Lectura 1 de 4 · En familia
Deuteronomio 31
1Y fue Moisés, y habló estas palabras a todo Israel, 2Y díjoles: De edad de ciento y veinte años soy hoy día; no puedo más salir ni entrar: a más de esto Jehová me ha dicho: No pasarás este Jordán. 3Jehová tu Dios, él pasa delante de ti; él destruirá estas gentes de delante de ti, y las heredarás: Josué será el que pasará delante de ti, como Jehová ha dicho. 4Y hará Jehová con ellos como hizo con Sehón y con Og, reyes de los Amorrheos, y con su tierra, que los destruyó. 5Y los entregará Jehová delante de vosotros, y haréis con ellos conforme a todo lo que os he mandado. 6Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos: que Jehová tu Dios es el que va contigo: no te dejará ni te desamparará. 7Y llamó Moisés a Josué, y díjole a vista de todo Israel: Esfuérzate y anímate; porque tú entrarás con este pueblo a la tierra que juró Jehová a sus padres que les había de dar, y tú se la harás heredar. 8Y Jehová es el que va delante de ti; él será contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas, ni te intimides. 9Y escribió Moisés esta ley, y dióla a los sacerdotes, hijos de Leví, que llevaban el arca del pacto de Jehová, y a todos los ancianos de Israel. 10Y mandóles Moisés, diciendo: Al cabo del séptimo año, en el año de la remisión, en la fiesta de las Cabañas, 11Cuando viniere todo Israel a presentarse delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere, leerás esta ley delante de todo Israel a oídos de ellos. 12Harás congregar el pueblo, varones y mujeres y niños, y tus extranjeros que estuvieren en tus ciudades, para que oigan y aprendan, y teman a Jehová vuestro Dios, y cuiden de poner por obra todas las palabras de esta ley: 13Y los hijos de ellos que no supieron oigan, y aprendan a temer a Jehová vuestro Dios todos los días que viviereis sobre la tierra, para ir a la cual pasáis el Jordán para poseerla. 14Y Jehová dijo a Moisés: He aquí se han acercado tus días para que mueras: llama a Josué, y esperad en el tabernáculo del testimonio, y le mandaré. Fueron pues Moisés y Josué, y esperaron en el tabernáculo del testimonio. 15Y aparecióse Jehová en el tabernáculo, en la columna de nube; y la columna de nube se puso sobre la puerta del tabernáculo. 16Y Jehová dijo a Moisés: He aquí tú vas a dormir con tus padres, y este pueblo se levantará y fornicará tras los dioses ajenos de la tierra adonde va, en estando en medio de ella; y me dejará, e invalidará mi pacto que he concertado con él: 17Y mi furor se encenderá contra él en aquel día; y los abandonaré, y esconderé de ellos mi rostro, y serán consumidos; y le hallarán muchos males y angustias, y dirá en aquel día: ¿No me han hallado estos males porque no está mi Dios en medio de mí? 18Empero yo esconderé ciertamente mi rostro en aquel día, por todo el mal que ellos habrán hecho, por haberse vuelto a dioses ajenos. 19Ahora pues, escribíos este cántico, y enséñalo a los hijos de Israel: ponlo en boca de ellos, para que este cántico me sea por testigo contra los hijos de Israel. 20Porque yo le introduciré en la tierra que juré a sus padres, la cual fluye leche y miel; y comerá, y se hartará, y se engordará: y volveránse a dioses ajenos, y les servirán, y me enojarán, e invalidarán mi pacto. 21Y será que cuando le vinieren muchos males y angustias, entonces responderá en su cara este cántico como testigo, pues no caerá en olvido de la boca de su linaje: porque yo conozco su ingenio, y lo que hace hoy antes que le introduzca en la tierra que juré. 22Y Moisés escribió este cántico aquel día, y enseñólo a los hijos de Israel. 23Y dio orden a Josué hijo de Nun, y dijo: Esfuérzate y anímate, que tú meterás los hijos de Israel en la tierra que les juré, y yo seré contigo. 24Y como acabó Moisés de escribir las palabras de esta ley en un libro hasta concluirse, 25Mandó Moisés a los Levitas que llevaban el arca del pacto de Jehová, diciendo: 26Tomad este libro de la ley, y ponedlo al lado del arca del pacto de Jehová vuestro Dios, y esté allí por testigo contra ti. 27Porque yo conozco tu rebelión, y tu cerviz dura: he aquí que aun viviendo yo hoy con vosotros, sois rebeldes a Jehová; y ¿cuánto más después que yo fuere muerto? 28Congregad a mí todos los ancianos de vuestras tribus, y a vuestros oficiales, y hablaré en sus oídos estas palabras, y llamaré por testigos contra ellos los cielos y la tierra. 29Porque yo sé que después de mi muerte, ciertamente os corromperéis y os aparteréis del camino que os he mandado; y que os ha de venir mal en los postreros días, por haber hecho mal en ojos de Jehová, enojándole con la obra de vuestras manos. 30Entonces habló Moisés en oídos de toda la congregación de Israel las palabras de este cántico hasta acabarlo.
Lectura 2 de 4 · En familia
Salmo 119:73-96
73Tus manos me hicieron y me formaron: hazme entender, y aprenderé tus mandamientos. 74Los que te temen, me verán, y se alegrarán; porque en tu palabra he esperado. 75Conozco, oh Jehová, que tus juicios son justicia, y que conforme a tu fidelidad me afligiste. 76Sea ahora tu misericordia para consolarme, conforme a lo que has dicho a tu siervo. 77Vengan a mí tus misericordias, y viva; porque tu ley es mi deleite. 78Sean avergonzados los soberbios, porque sin causa me han calumniado: yo empero, meditaré en tus mandamientos. 79Tórnense a mí los que te temen y conocen tus testimonios. 80Sea mi corazón íntegro en tus estatutos; porque no sea yo avergonzado. 81Desfallece mi alma por tu salud, esperando en tu palabra. 82Desfallecieron mis ojos por tu palabra, diciendo: ¿Cuándo me consolarás? 83Porque estoy como el odre al humo; mas no he olvidado tus estatutos. 84¿Cuántos son los días de tu siervo? ¿cuándo harás juicio contra los que me persiguen? 85Los soberbios me han cavado hoyos; mas no obran según tu ley. 86Todos tus mandamientos son verdad: sin causa me persiguen; ayúdame. 87Casi me han echado por tierra: mas yo no he dejado tus mandamientos. 88Vivifícame conforme a tu misericordia; y guardaré los testimonios de tu boca. 89Para siempre, oh Jehová, permanece tu palabra en los cielos. 90Por generación y generación es tu verdad: tú afirmaste la tierra, y persevera. 91Por tu ordenación perseveran hasta hoy las cosas criadas; porque todas ellas te sirven. 92Si tu ley no hubiese sido mis delicias, ya en mi aflicción hubiera perecido. 93Nunca jamás me olvidaré de tus mandamientos; porque con ellos me has vivificado. 94Tuyo soy yo, guárdame; porque he buscado tus mandamientos. 95Los impíos me han aguardado para destruirme: mas yo entenderé en tus testimonios. 96A toda perfección he visto fin: ancho sobremanera es tu mandamiento.
Lectura 3 de 4 · Personal
Isaías 58
1Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado. 2Que me buscan cada día, y quieren saber mis caminos, como gente que hubiese obrado justicia, y que no hubiese dejado el derecho de su Dios: pregúntanme derechos de justicia, y quieren acercarse a Dios. 3¿Por qué, dicen, ayunamos, y no hiciste caso; humillamos nuestras almas, y no te diste por entendido? He aquí que en el día de vuestro ayuno halláis lo que queréis, y todos demandáis vuestras haciendas. 4He aquí que para contiendas y debates ayunáis, y para herir con el puño inicuamente; no ayunéis como hoy, para que vuestra voz sea oída en lo alto. 5¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que encorve su cabeza como junco, y haga cama de saco y de ceniza? ¿Llamaréis esto ayuno, y día agradable a Jehová? 6¿No es antes el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, deshacer los haces de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? 7¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes metas en casa; que cuando vieres al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu carne? 8Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salud se dejará ver presto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia. 9Entonces invocarás, y oirte ha Jehová; clamarás, y dirá él: Heme aquí. Si quitares de en medio de ti el yugo, el extender el dedo, y hablar vanidad; 10Y si derramares tu alma al hambriento, y saciares el alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el medio día; 11Y Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías hartará tu alma, y engordará tus huesos; y serás como huerta de riego, y como manadero de aguas, cuyas aguas nunca faltan. 12Y edificarán los de ti los desiertos antiguos; los cimientos de generación y generación levantarás: y serás llamado reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar. 13Si retrajeres del sábado tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y al sábado llamares delicias, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no haciendo tus caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus palabras: 14Entonces te deleitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre: porque la boca de Jehová lo ha hablado.
Lectura 4 de 4 · Personal
Mateo 6
1Mirad que no hagáis vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos: de otra manera no tendréis merced de vuestro Padre que está en los cielos. 2Cuando pues haces limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las plazas, para ser estimados de los hombres: de cierto os digo, que ya tienen su recompensa. 3Mas cuando tú haces limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha; 4Para que sea tu limosna en secreto: y tu Padre que ve en secreto, él te recompensará en público. 5Y cuando oras, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en las sinagogas, y en los cantones de las calles en pie, para ser vistos de los hombres: de cierto os digo, que ya tienen su pago. 6Mas tú, cuando oras, éntrate en tu cámara, y cerrada tu puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en secreto, te recompensará en público. 7Y orando, no seáis prolijos, como los Gentiles; que piensan que por su parlería serán oídos. 8No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis. 9Vosotros pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. 10Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. 11Danos hoy nuestro pan cotidiano. 12Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. 13Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal: porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén. 14Porque si perdonareis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial. 15Mas si no perdonareis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. 16Y cuando ayunáis, no seáis como los hipócritas, austeros; porque ellos demudan sus rostros para parecer a los hombres que ayunan: de cierto os digo, que ya tienen su pago. 17Mas tú, cuando ayunas, unge tu cabeza y lava tu rostro; 18Para no parecer a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto: y tu Padre que ve en secreto, te recompensará en público. 19No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompe, y donde ladrones minan y hurtan; 20Mas haceos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orín corrompe, y donde ladrones no minan ni hurtan: 21Porque donde estuviere vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón. 22La lámpara del cuerpo es el ojo: así que, si tu ojo fuere sincero, todo tu cuerpo será luminoso: 23Mas si tu ojo fuere malo, todo tu cuerpo será tenebroso. Así que, si la lumbre que en ti hay son tinieblas, ¿cuántas serán las mismas tinieblas? 24Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o se llegará al uno y menospreciará al otro: no podéis servir a Dios y a Mammón. 25Por tanto os digo: No os congojéis por vuestra vida, qué habéis de comer, o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir: ¿no es la vida más que el alimento, y el cuerpo que el vestido? 26Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni allegan en alfolíes; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros mucho mejores que ellas? 27Mas ¿quién de vosotros podrá, congojándose, añadir a su estatura un codo? 28Y por el vestido ¿por qué os congojáis? Reparad los lirios del campo, cómo crecen; no trabajan ni hilan; 29Mas os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria fue vestido así como uno de ellos. 30Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana es echada en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? 31No os congojéis pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o con qué nos cubriremos? 32Porque los Gentiles buscan todas estas cosas: que vuestro Padre celestial sabe que de todas estas cosas habéis menester. 33Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. 34Así que, no os congojéis por el día de mañana; que el día de mañana traerá su fatiga: basta al día su afán.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Deuteronomio 31 · Salmo 119:73-96
Personales
Isaías 58 · Mateo 6