Lectura 1 de 4 · En familia
Éxodo 36
1Hizo, pues, Bezaleel y Aholiab, y todo hombre sabio de corazón, a quien Jehová dio sabiduría e inteligencia para que supiesen hacer toda la obra del servicio del santuario, todas las cosas que había mandado Jehová. 2Y Moisés llamó a Bezaleel y a Aholiab, y a todo varón sabio de corazón, en cuyo corazón había dado Jehová sabiduría, y a todo hombre a quien su corazón le movió a llegarse a la obra, para trabajar en ella; 3Y tomaron de delante de Moisés toda la ofrenda que los hijos de Israel habían traído para la obra del servicio del santuario, a fin de hacerla. Y ellos le traían aún ofrenda voluntaria cada mañana. 4Vinieron, por tanto, todos los maestros que hacían toda la obra del santuario, cada uno de la obra que hacía. 5Y hablaron a Moisés, diciendo: El pueblo trae mucho más de lo que es menester para la atención de hacer la obra que Jehová ha mandado que se haga. 6Entonces Moisés mandó pregonar por el campo, diciendo: Ningún hombre ni mujer haga más obra para ofrecer para el santuario. Y así fue el pueblo impedido de ofrecer; 7Pues tenía material abundante para hacer toda la obra, y sobraba. 8Y todos los sabios de corazón entre los que hacían la obra, hicieron el tabernáculo de diez cortinas, de lino torcido, y de jacinto, y de púrpura y carmesí; las cuales hicieron de obra prima, con querubines. 9La longitud de la una cortina era de veintiocho codos, y la anchura de cuatro codos: todas las cortinas tenían una misma medida. 10Y juntó las cinco cortinas la una con la otra: asimismo unió las otras cinco cortinas la una con la otra. 11E hizo las lazadas de color de jacinto en la orilla de la una cortina, en el borde, a la juntura; y así hizo en la orilla al borde de la segunda cortina, en la juntura. 12Cincuenta lazadas hizo en la una cortina, y otras cincuenta en la segunda cortina, en el borde, en la juntura; las unas lazadas enfrente de las otras. 13Hizo también cincuenta corchetes de oro, con los cuales juntó las cortinas, la una con la otra; e hízose un tabernáculo. 14Hizo asimismo cortinas de pelo de cabras para la tienda sobre el tabernáculo, e hízolas en número de once. 15La longitud de la una cortina era de treinta codos, y la anchura de cuatro codos: las once cortinas tenían una misma medida. 16Y juntó las cinco cortinas de por sí, y las seis cortinas aparte. 17Hizo además cincuenta lazadas en la orilla de la postrera cortina en la juntura, y otras cincuenta lazadas en la orilla de la otra cortina en la juntura. 18Hizo también cincuenta corchetes de metal para juntar la tienda, de modo que fuese una. 19E hizo una cubierta para la tienda de cueros rojos de carneros, y una cubierta encima de cueros de tejones. 20Además hizo las tablas para el tabernáculo de madera de Sittim, para estar derechas. 21La longitud de cada tabla de diez codos, y de codo y medio la anchura. 22Cada tabla tenía dos quicios enclavijados el uno delante del otro: así hizo todas las tablas del tabernáculo. 23Hizo, pues, las tablas para el tabernáculo: veinte tablas al lado del austro, al mediodía. 24Hizo también las cuarenta basas de plata debajo de las veinte tablas: dos basas debajo de la una tabla para sus dos quicios, y dos basas debajo de la otra tabla para sus dos quicios. 25Y para el otro lado del tabernáculo, a la parte del aquilón, hizo veinte tablas, 26Con sus cuarenta basas de plata: dos basas debajo de la una tabla, y dos basas debajo de la otra tabla. 27Y para el lado occidental del tabernáculo hizo seis tablas. 28Para las esquinas del tabernáculo en los dos lados hizo dos tablas, 29Las cuales se juntaban por abajo, y asimismo por arriba a un gozne: y así hizo a la una y a la otra en las dos esquinas. 30Eran, pues, ocho tablas, y sus basas de plata dieciséis; dos basas debajo de cada tabla. 31Hizo también las barras de madera de Sittim; cinco para las tablas del un lado del tabernáculo, 32Y cinco barras para las tablas del otro lado del tabernáculo, y cinco barras para las tablas del lado del tabernáculo a la parte occidental. 33E hizo que la barra del medio pasase por medio de las tablas del un cabo al otro. 34Y cubrió las tablas de oro, e hizo de oro los anillos de ellas por donde pasasen las barras: cubrió también de oro las barras. 35Hizo asimismo el velo de cárdeno, y púrpura, y carmesí, y lino torcido, el cual hizo con querubines de delicada obra. 36Y para él hizo cuatro columnas de madera de Sittim; y cubriólas de oro, los capiteles de las cuales eran de oro; e hizo para ellas cuatro basas de plata de fundición. 37Hizo también el velo para la puerta del tabernáculo, de jacinto, y púrpura, y carmesí, y lino torcido, obra de recamador; 38Y sus cinco columnas con sus capiteles: y cubrió las cabezas de ellas y sus molduras de oro: pero sus cinco basas las hizo de metal.
Lectura 2 de 4 · En familia
Juan 15
1Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. 2Todo pámpano que en mí no lleva fruto, le quitará: y todo aquel que lleva fruto, le limpiará, para que lleve más fruto. 3Ya vosotros sois limpios por la palabra que os he hablado. 4Estad en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto de sí mismo, si no estuviere en la vid; así ni vosotros, si no estuviereis en mí. 5Yo soy la vid, vosotros los pámpanos: el que está en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque sin mí nada podéis hacer. 6El que en mí no estuviere, será echado fuera como mal pámpano, y se secará; y los cogen, y los echan en el fuego, y arden. 7Si estuviereis en mí, y mis palabras estuvieren en vosotros, pedid todo lo que quisiereis, y os será hecho. 8En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos. 9Como el Padre me amó, también yo os he amado: estad en mi amor. 10Si guardareis mis mandamientos, estaréis en mi amor; como yo también he guardado los mandamientos de mi Padre, y estoy en su amor. 11Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido. 12Este es mi mandamiento: Que os améis los unos a los otros, como yo os he amado. 13Nadie tiene mayor amor que este, que ponga alguno su vida por sus amigos. 14Vosotros sois mis amigos, si hiciereis las cosas que yo os mando. 15Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: mas os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os he hecho notorias. 16No me elegisteis vosotros a mí, mas yo os elegí a vosotros; y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca: para que todo lo que pidiereis del Padre en mi nombre, él os lo dé. 17Esto os mando: Que os améis los unos a los otros. 18Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me aborreció antes que a vosotros. 19Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; mas porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso os aborrece el mundo. 20Acordaos de la palabra que yo os he dicho: No es el siervo mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros perseguirán: si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra. 21Mas todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado. 22Si no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado, mas ahora no tienen excusa de su pecado. 23El que me aborrece, también a mi Padre aborrece. 24Si no hubiese hecho entre ellos obras cuales ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; mas ahora, y las han visto, y me aborrecen a mí y a mi Padre. 25Mas para que se cumpla la palabra que está escrita en su ley: Que sin causa me aborrecieron. 26Empero cuando viniere el Consolador, el cual yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio de mí. 27Y vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio.
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Proverbios 12
1El que ama la corrección ama la sabiduría: mas el que aborrece la reprensión, es ignorante. 2El bueno alcanzará favor de Jehová: mas él condenará al hombre de malos pensamientos. 3El hombre no se afirmará por medio de la impiedad: mas la raíz de los justos no será movida. 4La mujer virtuosa corona es de su marido: mas la mala, como carcoma en sus huesos. 5Los pensamientos de los justos son rectitud; mas los consejos de los impíos, engaño. 6Las palabras de los impíos son para acechar la sangre: mas la boca de los rectos los librará. 7Dios trastornará a los impíos, y no serán más: mas la casa de los justos permanecerá. 8Según su sabiduría es alabado el hombre: mas el perverso de corazón será en menosprecio. 9Mejor es el que es menospreciado y tiene servidores, que el que se precia, y carece de pan. 10El justo atiende a la vida de su bestia: mas las entrañas de los impíos son crueles. 11El que labra su tierra, se hartará de pan: mas el que sigue los vagabundos es falto de entendimiento. 12Desea el impío la red de los malos: mas la raíz de los justos dará fruto. 13El impío es enredado en la prevaricación de sus labios: mas el justo saldrá de la tribulación. 14El hombre será harto de bien del fruto de su boca: y la paga de las manos del hombre le será dada. 15El camino del necio es derecho en su opinión: mas el que obedece al consejo es sabio. 16El necio luego al punto da a conocer su ira: mas el que disimula la injuria es cuerdo. 17El que habla verdad, declara justicia; mas el testigo mentiroso, engaño. 18Hay quienes hablan como dando estocadas de espada: mas la lengua de los sabios es medicina. 19El labio de verdad permanecerá para siempre: mas la lengua de mentira por un momento. 20Engaño hay en el corazón de los que piensan mal: mas alegría en el de los que piensan bien. 21Ninguna adversidad acontecerá al justo: mas los impíos serán llenos de mal. 22Los labios mentirosos son abominación a Jehová: mas los obradores de verdad su contentamiento. 23El hombre cuerdo encubre la ciencia: mas el corazón de los necios publica la necedad. 24La mano de los diligentes se enseñoreará: mas la negligencia será tributaria. 25El cuidado congojoso en el corazón del hombre, lo abate; mas la buena palabra lo alegra. 26El justo hace ventaja a su prójimo: mas el camino de los impíos les hace errar. 27El indolente no chamuscará su caza: mas el haber precioso del hombre es la diligencia. 28En el camino de la justicia está la vida; y la senda de su vereda no es muerte.
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Efesios 5
1Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados: 2Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor suave. 3Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos; 4Ni palabras torpes, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen; sino antes bien acciones de gracias. 5Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es servidor de ídolos, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios. 6Nadie os engañe con palabras vanas; porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia. 7No seáis pues aparceros con ellos; 8Porque en otro tiempo erais tinieblas; mas ahora sois luz en el Señor: andad como hijos de luz, 9(Porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, y justicia, y verdad;) 10Aprobando lo que es agradable al Señor. 11Y no comuniquéis con las obras infructuosas de las tinieblas; sino antes bien redargüidlas. 12Porque torpe cosa es aun hablar de lo que ellos hacen en oculto. 13Mas todas las cosas cuando son redargüidas, son manifestadas por la luz; porque lo que manifiesta todo, la luz es. 14Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo. 15Mirad, pues, cómo andéis avisadamente; no como necios, mas como sabios; 16Redimiendo el tiempo, porque los días son malos. 17Por tanto, no seáis imprudentes, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor. 18Y no os embriaguéis de vino, en lo cual hay disolución; mas sed llenos de Espíritu; 19Hablando entre vosotros con salmos, y con himnos, y canciones espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; 20Dando gracias siempre de todo al Dios y Padre en el nombre de nuestro Señor Jesucristo: 21Sujetados los unos a los otros en el temor de Dios. 22Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor. 23Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia; y él es el que da la salud al cuerpo. 24Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. 25Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, 26Para santificarla limpiándola en el lavacro del agua por la palabra, 27Para presentársela gloriosa para sí, una iglesia que no tuviese mancha ni arruga, ni cosa semejante; sino que fuese santa y sin mancha. 28Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. 29Porque ninguno aborreció jamás a su propia carne, antes la sustenta y regala, como también Cristo a la iglesia; 30Porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. 31Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se allegará a su mujer, y serán dos en una carne. 32Este misterio grande es: mas yo digo esto con respecto a Cristo y a la iglesia. 33Cada uno empero de vosotros de por sí, ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer reverencie a su marido.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Éxodo 36 · Juan 15
Personales
Proverbios 12 · Efesios 5