Lectura 1 de 4 · En familia
Números 6
1Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 2Habla a los hijos de Israel, y diles: El hombre, o la mujer, cuando se apartare haciendo voto de Nazareo, para dedicarse a Jehová, 3Se abstendrá de vino y de sidra; vinagre de vino, ni vinagre de sidra no beberá, ni beberá algún licor de uvas, ni tampoco comerá uvas frescas ni secas. 4Todo el tiempo de su nazareato, de todo lo que se hace de vid de vino, desde los granillos hasta el hollejo, no comerá. 5Todo el tiempo del voto de su nazareato no pasará navaja sobre su cabeza, hasta que sean cumplidos los días de su apartamiento a Jehová: santo será; dejará crecer las guedejas del cabello de su cabeza. 6Todo el tiempo que se apartare a Jehová, no entrará a persona muerta. 7Por su padre, ni por su madre, por su hermano, ni por su hermana, no se contaminará con ellos cuando murieren; porque consagración de su Dios tiene sobre su cabeza. 8Todo el tiempo de su nazareato, será santo a Jehová. 9Y si alguno muriere muy de repente junto a él, contaminará la cabeza de su nazareato; por tanto el día de su purificación raerá su cabeza; al séptimo día la raerá. 10Y el día octavo traerá dos tórtolas o dos palominos al sacerdote, a la puerta del tabernáculo del testimonio; 11Y el sacerdote hará el uno en expiación, y el otro en holocausto: y expiarálo de lo que pecó sobre el muerto, y santificará su cabeza en aquel día. 12Y consagrará a Jehová los días de su nazareato, y traerá un cordero de un año en expiación por la culpa; y los días primeros serán anulados, por cuanto fue contaminado su nazareato. 13Esta es, pues, la ley del Nazareo el día que se cumpliere el tiempo de su nazareato: Vendrá a la puerta del tabernáculo del testimonio; 14Y ofrecerá su ofrenda a Jehová, un cordero de un año sin tacha en holocausto, y una cordera de un año sin defecto en expiación, y un carnero sin defecto por sacrificio de paces: 15Además un canastillo de cenceñas, tortas de flor de harina amasadas con aceite, y hojaldres cenceñas untadas con aceite, y su presente, y sus libaciones. 16Y el sacerdote lo ofrecerá delante de Jehová, y hará su expiación y su holocausto: 17Y ofrecerá el carnero en sacrificio de paces a Jehová, con el canastillo de las cenceñas; ofrecerá asimismo el sacerdote su presente, y sus libaciones. 18Entonces el Nazareo raerá a la puerta del tabernáculo del testimonio la cabeza de su nazareato, y tomará los cabellos de la cabeza de su nazareato, y los pondrá sobre el fuego que está debajo del sacrificio de las paces. 19Después tomará el sacerdote la espaldilla cocida del carnero, y una torta sin levadura del canastillo, y una hojaldre sin levadura, y pondrálas sobre las manos del Nazareo, después que fuere raído su nazareato: 20Y el sacerdote mecerá aquello, ofrenda agitada delante de Jehová; lo cual será cosa santa del sacerdote, a más del pecho mecido y de la espaldilla separada: y después podrá beber vino el Nazareo. 21Esta es la ley del Nazareo que hiciere voto de su ofrenda a Jehová por su nazareato, a más de lo que su mano alcanzare: según el voto que hiciere, así hará, conforme a la ley de su nazareato. 22Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 23Habla a Aarón y a sus hijos, y diles: Así bendeciréis a los hijos de Israel, diciéndoles: 24Jehová te bendiga, y te guarde: 25Haga resplandecer Jehová su rostro sobre ti, y haya de ti misericordia: 26Jehová alce a ti su rostro, y ponga en ti paz. 27Y pondrán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré.
Lectura 2 de 4 · En familia
Salmo 39
1Yo dije: Atenderé a mis caminos, para no pecar con mi lengua: guardaré mi boca con freno, en tanto que el impío fuere contra mí. 2Enmudecí con silencio, calléme aun respecto de lo bueno: y excitóse mi dolor. 3Enardecióse mi corazón dentro de mí; encendióse fuego en mi meditación, y así proferí con mi lengua: 4Hazme saber, Jehová, mi fin, y cuánta sea la medida de mis días; sepa yo cuánto tengo de ser del mundo. 5He aquí diste a mis días término corto, y mi edad es como nada delante de ti: ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive. (Selah.) 6Ciertamente en tinieblas anda el hombre; ciertamente en vano se inquieta: junta, y no sabe quién lo allegará. 7Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza en ti está. 8Líbrame de todas mis rebeliones; no me pongas por escarnio del insensato. 9Enmudecí, no abrí mi boca; porque tú lo hiciste. 10Quita de sobre mí tu plaga; de la guerra de tu mano soy consumido. 11Con castigos sobre el pecado corriges al hombre, y haces consumirse como de polilla su grandeza: ciertamente vanidad es todo hombre. (Selah.) 12Oye mi oración, oh Jehová, y escucha mi clamor: no calles a mis lágrimas; porque peregrino soy para contigo, y advenedizo, como todos mis padres. 13Déjame, y tomaré fuerzas, antes que vaya y perezca.
Lectura 3 de 4 · Personal
Cantares 4
1He aquí que tú eres hermosa, amiga mía; he aquí que tú eres hermosa; tus ojos entre tus guedejas como de paloma; tus cabellos como manada de cabras, que se muestran desde el monte de Galaad. 2Tus dientes, como manadas de trasquiladas ovejas, que suben del lavadero, todas con crías mellizas, y ninguna entre ellas estéril. 3Tus labios, como un hilo de grana, y tu habla hermosa; tus sienes, como cachos de granada a la parte adentro de tus guedejas. 4Tu cuello, como la torre de David, edificada para muestra; mil escudos están colgados de ella, todos escudos de valientes. 5Tus dos pechos, como dos cabritos mellizos de gama, que son apacentados entre azucenas. 6Hasta que apunte el día y huyan las sombras, iréme al monte de la mirra, y al collado del incienso. 7Toda tú eres hermosa, amiga mía, y en ti no hay mancha. 8Conmigo del Líbano, oh esposa, conmigo ven del Líbano: mira desde la cumbre de Amana, desde la cumbre de Senir y de Hermón, desde las guaridas de los leones, desde los montes de los tigres. 9Prendiste mi corazón, hermana, esposa mía; has preso mi corazón con uno de tus ojos, con una gargantilla de tu cuello. 10¡Cuán hermosos son tus amores, hermana, esposa mía! ¡cuánto mejores que el vino tus amores, y el olor de tus ungüentos que todas las especias aromáticas! 11Como panal de miel destilan tus labios, oh esposa; miel y leche hay debajo de tu lengua; y el olor de tus vestidos como el olor del Líbano. 12Huerto cerrado eres, mi hermana, esposa mía; fuente cerrada, fuente sellada. 13Tus renuevos paraíso de granados, con frutos suaves, de cámphoras y nardos, 14Nardo y azafrán, caña aromática y canela, con todos los árboles de incienso; mirra y áloes, con todas las principales especias. 15Fuente de huertos, pozo de aguas vivas, que corren del Líbano. 16Levántate, Aquilón, y ven, Austro: sopla mi huerto, despréndanse sus aromas. Venga mi amado a su huerto, y coma de su dulce fruta.
Lectura 4 de 4 · Personal
Hebreos 4
1Temamos, pues, que quedando aún la promesa de entrar en su reposo, parezca alguno de vosotros haberse apartado. 2Porque también a nosotros se nos ha evangelizado como a ellos; mas no les aprovechó el oir la palabra a los que la oyeron sin mezclar fe. 3Empero entramos en el reposo los que hemos creído, de la manera que dijo: Como juré en mi ira, no entrarán en mi reposo: aun acabadas las obras desde el principio del mundo. 4Porque en un cierto lugar dijo así del séptimo día: Y reposó Dios de todas sus obras en el séptimo día. 5Y otra vez aquí: No entrarán en mi reposo. 6Así que, pues que resta que algunos han de entrar en él, y aquellos a quienes primero fue anunciado no entraron por causa de desobediencia, 7Determina otra vez un cierto día, diciendo por David: Hoy, después de tanto tiempo; como está dicho: Si oyereis su voz hoy, no endurezcáis vuestros corazones. 8Porque si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaría después de otro día. 9Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. 10Porque el que ha entrado en su reposo, también él ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas. 11Procuremos pues de entrar en aquel reposo; que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia. 12Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más penetrante que toda espada de dos filos: y que alcanza hasta partir el alma, y aun el espíritu, y las coyunturas y tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. 13Y no hay cosa criada que no sea manifiesta en su presencia; antes todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta. 14Por tanto, teniendo un gran Pontífice, que penetró los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. 15Porque no tenemos un Pontífice que no se pueda compadecer de nuestras flaquezas; mas tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. 16Lleguémonos pues confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia, y hallar gracia para el oportuno socorro.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Números 6 · Salmo 39
Personales
Cantares 4 · Hebreos 4