Lectura 1 de 4 · En familia

Números 5

1Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 2Manda a los hijos de Israel que echen del campo a todo leproso, y a todos los que padecen flujo de semen, y a todo contaminado sobre muerto: 3Así hombres como mujeres echaréis, fuera del campo los echaréis; porque no contaminen el campo de aquellos entre los cuales yo habito. 4E hiciéronlo así los hijos de Israel, que los echaron fuera del campo: como Jehová dijo a Moisés, así lo hicieron los hijos de Israel. 5Además habló Jehová a Moisés, diciendo: 6Habla a los hijos de Israel: El hombre o la mujer que cometiere alguno de todos los pecados de los hombres, haciendo prevaricación contra Jehová, y delinquiere aquella persona; 7Confesarán su pecado que cometieron, y compensarán su ofensa enteramente, y añadirán su quinto sobre ello, y lo darán a aquel contra quien pecaron. 8Y si aquel hombre no tuviere pariente al cual sea resarcida la ofensa, daráse la indemnización del agravio a Jehová, al sacerdote, a más del carnero de las expiaciones, con el cual hará expiación por él. 9Y toda ofrenda de todas las cosas santas que los hijos de Israel presentaren al sacerdote, suya será. 10Y lo santificado de cualquiera será suyo: asimismo lo que cualquiera diere al sacerdote, suyo será. 11Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 12Habla a los hijos de Israel, y diles: Cuando la mujer de alguno se desmandare, e hiciere traición contra él, 13Que alguno se hubiere echado con ella en carnal ayuntamiento, y su marido no lo hubiese visto por haberse ella contaminado ocultamente, ni hubiere testigo contra ella, ni ella hubiere sido cogida en el acto; 14Si viniere sobre él espíritu de celo, y tuviere celos de su mujer, habiéndose ella contaminado; o viniere sobre él espíritu de celo, y tuviere celos de su mujer, no habiéndose ella contaminado; 15Entonces el marido traerá su mujer al sacerdote, y traerá su ofrenda con ella, la décima de un epha de harina de cebada; no echará sobre ella aceite, ni pondrá sobre ella incienso: porque es presente de celos, presente de recordación, que trae en memoria pecado. 16Y el sacerdote la hará acercar, y la hará poner delante de Jehová. 17Luego tomará el sacerdote del agua santa en un vaso de barro: tomará también el sacerdote del polvo que hubiere en el suelo del tabernáculo, y echarálo en el agua. 18Y hará el sacerdote estar en pie a la mujer delante de Jehová, y descubrirá la cabeza de la mujer, y pondrá sobre sus manos el presente de la recordación, que es el presente de celos: y el sacerdote tendrá en la mano las aguas amargas que acarrean maldición. 19Y el sacerdote la conjurará, y le dirá: Si ninguno hubiere dormido contigo, y si no te has apartado de tu marido a inmundicia, libre seas de estas aguas amargas que traen maldición: 20Mas si te has descarriado de tu marido, y te has amancillado, y alguno hubiere tenido coito contigo, fuera de tu marido: 21(El sacerdote conjurará a la mujer con juramento de maldición, y dirá a la mujer): Jehová te dé en maldición y en conjuración en medio de tu pueblo, haciendo Jehová a tu muslo que caiga, y a tu vientre que se te hinche; 22Y estas aguas que dan maldición entren en tus entrañas, y hagan hinchar tu vientre y caer tu muslo. Y la mujer dirá: Amén, amén. 23Y el sacerdote escribirá estas maldiciones en un libro, y las borrará con las aguas amargas: 24Y dará a beber a la mujer las aguas amargas que traen maldición; y las aguas que obran maldición entrarán en ella por amargas. 25Después tomará el sacerdote de la mano de la mujer el presente de los celos, y mecerálo delante de Jehová, y lo ofrecerá delante del altar: 26Y tomará el sacerdote un puñado del presente, en memoria de ella, y lo quemará sobre el altar, y después dará a beber las aguas a la mujer. 27Darále pues a beber las aguas; y será, que si fuere inmunda y hubiere hecho traición contra su marido, las aguas que obran maldición entrarán en ella en amargura, y su vientre se hinchará, y caerá su muslo; y la mujer será por maldición en medio de su pueblo. 28Mas si la mujer no fuere inmunda, sino que estuviere limpia, ella será libre, y será fecunda. 29Esta es la ley de los celos, cuando la mujer hiciere traición a su marido, y se amancillare; 30O del marido, sobre el cual pasare espíritu de celo, y tuviere celos de su mujer: presentarála entonces delante de Jehová, y el sacerdote ejecutará en ella toda esta ley. 31Y aquel varón será libre de iniquidad, y la mujer llevará su pecado.
Lectura 2 de 4 · En familia

Salmo 38

1Jehová, no me reprendas en tu furor, ni me castigues en tu ira. 2Porque tus saetas descendieron a mí, y sobre mí ha caído tu mano. 3No hay sanidad en mi carne a causa de tu ira; ni hay paz en mis huesos a causa de mi pecado. 4Porque mis iniquidades han pasado mi cabeza: como carga pesada se han agravado sobre mí. 5Pudriéronse, corrompiéronse mis llagas, a causa de mi locura. 6Estoy encorvado, estoy humillado en gran manera, ando enlutado todo el día. 7Porque mis lomos están llenos de irritación, y no hay sanidad en mi carne. 8Estoy debilitado y molido en gran manera; bramo a causa de la conmoción de mi corazón. 9Señor, delante de ti están todos mis deseos; y mi suspiro no te es oculto. 10Mi corazón está acongojado, hame dejado mi vigor; y aun la misma luz de mis ojos no está conmigo. 11Mis amigos y mis compañeros se quitaron de delante de mi plaga; y mis cercanos se pusieron lejos. 12Y los que buscaban mi alma armaron lazos; y los que procuraban mi mal hablaban iniquidades, y meditaban fraudes todo el día. 13Mas yo, como si fuera sordo, no oía; y estaba como un mudo, que no abre su boca. 14Fui pues como un hombre que no oye, y que en su boca no tiene reprensiones. 15Porque a ti, oh Jehová, esperé yo: tú responderás, Jehová Dios mío. 16Porque dije: Que no se alegren de mí: cuando mi pie resbalaba, sobre mí se engrandecían. 17Empero yo estoy a pique de claudicar, y mi dolor está delante de mí continuamente. 18Por tanto denunciaré mi maldad; congojaréme por mi pecado. 19Porque mis enemigos están vivos y fuertes: y hanse aumentado los que me aborrecen sin causa: 20Y pagando mal por bien me son contrarios, por seguir yo lo bueno. 21No me desampares, oh Jehová: Dios mío, no te alejes de mí. 22Apresúrate a ayudarme, oh Señor, mi salud.
Lectura 3 de 4 · Personal

Cantares 3

1Por las noches busqué en mi lecho al que ama mi alma: busquélo, y no lo hallé. 2Levantaréme ahora, y rodearé por la ciudad; por las calles y por las plazas buscaré al que ama mi alma: busquélo, y no lo hallé. 3Halláronme los guardas que rondan la ciudad, y díjeles: ¿Habéis visto al que ama mi alma? 4Pasando de ellos un poco, hallé luego al que mi alma ama: trabé de él, y no lo dejé, hasta que lo metí en casa de mi madre, y en la cámara de la que me engendró. 5Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalem, por las gamas y por las ciervas del campo, que no despertéis ni hagáis velar al amor, hasta que quiera. 6¿Quién es esta que sube del desierto como columnita de humo, sahumada de mirra y de incienso, y de todos polvos aromáticos? 7He aquí es la litera de Salomón: sesenta valientes la rodean, de los fuertes de Israel. 8Todos ellos tienen espadas, diestros en la guerra; cada uno su espada sobre su muslo, por los temores de la noche. 9El rey Salomón se hizo una carroza de madera del Líbano. 10Sus columnas hizo de plata, su respaldo de oro, su cielo de grana, su interior enlosado de amor, por las doncellas de Jerusalem. 11Salid, oh doncellas de Sion, y ved al rey Salomón con la corona con que le coronó su madre el día de su desposorio, y el día del gozo de su corazón.
Lectura 4 de 4 · Personal

Hebreos 3

1Por tanto, hermanos santos, participantes de la vocación celestial, considerad al Apóstol y Pontífice de nuestra profesión, Cristo Jesús; 2El cual es fiel al que le constituyó, como también lo fue Moisés sobre toda su casa. 3Porque de tanto mayor gloria que Moisés este es estimado digno, cuanto tiene mayor dignidad que la casa el que la fabricó. 4Porque toda casa es edificada de alguno: mas el que crio todas las cosas es Dios. 5Y Moisés a la verdad fue fiel sobre toda su casa, como siervo, para testificar lo que se había de decir; 6Mas Cristo como hijo, sobre su casa; la cual casa somos nosotros, si hasta el cabo retuviéremos firme la confianza y la gloria de la esperanza. 7Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, 8No endurezcáis vuestros corazones como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto, 9Donde me tentaron vuestros padres; me probaron, y vieron mis obras cuarenta años. 10A causa de lo cual me enemisté con esta generación, y dije: Siempre divagan ellos de corazón, y no han conocido mis caminos. 11Juré, pues, en mi ira: No entrarán en mi reposo. 12Mirad, hermanos, que en ninguno de vosotros haya corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo: 13Antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice Hoy; porque ninguno de vosotros se endurezca con engaño de pecado: 14Porque participantes de Cristo somos hechos, con tal que conservemos firme hasta el fin el principio de nuestra confianza; 15Entre tanto que se dice: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación. 16Porque algunos de los que habían salido de Egipto con Moisés, habiendo oído, provocaron, aunque no todos. 17Mas ¿con cuáles estuvo enojado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? 18¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que no obedecieron? 19Y vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Números 5 · Salmo 38
Personales
Cantares 3 · Hebreos 3