Lectura 1 de 4 · En familia
Deuteronomio 30
1Y será que, cuando te sobrevinieren todas estas cosas, la bendición y la maldición que he puesto delante de ti, y volvieres a tu corazón en medio de todas las gentes a las cuales Jehová tu Dios te hubiere echado, 2Y te convirtieres a Jehová tu Dios, y obedecieres a su voz conforme a todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo tu corazón y con toda tu alma, 3Jehová también volverá tus cautivos, y tendrá misericordia de ti, y tornará a recogerte de todos los pueblos a los cuales te hubiere esparcido Jehová tu Dios. 4Si hubieres sido arrojado hasta el cabo de los cielos, de allí te recogerá Jehová tu Dios, y de allá te tomará: 5Y volverte ha Jehová tu Dios a la tierra que heredaron tus padres, y la poseerás; y te hará bien, y te multiplicará más que a tus padres. 6Y circuncidará Jehová tu Dios tu corazón, y el corazón de tu simiente, para que ames a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que tú vivas. 7Y pondrá Jehová tu Dios todas estas maldiciones sobre tus enemigos, y sobre tus aborrecedores que te persiguieron. 8Y tú volverás, y oirás la voz de Jehová, y pondrás por obra todos sus mandamientos, que yo te intimo hoy. 9Y hacerte ha Jehová tu Dios abundar en toda obra de tus manos, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, para bien: porque Jehová volverá a gozarse sobre ti para bien, de la manera que se gozó sobre tus padres; 10Cuando oyeres la voz de Jehová tu Dios, para guardar sus mandamientos y sus estatutos escritos en este libro de la ley; cuando te convirtieres a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma. 11Porque este mandamiento que yo te intimo hoy, no te es encubierto, ni está lejos: 12No está en el cielo, para que digas: ¿Quién subirá por nosotros al cielo, y nos lo traerá y nos lo representará, para que lo cumplamos? 13Ni está de la otra parte de la mar, para que digas: ¿Quién pasará por nosotros la mar, para que nos lo traiga y nos lo represente, a fin de que lo cumplamos? 14Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas. 15Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal: 16Porque yo te mando hoy que ames a Jehová tu Dios, que andes en sus caminos, y guardes sus mandamientos y sus estatutos y sus derechos, para que vivas y seas multiplicado, y Jehová tu Dios te bendiga en la tierra a la cual entras para poseerla. 17Mas si tu corazón se apartare, y no oyeres, y fueres incitado, y te inclinares a dioses ajenos, y los sirvieres; 18Protéstoos hoy que de cierto pereceréis: no tendréis largos días sobre la tierra, para ir a la cual pasas el Jordán para poseerla. 19A los cielos y la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición: escoge pues la vida, porque vivas tú y tu simiente: 20Que ames a Jehová tu Dios, que oigas su voz, y te allegues a él; porque él es tu vida, y la longitud de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres Abraham, Isaac, y Jacob, que les había de dar.
Lectura 2 de 4 · En familia
Salmo 119:49-72
49Acuérdate de la palabra dada a tu siervo, en la cual me has hecho esperar. 50Esta es mi consuelo en mi aflicción: porque tu dicho me ha vivificado. 51Los soberbios se burlaron mucho de mí: mas no me he apartado de tu ley. 52Acordéme, oh Jehová, de tus juicios antiguos, y consoléme. 53Horror se apoderó de mí, a causa de los impíos que dejan tu ley. 54Cánticos me fueron tus estatutos en la mansión de mis peregrinaciones. 55Acordéme en la noche de tu nombre, oh Jehová, y guardé tu ley. 56Esto tuve, porque guardaba tus mandamientos. 57Mi porción, oh Jehová, dije, será guardar tus palabras. 58Tu presencia supliqué de todo corazón: ten misericordia de mí según tu palabra. 59Consideré mis caminos, y torné mis pies a tus testimonios. 60Apresuréme, y no me retardé en guardar tus mandamientos. 61Compañías de impíos me han robado: mas no me he olvidado de tu ley. 62A media noche me levantaba a alabarte sobre los juicios de tu justicia. 63Compañero soy yo de todos los que te temieren y guardaren tus mandamientos. 64De tu misericordia, oh Jehová, está llena la tierra: enséñame tus estatutos. 65Bien has hecho con tu siervo, oh Jehová, conforme a tu palabra. 66Enséñame bondad de sentido y sabiduría; porque tus mandamientos he creído. 67Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; mas ahora guardo tu palabra. 68Bueno eres tú, y bienhechor: enséñame tus estatutos. 69Contra mí forjaron mentira los soberbios: mas yo guardaré de todo corazón tus mandamientos. 70Engrasóse el corazón de ellos como sebo; mas yo en tu ley me he deleitado. 71Bueno me es haber sido humillado, para que aprenda tus estatutos. 72Mejor me es la ley de tu boca, que millares de oro y plata.
Lectura 3 de 4 · Personal
Isaías 57
1Perece el justo, y no hay quien pare mientes; y los píos son recogidos, y no hay quien entienda que delante de la aflicción es recogido el justo. 2Entrará en la paz; descansarán en sus lechos todos los que andan delante de Dios. 3Mas vosotros llegaos acá, hijos de la agorera, generación de adúltero y de fornicaria. 4¿De quién os habéis mofado? ¿contra quién ensanchasteis la boca, y alargasteis la lengua? ¿No sois vosotros hijos rebeldes, simiente mentirosa, 5Que os enfervorizáis con los ídolos debajo de todo árbol umbroso, que sacrificáis los hijos en los valles, debajo de los peñascos? 6En las pulimentadas piedras del valle está tu parte; ellas, ellas son tu suerte; y a ellas derramaste libación, y ofreciste presente. ¿No me tengo de vengar de estas cosas? 7Sobre el monte alto y empinado pusiste tu cama: allí también subiste a hacer sacrificio. 8Y tras la puerta y el umbral pusiste tu recuerdo: porque a otro que a mí te descubriste, y subiste, y ensanchaste tu cama, e hiciste con ellos alianza: amaste su cama donde quiera que la veías. 9Y fuiste al rey con ungüento, y multiplicaste tus perfumes, y enviaste tus embajadores lejos, y te abatiste hasta el profundo. 10En la multitud de tus caminos te cansaste, mas no dijiste: No hay remedio; hallaste la vida de tu mano, por tanto no te arrepentiste. 11¿Y de quién te asustaste y temiste, que has faltado a la fe, y no te has acordado de mí, ni te vino al pensamiento? ¿No he yo disimulado desde tiempos antiguos, y nunca me has temido? 12Yo publicaré tu justicia y tus obras, que no te aprovecharán. 13Cuando clamares, líbrente tus allegados; empero a todos ellos llevará el viento, un soplo los arrebatará; mas el que en mí espera, tendrá la tierra por heredad, y poseerá el monte de mi santidad. 14Y dirá: Allanad, allanad; barred el camino, quitad los tropiezos del camino de mi pueblo. 15Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados. 16Porque no tengo de contender para siempre, ni para siempre me he de enojar: pues decaería ante mí el espíritu, y las almas que yo he criado. 17Por la iniquidad de su codicia me enojé y heríle, escondí mi rostro y ensañéme; y fue él rebelde por el camino de su corazón. 18Visto he sus caminos, y le sanaré, y le pastorearé, y daréle consolaciones, a él y a sus enlutados. 19Crío fruto de labios: Paz, paz al lejano y al cercano, dijo Jehová; y sanarélo. 20Mas los impíos son como la mar en tempestad, que no puede estarse quieta, y sus aguas arrojan cieno y lodo. 21No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos.
Lectura 4 de 4 · Personal
Mateo 5
1Y viendo las gentes, subió al monte; y sentándose, se llegaron a él sus discípulos. 2Y abriendo su boca, les enseñaba, diciendo: 3Bienaventurados los pobres en espíritu: porque de ellos es el reino de los cielos. 4Bienaventurados los que lloran: porque ellos recibirán consolación. 5Bienaventurados los mansos: porque ellos recibirán la tierra por heredad. 6Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos serán hartos. 7Bienaventurados los misericordiosos: porque ellos alcanzarán misericordia. 8Bienaventurados los de limpio corazón: porque ellos verán a Dios. 9Bienaventurados los pacificadores: porque ellos serán llamados hijos de Dios. 10Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia: porque de ellos es el reino de los cielos. 11Bienaventurados sois cuando os vituperaren y os persiguieren, y dijeren de vosotros todo mal por mi causa, mintiendo. 12Gozaos y alegraos; porque vuestra merced es grande en los cielos: que así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros. 13Vosotros sois la sal de la tierra: y si la sal se desvaneciere ¿con qué será salada? no vale más para nada, sino para ser echada fuera y hollada de los hombres. 14Vosotros sois la luz del mundo: una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. 15Ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, mas sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. 16Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. 17No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas: no he venido para abrogar, sino a cumplir. 18Porque de cierto os digo, que hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota ni un tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas. 19De manera que cualquiera que infringiere uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñare a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos: mas cualquiera que hiciere y enseñare, este será llamado grande en el reino de los cielos. 20Porque os digo, que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y de los Fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. 21Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; mas cualquiera que matare, será culpado del juicio. 22Mas yo os digo, que cualquiera que se enojare locamente con su hermano, será culpado del juicio; y cualquiera que dijere a su hermano, Raca, será culpado del concejo; y cualquiera que dijere, Fatuo, será culpado del infierno del fuego. 23Por tanto, si trajeres tu presente al altar, y allí te acordares de que tu hermano tiene algo contra ti, 24Deja allí tu presente delante del altar, y vete, vuelve primero en amistad con tu hermano, y entonces ven y ofrece tu presente. 25Concíliate con tu adversario presto, entre tanto que estás con él en el camino; porque no acontezca que el adversario te entregue al juez, y el juez te entregue al alguacil, y seas echado en prisión. 26De cierto te digo, que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante. 27Oísteis que fue dicho: No adulterarás: 28Mas yo os digo, que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. 29Por tanto, si tu ojo derecho te fuere ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti: que mejor te es que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. 30Y si tu mano derecha te fuere ocasión de caer, córtala, y échala de ti: que mejor te es que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. 31También fue dicho: Cualquiera que repudiare a su mujer, déle carta de divorcio: 32Mas yo os digo, que el que repudiare a su mujer, fuera de causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casare con la repudiada, comete adulterio. 33Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No te perjurarás; mas pagarás al Señor tus juramentos. 34Mas yo os digo: No juréis en ninguna manera: ni por el cielo, porque es el trono de Dios; 35Ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalem, porque es la ciudad del gran Rey. 36Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer un cabello blanco o negro. 37Mas sea vuestro hablar: Sí, sí; No, no; porque lo que es más de esto, de mal procede. 38Oísteis que fue dicho a los antiguos: Ojo por ojo, y diente por diente. 39Mas yo os digo: No resistáis al mal; antes a cualquiera que te hiriere en tu mejilla diestra, vuélvele también la otra; 40Y al que quisiere ponerte a pleito y tomarte tu ropa, déjale también la capa; 41Y a cualquiera que te cargare por una milla, ve con él dos. 42Al que te pidiere, dale; y al que quisiere tomar de ti prestado, no se lo rehuses. 43Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. 44Mas yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; 45Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos: que hace que su sol salga sobre malos y buenos, y llueve sobre justos e injustos. 46Porque si amareis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿no hacen también lo mismo los publicanos? 47Y si abrazareis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿no hacen también así los Gentiles? 48Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Deuteronomio 30 · Salmo 119:49-72
Personales
Isaías 57 · Mateo 5