Lectura 1 de 4 · En familia

Deuteronomio 32

1Escuchad, cielos, y hablaré; y oiga la tierra los dichos de mi boca. 2Goteará como la lluvia mi doctrina; destilará como el rocío mi razonamiento; como la llovizna sobre la grama, y como las gotas sobre la hierba: 3Porque el nombre de Jehová invocaré: engrandeced a nuestro Dios. 4El es la Roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectitud: Dios de verdad, y ninguna iniquidad en él: es justo y recto. 5La corrupción no es suya: a sus hijos la mancha de ellos, generación torcida y perversa. 6¿Así pagáis a Jehová, pueblo loco e ignorante? ¿no es él tu padre que te poseyó? él te hizo y te ha organizado. 7Acuérdate de los tiempos antiguos; considerad los años de generación y generación: pregunta a tu padre, que él te declarará; a tus viejos, y ellos te dirán. 8Cuando el Altísimo hizo heredar a las gentes, cuando hizo dividir los hijos de los hombres, estableció los términos de los pueblos según el número de los hijos de Israel. 9Porque la parte de Jehová es su pueblo; Jacob la cuerda de su heredad. 10Hallólo en tierra de desierto, y en desierto horrible y yermo; trájolo alrededor, instruyólo, guardólo como la niña de su ojo. 11Como el águila despierta su nidada, revolotea sobre sus pollos, extiende sus alas, los toma, los lleva sobre sus plumas: 12Jehová solo le guio, que no hubo con él dios ajeno. 13Hízolo subir sobre las alturas de la tierra, y comió los frutos del campo, e hizo que chupase miel de la peña, y aceite del duro pedernal; 14Manteca de vacas y leche de ovejas, con grosura de corderos, y carneros de Basán; también machos de cabrío, con grosura de riñones de trigo: y sangre de uva bebiste, vino puro. 15Y engrosó Jeshurun, y tiró coces: engordástete, engrosástete, cubrístete: y dejó al Dios que le hizo, y menospreció la Roca de su salud. 16Despertáronle a celos con los dioses ajenos; ensañáronle con abominaciones. 17Sacrificaron a los diablos, no a Dios; a dioses que no habían conocido, a nuevos dioses venidos de cerca, que no habían temido vuestros padres. 18De la Roca que te crio te olvidaste: te has olvidado del Dios tu criador. 19Y vio lo Jehová, y encendióse en ira, por el menosprecio de sus hijos y de sus hijas. 20Y dijo: Esconderé de ellos mi rostro, veré cuál será su postrimería: que son generación de perversidades, hijos sin fe. 21Ellos me movieron a celos con lo que no es Dios; hiciéronme ensañar con sus vanidades: yo también los moveré a celos con un pueblo que no es pueblo, con gente insensata los haré ensañar. 22Porque fuego se encenderá en mi furor, y arderá hasta el profundo; y devorará la tierra y sus frutos, y abrasará los fundamentos de los montes. 23Yo allegaré males sobre ellos; emplearé en ellos mis saetas. 24Consumidos serán de hambre, y comidos de fiebre ardiente y de amarga pestilencia; diente de bestias enviaré también sobre ellos, con veneno de serpiente de la tierra. 25De fuera desolará la espada, y dentro de las cámaras el espanto; así al mancebo como a la doncella, al que mama como el hombre cano. 26Dije: Echaríalos yo del mundo, haría cesar de entre los hombres la memoria de ellos, 27Si no temiese la ira del enemigo, no sea que se envanezcan sus adversarios, no sea que digan: Nuestra mano alta ha hecho todo esto, no Jehová. 28Porque son gente de perdidos consejos, y no hay en ellos entendimiento. 29¡Ojalá fueran sabios, que comprendieran esto, y entendieran su postrimería! 30¿Cómo podría perseguir uno a mil, y dos harían huir a diez mil, si su Roca no los hubiese vendido, y Jehová no los hubiera entregado? 31Que la roca de ellos no es como nuestra Roca: y nuestros enemigos sean de ello jueces. 32Porque de la vid de Sodoma es la vid de ellos, y de los sarmientos de Gomorra: las uvas de ellos son uvas ponzoñosas, racimos muy amargos tienen. 33Veneno de dragones es su vino, y ponzoña cruel de áspides. 34¿No tengo yo esto guardado, sellado en mis tesoros? 35Mía es la venganza y el pago, al tiempo que su pie vacilará; porque el día de su aflicción está cercano, y lo que les está preparado se apresura. 36Porque Jehová juzgará a su pueblo, y por amor de sus siervos se arrepentirá, cuando viere que la fuerza pereció, y que no hay guardado, mas desamparado. 37Y dirá: ¿Dónde están sus dioses, la roca en que se guarecían; 38Que comían el sebo de sus sacrificios, bebían el vino de sus libaciones? Levántense, que os ayuden y os defiendan. 39Ved ahora que yo, yo soy, y no hay dioses conmigo: yo hago morir, y yo hago vivir: yo hiero, y yo curo: y no hay quien pueda librar de mi mano. 40Cuando yo alzaré a los cielos mi mano, y diré: Vivo yo para siempre, 41Si afilare mi reluciente espada, y mi mano arrebatare el juicio, yo volveré la venganza a mis enemigos, y daré el pago a los que me aborrecen. 42Embriagaré de sangre mis saetas, y mi espada devorará carne: en la sangre de los muertos y de los cautivos de las cabezas, con venganzas de enemigo. 43Alabad, gentes, a su pueblo, porque él vengará la sangre de sus siervos, y volverá la venganza a sus enemigos, y expiará su tierra, a su pueblo. 44Y vino Moisés, y recitó todas las palabras de este cántico a oídos del pueblo, él, y Josué hijo de Nun. 45Y acabó Moisés de recitar todas estas palabras a todo Israel; 46Y díjoles: Poned vuestro corazón a todas las palabras que yo os protesto hoy, para que las mandéis a vuestros hijos, y cuiden de poner por obra todas las palabras de esta ley. 47Porque no os es cosa vana, mas es vuestra vida: y por ellas haréis prolongar los días sobre la tierra, para poseer la cual pasáis el Jordán. 48Y habló Jehová a Moisés aquel mismo día, diciendo: 49Sube a este monte de Abarim, al monte Nebo, que está en la tierra de Moab, que está en derecho de Jericó, y mira la tierra de Canaán, que yo doy por heredad a los hijos de Israel; 50Y muere en el monte al cual subes, y sé reunido a tus pueblos; al modo que murió Aarón tu hermano en el monte de Hor, y fue reunido a sus pueblos: 51Por cuanto prevaricasteis contra mí en medio de los hijos de Israel en las aguas de la rencilla de Cades, en el desierto de Zin; porque no me santificasteis en medio de los hijos de Israel. 52Verás por tanto delante de ti la tierra; mas no entrarás allá, a la tierra que doy a los hijos de Israel.
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Salmo 119:97-120

97¡Cuánto amo yo tu ley! todo el día es ella mi meditación. 98Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos; porque me son eternos. 99Más que todos mis enseñadores he entendido: porque tus testimonios son mi meditación. 100Más que los viejos he entendido, porque he guardado tus mandamientos. 101De todo mal camino contuve mis pies, para guardar tu palabra. 102No me aparté de tus juicios; porque tú me enseñaste. 103¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! más que la miel a mi boca. 104De tus mandamientos he adquirido inteligencia: por tanto he aborrecido todo camino de mentira. 105Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino. 106Juré y ratifiqué el guardar los juicios de tu justicia. 107Afligido estoy en gran manera: oh Jehová, vivifícame conforme a tu palabra. 108Ruégote, oh Jehová, te sean agradables los sacrificios voluntarios de mi boca; y enséñame tus juicios. 109De continuo está mi alma en mi mano: mas no me he olvidado de tu ley. 110Pusiéronme lazo los impíos: empero yo no me desvié de tus mandamientos. 111Por heredad he tomado tus testimonios para siempre; porque son el gozo de mi corazón. 112Mi corazón incliné a poner por obra tus estatutos de continuo, hasta el fin. 113Los pensamientos vanos aborrezco; mas amo tu ley. 114Mi escondedero y mi escudo eres tú: en tu palabra he esperado. 115Apartaos de mí, malignos; pues yo guardaré los mandamientos de mi Dios. 116Susténtame conforme a tu palabra, y viviré: y no me avergüences de mi esperanza. 117Sostenme, y seré salvo; y deleitaréme siempre en tus estatutos. 118Hollaste a todos los que se desvían de tus estatutos: porque mentira es su engaño. 119Como escorias hiciste consumir a todos los impíos de la tierra: por tanto yo he amado tus testimonios. 120Mi carne se ha extremecido por temor de ti; y de tus juicios tengo miedo.
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Isaías 59

1He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni hase agravado su oído para oir: 2Mas vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar su rostro de vosotros, para no oir. 3Porque vuestras manos están contaminadas de sangre, y vuestros dedos de iniquidad; vuestros labios pronuncian mentira, habla maldad vuestra lengua. 4No hay quien clame por la justicia, ni quien juzgue por la verdad: confían en vanidad, y hablan vanidades; conciben trabajo, y paren iniquidad. 5Ponen huevos de áspides, y tejen telas de arañas: el que comiere de sus huevos, morirá; y si lo apretaren, saldrá un basilisco. 6Sus telas no servirán para vestir, ni de sus obras serán cubiertos: sus obras son obras de iniquidad, y obra de rapiña está en sus manos. 7Sus pies corren al mal, y se apresuran para derramar la sangre inocente; sus pensamientos, pensamientos de iniquidad, destrucción y quebrantamiento en sus caminos. 8No conocieron camino de paz, ni hay derecho en sus caminos: sus veredas son torcidas; cualquiera que por ellas fuere, no conocerá paz. 9Por esto se alejó de nosotros el juicio, y no nos alcanzó justicia: esperamos luz, y he aquí tinieblas; resplandores, y andamos en oscuridad. 10Palpamos la pared como ciegos, y andamos a tiento como sin ojos; tropezamos al medio día como de noche; estamos en oscuros lugares como muertos. 11Aullamos como osos todos nosotros, y gemimos lastimeramente como palomas: esperamos juicio, y no lo hay; salud, y alejóse de nosotros. 12Porque nuestras rebeliones se han multiplicado delante de ti, y nuestros pecados han atestiguado contra nosotros: porque con nosotros están nuestras iniquidades, y conocemos nuestros pecados: 13El prevaricar y mentir contra Jehová, y tornar de en pos de nuestro Dios; el hablar calumnia y rebelión, concebir y proferir de corazón palabras de mentira. 14Y el derecho se retiró, y la justicia se puso lejos: porque la verdad tropezó en la plaza, y la equidad no pudo venir. 15Y la verdad fue detenida; y el que se apartó del mal, fue puesto en presa: y viólo Jehová, y desagradó en sus ojos, porque pereció el derecho. 16Y vio que no había hombre, y maravillóse que no hubiera quien se interpusiese; y salvólo su brazo, y afirmóle su misma justicia. 17Pues de justicia se vistió como de loriga, con capacete de salud en su cabeza: y vistióse de vestido de venganza por vestidura, y cubrióse de celo como de manto, 18Como para retribuir, como para retornar ira a sus enemigos, y dar el pago a sus adversarios: el pago dará a las islas. 19Y temerán desde el occidente el nombre de Jehová, y desde el nacimiento del sol su gloria: porque vendrá el enemigo como río, mas el espíritu de Jehová levantará bandera contra él. 20Y vendrá el Redentor a Sion, y a los que se volvieren de la iniquidad en Jacob, dice Jehová. 21Y este será mi pacto con ellos, dijo Jehová: El espíritu mío que está sobre ti, y mis palabras que puse en tu boca, no faltarán de tu boca, ni de la boca de tu simiente, ni de la boca de la simiente de tu simiente, dijo Jehová, desde ahora y para siempre.
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Mateo 7

1No juzguéis, para que no seáis juzgados. 2Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados; y con la medida con que medís, os volverán a medir. 3Y ¿por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu ojo? 4O ¿cómo dirás a tu hermano: Espera, echaré de tu ojo la mota, y he aquí la viga en tu ojo? 5¡Hipócrita! echa primero la viga de tu ojo, y entonces mirarás en echar la mota del ojo de tu hermano. 6No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos; porque no las rehuellen con sus pies, y vuelvan y os despedacen. 7Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. 8Porque cualquiera que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se abrirá. 9¿Qué hombre hay de vosotros, a quien si su hijo pidiere pan, le dará una piedra? 10¿Y si le pidiere un pez, le dará una serpiente? 11Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos, dará buenas cosas a los que le piden? 12Así que, todas las cosas que quisierais que los hombres hiciesen con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esta es la ley y los profetas. 13Entrad por la puerta estrecha: porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a perdición, y muchos son los que entran por ella. 14Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan. 15Y guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, mas de dentro son lobos rapaces. 16Por sus frutos los conoceréis. ¿Cógense uvas de los espinos, o higos de los abrojos? 17Así, todo buen árbol lleva buenos frutos; mas el árbol maleado lleva malos frutos. 18No puede el buen árbol llevar malos frutos, ni el árbol maleado llevar frutos buenos. 19Todo árbol que no lleva buen fruto, córtase y échase en el fuego. 20Así que, por sus frutos los conoceréis. 21No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos. 22Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? 23Y entonces les protestaré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad. 24Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la peña; 25Y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y combatieron aquella casa; y no cayó: porque estaba fundada sobre la peña. 26Y cualquiera que me oye estas palabras, y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; 27Y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, e hicieron ímpetu en aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina. 28Y fue que, como Jesús acabó estas palabras, las gentes se admiraban de su doctrina; 29Porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Deuteronomio 32 · Salmo 119:97-120
Personales
Isaías 59 · Mateo 7