todo hombre de Judá, y a los moradores de Jerusalem, y a todo Israel, a los de cerca y a los de lejos, en todas las tierras a donde los has echado a causa de su rebelión con que contra ti se rebelaron. 8Oh Jehová, nuestra es la confusión de rostro, de nuestros reyes, de nuestros príncipes, y de nuestros padres; porque contra ti pecamos. 9De Jehová nuestro Dios es el tener misericordia, y el perdonar, aunque contra él nos hemos rebelado; 10Y no obedecimos a la voz de Jehová nuestro Dios, para andar en sus leyes, las cuales puso él delante de nosotros por mano de sus siervos los profetas. 11Y todo Israel traspasó tu ley apartándose para no oir tu voz: por lo cual ha fluído sobre nosotros la maldición, y el juramento que está escrito en la ley de Moisés, siervo de Dios; porque contra él pecamos. 12Y él ha verificado su palabra que habló sobre nosotros, y sobre nuestros jueces que nos gobernaron, trayendo sobre nosotros tan grande mal; que nunca fue hecho debajo del cielo como el que fue hecho en Jerusalem. 13Según está escrito en la ley de Moisés, todo aqueste mal vino sobre nosotros: y no hemos rogado a la faz de Jehová nuestro Dios, para convertirnos de nuestras maldades, y entender tu verdad. 14Veló por tanto Jehová sobre el mal, y trájolo sobre nosotros; porque justo es Jehová nuestro Dios en todas sus obras que hizo, porque no obedecimos a su voz. 15Ahora pues, Señor Dios nuestro, que sacaste tu pueblo de la tierra de Egipto con mano poderosa, y te hiciste nombre cual en este día; hemos pecado, impíamente hemos hecho. 16Oh Señor, según todas tus justicias, apártese ahora tu ira y tu furor de sobre tu ciudad Jerusalem, tu santo monte: porque a causa de nuestros pecados, y por la maldad de nuestros padres, Jerusalem y tu pueblo dados son en oprobio a todos en derredor nuestro. 17Ahora pues, Dios nuestro, oye la oración de tu siervo, y sus ruegos, y haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario asolado, por amor del Señor. 18Inclina, oh Dios mío, tu oído, y oye; abre tus ojos, y mira nuestros asolamientos, y la ciudad sobre la cual es llamado tu nombre: porque no derramamos nuestros ruegos ante tu acatamiento confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas miseraciones. 19Oye, Señor; oh Señor, perdona; presta oído, Señor, y haz; no pongas dilación, por amor de ti mismo, Dios mío: porque tu nombre es llamado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo. 20Aun estaba hablando, y orando, y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, y derramaba mi ruego delante de Jehová mi Dios por el monte santo de mi Dios; 21Aun estaba hablando en oración, y aquel varón Gabriel, al cual había visto en visión al principio, volando con presteza, me tocó como a la hora del sacrificio de la tarde. 22E hízome entender, y habló conmigo, y dijo: Daniel, ahora he salido para hacerte entender la declaración. 23Al principio de tus ruegos salió la palabra, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres varón de deseos. Entiende pues la palabra, y entiende la visión. 24Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para acabar la prevaricación, y concluir el pecado, y expiar la iniquidad; y para traer la justicia de los siglos, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos. 25Sepas pues y entiendas, que desde la salida de la palabra para restaurar y edificar a Jerusalem hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; tornaráse a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos. 26Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, y no por sí: y el pueblo de un príncipe que ha de venir, destruirá a la ciudad y el santuario; con inundación será el fin de ella, y hasta el fin de la guerra será talada con asolamientos. 27Y en otra semana confirmará el pacto a muchos, y a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda: después con la muchedumbre de las abominaciones será el desolar, y esto hasta una entera consumación; y derramaráse la ya determinada sobre el pueblo asolado.
Lectura 4 de 4 · Personal
Salmos 117-118 (cap. 117)
1Alabad a Jehová, naciones todas; pueblos todos, alabadle. 2Porque ha engrandecido sobre nosotros su misericordia; y la verdad de Jehová es para siempre. Aleluya.
Lectura 4 de 4 · Personal
Salmos 117-118 (cap. 118)
1Alabad a Jehová, porque es bueno; porque para siempre es su misericordia. 2Diga ahora Israel: Que para siempre es su misericordia. 3Diga ahora la casa de Aarón: Que para siempre es su misericordia. 4Digan ahora los que temen a Jehová: Que para siempre es su misericordia. 5Desde la angustia invoqué a JAH; y respondióme JAH, poniéndome en anchura. 6Jehová está por mí: no temeré lo que me pueda hacer el hombre. 7Jehová está por mí entre los que me ayudan: por tanto yo veré mi deseo en los que me aborrecen. 8Mejor es esperar en Jehová que esperar en hombre. 9Mejor es esperar en Jehová que esperar en príncipes. 10Todas las gentes me cercaron: en nombre de Jehová, que yo los romperé. 11Cercáronme y asediáronme: en nombre de Jehová, que yo los romperé. 12Cercáronme como abejas; fueron apagados como fuegos de espinos: en nombre de Jehová, que yo los romperé. 13Empujásteme con violencia para que cayese: empero ayudóme Jehová. 14Mi fortaleza y mi canción es JAH; y él me ha sido por salud. 15Voz de júbilo y de salvación hay en las tiendas de los justos: la diestra de Jehová hace proezas. 16La diestra de Jehová sublime: la diestra de Jehová hace valentías. 17No moriré, sino que viviré, y contaré las obras de JAH. 18Castigóme gravemente JAH: mas no me entregó a la muerte. 19Abridme las puertas de la justicia: entraré por ellas, alabaré a JAH. 20Esta puerta de Jehová, por ella entrarán los justos. 21Te alabaré, porque me has oído, y me fuiste por salud. 22La piedra que desecharon los edificadores, ha venido a ser cabeza del ángulo. 23De parte de Jehová es esto: es maravilla en nuestros ojos. 24Este es el día que hizo Jehová: nos gozaremos y alegraremos en él. 25Oh Jehová, salva ahora, te ruego: oh Jehová, ruégote hagas prosperar ahora. 26Bendito el que viene en nombre de Jehová: desde la casa de Jehová os bendecimos. 27Dios es Jehová que nos ha resplandecido: atad víctimas con cuerdas a los cuernos del altar. 28Mi Dios eres tú, y a ti alabaré: Dios mío, a ti ensalzaré. 29Alabad a Jehová porque es bueno; porque para siempre es su misericordia.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
2 Reyes 5 · 1 Timoteo 2
Personales
Daniel 9 · Salmos 117-118