Lectura 1 de 4 · En familia

Génesis 29

1Y siguió Jacob su camino, y fue a la tierra de los orientales. 2Y miró, y vio un pozo en el campo: y he aquí tres rebaños de ovejas que yacían cerca de él; porque de aquel pozo abrevaban los ganados: y había una gran piedra sobre la boca del pozo. 3Y juntábanse allí todos los rebaños; y revolvían la piedra de sobre la boca del pozo, y abrevaban las ovejas; y volvían la piedra sobre la boca del pozo a su lugar. 4Y díjoles Jacob: Hermanos míos, ¿de dónde sois? Y ellos respondieron: De Harán somos. 5Y él les dijo: ¿Conocéis a Labán, hijo de Nachôr? Y ellos dijeron: Sí, le conocemos. 6Y él les dijo: ¿Tiene paz? Y ellos dijeron: Paz; y he aquí Rachêl su hija viene con el ganado. 7Y él dijo: He aquí el día es aún grande; no es tiempo todavía de recoger el ganado; abrevad las ovejas, e id a apacentarlas. 8Y ellos respondieron: No podemos, hasta que se junten todos los ganados, y remuevan la piedra de sobre la boca del pozo, para que abrevemos las ovejas. 9Estando aún él hablando con ellos, Rachêl vino con el ganado de su padre, porque ella era la pastora. 10Y sucedió que, como Jacob vio a Rachêl, hija de Labán hermano de su madre, y a las ovejas de Labán el hermano de su madre, llegóse Jacob, y removió la piedra de sobre la boca del pozo, y abrevó el ganado de Labán hermano de su madre. 11Y Jacob besó a Rachêl, y alzó su voz, y lloró. 12Y Jacob dijo a Rachêl como él era hermano de su padre, y como era hijo de Rebeca: y ella corrió, y dio las nuevas a su padre. 13Y así que oyó Labán las nuevas de Jacob, hijo de su hermana, corrió a recibirlo, y abrazólo, y besólo, y trájole a su casa: y él contó a Labán todas estas cosas. 14Y Labán le dijo: Ciertamente hueso mío y carne mía eres. Y estuvo con él el tiempo de un mes. 15Entonces dijo Labán a Jacob: ¿Por ser tú mi hermano, me has de servir de balde? declárame qué será tu salario. 16Y Labán tenía dos hijas: el nombre de la mayor era Lea, y el nombre de la menor, Rachêl. 17Y los ojos de Lea eran tiernos, pero Rachêl era de lindo semblante y de hermoso parecer. 18Y Jacob amó a Rachêl, y dijo: Yo te serviré siete años por Rachêl tu hija menor. 19Y Labán respondió: Mejor es que te la dé a ti, que no que la dé a otro hombre: estáte conmigo. 20Así sirvió Jacob por Rachêl siete años: y pareciéronle como pocos días, porque la amaba. 21Y dijo Jacob a Labán: Dame mi mujer, porque mi tiempo es cumplido, para que cohabite con ella. 22Entonces Labán juntó a todos los varones de aquel lugar, e hizo banquete. 23Y sucedió que a la noche tomó a Lea su hija, y se la trajo: y él entró a ella. 24Y dio Labán su sierva Zilpa a su hija Lea por criada. 25Y venida la mañana, he aquí que era Lea: y él dijo a Labán: ¿Qué es esto que me has hecho? ¿no te he servido por Rachêl? ¿por qué, pues, me has engañado? 26Y Labán respondió: No se hace así en nuestro lugar, que se dé la menor antes de la mayor. 27Cumple la semana de esta, y se te dará también la otra, por el servicio que hicieres conmigo otros siete años. 28E hizo Jacob así, y cumplió la semana de aquella: y él le dio a Rachêl su hija por mujer. 29Y dio Labán a Rachêl su hija por criada a su sierva Bilha. 30Y entró también a Rachêl: y amóla también más que a Lea: y sirvió con él aún otros siete años. 31Y vio Jehová que Lea era aborrecida, y abrió su matriz: pero Rachêl era estéril. 32Y concibió Lea, y parió un hijo, y llamó su nombre Rubén, porque dijo: Ya que ha mirado Jehová mi aflicción; ahora por tanto me amará mi marido. 33Y concibió otra vez, y parió un hijo, y dijo: Por cuanto oyó Jehová que yo era aborrecida, me ha dado también este. Y llamó su nombre Simeón. 34Y concibió otra vez, y parió un hijo, y dijo: Ahora esta vez se unirá mi marido conmigo, porque le he parido tres hijos: por tanto, llamó su nombre Leví. 35Y concibió otra vez, y parió un hijo, y dijo: Esta vez alabaré a Jehová: por esto llamó su nombre Judá: y dejó de parir.
Lectura 2 de 4 · En familia

Mateo 28

1Y la víspera de sábado, que amanece para el primer día de la semana, vino María Magdalena, y la otra María, a ver el sepulcro. 2Y he aquí, fue hecho un gran terremoto: porque el ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, había revuelto la piedra, y estaba sentado sobre ella. 3Y su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. 4Y de miedo de él los guardas se asombraron, y fueron vueltos como muertos. 5Y respondiendo el ángel, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, que fue crucificado. 6No está aquí; porque ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. 7E id presto, decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos: y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis; he aquí, os lo he dicho. 8Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a sus discípulos, 9He aquí, Jesús les sale al encuentro, diciendo: Salve. Y ellas se llegaron y abrazaron sus pies, y le adoraron. 10Entonces Jesús les dice: No temáis: id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán. 11Y yendo ellas, he aquí unos de la guardia vinieron a la ciudad, y dieron aviso a los príncipes de los sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido. 12Y juntados con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho dinero a los soldados, 13Diciendo: Decid: Sus discípulos vinieron de noche, y le hurtaron, durmiendo nosotros. 14Y si esto fuere oído del presidente, nosotros le persuadiremos, y os haremos seguros. 15Y ellos, tomando el dinero, hicieron como estaban instruídos: y este dicho fue divulgado entre los Judíos hasta el día de hoy. 16Mas los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. 17Y como le vieron, le adoraron: mas algunos dudaban. 18Y llegando Jesús, les habló, diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 19Por tanto, id, y doctrinad a todos los Gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo: 20Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
Lectura 3 de 4 · Personal

Ester 5

1Y aconteció que al tercer día se vistió Esther su vestido real, y púsose en el patio de adentro de la casa del rey, enfrente del aposento del rey: y estaba el rey sentado en su solio regio en el aposento real, enfrente de la puerta del aposento. 2Y fue que, como vio a la reina Esther que estaba en el patio, ella obtuvo gracia en sus ojos; y el rey extendió a Esther el cetro de oro que tenía en la mano. Entonces se llegó Esther, y tocó la punta del cetro. 3Y dijo el rey: ¿Qué tienes, reina Esther? ¿y cuál es tu petición? Hasta la mitad del reino, se te dará. 4Y Esther dijo: Si al rey place, venga hoy el rey con Amán al banquete que le he hecho. 5Y respondió el rey: Daos priesa, llamad a Amán, para hacer lo que Esther ha dicho. Vino pues el rey con Amán al banquete que Esther dispuso. 6Y dijo el rey a Esther en el banquete del vino: ¿Cuál es tu petición, y te será otorgada? ¿Cuál es tu demanda? Aunque sea la mitad del reino, te será concedida. 7Entonces respondió Esther, y dijo: Mi petición y mi demanda es: 8Si he hallado gracia en los ojos del rey, y si place al rey otorgar mi petición y hacer mi demanda, que venga el rey con Amán al banquete que les dispondré; y mañana haré conforme a lo que el rey ha mandado. 9Y salió Amán aquel día contento y alegre de corazón; pero como vio a Mardochêo a la puerta del rey, que no se levantaba ni se movía de su lugar, llenóse contra Mardochêo de ira. 10Mas refrenóse Amán, y vino a su casa, y envió, e hizo venir sus amigos, y a Zeres su mujer. 11Y refirióles Amán la gloria de sus riquezas, y la multitud de sus hijos, y todas las cosas con que el rey le había engrandecido y con que le había ensalzado sobre los príncipes y siervos del rey. 12Y añadió Amán: También la reina Esther a ninguno hizo venir con el rey al banquete que ella dispuso, sino a mí: y aun para mañana soy convidado de ella con el rey. 13Mas todo esto nada me sirve cada vez que veo al judío Mardochêo sentado a la puerta del rey. 14Y díjole Zeres su mujer, y todos sus amigos: Hagan una horca alta de cincuenta codos, y mañana di al rey que cuelguen a Mardochêo en ella; y entra con el rey al banquete alegre. Y plugo la cosa en los ojos de Amán, e hizo preparar la horca.
Lectura 4 de 4 · Personal

Hechos 28

1Y cuando escapamos, entonces supimos que la isla se llamaba Melita. 2Y los bárbaros nos mostraron no poca humanidad; porque, encendido un fuego, nos recibieron a todos, a causa de la lluvia que venía, y del frío. 3Entonces habiendo Pablo recogido algunos sarmientos, y puéstolos en el fuego, una víbora, huyendo del calor, le acometió a la mano. 4Y como los bárbaros vieron la víbora colgando de su mano, decían los unos a los otros: Ciertamente este hombre es homicida, a quien, escapado de la mar, la justicia no deja vivir. 5Mas él, sacudiendo la víbora en el fuego, ningún mal padeció. 6Empero ellos estaban esperando cuándo se había de hinchar, o caer muerto de repente; mas habiendo esperado mucho, y viendo que ningún mal le venía, mudados, decían que era un dios. 7En aquellos lugares había heredades del principal de la isla, llamado Publio, el cual nos recibió y hospedó tres días humanamente. 8Y aconteció que el padre de Publio estaba en cama, enfermo de fiebres y de disentería: al cual Pablo entró, y después de haber orado, le puso las manos encima, y le sanó: 9Y esto hecho, también los otros que en la isla tenían enfermedades, llegaban, y eran sanados: 10Los cuales también nos honraron con muchos obsequios; y cuando partimos, nos cargaron de las cosas necesarias. 11Así que, pasados tres meses, navegamos en una nave Alejandrina que había invernado en la isla, la cual tenía por enseña a Cástor y Pólux. 12Y llegados a Siracusa, estuvimos allí tres días. 13De allí, costeando alrededor, vinimos a Regio; y otro día después, soplando el austro, vinimos al segundo día a Puteolos: 14Donde habiendo hallado hermanos, nos rogaron que quedásemos con ellos siete días; y luego vinimos a Roma; 15De donde, oyendo de nosotros los hermanos, nos salieron a recibir hasta la plaza de Appio, y Las Tres Tabernas: a los cuales como Pablo vio, dio gracias a Dios, y tomó aliento. 16Y como llegamos a Roma, el centurión entregó los presos al prefecto de los ejércitos, mas a Pablo fue permitido estar por sí, con un soldado que le guardase. 17Y aconteció que tres días después, Pablo convocó a los principales de los Judíos; a los cuales, luego que estuvieron juntos, les dijo: Yo, varones hermanos, no habiendo hecho nada contra el pueblo, ni contra los ritos de la patria, he sido entregado preso desde Jerusalem en manos de los Romanos; 18Los cuales, habiéndome examinado, me querían soltar, por no haber en mí ninguna causa de muerte. 19Mas contradiciendo los Judíos, fui forzado a apelar a César; no que tenga de qué acusar a mi nación. 20Así que, por esta causa, os he llamado para veros y hablaros; porque por la esperanza de Israel estoy rodeado de esta cadena. 21Entonces ellos le dijeron: Nosotros ni hemos recibido cartas tocante a ti de Judea, ni ha venido alguno de los hermanos que haya denunciado o hablado algún mal de ti. 22Mas querríamos oir de ti lo que sientes; porque de esta secta notorio nos es que en todos lugares es contradicha. 23Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a la posada, a los cuales declaraba y testificaba el reino de Dios, persuadiéndoles lo concerniente a Jesús, por la ley de Moisés y por los profetas, desde la mañana hasta la tarde. 24Y algunos asentían a lo que se decía, mas algunos no creían. 25Y como fueron entre sí discordes, se fueron, diciendo Pablo esta palabra: Bien ha hablado el Espíritu Santo por el profeta Isaías a nuestros padres, 26Diciendo: Ve a este pueblo, y di les: De oído oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no percibiréis: 27Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y de los oídos oyeron pesadamente, y sus ojos taparon; porque no vean con los ojos, y oigan con los oídos, y entiendan de corazón, y se conviertan, y yo los sane. 28Séaos pues notorio que a los Gentiles es enviada esta salud de Dios: y ellos oirán. 29Y habiendo dicho esto, los Judíos salieron, teniendo entre sí gran contienda. 30Pablo empero, quedó dos años enteros en su casa de alquiler, y recibía a todos los que a él venían, 31Predicando el reino de Dios y enseñando lo que es del Señor Jesucristo con toda libertad, sin impedimento.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Génesis 29 · Mateo 28
Personales
Ester 5 · Hechos 28