Lectura 1 de 4 · En familia

1 Samuel 18

1Y así que él hubo acabado de hablar con Saúl, el alma de Jonathán fue ligada con la de David, y amólo Jonathán como a su alma. 2Y Saúl le tomó aquel día, y no le dejó volver a casa de su padre. 3E hicieron alianza Jonathán y David, porque él le amaba como a su alma. 4Y Jonathán se desnudó la ropa que tenía sobre sí, y dióla a David, y otras ropas suyas, hasta su espada, y su arco, y su talabarte. 5Y salía David a donde quiera que Saúl le enviaba, y portábase prudentemente. Hízolo por tanto Saúl capitán de gente de guerra, y era acepto en los ojos de todo el pueblo, y en los ojos de los criados de Saúl. 6Y aconteció que como volvían ellos, cuando David tornó de matar al Filisteo, salieron las mujeres de todas las ciudades de Israel cantando, y con danzas, con tamboriles, y con alegrías y sonajas, a recibir al rey Saúl. 7Y cantaban las mujeres que danzaba, y decían: Saúl hirió sus miles, y David sus diez miles. 8Y enojóse Saúl en gran manera, y desagradó esta palabra en sus ojos, y dijo: A David dieron diez miles, y a mí miles; no le falta más que el reino. 9Y desde aquel día Saúl miró de través a David. 10Otro día aconteció que el espíritu malo de parte de Dios tomó a Saúl, y mostrábase en su casa con trasportes de profeta: y David tañía con su mano como los otros días; y estaba una lanza a mano de Saúl. 11Y arrojó Saúl la lanza, diciendo: Enclavaré a David en la pared. Y dos veces se apartó de él David. 12Mas Saúl se temía de David, por cuanto Jehová era con él, y se había apartado de Saúl. 13Apartólo pues Saúl de sí, e hízole capitán de mil; y salía y entraba delante del pueblo. 14Y David se conducía prudentemente en todos sus negocios, y Jehová era con él. 15Y viendo Saúl que se portaba tan prudentemente, temíase de él. 16Mas todo Israel y Judá amaba a David, porque él salía y entraba delante de ellos. 17Y dijo Saúl a David: He aquí yo te daré a Merab mi hija mayor por mujer: solamente que me seas hombre valiente, y hagas las guerras de Jehová. Mas Saúl decía: No será mi mano contra él, mas la mano de los Filisteos será contra él. 18Y David respondió a Saúl: ¿Quién soy yo, o qué es mi vida, o la familia de mi padre en Israel, para ser yerno del rey? 19Y venido el tiempo en que Merab, hija de Saúl, se había de dar a David, fue dada por mujer a Adriel Meholatita. 20Mas Michâl la otra hija de Saúl amaba a David; y fue dicho a Saúl, lo cual plugo en sus ojos. 21Y Saúl dijo: Yo se la daré, para que le sea por lazo, y para que la mano de los Filisteos sea contra él. Dijo pues Saúl a David: Con la otra serás mi yerno hoy. 22Y mandó Saúl a sus criados: Hablad en secreto a David, diciéndole: He aquí, el rey te ama, y todos sus criados te quieren bien; sé pues yerno del rey. 23Y los criados de Saúl hablaron estas palabras a los oídos de David. Y David dijo: ¿Paréceos a vosotros que es poco ser yerno del rey, siendo yo un hombre pobre y de ninguna estima? 24Y los criados de Saúl le dieron la respuesta diciendo: Tales palabras ha dicho David. 25Y Saúl dijo: Decid así a David: No está el contentamiento del rey en el dote, sino en cien prepucios de Filisteos, para que sea tomada venganza de los enemigos del rey. Mas Saúl pensaba echar a David en manos de los Filisteos. 26Y como sus criados declararon a David estas palabras, plugo la cosa en los ojos de David, para ser yerno del rey. Y como el plazo no era aún cumplido, 27Levantóse David, y partióse con su gente, e hirió doscientos hombres de los Filisteos; y trajo David los prepucios de ellos, y entregáronlos todos al rey, para que él fuese hecho yerno del rey. Y Saúl le dio a su hija Michâl por mujer. 28Pero Saúl, viendo y considerando que Jehová era con David, y que su hija Michâl lo amaba, 29Temióse más de David; y fue Saúl enemigo de David todos los días. 30Y salían los príncipes de los Filisteos; y como ellos salían, portábase David más prudentemente que todos los siervos de Saúl: y era su nombre muy ilustre.
Lectura 2 de 4 · En familia

Romanos 16

1Encomiéndoos empero a Febe nuestra hermana, la cual es diaconisa de la iglesia que está en Cencreas: 2Que la recibáis en el Señor, como es digno a los santos, y que la ayudéis en cualquiera cosa en que os hubiere menester: porque ella ha ayudado a muchos, y a mí mismo. 3Saludad a Priscila y a Aquila, mis coadjutores en Cristo Jesús; 4(Que pusieron sus cuellos por mi vida: a los cuales no doy gracias yo solo, mas aun todas las iglesias de los Gentiles;) 5Asimismo a la iglesia de su casa. Saludad a Epeneto, amado mío, que es las primicias de Acaya en Cristo. 6Saludad a María, la cual ha trabajado mucho con vosotros. 7Saludad a Andrónico y a Junia, mis parientes, y mis compañeros en la cautividad, los que son insignes entre los apóstoles; los cuales también fueron antes de mí en Cristo. 8Saludad a Amplias, amado mío en el Señor. 9Saludad a Urbano, nuestro ayudador en Cristo Jesús, y a Stachîs, amado mío. 10Saludad a Apeles, probado en Cristo. Saludad a los que son de Aristóbulo. 11Saludad a Herodión, mi pariente. Saludad a los que son de la casa de Narciso, los que están en el Señor. 12Saludad a Trifena y a Trifosa, las cuales trabajan en el Señor. Saludad a Pérsida amada, la cual ha trabajado mucho en el Señor. 13Saludad a Rufo, escogido en el Señor, y a su madre y mía. 14Saludad a Asíncrito, y a Flegonte, a Hermas, a Patrobas, a Hermes, y a los hermanos que están con ellos. 15Saludad a Filólogo y a Julia, a Nereo y a su hermana, y a Olimpas, y a todos los santos que están con ellos. 16Saludaos los unos a los otros con ósculo santo. Os saludan todas las iglesias de Cristo. 17Y os ruego hermanos, que miréis los que causan disensiones y escándalos contra la doctrina que vosotros habéis aprendido; y apartaos de ellos. 18Porque los tales no sirven al Señor nuestro Jesucristo, sino a sus vientres; y con suaves palabras y bendiciones engañan los corazones de los simples. 19Porque vuestra obediencia ha venido a ser notoria a todos; así que me gozo de vosotros; mas quiero que seáis sabios en el bien, y simples en el mal. 20Y el Dios de paz quebrantará presto a Satanás debajo de vuestros pies. La gracia del Señor nuestro Jesucristo sea con vosotros. 21Os saludan Timoteo, mi coadjutor, y Lucio y Jasón y Sosipater, mis parientes. 22Yo Tercio, que escribí la epístola, os saludo en el Señor. 23Salúdaos Gayo, mi huésped, y de toda la iglesia. Salúdaos Erasto, tesorero de la ciudad, y el hermano Cuarto. 24La gracia del Señor nuestro Jesucristo sea con todos vosotros. Amén. 25Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio encubierto desde tiempos eternos, 26Mas manifestado ahora, y por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, declarado a todas las gentes para que obedezcan a la fe; 27Al solo Dios sabio, sea gloria por Jesucristo para siempre. Amén.
Lectura 3 de 4 · Personal

Lamentaciones 3

1Yo soy el hombre que ha visto aflicción en la vara de su enojo. 2Guióme y llevóme en tinieblas, mas no en luz. 3Ciertamente contra mí volvió y revolvió su mano todo el día. 4Hizo envejecer mi carne y mi piel; quebrantó mis huesos. 5Edificó contra mí, y cercóme de tósigo y de trabajo. 6Asentóme en oscuridades, como los ya muertos de mucho tiempo. 7Cercóme por todos lados, y no puedo salir; agravó mis grillos. 8Aun cuando clamé y di voces, cerro los oídos a mi oración. 9Cercó mis caminos con piedra tajada, torció mis senderos. 10Como oso que acecha fue para mí, como león en escondrijos. 11Torció mis caminos, y depedazóme; tornóme asolado. 12Su arco entesó, y púsome como blanco a la saeta. 13Hizo entrar en mis riñones las saetas de su aljaba. 14Fui escarnio a todo mi pueblo, canción de ellos todos los días. 15Hartóme de amarguras, embriagóme de ajenjos. 16Quebróme los dientes con cascajo, cubrióme de ceniza. 17Y mi alma se alejó de la paz, olvidéme del bien. 18Y dije: Pereció mi fortaleza, y mi esperanza de Jehová. 19Acuérdate de mi aflicción y de mi abatimiento, del ajenjo y de la hiel. 20Tendrálo aún en memoria mi alma, porque en mí está humillada. 21Esto reduciré a mi corazón, por lo cual esperaré. 22Es por la misericordia de Jehová que no somos consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. 23Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. 24Mi parte es Jehová, dijo mi alma; por tanto en él esperaré. 25Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le buscare. 26Bueno es esperar callando en la salud de Jehová. 27Bueno es al hombre, si llevare el yugo desde su mocedad. 28Sentaráse solo, y callará, porque lo llevó sobre sí. 29Pondrá su boca en el polvo, por si quizá hay esperanza. 30Dará la mejilla al que le hiriere; hartaráse de afrenta. 31Porque el Señor no desechará para siempre: 32Antes si afligiere, también se compadecerá según la multitud de sus misericordias. 33Porque no aflige ni congoja de su corazón a los hijos de los hombres. 34Desmenuzar bajo de sus pies todos los encarcelados de la tierra, 35Hacer apartar el derecho del hombre ante la presencia del Altísimo, 36Trastornar al hombre en su causa, el Señor no lo sabe. 37¿Quién será aquel que diga, que vino algo que el Señor no mandó? 38¿De la boca del Altísimo no saldrá malo y bueno? 39¿Por qué murmura el hombre viviente, el hombre en su pecado? 40Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos a Jehová. 41Levantemos nuestros corazones con las manos a Dios en los cielos. 42Nosotros nos hemos rebelado, y fuimos desleales; tú no perdonaste. 43Desplegaste la ira, y nos perseguiste; mataste, no perdonaste. 44Te cubriste de nube, porque no pasase la oración nuestra. 45Raedura y abominación nos tornaste en medio de los pueblos. 46Todos nuestros enemigos abrieron sobre nosotros su boca. 47Temor y lazo fue para nosotros, asolamiento y quebrantamiento. 48Ríos de aguas echan mis ojos, por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo. 49Mis ojos destilan, y no cesan, porque no hay alivio, 50Hasta que Jehová mire y vea desde los cielos. 51Mis ojos contristaron mi alma, por todas las hijas de mi ciudad. 52Mis enemigos me dieron caza como a ave, sin por qué. 53Ataron mi vida en mazmorra, pusieron piedra sobre mí. 54Aguas de avenida vinieron sobre mi cabeza; yo dije: Muerto soy. 55Invoqué tu nombre, oh Jehová, desde la cárcel profunda. 56Oiste mi voz; no escondas tu oído a mi clamor, para mi respiro. 57Acercástete el día que te invoqué: dijiste: No temas. 58Abogaste, Señor, la causa de mi alma; redimiste mi vida. 59Tú has visto, oh Jehová, mi agravio; defiende mi causa. 60Tú has visto toda su venganza; todos sus pensamientos contra mí. 61Tú has oído el oprobio de ellos, oh Jehová, todas sus maquinaciones contra mí; 62Los dichos de los que contra mí se levantaron, y su designio contra mí todo el día. 63Su sentarse, y su levantarse mira: yo soy su canción. 64Dales el pago, oh Jehová, según la obra de sus manos. 65Dales ansia de corazón, tu maldición a ellos. 66Persíguelos en tu furor, y quebrántalos de debajo de los cielos, oh Jehová.
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Salmo 34

1Bendeciré a Jehová en todo tiempo; su alabanza será siempre en mi boca. 2En Jehová se gloriará mi alma: oiránlo los mansos, y se alegrarán. 3Engrandeced a Jehová conmigo, y ensalcemos su nombre a una. 4Busqué a Jehová, y él me oyó, y libróme de todos mis temores. 5A él miraron y fueron alumbrados: y sus rostros no se avergonzaron. 6Este pobre clamó, y oyóle Jehová, y librólo de todas sus angustias. 7El ángel de Jehová acampa en derredor de los que le temen, y los defiende. 8Gustad, y ved que es bueno Jehová: dichoso el hombre que confiará en él. 9Temed a Jehová, vosotros sus santos; porque no hay falta para los que le temen. 10Los leoncillos necesitaron, y tuvieron hambre; pero los que buscan a Jehová, no tendrán falta de ningún bien. 11Venid, hijos, oidme; el temor de Jehová os enseñaré. 12¿Quién es el hombre que desea vida, que codicia días para ver bien? 13Guarda tu lengua de mal, y tus labios de hablar engaño. 14Apártate del mal, y haz el bien; busca la paz, y síguela. 15Los ojos de Jehová están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos. 16La ira de Jehová contra los que mal hacen, para cortar de la tierra la memoria de ellos. 17Clamaron los justos, y Jehová oyó, y librólos de todas sus angustias. 18Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salvará a los contritos de espíritu. 19Muchos son los males del justo; mas de todos ellos lo librará Jehová. 20El guarda todos sus huesos; ni uno de ellos será quebrantado. 21Matará al malo la maldad; y los que aborrecen al justo serán asolados. 22Jehová redime el alma de sus siervos; y no serán asolados cuantos en él confían.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
1 Samuel 18 · Romanos 16
Personales
Lamentaciones 3 · Salmo 34