Lectura 1 de 4 · En familia
1 Samuel 17
1Y los Filisteos juntaron sus ejércitos para la guerra, y congregáronse en Sochô, que es de Judá, y asentaron el campo entre Sochô y Azeca, en Ephes-dammim. 2Y también Saúl y los hombres de Israel se juntaron, y asentaron el campo en el valle del Alcornoque, y ordenaron la batalla contra los Filisteos. 3Y los Filisteos estaban sobre el un monte de la una parte, e Israel estaba sobre el otro monte de la otra parte, y el valle entre ellos: 4Salió entonces un varón del campo de los Filisteos que se puso entre los dos campos, el cual se llamaba Goliath, de Gath, y tenía de altura seis codos y un palmo. 5Y traía un almete de acero en su cabeza, e iba vestido con corazas de planchas: y era el peso de la coraza cinco mil siclos de metal: 6Y sobre sus piernas traía grebas de hierro, y escudo de acero a sus hombros. 7El asta de su lanza era como un enjullo de telar, y tenía el hierro de su lanza seiscientos siclos de hierro: e iba su escudero delante de él. 8Y paróse, y dio voces a los escuadrones de Israel, diciéndoles: ¿Para qué salís a dar batalla? ¿no soy yo el Filisteo, y vosotros los siervos de Saúl? Escoged de entre vosotros un hombre que venga contra mí: 9Si él pudiere pelear conmigo, y me venciere, nosotros seremos vuestros siervos: y si yo pudiere más que él, y lo venciere, vosotros seréis nuestros siervos y nos serviréis. 10Y añadió el Filisteo: Hoy yo he desafiado el campo de Israel; dadme un hombre que pelee conmigo. 11Y oyendo Saúl y todo Israel estas palabras del Filisteo, conturbáronse, y tuvieron gran miedo. 12Y David era hijo de aquel hombre Ephrateo de Beth-lehem de Judá, cuyo nombre era Isaí, el cual tenía ocho hijos; y era este hombre en el tiempo de Saúl, viejo, y de grande edad entre los hombres. 13Y los tres hijos mayores de Isaí habían ido a seguir a Saúl en la guerra. Y los nombres de sus tres hijos que habían ido a la guerra, eran, Eliab el primogénito, el segundo Abinadab, y el tercero Samma. 14Y David era el menor. Siguieron pues los tres mayores a Saúl. 15Empero David había ido y vuelto de con Saúl, para apacentar las ovejas de su padre en Beth-lehem. 16Venía pues aquel Filisteo por la mañana y a la tarde, y presentóse por cuarenta días. 17Y dijo Isaí a David su hijo: Toma ahora para tus hermanos un epha de este grano tostado, y estos diez panes, y llévalo presto al campamento a tus hermanos. 18Llevarás asimismo estos diez quesos de leche al capitán, y cuida de ver si tus hermanos están buenos, y toma prendas de ellos. 19Y Saúl y ellos y todos lo de Israel, estaban en el valle del Alcornoque, peleando con los Filisteos. 20Levantóse pues David de mañana, y dejando las ovejas al cuidado de un guarda, fuése con su carga, como Isaí le había mandado; y llegó al atrincheramiento del ejército, el cual había salido en ordenanza, y tocaba alarma para la pelea. 21Porque así los Israelitas como los Filisteos estaban en ordenanza, escuadrón contra escuadrón. 22Y David dejó de sobre sí la carga en mano del que guardaba el bagaje, y corrió al escuadrón; y llegado que hubo, preguntaba por sus hermanos, si estaban buenos. 23Y estando él hablando con ellos, he aquí aquel varón que se ponía en medio de los dos campos, que se llamaba Goliath, el Filisteo de Gath, salió de los escuadrones de los Filisteos, y habló las mismas palabras; las cuales oyó David. 24Y todos los varones de Israel que veían aquel hombre, huían de su presencia, y tenían gran temor. 25Y cada uno de los de Israel decía: ¿No habéis visto aquel hombre que ha salido? él se adelanta para provocar a Israel. Al que le venciere, el rey le enriquecerá con grandes riquezas, y le dará su hija, y hará franca la casa de su padre en Israel. 26Entonces habló David a los que junto a él estaban, diciendo: ¿Qué harán al hombre que venciere a este Filisteo, y quitare el oprobio de Israel? Porque ¿quién es este Filisteo incircunciso, para que provoque a los escuadrones del Dios viviente? 27Y el pueblo le respondió las mismas palabras, diciendo: Así se hará al hombre que lo venciere. 28Y oyéndole hablar Eliab su hermano mayor con aquellos hombres, Eliab se encendió en ira contra David, y dijo: ¿Para qué has descendido acá? ¿y a quién has dejado aquellas pocas ovejas en el desierto? Yo conozco tu soberbia y la malicia de tu corazón, que para ver la batalla has venido. 29Y David respondió: ¿Qué he hecho yo ahora? Estas, ¿no son palabras? 30Y apartándose de él hacia otros, habló lo mismo; y respondiéronle los del pueblo como primero. 31Y fueron oídas las palabras que David había dicho, las cuales como refiriesen delante de Saúl, él lo hizo venir. 32Y dijo David a Saúl: No desmaye ninguno a causa de él; tu siervo irá y peleará con este Filisteo. 33Y dijo Saúl a David: No podrás tú ir contra aquel Filisteo, para pelear con él; porque tú eres mozo, y él un hombre de guerra desde su juventud. 34Y David respondió a Saúl: Tu siervo era pastor en las ovejas de su padre, y venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, 35Y salía yo tras él, y heríalo, y librábale de su boca: y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y mataba. 36Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; pues este Filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios viviente. 37Y añadió David: Jehová que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este Filisteo. Y dijo Saúl a David: Ve, y Jehová sea contigo. 38Y Saúl vistió a David de sus ropas, y puso sobre su cabeza un almete de acero, y armóle de coraza. 39Y ciñó David su espada sobre sus vestidos, y probó a andar, porque nunca había probado. Y dijo David a Saúl: Yo no puedo andar con esto, porque nunca lo practiqué. Y echando de sí David aquellas cosas, 40Tomó su cayado en su mano, y escogióse cinco piedras lisas del arroyo, y púsolas en el saco pastoril y en el zurrón que traía, y con su honda en su mano vase hacia el Filisteo. 41Y el Filisteo venía andando y acercándose a David, y su escudero delante de él. 42Y como el Filisteo miró y vio a David túvole en poco; porque era mancebo, y rubio, y de hermoso parecer. 43Y dijo el Filisteo a David: ¿Soy yo perro para que vengas a mí con palos? Y maldijo a David por sus dioses. 44Dijo luego el Filisteo a David: Ven a mí, y daré tu carne a las aves del cielo, y a las bestias del campo. 45Entonces dijo David al Filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y escudo; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, que tú has provocado. 46Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y quitaré tu cabeza de ti: y daré hoy los cuerpos de los Filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra: y sabrá la tierra toda que hay Dios en Israel. 47Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y lanza; porque de Jehová es la guerra, y él os entregará en nuestras manos. 48Y aconteció que, como el Filisteo se levantó para ir y llegarse contra David, David se dio priesa, y corrió al combate contra el Filisteo. 49Y metiendo David su mano en el saco, tomó de allí una piedra, y tirósela con la honda, e hirió al Filisteo en la frente: y la piedra quedó hincada en la frente, y cayó en tierra sobre su rostro. 50Así venció David al Filisteo con honda y piedra; e hirió al Filisteo y matólo, sin tener David espada en su mano. 51Mas corrió David y púsose sobre el Filisteo, y tomando la espada de él, sacándola de su vaina, matólo, y cortóle con ella la cabeza. Y como los Filisteos vieron su gigante muerto, huyeron. 52Y levantándose los de Israel y de Judá, dieron grita, y siguieron a los Filisteos hasta llegar al valle, y hasta las puertas de Ecrón. Y cayeron heridos de los Filisteos por el camino de Saraim, hasta Gath y Ecrón. 53Tornando luego los hijos de Israel de seguir los Filisteos, despojaron su campamento. 54Y David tomó la cabeza del Filisteo, y trájola a Jerusalem, mas puso sus armas en su tienda. 55Y cuando Saúl vio a David que salía a encontrarse con el Filisteo, dijo a Abner general del ejército: Abner, ¿de quién es hijo aquel mancebo? Y Abner respondió: 56Vive tu alma, oh rey, que no lo sé. Y el rey dijo: Pregunta pues de quién es hijo aquel mancebo. 57Y cuando David volvía de matar al Filisteo, Abner lo tomó, y llevólo delante de Saúl, teniendo la cabeza del Filisteo en su mano. 58Y díjole Saúl: Mancebo, ¿de quién eres hijo? Y David respondió: Yo soy hijo de tu siervo Isaí de Beth-lehem.
Lectura 2 de 4 · En familia
Romanos 15
1Así que, los que somos más firmes debemos sobrellevar las flaquezas de los flacos, y no agradarnos a nosotros mismos. 2Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en bien, a edificación. 3Porque Cristo no se agradó a sí mismo; antes bien, como está escrito: Los vituperios de los que te vituperan, cayeron sobre mí. 4Porque las cosas que antes fueron escritas, para nuestra enseñanza fueron escritas; para que por la paciencia, y por la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza. 5Mas el Dios de la paciencia y de la consolación os dé que entre vosotros seáis unánimes según Cristo Jesús; 6Para que concordes, a una boca glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. 7Por tanto, sobrellevaos los unos a los otros, como también Cristo nos sobrellevó, para gloria de Dios. 8Digo, pues, que Cristo Jesús fue hecho ministro de la circuncisión por la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres, 9Y para que los Gentiles glorifiquen a Dios por la misericordia; como está escrito: Por tanto yo te confesaré entre los Gentiles, y cantaré a tu nombre. 10Y otra vez dice: Alegraos, Gentiles, con su pueblo. 11Y otra vez: Alabad al Señor todos los Gentiles, y magnificadle, todos los pueblos. 12Y otra vez, dice Isaías: Estará la raíz de Jessé, y el que se levantará a regir los Gentiles: los Gentiles esperarán en él. 13Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz creyendo, para que abundéis en esperanza por la virtud del Espíritu Santo. 14Empero cierto estoy yo de vosotros, hermanos míos, que aun vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, de tal manera que podáis amonestaros los unos a los otros. 15Mas os he escrito, hermanos, en parte resueltamente, como amonestándoos por la gracia que de Dios me es dada, 16Para ser ministro de Jesucristo a los Gentiles, ministrando el evangelio de Dios, para que la ofrenda de los Gentiles sea agradable, santificada por el Espíritu Santo. 17Tengo, pues, de qué gloriarme en Cristo Jesús en lo que mira a Dios. 18Porque no osaría hablar alguna cosa que Cristo no haya hecho por mí para la obediencia de los Gentiles, con la palabra y con las obras, 19Con potencia de milagros y prodigios, en virtud del Espíritu de Dios: de manera que desde Jerusalem, y por los alrededores hasta Ilírico, he llenado todo del evangelio de Cristo. 20Y de esta manera me esforcé a predicar el evangelio, no donde antes Cristo fuese nombrado, por no edificar sobre ajeno fundamento: 21Sino, como está escrito: A los que no fue anunciado de él, verán: y los que no oyeron, entenderán. 22Por lo cual aun he sido impedido muchas veces de venir a vosotros. 23Mas ahora no teniendo más lugar en estas regiones, y deseando ir a vosotros muchos años ha, 24Cuando partiere para España, iré a vosotros; porque espero que pasando os veré, y que seré llevado de vosotros allá, si empero antes hubiere gozado de vosotros. 25Mas ahora parto para Jerusalem a ministrar a los santos. 26Porque Macedonia y Acaya tuvieron por bien hacer una colecta para los pobres de los santos que están en Jerusalem. 27Porque les pareció bueno, y son deudores a ellos: porque si los Gentiles han sido hechos participantes de sus bienes espirituales, deben también ellos servirles en los carnales. 28Así que, cuando hubiere concluído esto, y les hubiere consignado este fruto, pasaré por vosotros a España. 29Y sé que cuando llegue a vosotros, llegaré con abundancia de la bendición del evangelio de Cristo. 30Ruégoos empero, hermanos, por el Señor nuestro Jesucristo, y por la caridad del Espíritu, que me ayudéis con oraciones por mí a Dios, 31Que sea librado de los rebeldes que están en Judea, y que la ofrenda de mi servicio a los santos en Jerusalem sea acepta; 32Para que con gozo llegue a vosotros por la voluntad de Dios, y que sea recreado juntamente con vosotros. 33Y el Dios de paz sea con todos vosotros. Amén.
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Lamentaciones 2
1¡Cómo oscureció el Señor en su furor a la hija de Sion! Derribó del cielo a la tierra la hermosura de Israel, y no se acordó del estrado de sus pies en el día de su ira. 2Destruyó el Señor, y no perdonó; destruyó en su furor todas las tiendas de Jacob: echó por tierra las fortalezas de la hija de Judá, deslustró el reino y sus príncipes. 3Cortó con el furor de su ira todo el cuerno de Israel; hizo volver atrás su diestra delante del enemigo; y encendióse en Jacob como llama de fuego que ha devorado en contorno. 4Entesó su arco como enemigo, afirmó su mano derecha como adversario, y mató toda cosa hermosa a la vista: en la tienda de la hija de Sion derramó como fuego su enojo. 5Fue el Señor como enemigo, destruyó a Israel; destruyó todos sus palacios, disipó sus fortalezas: y multiplicó en la hija de Judá la tristeza y lamento. 6Y quitó su tienda como de un huerto, destruyó el lugar de su congregación: Jehová ha hecho olvidar en Sion solemnidades y sábados, y ha desechado en el furor de su ira rey y sacerdote. 7Desechó el Señor su altar, menospreció su santuario, ha entregado en mano del enemigo los muros de sus palacios: dieron grita en la casa de Jehová como en día de fiesta. 8Jehová determinó destruir el muro de la hija de Sion; extendió el cordel, no retrajo su mano de destruir: hizo pues, se lamentara el antemuro y el muro; fueron destruídos juntamente. 9Sus puertas fueron echadas por tierra, destruyó y quebrantó sus cerrojos: su rey y sus príncipes están entre las gentes donde no hay ley; sus profetas tampoco hallaron visión de Jehová. 10Sentáronse en tierra, callaron los ancianos de la hija de Sion; echaron polvo sobre sus cabezas, ciñéronse de saco; las vírgenes de Jerusalem bajaron sus cabezas a tierra. 11Mis ojos desfallecieron de lágrimas, rugieron mis entrañas, mi hígado se derramó por tierra por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo, cuando desfallecía el niño y el que mamaba, en las plazas de la ciudad. 12Decían a sus madres: ¿Dónde está el trigo y el vino? Desfallecían como heridos en las calles de la ciudad, derramando sus almas en el regazo de sus madres. 13¿Qué testigo te traeré, o a quién te haré semejante, hija de Jerusalem? ¿A quién te compararé para consolarte, oh virgen hija de Sion? Porque grande es tu quebrantamiento como la mar: ¿quién te medicinará? 14Tus profetas vieron para ti vanidad y locura; y no descubrieron tu pecado para estorbar tu cautiverio, sino que te predicaron vanas profecías y extravíos. 15Todos los que pasaban por el camino, batieron las manos sobre ti; silbaron, y movieron sus cabezas sobre la hija de Jerusalem, diciendo: ¿Es esta la ciudad que decían de perfecta hermosura, el gozo de toda la tierra? 16Todos tus enemigos abrieron sobre ti su boca, silbaron, y rechinaron los dientes; dijeron: Devoremos: cierto este es el día que esperábamos; lo hemos hallado, vímoslo. 17Jehová ha hecho lo que tenía determinado, ha cumplido su palabra que él había mandado desde tiempo antiguo: destruyó, y no perdonó; y alegró sobre ti al enemigo, y enalteció el cuerno de tus adversarios. 18El corazón de ellos clamaba al Señor: Oh muro de la hija de Sion, echa lágrimas como un arroyo día y noche; no descanses, ni cesen las niñas de tus ojos. 19Levántate, da voces en la noche, en el principio de las velas; derrama como agua tu corazón ante la presencia del Señor; alza tus manos a él por la vida de tus pequeñitos, que desfallecen de hambre en las entradas de todas las calles. 20Mira, oh Jehová, y considera a quién has hecho así. ¿Han de comer las mujeres su fruto, los pequeñitos de sus crías? ¿Han de ser muertos en el santuario del Señor el sacerdote y el profeta? 21Niños y viejos yacían por tierra en las calles; mis vírgenes y mis mancebos cayeron a cuchillo: mataste en el día de tu furor, degollaste, no perdonaste. 22Has llamado, como a día de solemnidad, mis temores de todas partes; y en el día del furor de Jehová no hubo quien escapase ni quedase vivo: los que crie y mantuve, mi enemigo los acabó.
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Salmo 33
1Alegraos, justos, en Jehová: a los rectos es hermosa la alabanza. 2Celebrad a Jehová con arpa: cantadle con salterio y decacordio. 3Cantadle canción nueva: hacedlo bien tañendo con júbilo. 4Porque recta es la palabra de Jehová, y toda su obra con verdad hecha. 5El ama justicia y juicio: de la misericordia de Jehová está llena la tierra. 6Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el espíritu de su boca. 7El junta como en un montón las aguas de la mar: él pone en depósitos los abismos. 8Tema a Jehová toda la tierra: teman de él todos los habitadores del mundo. 9Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió. 10Jehová hace nulo el consejo de las gentes, y frustra las maquinaciones de los pueblos. 11El consejo de Jehová permanecerá para siempre; los pensamientos de su corazón por todas las generaciones. 12Bienaventurada la gente de que Jehová es su Dios; el pueblo a quien escogió por heredad para sí. 13Desde los cielos miró Jehová; vio a todos los hijos de los hombres: 14Desde la morada de su asiento miró sobre todos los moradores de la tierra. 15El formó el corazón de todos ellos; él considera todas sus obras. 16El rey no es salvo con la multitud del ejército: no escapa el valiente por la mucha fuerza. 17Vanidad es el caballo para salvarse: por la grandeza de su fuerza no librará. 18He aquí, el ojo de Jehová sobre los que le temen, sobre los que esperan en su misericordia; 19Para librar sus almas de la muerte, y para darles vida en el hambre. 20Nuestra alma esperó a Jehová; nuestra ayuda y nuestro escudo es él. 21Por tanto en él se alegrará nuestro corazón, porque en su santo nombre hemos confiado. 22Sea tu misericordia, oh Jehová, sobre nosotros, como esperamos en ti.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
1 Samuel 17 · Romanos 15
Personales
Lamentaciones 2 · Salmo 33