Lectura 1 de 4 · En familia

Jueces 12

1Y juntándose los varones de Ephraim, pasaron hacia el aquilón, y dijeron a Jephté: ¿Por qué fuiste a hacer guerra contra los hijos de Ammón, y no nos llamaste para que fuéramos contigo? Nosotros quemaremos a fuego tu casa contigo. 2Y Jephté les respondió: Yo tuve, y mi pueblo, una gran contienda con los hijos de Ammón, y os llamé, y no me defendisteis de sus manos. 3Viendo pues que no me defendíais, puse mi alma en mi palma, y pasé contra los hijos de Ammón, y Jehová los entregó en mi mano: ¿por qué pues habéis subido hoy contra mí para pelear conmigo? 4Y juntando Jephté a todos los varones de Galaad, peleó contra Ephraim; y los de Galaad hirieron a Ephraim, porque habían dicho: Vosotros sois fugitivos de Ephraim, vosotros sois Galaaditas entre Ephraim y Manasés. 5Y los Galaaditas tomaron los vados del Jordán a Ephraim; y era que, cuando alguno de los de Ephraim que había huído, decía, ¿pasaré? los de Galaad le preguntaban: ¿Eres tú Ephrateo? Si él respondía, No; 6Entonces le decían: Ahora pues, di, Shiboleth. Y él decía, Siboleth; porque no podía pronunciar de aquella suerte. Entonces le echaban mano, y le degollaban junto a los vados del Jordán. Y murieron entonces de los de Ephraim cuarenta y dos mil. 7Y Jephté juzgó a Israel seis años: luego murió Jephté Galaadita, y fue sepultado en una de las ciudades de Galaad. 8Después de él juzgó a Israel Ibzan de Beth-lehem; 9El cual tuvo treinta hijos y treinta hijas, las cuales casó fuera, y tomó de fuera treinta hijas para sus hijos: y juzgó a Israel siete años. 10Y murió Ibzan, y fue sepultado en Beth-lehem. 11Después de él juzgó a Israel Elón, Zabulonita, el cual juzgó a Israel diez años. 12Y murió Elón, Zabulonita, y fue sepultado en Ajalón en la tierra de Zabulón. 13Después de él juzgó a Israel Abdón hijo de Hillel, Piratonita. 14Este tuvo cuarenta hijos y treinta nietos, que cabalgaban sobre setenta asnos: y juzgó a Israel ocho años. 15Y murió Abdón hijo de Hillel, Piratonita, y fue sepultado en Piratón, en la tierra de Ephraim, en el monte de Amalec.
Lectura 2 de 4 · En familia

Hechos 16

1Después llegó a Derbe, y a Listra: y he aquí, estaba allí un discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer Judía fiel, mas de padre Griego. 2De este daban buen testimonio los hermanos que estaban en Listra y en Iconio. 3Este quiso Pablo que fuese con él; y tomándole, le circuncidó por causa de los Judíos que estaban en aquellos lugares; porque todos sabían que su padre era Griego. 4Y como pasaban por las ciudades, les daban que guardasen los decretos que habían sido determinados por los apóstoles y los ancianos que estaban en Jerusalem. 5Así que, las iglesias eran confirmadas en fe, y eran aumentadas en número cada día. 6Y pasando a Phrygia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia. 7Y como vinieron a Misia, tentaron de ir a Bithynia; mas el Espíritu no les dejó. 8Y pasando a Misia, descendieron a Troas. 9Y fue mostrada a Pablo de noche una visión: Un varón Macedonio se puso delante, rogándole, y diciendo: Pasa a Macedonia, y ayúdanos. 10Y como vio la visión, luego procuramos partir a Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio. 11Partidos pues de Troas, vinimos camino derecho a Samotracia, y el día siguiente a Neápolis; 12Y de allí a Filipos, que es la primera ciudad de la parte de Macedonia, y una colonia; y estuvimos en aquella ciudad algunos días. 13Y un día de sábado salimos de la puerta junto al río, donde solía ser la oración; y sentándonos, hablamos a las mujeres que se habían juntado. 14Entonces una mujer llamada Lidia, que vendía púrpura en la ciudad de Tiatira, temerosa de Dios, estaba oyendo; el corazón de la cual abrió el Señor para que estuviese atenta a lo que Pablo decía. 15Y cuando fue bautizada, y su familia, nos rogó, diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad: y constriñónos. 16Y aconteció, que yendo nosotros a la oración, una muchacha que tenía espíritu pitónico, nos salió al encuentro, la cual daba grande ganancia a sus amos adivinando. 17Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Alto, los cuales os anuncian el camino de salud. 18Y esto hacía por muchos días; mas desagradando a Pablo, se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella. Y salió en la misma hora. 19Y viendo sus amos que había salido la esperanza de su ganancia, prendieron a Pablo y a Silas, y los trajeron al foro, al magistrado; 20Y presentándolos a los magistrados, dijeron: Estos hombres, siendo Judíos, alborotan nuestra ciudad, 21Y predican ritos, los cuales no nos es lícito recibir ni hacer, pues somos Romanos. 22Y agolpóse el pueblo contra ellos: y los magistrados rompiéndoles sus ropas, les mandaron azotar con varas. 23Y después que los hubieron herido de muchos azotes, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con diligencia: 24El cual, recibido este mandamiento, los metió en la cárcel de más adentro; y les apretó los pies en el cepo. 25Mas a media noche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios: y los que estaban presos los oían. 26Entonces fue hecho de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se movían; y luego todas las puertas se abrieron, y las prisiones de todos se soltaron. 27Y despertado el carcelero, como vio abiertas las puertas de la cárcel, sacando la espada se quería matar, pensando que los presos se habían huído. 28Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal; que todos estamos aquí. 29El entonces pidiendo luz, entró dentro, y temblando, derribóse a los pies de Pablo y de Silas; 30Y sacándolos fuera, les dice: Señores, ¿qué es menester que yo haga para ser salvo? 31Y ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú, y tu casa. 32Y le hablaron la palabra del Señor, y a todos los que estaban en su casa. 33Y tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó los azotes; y se bautizó luego él, y todos los suyos. 34Y llevándolos a su casa, les puso la mesa: y se gozó de que con toda su casa había creído a Dios. 35Y como fue de día, los magistrados enviaron los alguaciles, diciendo: Deja ir a aquellos hombres. 36Y el carcelero hizo saber estas palabras a Pablo: Los magistrados han enviado a decir que seáis sueltos: así que ahora salid, e id en paz. 37Entonces Pablo les dijo: Azotados públicamente sin ser condenados, siendo hombres Romanos, nos echaron en la cárcel; y ¿ahora nos echan encubiertamente? No, de cierto, sino vengan ellos y sáquennos. 38Y los alguaciles volvieron a decir a los magistrados estas palabras: y tuvieron miedo, oído que eran Romanos. 39Y viniendo, les rogaron; y sacándolos, les pidieron que se saliesen de la ciudad. 40Entonces salidos de la cárcel, entraron en casa de Lidia; y habiendo visto a los hermanos, los consolaron, y se salieron.
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Jeremías 25

1Palabra que fue a Jeremías acerca de todo el pueblo de Judá en el año cuarto de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, el cual es el año primero de Nabucodonosor rey de Babilonia; 2La cual habló Jeremías profeta a todo el pueblo de Judá, y a todos los moradores de Jerusalem, diciendo: 3Desde el año trece de Josías hijo de Amón, rey de Judá, hasta este día, que son veintitrés años, fue a mí palabra de Jehová, y os he hablado, madrugando y dando aviso; mas no oisteis. 4Y envió Jehová a vosotros todos sus siervos los profetas, madrugando y enviándolos; mas no oisteis, ni inclinasteis vuestro oído para escuchar, 5Cuando decían: Volveos ahora de vuestro mal camino y de la maldad de vuestras obras, y morad en la tierra que os dio Jehová, a vosotros y a vuestros padres para siempre; 6Y no vayáis en pos de dioses ajenos, sirviéndoles y encorvándoos a ellos, ni me provoquéis a ira con la obra de vuestras manos; y no os haré mal. 7Empero no me habéis oído, dice Jehová, para provocarme a ira con la obra de vuestras manos para mal vuestro. 8Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos: Por cuanto no habéis oído mis palabras, 9He aquí enviaré yo, y tomaré todos los linajes del aquilón, dice Jehová, y a Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y traerélos contra esta tierra, y contra sus moradores, y contra todas estas naciones en derredor; y los destruiré, y pondrélos por escarnio, y por silbo, y en soledades perpetuas. 10Y haré que perezca de entre ellos voz de gozo y voz de alegría, voz de desposado y voz de desposada, ruido de muelas, y luz de lámpara. 11Y toda esta tierra será puesta en soledad, en espanto; y servirán estas gentes al rey de Babilonia setenta años. 12Y será que, cuando fueren cumplidos los setenta años, visitaré sobre el rey de Babilonia y sobre aquella gente su maldad, ha dicho Jehová, y sobre la tierra de los Caldeos; y pondréla en desiertos para siempre. 13Y traeré sobre aquella tierra todas mis palabras que he hablado contra ella, con todo lo que está escrito en este libro, profetizado por Jeremías contra todas gentes. 14Porque se servirán también de ellos muchas gentes, y reyes grandes; y yo les pagaré conforme a sus hechos, y conforme a la obra de sus manos. 15Porque así me dijo Jehová Dios de Israel: Toma de mi mano el vaso del vino de este furor, y da a beber de él a todas las gentes a las cuales yo te envío. 16Y beberán, y temblarán, y enloquecerán delante del cuchillo que yo envío entre ellos. 17Y tomé el vaso de la mano de Jehová, y di de beber a todas las gentes a las cuales me envió Jehová: 18A Jerusalem, a las ciudades de Judá, y a sus reyes, y a sus príncipes, para ponerlos en soledad, en escarnio, y en silbo, y en maldición, como este día; 19A Faraón rey de Egipto, y a sus siervos, a sus príncipes, y a todo su pueblo; 20Y a toda la mezcla de gente, y a todos los reyes de tierra de Hus, y a todos los reyes de tierra de Palestina, y a Ascalón, y Gaza, y Ecrón, y al residuo de Asdod; 21A Edom, y Moab, y a los hijos de Ammón; 22Y a todos los reyes de Tiro, y a todos los reyes de Sidón, y a los reyes de las islas que están de ese lado de la mar; 23Y a Dedán, y Tema, y Buz, y a todos los que están al cabo del mundo; 24Y a todos los reyes de Arabia, y a todos los reyes de pueblos mezclados que habitan en el desierto; 25Y a todos los reyes de Zimri, y a todos los reyes de Elam, y a todos los reyes de Media; 26Y a todos los reyes del aquilón, los de cerca y los de lejos, los unos con los otros; y a todos los reinos de la tierra que están sobre la haz de la tierra: y el rey de Sesach beberá después de ellos. 27Les dirás, pues: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Bebed, y embriagaos, y vomitad, y caed, y no os levantéis delante del cuchillo que yo envío entre vosotros. 28Y será que, si no quieren tomar el vaso de tu mano para beber, les dirás tú: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Habéis de beber. 29Porque he aquí, que a la ciudad sobre la cual es invocado mi nombre yo comienzo a hacer mal; ¿y vosotros seréis absueltos? No seréis absueltos: porque espada traigo sobre todos los moradores de la tierra, dice Jehová de los ejércitos. 30Tú pues, profetizarás a ellos todas estas palabras, y les dirás: Jehová bramará desde lo alto, y desde la morada de su santidad dará su voz: enfurecido bramará sobre su morada; canción de lagareros cantará contra todos los moradores de la tierra. 31Llegó el estruendo hasta el cabo de la tierra; porque juicio de Jehová con las gentes: él es el Juez de toda carne; entregará los impíos a cuchillo, dice Jehová. 32Así ha dicho Jehová de los ejércitos: He aquí que el mal sale de gente en gente, y grande tempestad se levantará de los fines de la tierra. 33Y serán muertos de Jehová en aquel día desde el un cabo de la tierra hasta el otro cabo; no se endecharán, ni se recogerán, ni serán enterrados; como estiércol serán sobre la haz de la tierra. 34Aullad, pastores, y clamad; y revolcaos en el polvo, mayorales del rebaño; porque cumplidos son vuestros días para ser vosotros degollados y esparcidos, y caeréis como vaso de codicia. 35Y acabaráse la huída de los pastores, y el escape de los mayorales del rebaño. 36¡Voz de la grita de los pastores, y aullido de los mayorales del rebaño! porque Jehová asoló sus majadas. 37Y las majadas quietas serán taladas por el furor de la ira de Jehová. 38Dejó cual leoncillo su guarida; pues asolada fue la tierra de ellos por la ira del opresor, y por el furor de su saña.
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Marcos 11

1Y como fueron cerca de Jerusalem, de Bethphagé, y de Bethania, al monte de las Olivas, envía dos de sus discípulos, 2Y les dice: Id al lugar que está delante de vosotros, y luego entrados en él, hallaréis un pollino atado, sobre el cual ningún hombre ha subido; desatadlo y traedlo. 3Y si alguien os dijere: ¿Por qué hacéis eso? decid que el Señor lo ha menester: y luego lo enviará acá. 4Y fueron, y hallaron el pollino atado a la puerta fuera, entre dos caminos; y le desataron. 5Y unos de los que estaban allí, les dijeron: ¿Qué hacéis desatando el pollino? 6Ellos entonces les dijeron como Jesús había mandado: y los dejaron. 7Y trajeron el pollino a Jesús, y echaron sobre él sus vestidos, y se sentó sobre él. 8Y muchos tendían sus vestidos por el camino, y otros cortaban hojas de los árboles, y las tendían por el camino. 9Y los que iban delante, y los que iban detrás, daban voces diciendo: ¡Hosanna! Bendito el que viene en el nombre del Señor. 10Bendito el reino de nuestro padre David que viene: ¡Hosanna en las alturas! 11Y entró Jesús en Jerusalem, y en el templo: y habiendo mirado alrededor todas las cosas, y siendo ya tarde, salióse a Bethania con los doce. 12Y el día siguiente, como salieron de Bethania, tuvo hambre. 13Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, se acercó, si quizá hallaría en ella algo: y como vino a ella, nada halló sino hojas; porque no era tiempo de higos. 14Entonces Jesús respondiendo, dijo a la higuera: Nunca más coma nadie fruto de ti para siempre. Y lo oyeron sus discípulos. 15Vienen, pues, a Jerusalem; y entrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo; y trastornó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas; 16Y no consentía que alguien llevase vaso por el templo. 17Y les enseñaba diciendo: ¿No está escrito que mi casa, casa de oración será llamada por todas las gentes? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. 18Y lo oyeron los escribas y los príncipes de los sacerdotes, y procuraban cómo le matarían; porque le tenían miedo, por cuanto todo el pueblo estaba maravillado de su doctrina. 19Mas como fue tarde, Jesús salió de la ciudad. 20Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces. 21Entonces Pedro acordándose, le dice: Maestro, he aquí la higuera que maldijiste, se ha secado. 22Y respondiendo Jesús, les dice: Tened fe en Dios. 23Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate, y échate en la mar, y no dudare en su corazón, mas creyere que será hecho lo que dice, lo que dijere le será hecho. 24Por tanto, os digo que todo lo que orando pidiereis, creed que lo recibiréis, y os vendrá. 25Y cuando estuviereis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que vuestro Padre que está en los cielos os perdone también a vosotros vuestras ofensas. 26Porque si vosotros no perdonareis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas. 27Y volvieron a Jerusalem; y andando él por el templo, vienen a él los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los ancianos; 28Y le dicen: ¿Con qué facultad haces estas cosas? ¿y quién te ha dado esta facultad para hacer estas cosas? 29Y Jesús respondiendo entonces, les dice: Os preguntaré también yo una palabra; y respondedme, y os diré con qué facultad hago estas cosas: 30El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres? Respondedme. 31Entonces ellos pensaron dentro de sí, diciendo: Si dijéremos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? 32Y si dijéremos, de los hombres, tememos al pueblo: porque todos juzgaban de Juan, que verdaderamente era profeta. 33Y respondiendo, dicen a Jesús: No sabemos. Entonces respondiendo Jesús, les dice: Tampoco yo os diré con qué facultad hago estas cosas.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Jueces 12 · Hechos 16
Personales
Jeremías 25 · Marcos 11