Lectura 1 de 4 · En familia
Jueces 11
1Existía entonces Jephté, Galaadita, hombre valiente, hijo de una ramera, al cual había engendrado Galaad. 2Y la mujer de Galaad también le había parido hijos; los cuales cuando fueron grandes, echaron fuera a Jephté, diciéndole: No heredarás en la casa de nuestro padre, porque eres bastardo. 3Huyendo pues Jephté a causa de sus hermanos, habitó en tierra de Tob; y juntáronse con él hombres ociosos, los cuales con él salían. 4Y aconteció que después de días los hijos de Ammón hicieron guerra contra Israel: 5Y como los hijos de Ammón tenían guerra contra Israel, los ancianos de Galaad fueron para volver a Jephté de tierra de Tob; 6Y dijeron a Jephté: Ven, y serás nuestro capitán, para que peleemos con los hijos de Ammón. 7Y Jephté respondió a los ancianos de Galaad: ¿No me habéis vosotros aborrecido, y me echasteis de la casa de mi padre? ¿por qué pues venís ahora a mí cuando estáis en aflicción? 8Y los ancianos de Galaad respondieron a Jephté: Por esta misma causa tornamos ahora a ti, para que vengas con nosotros, y pelees contra los hijos de Ammón, y nos seas cabeza a todos los que moramos en Galaad. 9Jephté entonces dijo a los ancianos de Galaad: Si me volvéis para que pelee contra los hijos de Ammón, y Jehová los entregare delante de mí, ¿seré yo vuestra cabeza? 10Y los ancianos de Galaad respondieron a Jephté: Jehová oiga entre nosotros, si no hiciéremos como tú dices. 11Entonces Jephté vino con los ancianos de Galaad, y el pueblo lo eligió por su cabeza y príncipe; y Jephté habló todas sus palabras delante de Jehová en Mizpa. 12Y envió Jephté embajadores al rey de los Ammonitas, diciendo: ¿Qué tienes tú conmigo que has venido a mí para hacer guerra en mi tierra? 13Y el rey de los Ammonitas respondió a los embajadores de Jephté: Por cuanto Israel tomó mi tierra, cuando subió de Egipto, desde Arnón hasta Jaboc y el Jordán; por tanto, devuélvelas ahora en paz. 14Y Jephté tornó a enviar otros embajadores al rey de los Ammonitas, 15Para decirle: Jephté ha dicho así: Israel no tomó tierra de Moab, ni tierra de los hijos de Ammón: 16Mas subiendo Israel de Egipto, anduvo por el desierto hasta el mar Bermejo, y llegó a Cades. 17Entonces Israel envió embajadores al rey de Edom, diciendo: Yo te ruego que me dejes pasar por tu tierra. Mas el rey de Edom no los escuchó. Envió también al rey de Moab; el cual tampoco quiso: quedóse por tanto Israel en Cades. 18Después, yendo por el desierto, rodeó la tierra de Edom y la tierra de Moab, y viniendo por el lado oriental de la tierra de Moab, asentó su campo de estotra parte de Arnón, y no entraron por el término de Moab: porque Arnón término es de Moab. 19Y envió Israel embajadores a Sehón rey de los Amorrheos, rey de Hesbón, diciéndole: Ruégote que me dejes pasar por tu tierra hasta mi lugar. 20Mas Sehón no se fio de Israel para darle paso por su término; antes juntando Sehón toda su gente, puso campo en Jaas, y peleó contra Israel. 21Empero Jehová el Dios de Israel entregó a Sehón y a todo su pueblo en mano de Israel, y venciólos: y poseyó Israel toda la tierra del Amorrheo que habitaba en aquel país. 22Poseyeron también todo el término del Amorrheo desde Arnón hasta Jaboc, y desde el desierto hasta el Jordán. 23Así que Jehová el Dios de Israel echó los Amorrheos delante de su pueblo Israel: ¿y lo has de poseer tú? 24Si Chêmos tu dios te echase alguno, ¿no lo poseerías tú? Así poseeremos nosotros a todo aquel que echó Jehová nuestro Dios de delante de nosotros. 25¿Eres tú ahora en algo mejor que Balac hijo de Sephor, rey de Moab? ¿tuvo él cuestión contra Israel, o hizo guerra contra ellos? 26Cuando Israel ha estado habitando por trescientos años a Hesbón y sus aldeas, a Aroer y sus aldeas, y todas las ciudades que están a los términos de Arnón, ¿por qué no las habéis reclamado en ese tiempo? 27Así que, yo nada he pecado contra ti, mas tú haces mal conmigo haciéndome guerra: Jehová, que es el juez, juzgue hoy entre los hijos de Israel y los hijos de Ammón. 28Mas el rey de los hijos de Ammón no atendió las razones de Jephté que le envió. 29Y el espíritu de Jehová fue sobre Jephté: y pasó por Galaad y Manasés; y de allí pasó a Mizpa de Galaad; y de Mizpa de Galaad pasó a los hijos de Ammón. 30Y Jephté hizo voto a Jehová, diciendo: Si entregares a los Ammonitas en mis manos, 31Cualquiera que me saliere a recibir de las puertas de mi casa, cuando volviere de los Ammonitas en paz, será de Jehová, y le ofreceré en holocausto. 32Pasó pues Jephté a los hijos de Ammón para pelear contra ellos; y Jehová los entregó en su mano. 33Y los hirió de grandísimo estrago desde Aroer hasta llegar a Minnith, veinte ciudades; y hasta la vega de las viñas. Así fueron domeñados los Ammonitas delante de los hijos de Israel. 34Y volviendo Jephté a Mizpa a su casa, he aquí que su hija le salió a recibir con adufes y danzas, y era la sola, la única suya; no tenía fuera de ella otro hijo ni hija. 35Y como él la vio, rompió sus vestidos diciendo: ¡Ay, hija mía! de verdad me has abatido, y tú eres de los que me afligen: porque yo he abierto mi boca a Jehová, y no podré retractarme. 36Ella entonces le respondió: Padre mío, si has abierto tu boca a Jehová, haz de mí como salió de tu boca, pues que Jehová ha hecho venganza en tus enemigos los hijos de Ammón. 37Y tornó a decir a su padre: Hágasme esto: déjame por dos meses que vaya y descienda por los montes, y llore mi virginidad, yo y mis compañeras. 38El entonces dijo: Ve. Y dejóla por dos meses. Y ella fue con sus compañeras, y lloró su virginidad por los montes. 39Pasados los dos meses volvió a su padre, e hizo de ella conforme a su voto que había hecho. Y ella nunca conoció varón. 40De aquí fue la costumbre en Israel que de año en año iban las doncellas de Israel a endechar a la hija de Jephté Galaadita, cuatro días en el año.
Lectura 2 de 4 · En familia
Hechos 15
1Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: Que si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos. 2Así que, suscitada una disensión y contienda no pequeña a Pablo y a Bernabé contra ellos, determinaron que subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalem, y algunos otros de ellos, a los apóstoles y a los ancianos, sobre esta cuestión. 3Ellos, pues, habiendo sido acompañados de la iglesia, pasaron por la Fenicia y Samaria, contando la conversión de los Gentiles; y daban gran gozo a todos los hermanos. 4Y llegados a Jerusalem, fueron recibidos de la iglesia y de los apóstoles y de los ancianos: y refirieron todas las cosas que Dios había hecho con ellos. 5Mas algunos de la secta de los Fariseos, que habían creído, se levantaron, diciendo: Que es menester circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés. 6Y se juntaron los apóstoles y los ancianos para conocer de este negocio. 7Y habiendo habido grande contienda, levantándose Pedro, les dijo: Varones hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los Gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio, y creyesen. 8Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo también como a nosotros; 9Y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando con la fe sus corazones. 10Ahora pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos yugo, que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? 11Antes por la gracia del Señor Jesús creemos que seremos salvos, como también ellos. 12Entonces toda la multitud calló, y oyeron a Bernabé y a Pablo, que contaban cuán grandes maravillas y señales Dios había hecho por ellos entre los Gentiles. 13Y después que hubieron callado, Jacobo respondió, diciendo: Varones hermanos, oidme: 14Simón ha contado cómo Dios primero visitó a los Gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre; 15Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito: 16Después de esto volveré y restauraré la habitación de David, que estaba caída; y repararé sus ruinas, y la volveré a levantar; 17Para que el resto de los hombres busque al Señor, y todos los Gentiles, sobre los cuales es llamado mi nombre, dice el Señor, que hace todas estas cosas. 18Conocidas son a Dios desde el siglo todas sus obras. 19Por lo cual yo juzgo, que los que de los Gentiles se convierten a Dios, no han de ser inquietados; 20Sino escribirles que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, y de fornicación, y de ahogado, y de sangre. 21Porque Moisés desde los tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien le predique en las sinagogas, donde es leído cada sábado. 22Entonces pareció bien a los apóstoles y a los ancianos, con toda la iglesia, elegir varones de ellos, y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé: a Judas que tenía por sobrenombre Barsabas, y a Silas, varones principales entre los hermanos; 23Y escribir por mano de ellos: Los apóstoles y los ancianos y los hermanos, a los hermanos de los Gentiles que están en Antioquía, y en Siria, y en Cilicia, salud: 24Por cuanto hemos oído que algunos que han salido de nosotros, os han inquietado con palabras, trastornando vuestras almas, mandando circuncidaros y guardar la ley, a los cuales no mandamos; 25Nos ha parecido, congregados en uno, elegir varones, y enviarlos a vosotros con nuestros amados Bernabé y Pablo, 26Hombres que han expuesto sus vidas por el nombre de nuestro Señor Jesucristo. 27Así que, enviamos a Judas y a Silas, los cuales también por palabra os harán saber lo mismo. 28Que ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: 29Que os abstengáis de cosas sacrificadas a ídolos, y de sangre, y de ahogado, y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien. 30Ellos entonces enviados, descendieron a Antioquía; y juntando la multitud, dieron la carta. 31La cual, como leyeron, fueron gozosos de la consolación. 32Judas también y Silas, como ellos también eran profetas, consolaron y confirmaron a los hermanos con abundancia de palabra. 33Y pasando allí algún tiempo, fueron enviados de los hermanos a los apóstoles en paz. 34Mas a Silas pareció bien el quedarse allí. 35Y Pablo y Bernabé se estaban en Antioquía, enseñando la palabra del Señor y anunciando el evangelio con otros muchos. 36Y después de algunos días, Pablo dijo a Bernabé: Volvamos a visitar a los hermanos por todas las ciudades en las cuales hemos anunciado la palabra del Señor, cómo están. 37Y Bernabé quería que tomasen consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos; 38Mas a Pablo no le parecía bien llevar consigo al que se había apartado de ellos desde Pamphylia, y no había ido con ellos a la obra. 39Y hubo tal contención entre ellos, que se apartaron el uno del otro; y Bernabé tomando a Marcos, navegó a Cipro. 40Y Pablo escogiendo a Silas, partió encomendado de los hermanos a la gracia del Señor. 41Y anduvo la Siria y la Cilicia, confirmando a las iglesias.
Lectura 3 de 4 · Personal
Jeremías 24
1Mostróme Jehová, y he aquí dos cestas de higos puestas delante del templo de Jehová, después de haber trasportado Nabucodonosor rey de Babilonia a Jechônías hijo de Joacim, rey de Judá, y a los príncipes de Judá, y a los oficiales y herreros de Jerusalem, y haberlos llevado a Babilonia. 2La una cesta tenía higos muy buenos, como brevas; y la otra cesta tenía higos muy malos, que no se podían comer de malos. 3Y díjome Jehová: ¿Qué ves tú, Jeremías? Y dije: Higos, higos buenos, muy buenos; y malos, muy malos, que de malos no se pueden comer. 4Y fue a mí palabra de Jehová, diciendo: 5Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Como a estos buenos higos, así conoceré la trasportación de Judá al cual eché de este lugar a tierra de Caldeos, para bien. 6Porque pondré mis ojos sobre ellos para bien, y volverélos a esta tierra; y los edificaré, y no los destruiré: plantarélos, y no los arrancaré. 7Y les daré corazón para que me conozcan, que yo soy Jehová: y me serán por pueblo, y yo les seré a ellos por Dios; porque se volverán a mí de todo su corazón. 8Y como los malos higos, que de malos no se pueden comer, así, ha dicho Jehová, daré a Sedechîas rey de Judá, y a sus príncipes, y al resto de Jerusalem que quedaron en esta tierra, y que moran en la tierra de Egipto. 9Y darélos por escarnio, por mal a todos los reinos de la tierra: por infamia, y por ejemplo, y por refrán, y por maldición a todos los lugares adonde yo los arrojaré. 10Y enviaré sobre ellos espada, hambre, y pestilencia, hasta que sean acabados de sobre la tierra que les di a ellos y a sus padres.
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Marcos 10
1Y partiéndose de allí, vino a los términos de Judea y tras el Jordán: y volvió el pueblo a juntarse a él; y de nuevo les enseñaba como solía. 2Y llegándose los Fariseos, le preguntaron, para tentarle, si era lícito al marido repudiar a su mujer. 3Mas él respondiendo, les dijo: ¿Qué os mandó Moisés? 4Y ellos dijeron: Moisés permitió escribir carta de divorcio, y repudiar. 5Y respondiendo Jesús, les dijo: Por la dureza de vuestro corazón os escribió este mandamiento; 6Pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios. 7Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se juntará a su mujer. 8Y los que eran dos, serán hechos una carne: así que no son más dos, sino una carne. 9Pues lo que Dios juntó, no lo aparte el hombre. 10Y en casa volvieron los discípulos a preguntarle de lo mismo. 11Y les dice: Cualquiera que repudiare a su mujer, y se casare con otra, comete adulterio contra ella: 12Y si la mujer repudiare a su marido y se casare con otro, comete adulterio. 13Y le presentaban niños para que los tocase; y los discípulos reñían a los que los presentaban. 14Y viéndolo Jesús, se enojó, y les dijo: Dejad los niños venir, y no se lo estorbéis; porque de los tales es el reino de Dios. 15De cierto os digo, que el que no recibiere el reino de Dios como un niño, no entrará en él. 16Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía. 17Y saliendo él para ir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para poseer la vida eterna? 18Y Jesús le dijo: ¿Por qué me dices bueno? Ninguno hay bueno, sino solo uno, Dios. 19Los mandamientos sabes: No adulteres: No mates: No hurtes: No digas falso testimonio: No defraudes: Honra a tu padre y a tu madre. 20El entonces respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto he guardado desde mi mocedad. 21Entonces Jesús mirándole, amóle, y díjole: Una cosa te falta: ve, vende todo lo que tienes, y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz. 22Mas él, entristecido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. 23Entonces Jesús, mirando alrededor, dice a sus discípulos: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! 24Y los discípulos se espantaron de sus palabras; mas Jesús respondiendo, les volvió a decir: ¡Hijos, cuán difícil es entrar en el reino de Dios, los que confían en las riquezas! 25Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que el rico entrar en el reino de Dios. 26Y ellos se espantaban más, diciendo dentro de sí: ¿Y quién podrá salvarse? 27Entonces Jesús mirándolos, dice: Para los hombres es imposible; mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios. 28Entonces Pedro comenzó a decirle: He aquí, nosotros hemos dejado todas las cosas, y te hemos seguido. 29Y respondiendo Jesús, dijo: De cierto os digo, que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o heredades, por causa de mí y del evangelio, 30Que no reciba cien tantos ahora en este tiempo, casas, y hermanos, y hermanas, y madres, e hijos, y heredades, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna. 31Empero muchos primeros serán postreros, y postreros primeros. 32Y estaban en el camino subiendo a Jerusalem; y Jesús iba delante de ellos, y se espantaban, y le seguían con miedo: entonces volviendo a tomar a los doce aparte, les comenzó a decir las cosas que le habían de acontecer: 33He aquí subimos a Jerusalem, y el Hijo del hombre será entregado a los príncipes de los sacerdotes, y a los escribas, y le condenarán a muerte, y le entregarán a los Gentiles: 34Y le escarnecerán, y le azotarán, y escupirán en él, y le matarán; mas al tercer día resucitará. 35Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se llegaron a él, diciendo: Maestro, querríamos que nos hagas lo que pidiéremos. 36Y él les dijo: ¿Qué queréis que os haga? 37Y ellos le dijeron: Danos que en tu gloria nos sentemos el uno a tu diestra, y el otro a tu siniestra. 38Entonces Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo bebo, o ser bautizados del bautismo de que yo soy bautizado? 39Y ellos dijeron: Podemos. Y Jesús les dijo: A la verdad, del vaso que yo bebo, beberéis; y del bautismo de que yo soy bautizado, seréis bautizados. 40Mas que os sentéis a mi diestra y a mi siniestra, no es mío darlo, sino a quienes está aparejado. 41Y como lo oyeron los diez, comenzaron a enojarse de Jacobo y de Juan. 42Mas Jesús, llamándolos, les dice: Sabéis que los que se ven ser príncipes entre las gentes, se enseñorean de ellas, y los que entre ellas son grandes, tienen sobre ellas potestad. 43Mas no será así entre vosotros: antes cualquiera que quisiere hacerse grande entre vosotros, será vuestro servidor; 44Y cualquiera de vosotros que quisiere hacerse el primero, será siervo de todos. 45Porque el Hijo del hombre tampoco vino para ser servido, mas para servir, y dar su vida en rescate por muchos. 46Entonces vienen a Jericó: y saliendo él de Jericó y sus discípulos y una gran compañía, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando. 47Y oyendo que era Jesús el Nazareno, comenzó a dar voces y decir: Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí. 48Y muchos le reñían, que callase: mas él daba mayores voces: Hijo de David, ten misericordia de mí. 49Entonces Jesús parándose, mandó llamarle: y llaman al ciego, diciéndole: Ten confianza: levántate, te llama. 50El entonces, echando su capa, se levantó, y vino a Jesús. 51Y respondiendo Jesús, le dice: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dice: Maestro, que cobre la vista. 52Y Jesús le dijo: Ve, tu fe te ha salvado. Y luego cobró la vista, y seguía a Jesús en el camino.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Jueces 11 · Hechos 15
Personales
Jeremías 24 · Marcos 10