Lectura 1 de 4 · En familia

1 Crónicas 21

1Mas Satanás se levantó contra Israel, e incitó a David a que contase a Israel. 2Y dijo David a Joab y a los príncipes del pueblo: Id, contad a Israel desde Beer-seba hasta Dan, y traedme el número de ellos para que yo lo sepa. 3Y dijo Joab: Añada Jehová a su pueblo cien veces otros tantos. Rey señor mío, ¿no son todos estos siervos de mi señor? ¿para qué procura mi señor esto, que será pernicioso a Israel? 4Mas el mandamiento del rey pudo más que Joab. Salió por tanto Joab, y fue por todo Israel; y volvió a Jerusalem, y dio la cuenta del número del pueblo a David. 5Y hallóse en todo Israel que sacaban espada, once veces cien mil; y de Judá cuatrocientos y setenta mil hombres que sacaban espada. 6Entre estos no fueron contados los Levitas, ni los hijos de Benjamín, porque Joab abominaba el mandamiento del rey. 7Asimismo desagradó este negocio a los ojos de Dios, e hirió a Israel. 8Y dijo David a Dios: He pecado gravemente en hacer esto: ruégote que hagas pasar la iniquidad de tu siervo, porque yo he hecho muy locamente. 9Y habló Jehová a Gad, vidente de David, diciendo: 10Ve, y habla a David, y dile: Así ha dicho Jehová: Tres cosas te propongo; escoge de ellas una que yo haga contigo. 11Y viniendo Gad a David, díjole: Así ha dicho Jehová: 12Escógete, o tres años de hambre; o ser por tres meses deshecho delante de tus enemigos, y que la espada de tus adversarios te alcance; o por tres días la espada de Jehová y pestilencia en la tierra, y que el ángel de Jehová destruya en todo el término de Israel: mira pues qué he de responder al que me ha enviado. 13Entonces David dijo a Gad: Estoy en grande angustia: ruego que yo caiga en la mano de Jehová; porque sus misericordias son muchas en extremo, y que no caiga yo en manos de hombres. 14Así Jehová dio pestilencia en Israel, y cayeron de Israel setenta mil hombres. 15Y envió Jehová el ángel a Jerusalem para destruirla: pero estando él destruyendo, miró Jehová, y arrepintióse de aquel mal, 16Y dijo al ángel que destruía: Basta ya; detén tu mano. Y el ángel de Jehová estaba junto a la era de Ornán Jebuseo. 17Y alzando David sus ojos, vio al ángel de Jehová, que estaba entre el cielo y la tierra, teniendo un espada desnuda en su mano, extendida contra Jerusalem. Entonces David y los ancianos se postraron sobre sus rostros, cubiertos de sacos. 18Y dijo David a Dios: ¿No soy yo el que hizo contar el pueblo? Yo mismo soy el que pequé, y ciertamente he hecho mal; mas estas ovejas, ¿qué han hecho? Jehová Dios mío, sea ahora tu mano contra mí, y contra la casa de mi padre, y no haya plaga en tu pueblo. 19Y el ángel de Jehová ordenó a Gad que dijese a David, que subiese y construyese un altar a Jehová en la era de Ornán Jebuseo. 20Entonces David subió, conforme a la palabra de Gad que le había dicho en nombre de Jehová. 21Y volviéndose Ornán vio al ángel; por lo que se escondieron cuatro hijos suyos que con él estaban. Y Ornán trillaba el trigo. 22Y viniendo David a Ornán, miró este, y vio a David: y saliendo de la era, postróse en tierra a David. 23Entonces dijo David a Ornán: Dame este lugar de la era, en que edifique un altar a Jehová, y dámelo por su cabal precio, para que cese la plaga del pueblo. 24Y Ornán respondió a David: Tómalo para ti, y haga mi señor el rey lo que bien le pareciere: y aun los bueyes daré para el holocausto, y los trillos para leña, y trigo para el presente: yo lo doy todo. 25Entonces el rey David dijo a Ornán: No, sino que efectivamente la compraré por su justo precio: porque no tomaré para Jehová lo que es tuyo, ni sacrificaré holocausto que nada me cueste. 26Y dio David a Ornán por el lugar seiscientos siclos de oro por peso. 27Y edificó allí David un altar a Jehová, en el que ofreció holocaustos y sacrificios pacíficos, e invocó a Jehová, el cual le respondió por fuego de los cielos en el altar del holocausto. 28Y como Jehová habló al ángel, él volvió su espada a la vaina. 29Entonces viendo David que Jehová le había oído en la era de Ornán Jebuseo, sacrificó allí. 30Y el tabernáculo de Jehová que Moisés había hecho en el desierto, y el altar del holocausto, estaban entonces en el alto de Gabaón: Mas David no pudo ir allá a consultar a Dios, porque estaba espantado a causa de la espada del ángel de Jehová.
Lectura 2 de 4 · En familia

1 Pedro 2

1Dejando pues toda malicia, y todo engaño, y fingimientos, y envidias, y todas las detracciones, 2Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual, sin engaño, para que por ella crezcáis en salud: 3Si empero habéis gustado que el Señor es benigno; 4Al cual allegándoos, piedra viva, reprobada cierto de los hombres, empero elegida de Dios, preciosa, 5Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados una casa espiritual, y un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios por Jesucristo. 6Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; y el que creyere en ella, no será confundido. 7Ella es pues honor a vosotros que creéis: mas para los desobedientes, la piedra que los edificadores reprobaron, esta fue hecha la cabeza del ángulo; 8Y Piedra de tropiezo, y roca de escándalo a aquellos que tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; para lo cual fueron también ordenados. 9Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, gente santa, pueblo adquirido, para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas a su luz admirable: 10Vosotros, que en el tiempo pasado no erais pueblo, mas ahora sois pueblo de Dios; que en el tiempo pasado no habíais alcanzado misericordia, mas ahora habéis alcanzado misericordia. 11Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, 12Teniendo vuestra conversación honesta entre los Gentiles; para que, en lo que ellos murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, estimándoos por las buenas obras. 13Sed pues sujetos a toda ordenación humana por respeto a Dios: ya sea al rey, como a superior; 14Ya a los gobernadores, como de él enviados para venganza de los malhechores, y para loor de los que hacen bien. 15Porque esta es la voluntad de Dios; que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres vanos: 16Como libres, y no como teniendo la libertad por cobertura de malicia, sino como siervos de Dios. 17Honrad a todos. Amad la fraternidad. Temed a Dios. Honrad al rey. 18Siervos, sed sujetos con todo temor a vuestros amos; no solamente a los buenos y humanos, sino también a los rigurosos. 19Porque esto es agradable, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente. 20Porque ¿qué gloria es, si pecando vosotros sois abofeteados, y lo sufrís? mas si haciendo bien sois afligidos, y lo sufrís, esto ciertamente es agradable delante de Dios. 21Porque para esto sois llamados; pues que también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que vosotros sigáis sus pisadas: 22El cual no hizo pecado; ni fue hallado engaño en su boca: 23Quien cuando le maldecían, no retornaba maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino remitía la causa al que juzga justamente: 24El cual mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros siendo muertos a los pecados, vivamos a la justicia: por la herida del cual habéis sido sanados. 25Porque vosotros erais como ovejas descarriadas; mas ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas.
Lectura 3 de 4 · Personal

Jonás 4

1Pero Jonás se apesadumbró en extremo, y enojóse. 2Y oró a Jehová, y dijo: Ahora, oh Jehová, ¿no es esto lo que yo decía estando aún en mi tierra? Por eso me precaví huyendo a Tarsis: porque sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo a enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal. 3Ahora pues, oh Jehová, ruégote que me mates; porque mejor me es la muerte que la vida. 4Y Jehová le dijo: ¿Haces tú bien en enojarte tanto? 5Y salióse Jonás de la ciudad, y asentó hacia el oriente de la ciudad, e hízose allí una choza, y se sentó debajo de ella a la sombra, hasta ver qué sería de la ciudad. 6Y preparó Jehová Dios una calabacera, la cual creció sobre Jonás para que hiciese sombra sobre su cabeza, y le defendiese de su mal: y Jonás se alegró grandemente por la calabacera. 7Mas Dios preparó un gusano al venir la mañana del día siguiente, el cual hirió a la calabacera, y secóse. 8Y acaeció que al salir el sol, preparó Dios un recio viento solano; y el sol hirió a Jonás en la cabeza, y desmayábase, y se deseaba la muerte, diciendo: Mejor sería para mí la muerte que mi vida. 9Entonces dijo Dios a Jonás: ¿Tanto te enojas por la calabacera? Y él respondió: Mucho me enojo, hasta la muerte. 10Y dijo Jehová: Tuviste tú lástima de la calabacera, en la cual no trabajaste, ni tú la hiciste crecer; que en espacio de una noche nació, y en espacio de otra noche pereció: 11¿Y no tendré yo piedad de Nínive, aquella grande ciudad donde hay más de ciento y veinte mil personas que no conocen su mano derecha ni su mano izquierda, y muchos animales?
Lectura 4 de 4 · Personal

Lucas 9

1Y juntando a sus doce discípulos, les dio virtud y potestad sobre todos los demonios, y que sanasen enfermedades. 2Y los envió a que predicasen el reino de Dios, y que sanasen a los enfermos. 3Y les dice: No toméis nada para el camino, ni báculo, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni tengáis dos vestidos cada uno. 4Y en cualquiera casa en que entrareis, quedad allí, y de allí salid. 5Y todos los que no os recibieren, saliéndoos de aquella ciudad, aun el polvo sacudid de vuestros pies en testimonio contra ellos. 6Y saliendo, rodeaban por todas las aldeas, anunciando el evangelio, y sanando por todas partes. 7Y oyó Herodes el tetrarca todas las cosas que hacía; y estaba en duda, porque decían algunos: Juan ha resucitado de los muertos; 8Y otros: Elías ha aparecido; y otros: Algún profeta de los antiguos ha resucitado. 9Y dijo Herodes: A Juan yo degollé: ¿quién pues será este, de quien yo oigo tales cosas? Y procuraba verle. 10Y vueltos los apóstoles, le contaron todas las cosas que habían hecho. Y tomándolos, se retiró aparte a un lugar desierto de la ciudad que se llama Bethsaida. 11Y como lo entendieron las gentes, le siguieron; y él las recibió, y les hablaba del reino de Dios, y sanaba a los que tenían necesidad de cura. 12Y el día había comenzado a declinar; y llegándose los doce, le dijeron: Despide a las gentes, para que yendo a las aldeas y heredades de alrededor, procedan a alojarse y hallen viandas; porque aquí estamos en lugar desierto. 13Y les dice: Dadles vosotros de comer. Y dijeron ellos: No tenemos más que cinco panes y dos pescados, si no vamos nosotros a comprar viandas para toda esta compañía. 14Y eran como cinco mil hombres. Entonces dijo a sus discípulos: Hacedlos sentar en ranchos, de cincuenta en cincuenta. 15Y así lo hicieron, haciéndolos sentar a todos. 16Y tomando los cinco panes y los dos pescados, mirando al cielo los bendijo, y partió, y dio a sus discípulos para que pusiesen delante de las gentes. 17Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que les sobró, doce cestos de pedazos. 18Y aconteció que estando él solo orando, estaban con él los discípulos; y les preguntó diciendo: ¿Quién dicen las gentes que soy? 19Y ellos respondieron, y dijeron: Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros, que algún profeta de los antiguos ha resucitado. 20Y les dijo: ¿Y vosotros, quién decís que soy? Entonces respondiendo Simón Pedro, dijo: El Cristo de Dios. 21Mas él, conminándolos, mandó que a nadie dijesen esto; 22Diciendo: Es necesario que el Hijo del hombre padezca muchas cosas, y sea desechado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer día. 23Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz cada día, y sígame. 24Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá; y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, este la salvará. 25Porque ¿qué aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y se pierda él a sí mismo, o corra peligro de sí? 26Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de este tal el Hijo del hombre se avergonzará cuando viniere en su gloria, y del Padre, y de los santos ángeles. 27Y os digo en verdad, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que vean el reino de Dios. 28Y aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó a Pedro y a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar. 29Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente. 30Y he aquí dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías; 31Que aparecieron en majestad, y hablaban de su salida, la cual había de cumplir en Jerusalem. 32Y Pedro y los que estaban con él, estaban cargados de sueño: y como despertaron, vieron su majestad, y a aquellos dos varones que estaban con él. 33Y aconteció, que apartándose ellos de él, Pedro dice a Jesús: Maestro, bien es que nos quedemos aquí: y hagamos tres pabellones, uno para ti, y uno para Moisés, y uno para Elías; no sabiendo lo que se decía. 34Y estando él hablando esto, vino una nube que los cubrió; y tuvieron temor, entrando ellos en la nube. 35Y vino una voz de la nube, que decía: Este es mi Hijo amado; a él oid. 36Y pasada aquella voz, Jesús fue hallado solo: y ellos callaron; y por aquellos días no dijeron nada a nadie de lo que habían visto. 37Y aconteció al día siguiente, que apartándose ellos del monte, gran compañía les salió al encuentro. 38Y he aquí, un hombre de la compañía clamó, diciendo: Maestro, ruégote que veas a mi hijo; que es el único que tengo: 39Y he aquí un espíritu le toma, y de repente da voces; y le despedaza y hace echar espuma, y apenas se aparta de él quebrantándole. 40Y rogué a tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron. 41Y respondiendo Jesús, dice: ¡Oh generación infiel y perversa! ¿hasta cuándo tengo de estar con vosotros, y os sufriré? Trae tu hijo acá. 42Y como aun se acercaba, el demonio le derribó y despedazó: mas Jesús increpó al espíritu inmundo, y sanó al muchacho, y se lo volvió a su padre. 43Y todos estaban atónitos de la grandeza de Dios. Y maravillándose todos de todas las cosas que hacía, dijo a sus discípulos: 44Poned vosotros en vuestros oídos estas palabras; porque ha de acontecer que el Hijo del hombre será entregado en manos de hombres. 45Mas ellos no entendían esta palabra, y les era encubierta para que no la entendiesen; y temían preguntarle de esta palabra. 46Entonces entraron en disputa, cuál de ellos sería el mayor. 47Mas Jesús, viendo los pensamientos del corazón de ellos, tomó un niño, y púsole junto a sí, 48Y les dice: Cualquiera que recibiere este niño en mi nombre, a mí recibe; y cualquiera que me recibiere a mí, recibe al que me envió; porque el que fuere el menor entre todos vosotros, este será el grande. 49Entonces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto a uno que echaba fuera demonios en tu nombre; y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros. 50Jesús le dijo: No se lo prohibáis; porque el que no es contra nosotros, por nosotros es. 51Y aconteció que, como se cumplió el tiempo en que había de ser recibido arriba, él afirmó su rostro para ir a Jerusalem. 52Y envió mensajeros delante de sí, los cuales fueron y entraron en una ciudad de los Samaritanos, para prevenirle. 53Mas no le recibieron, porque era su traza de ir a Jerusalem. 54Y viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, y los consuma, como hizo Elías? 55Entonces volviéndose él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois; 56Porque el Hijo del hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron a otra aldea. 57Y aconteció que yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré donde quiera que fueres. 58Y le dijo Jesús: Las zorras tienen cuevas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recline la cabeza. 59Y dijo a otro: Sígueme. Y él dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre. 60Y Jesús le dijo: Deja los muertos que entierren a sus muertos; y tú, ve, y anuncia el reino de Dios. 61Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; mas déjame que me despida primero de los que están en mi casa. 62Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano al arado mira atrás, es apto para el reino de Dios.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
1 Crónicas 21 · 1 Pedro 2
Personales
Jonás 4 · Lucas 9