Lectura 1 de 4 · En familia

Génesis 30

1Y viendo Rachêl que no daba hijos a Jacob, tuvo envidia de su hermana, y decía a Jacob: Dame hijos, o si no, me muero. 2Y Jacob se enojaba contra Rachêl, y decía: ¿Soy yo en lugar de Dios, que te impidió el fruto de tu vientre? 3Y ella dijo: He aquí mi sierva Bilha; entra a ella, y parirá sobre mis rodillas, y yo también tendré hijos de ella. 4Así le dio a Bilha su sierva por mujer; y Jacob entró a ella. 5Y concibió Bilha, y parió a Jacob un hijo. 6Y dijo Rachêl: Juzgóme Dios, y también oyó mi voz, y dióme un hijo. Por tanto llamó su nombre Dan. 7Y concibió otra vez Bilha, la sierva de Rachêl, y parió el hijo segundo a Jacob. 8Y dijo Rachêl: Con luchas de Dios he contendido con mi hermana, y he vencido. Y llamó su nombre Nephtalí. 9Y viendo Lea que había dejado de parir, tomó a Zilpa su sierva, y dióla a Jacob por mujer. 10Y Zilpa, sierva de Lea, parió a Jacob un hijo. 11Y dijo Lea: Vino la ventura. Y llamó su nombre Gad. 12Y Zilpa, la sierva de Lea, parió otro hijo a Jacob. 13Y dijo Lea: Para dicha mía; porque las mujeres me dirán dichosa: y llamó su nombre Aser. 14Y fue Rubén en tiempo de la siega de los trigos, y halló mandrágoras en el campo, y trájolas a Lea su madre: y dijo Rachêl a Lea: Ruégote que me des de las mandrágoras de tu hijo. 15Y ella respondió: ¿Es poco que hayas tomado mi marido, sino que también te has de llevar las mandrágoras de mi hijo? y dijo Rachêl: Pues dormirá contigo esta noche por las mandrágoras de tu hijo. 16Y cuando Jacob volvía del campo a la tarde, salió Lea a él, y le dijo: A mí has de entrar, porque a la verdad te he alquilado por las mandrágoras de mi hijo. Y durmió con ella aquella noche. 17Y oyó Dios a Lea: y concibió, y parió a Jacob el quinto hijo. 18Y dijo Lea: Dios me ha dado mi recompensa, por cuanto di mi sierva a mi marido: por eso llamó su nombre Issachâr. 19Y concibió Lea otra vez, y parió el sexto hijo a Jacob. 20Y dijo Lea: Dios me ha dado una buena dote: ahora morará conmigo mi marido, porque le he parido seis hijos: y llamó su nombre Zabulón. 21Y después parió una hija, y llamó su nombre Dina. 22Y acordóse Dios de Rachêl, y oyóla Dios, y abrió su matriz. 23Y concibió, y parió un hijo: y dijo: Quitado ha Dios mi afrenta: 24Y llamó su nombre José, diciendo: Añádame Jehová otro hijo. 25Y aconteció, cuando Rachêl hubo parido a José, que Jacob dijo a Labán: Envíame, e iré a mi lugar, y a mi tierra. 26Dame mis mujeres y mis hijos, por las cuales he servido contigo, y déjame ir; pues tú sabes los servicios que te he hecho. 27Y Labán le respondió: Halle yo ahora gracia en tus ojos, y quédate; experimentado he que Jehová me ha bendecido por tu causa. 28Y dijo: Señálame tu salario, que yo lo daré. 29Y él respondió: Tú sabes cómo te he servido, y cómo ha estado tu ganado conmigo; 30Porque poco tenías antes de mi venida, y ha crecido en gran número; y Jehová te ha bendecido con mi llegada: y ahora ¿cuándo tengo de hacer yo también por mi propia casa? 31Y él dijo: ¿Qué te daré? Y respondió Jacob: No me des nada: si hicieres por mí esto, volveré a apacentar tus ovejas. 32Yo pasaré hoy por todas tus ovejas, poniendo aparte todas las reses manchadas y de color vario, y todas las reses de color oscuro entre las ovejas, y las manchadas y de color vario entre las cabras; y esto será mi salario. 33Así responderá por mí mi justicia mañana, cuando me viniere mi salario delante de ti: toda la que no fuere pintada ni manchada en las cabras y de color oscuro en las ovejas mías, se me ha de tener por de hurto. 34Y dijo Labán: Mira, ojalá fuese como tú dices. 35Y apartó aquel día los machos de cabrío rayados y manchados; y todas las cabras manchadas y de color vario, y toda res que tenía en sí algo de blanco, y todas las de color oscuro entre las ovejas, y púsolas en manos de sus hijos; 36Y puso tres días de camino entre sí y Jacob: y Jacob apacentaba las otras ovejas de Labán. 37Y tomóse Jacob varas de álamo verdes, y de avellano, y de castaño, y descortezó en ellas mondaduras blancas, descubriendo así lo blanco de las varas. 38Y puso las varas que había mondado en las pilas, delante del ganado, en los abrevaderos del agua donde venían a beber las ovejas, las cuales se recalentaban viniendo a beber. 39Y concebían las ovejas delante de las varas, y parían borregos listados, pintados y salpicados de diversos colores. 40Y apartaba Jacob los corderos, y poníalos con su rebaño, los listados, y todo lo que era oscuro en el hato de Labán. Y ponía su hato aparte, y no lo ponía con las ovejas de Labán. 41Y sucedía que cuantas veces se recalentaban las tempranas, Jacob ponía las varas delante de las ovejas en las pilas, para que concibiesen a la vista de las varas. 42Y cuando venían las ovejas tardías, no las ponía: así eran las tardías para Labán, y las tempranas para Jacob. 43Y acreció el varón muy mucho, y tuvo muchas ovejas, y siervas y siervos, y camellos y asnos.
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Marcos 1

1Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. 2Como está escrito en Isaías el profeta: He aquí yo envío a mi mensajero delante de tu faz, que apareje tu camino delante de ti. 3Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor; enderezad sus veredas. 4Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo del arrepentimiento para remisión de pecados. 5Y salía a él toda la provincia de Judea, y los de Jerusalem; y eran todos bautizados por él en el río de Jordán, confesando sus pecados. 6Y Juan andaba vestido de pelos de camello, y con un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y comía langostas y miel silvestre. 7Y predicaba, diciendo: Viene tras mí el que es más poderoso que yo, al cual no soy digno de desatar encorvado la correa de sus zapatos. 8Yo a la verdad os he bautizado con agua; mas él os bautizará con Espíritu Santo. 9Y aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. 10Y luego, subiendo del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma, que descendía sobre él. 11Y hubo una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tomo contentamiento. 12Y luego el Espíritu le impele al desierto. 13Y estuvo allí en el desierto cuarenta días, y era tentado de Satanás; y estaba con las fieras; y los ángeles le servían. 14Mas después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, 15Y diciendo: El tiempo es cumplido, y el reino de Dios está cerca: arrepentíos, y creed al evangelio. 16Y pasando junto a la mar de Galilea, vio a Simón, y a Andrés su hermano, que echaban la red en la mar; porque eran pescadores. 17Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres. 18Y luego, dejadas sus redes, le siguieron. 19Y pasando de allí un poco más adelante, vio a Jacobo, hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, también ellos en el navío, que aderezaban las redes. 20Y luego los llamó: y dejando a su padre Zebedeo en el barco con los jornaleros, fueron en pos de él. 21Y entraron en Capernaum; y luego los sábados, entrando en la sinagoga, enseñaba. 22Y se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene potestad, y no como los escribas. 23Y había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, el cual dio voces, 24Diciendo: ¡Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios. 25Y Jesús le riñó, diciendo: Enmudece, y sal de él. 26Y el espíritu inmundo, haciéndole pedazos, y clamando a gran voz, salió de él. 27Y todos se maravillaron, de tal manera que inquirían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es esta, que con potestad aun a los espíritus inmundos manda, y le obedecen? 28Y vino luego su fama por toda la provincia alrededor de Galilea. 29Y luego saliendo de la sinagoga, vinieron a casa de Simón y de Andrés, con Jacobo y Juan. 30Y la suegra de Simón estaba acostada con calentura; y le hablaron luego de ella. 31Entonces llegando él, la tomó de su mano y la levantó; y luego la dejó la calentura, y les servía. 32Y cuando fue la tarde, luego que el sol se puso, traían a él todos los que tenían mal, y endemoniados; 33Y toda la ciudad se juntó a la puerta. 34Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba decir a los demonios que le conocían. 35Y levantándose muy de mañana, aun muy de noche, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba. 36Y le siguió Simón, y los que estaban con él; 37Y hallándole, le dicen: Todos te buscan. 38Y les dice: Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido. 39Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios. 40Y un leproso vino a él, rogándole; e hincada la rodilla, le dice: Si quieres, puedes limpiarme. 41Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió su mano, y le tocó, y le dice: Quiero, sé limpio. 42Y así que hubo él hablado, la lepra se fue luego de aquel, y fue limpio. 43Entonces le apercibió, y despidióle luego, 44Y le dice: Mira, no digas a nadie nada; sino ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza lo que Moisés mandó, para testimonio a ellos. 45Mas él salido, comenzó a publicarlo mucho, y a divulgar el hecho, de manera que ya Jesús no podía entrar manifiestamente en la ciudad, sino que estaba fuera en los lugares desiertos; y venían a él de todas partes.
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Ester 6

1Aquella noche se le fue el sueño al rey, y dijo que le trajesen el libro de las memorias de las cosas de los tiempos: y leyéronlas delante del rey. 2Y hallóse escrito que Mardochêo había denunciado de Bigthan y de Teres, dos eunucos del rey, de la guarda de la puerta, que habían procurado meter mano en el rey Assuero. 3Y dijo el rey: ¿Qué honra o que distinción se hizo a Mardochêo por esto? Y respondieron los servidores del rey, sus oficiales: Nada se ha hecho con él. 4Entonces dijo el rey: ¿Quién está en el patio? Y Amán había venido al patio de afuera de la casa del rey, para decir al rey que hiciese colgar a Mardochêo en la horca que él le tenía preparada. 5Y los servidores del rey le respondieron: He aquí Amán está en el patio. Y el rey dijo: Entre. 6Entró pues Amán, y el rey le dijo: ¿Qué se hará al hombre cuya honra desea el rey? Y dijo Amán en su corazón: ¿A quién deseará el rey hacer honra más que a mí? 7Y respondió Amán al rey: Al varón cuya honra desea el rey, 8Traigan el vestido real de que el rey se viste, y el caballo en que el rey cabalga, y la corona real que está puesta en su cabeza; 9Y den el vestido y el caballo en mano de alguno de los príncipes más nobles del rey, y vistan a aquel varón cuya honra desea el rey, y llévenlo en el caballo por la plaza de la ciudad, y pregonen delante de él: Así se hará al varón cuya honra desea el rey. 10Entonces el rey dijo a Amán: Date priesa, toma el vestido y el caballo, como tú has dicho, y hazlo así con el judío Mardochêo, que se sienta a la puerta del rey; no omitas nada de todo lo que has dicho. 11Y Amán tomó el vestido y el caballo, y vistió a Mardochêo, y llevólo a caballo por la plaza de la ciudad, e hizo pregonar delante de él: Así se hará al varón cuya honra desea el rey. 12Después de esto Mardochêo se volvió a la puerta del rey, y Amán se fue corriendo a su casa, apesadumbrado y cubierta su cabeza. 13Contó luego Amán a Zeres su mujer, y a todos sus amigos, todo lo que le había acontecido: y dijéronle sus sabios, y Zeres su mujer: Si de la simiente de los Judíos es el Mardochêo, delante de quien has comenzado a caer, no lo vencerás; antes caerás por cierto delante de él. 14Aun estaban ellos hablando con él, cuando los eunucos del rey llegaron apresurados, para hacer venir a Amán al banquete que Esther había dispuesto.
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Romanos 1

1Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios, 2Que él había antes prometido por sus profetas en las santas Escrituras, 3Acerca de su Hijo, (que fue hecho de la simiente de David según la carne; 4El cual fue declarado Hijo de Dios con potencia, según el espíritu de santidad, por la resurrección de los muertos), de Jesucristo Señor nuestro, 5Por el cual recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia de la fe en todas las naciones en su nombre, 6Entre las cuales sois también vosotros, llamados de Jesucristo: 7A todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados santos: Gracia y paz tengáis de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesucristo. 8Primeramente, doy gracias a mi Dios por Jesucristo acerca de todos vosotros, de que vuestra fe es predicada en todo el mundo. 9Porque testigo me es Dios, al cual sirvo en mi espíritu en el evangelio de su Hijo, que sin cesar me acuerdo de vosotros siempre en mis oraciones, 10Rogando, si al fin algún tiempo haya de tener, por la voluntad de Dios, próspero viaje para ir a vosotros. 11Porque os deseo ver, para repartir con vosotros algún don espiritual, para confirmaros; 12Es a saber, para ser juntamente consolado con vosotros por la común fe vuestra y juntamente mía. 13Mas no quiero, hermanos, que ignoréis que muchas veces me he propuesto ir a vosotros (empero hasta ahora he sido estorbado), para tener también entre vosotros algún fruto, como entre los demás Gentiles. 14A Griegos y a bárbaros, a sabios y a no sabios soy deudor. 15Así que, cuanto a mí, presto estoy a anunciar el evangelio también a vosotros que estáis en Roma. 16Porque no me avergüenzo del evangelio: porque es potencia de Dios para salud a todo aquel que cree; al Judío primeramente y también al Griego. 17Porque en él la justicia de Dios se descubre de fe en fe; como está escrito: Mas el justo vivirá por la fe. 18Porque manifiesta es la ira de Dios del cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que detienen la verdad con injusticia: 19Porque lo que de Dios se conoce, a ellos es manifiesto; porque Dios se lo manifestó. 20Porque las cosas invisibles de él, su eterna potencia y divinidad, se echan de ver desde la creación del mundo, siendo entendidas por las cosas que son hechas; de modo que son inexcusables: 21Porque habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni dieron gracias; antes se desvanecieron en sus discursos, y el necio corazón de ellos fue entenebrecido. 22Diciéndose ser sabios, se hicieron fatuos, 23Y trocaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, y de aves, y de animales de cuatro pies, y de serpientes. 24Por lo cual también Dios los entregó a inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de suerte que contaminaron sus cuerpos entre sí mismos: 25Los cuales mudaron la verdad de Dios en mentira, honrando y sirviendo a las criaturas antes que al Criador, el cual es bendito por los siglos. Amén. 26Por esto Dios los entregó a afectos vergonzosos; pues aun sus mujeres mudaron el natural uso en el uso que es contra naturaleza: 27Y del mismo modo también los hombres, dejando el uso natural de las mujeres, se encendieron en sus concupiscencias los unos con los otros, cometiendo cosas nefandas hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la recompensa que convino a su extravío. 28Y como a ellos no les pareció tener a Dios en su noticia, Dios los entregó a una mente depravada, para hacer lo que no conviene, 29Estando atestados de toda iniquidad, de fornicación, de malicia, de avaricia, de maldad; llenos de envidia, de homicidios, de contiendas, de engaños, de malignidades; 30Murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, 31Necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia: 32Que, habiendo entendido el juicio de Dios que los que hacen tales cosas son dignos de muerte, no solo las hacen, mas aun consienten a los que las hacen.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Génesis 30 · Marcos 1
Personales
Ester 6 · Romanos 1