Lectura 1 de 4 · En familia

Éxodo 40

1Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 2En el primer día del mes primero harás levantar el tabernáculo, el tabernáculo del testimonio: 3Y pondrás en él el arca del testimonio, y la cubrirás con el velo: 4Y meterás la mesa, y la pondrás en orden: meterás también el candelero, y encenderás sus lámparas: 5Y pondrás el altar de oro para el perfume delante del arca del testimonio, y pondrás el pabellón delante de la puerta del tabernáculo. 6Después pondrás el altar del holocausto delante de la puerta del tabernáculo, del tabernáculo del testimonio. 7Luego pondrás la fuente entre el tabernáculo del testimonio y el altar; y pondrás agua en ella. 8Finalmente pondrás el atrio en derredor, y el pabellón de la puerta del atrio. 9Y tomarás el aceite de la unción, y ungirás el tabernáculo, y todo lo que está en él; y le santificarás con todos sus vasos, y será santo. 10Ungirás también el altar del holocausto y todos sus vasos: y santificarás el altar, y será un altar santísimo. 11Asimismo ungirás la fuente y su basa, y la santificarás. 12Y harás llegar a Aarón y a sus hijos a la puerta del tabernáculo del testimonio, y los lavarás con agua. 13Y harás vestir a Aarón las vestiduras sagradas, y lo ungirás, y lo consagrarás, para que sea mi sacerdote. 14Después harás llegar sus hijos, y les vestirás las túnicas: 15Y los ungirás como ungiste a su padre, y serán mis sacerdotes: y será que su unción les servirá por sacerdocio perpetuo por sus generaciones. 16Y Moisés hizo conforme a todo lo que Jehová le mandó; así lo hizo. 17Y así en el día primero del primer mes, en el segundo año, el tabernáculo fue erigido. 18Y Moisés hizo levantar el tabernáculo, y asentó sus basas, y colocó sus tablas, y puso sus barras, e hizo alzar sus columnas. 19Y extendió la tienda sobre el tabernáculo, y puso la sobrecubierta encima del mismo; como Jehová había mandado a Moisés. 20Y tomó y puso el testimonio dentro del arca, y colocó las varas en el arca, y encima la cubierta sobre el arca: 21Y metió el arca en el tabernáculo, y puso el velo de la tienda, y cubrió el arca del testimonio; como Jehová había mandado a Moisés. 22Y puso la mesa en el tabernáculo del testimonio, al lado septentrional del pabellón, fuera del velo: 23Y sobre ella puso por orden los panes delante de Jehová, como Jehová había mandado a Moisés. 24Y puso el candelero en el tabernáculo del testimonio, enfrente de la mesa, al lado meridional del pabellón. 25Y encendió las lámparas delante de Jehová; como Jehová había mandado a Moisés. 26Puso también el altar de oro en el tabernáculo del testimonio, delante del velo: 27Y encendió sobre él el perfume aromático; como Jehová había mandado a Moisés. 28Puso asimismo la cortina de la puerta del tabernáculo. 29Y colocó el altar del holocausto a la puerta del tabernáculo, del tabernáculo del testimonio; y ofreció sobre él holocausto y presente; como Jehová había mandado a Moisés. 30Y puso la fuente entre el tabernáculo del testimonio y el altar; y puso en ella agua para lavar. 31Y Moisés y Aarón y sus hijos lavaban en ella sus manos y sus pies. 32Cuando entraban en el tabernáculo del testimonio, y cuando se llegaban al altar, se lavaban; como Jehová había mandado a Moisés. 33Finalmente erigió el atrio en derredor del tabernáculo y del altar, y puso la cortina de la puerta del atrio. Y así acabó Moisés la obra. 34Entonces una nube cubrió el tabernáculo del testimonio, y la gloria de Jehová hinchió el tabernáculo. 35Y no podía Moisés entrar en el tabernáculo del testimonio, porque la nube estaba sobre él, y la gloria de Jehová lo tenía lleno. 36Y cuando la nube se alzaba del tabernáculo, los hijos de Israel se movían en todas sus jornadas: 37Pero si la nube no se alzaba, no se partían hasta el día en que ella se alzaba. 38Porque la nube de Jehová estaba de día sobre el tabernáculo, y el fuego estaba de noche en él, a vista de toda la casa de Israel, en todas sus jornadas.
Lectura 2 de 4 · En familia

Juan 19

1Así que, entonces tomó Pilato a Jesús, y le azotó. 2Y los soldados entretejieron de espinas una corona, y pusiéron la sobre su cabeza, y le vistieron de una ropa de grana; 3Y decían: ¡Salve, Rey de los Judíos! y dábanle de bofetadas. 4Entonces Pilato salió otra vez fuera, y díjoles: He aquí, os le traigo fuera, para que entendáis que ningún crimen hallo en él. 5Y salió Jesús fuera, llevando la corona de espinas y la ropa de grana. Y díceles Pilato: He aquí el hombre. 6Y como le vieron los príncipes de los sacerdotes, y los servidores, dieron voces diciendo: Crucifícale, crucifícale. Díceles Pilato: Tomadle vosotros, y crucificadle; porque yo no hallo en él crimen. 7Respondiéronle los Judíos: Nosotros tenemos ley, y según nuestra ley debe morir, porque se hizo Hijo de Dios. 8Y como Pilato oyó esta palabra, tuvo más miedo. 9Y entró otra vez en el pretorio, y dijo a Jesús: ¿De dónde eres tú? Mas Jesús no le dio respuesta. 10Entonces dícele Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿no sabes que tengo potestad para crucificarte, y que tengo potestad para soltarte? 11Respondió Jesús: Ninguna potestad tendrías contra mí, si no te fuese dado de arriba: por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene. 12Desde entonces procuraba Pilato soltarle; mas los Judíos daban voces, diciendo: Si a este sueltas, no eres amigo de César: cualquiera que se hace rey, a César contradice. 13Entonces Pilato, oyendo este dicho, llevó fuera a Jesús, y se sentó en el tribunal en el lugar que se dice Lithóstrotos, y en hebreo Gabbatha. 14Y era la víspera de la Pascua, y como la hora de sexta. Entonces dijo a los Judíos: He aquí vuestro Rey. 15Mas ellos dieron voces: Quita, quita, crucifícale. Díceles Pilato: ¿A vuestro Rey he de crucificar? Respondieron los pontífices: No tenemos rey sino a César. 16Así que entonces lo entregó a ellos para que fuese crucificado. Y tomaron a Jesús, y le llevaron. 17Y llevando su cruz, salió al lugar que se dice de la Calavera, y en hebreo, Gólgotha; 18Donde le crucificaron, y con él otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio. 19Y escribió también Pilato un título, que puso encima de la cruz. Y el escrito era: JESUS NAZARENO, REY DE LOS JUDIOS. 20Y muchos de los Judíos leyeron este título: porque el lugar donde estaba crucificado Jesús era cerca de la ciudad: y estaba escrito en hebreo, en griego, y en latín. 21Y decían a Pilato los pontífices de los Judíos: No escribas, Rey de los Judíos: sino, que él dijo: Rey soy de los Judíos. 22Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito. 23Y como los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes (para cada soldado una parte); y la túnica; mas la túnica era sin costura, toda tejida desde arriba. 24Y dijeron entre ellos: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, de quién será; para que se cumpliese la Escritura, que dice: Partieron para sí mis vestidos, y sobre mi vestidura echaron suertes. Y los soldados hicieron esto. 25Y estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena. 26Y como vio Jesús a la madre, y al discípulo que él amaba, que estaba presente, dice a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. 27Después dice al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió consigo. 28Después de esto, sabiendo Jesús que todas las cosas eran ya cumplidas, para que la Escritura se cumpliese, dijo: Sed tengo. 29Y estaba allí un vaso lleno de vinagre: entonces ellos hinchieron una esponja de vinagre, y rodeada a un hisopo, se la llegaron a la boca. 30Y como Jesús tomó el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, dio el espíritu. 31Entonces los Judíos, por cuanto era la víspera de la Pascua, para que los cuerpos no quedasen en la cruz en el sábado, pues era el gran día del sábado, rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados. 32Y vinieron los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con él. 33Mas cuando vinieron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas: 34Empero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y luego salió sangre y agua. 35Y el que lo vio, da testimonio, y su testimonio es verdadero: y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis. 36Porque estas cosas fueron hechas para que se cumpliese la Escritura: Hueso no quebrantaréis de él. 37Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron. 38Después de estas cosas, José de Arimatea, el cual era discípulo de Jesús, mas secreto por miedo de los Judíos, rogó a Pilato que pudiera quitar el cuerpo de Jesús: y permitióselo Pilato. Entonces vino, y quitó el cuerpo de Jesús. 39Y vino también Nicodemo, el que antes había venido a Jesús de noche, trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras. 40Tomaron pues el cuerpo de Jesús, y envolviéronlo en lienzos con especias, como es costumbre de los Judíos sepultar. 41Y en aquel lugar donde había sido crucificado, había un huerto; y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aun no había sido puesto ninguno. 42Allí, pues, por causa de la víspera de la Pascua de los Judíos, porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús.
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Proverbios 16

1Del hombre son las disposiciones del corazón: mas de Jehová la respuesta de la lengua. 2Todos los caminos del hombre son limpios en su opinión: mas Jehová pesa los espíritus. 3Encomienda a Jehová tus obras, y tus pensamientos serán afirmados. 4Todas las cosas ha hecho Jehová por sí mismo, y aun al impío para el día malo. 5Abominación es a Jehová todo altivo de corazón: aunque esté mano sobre mano, no será reputado inocente. 6Con misericordia y verdad se corrige el pecado: y con el temor de Jehová se apartan del mal los hombres. 7Cuando los caminos del hombre son agradables a Jehová, aun a sus enemigos pacificará con él. 8Mejor es lo poco con justicia, que la muchedumbre de frutos sin derecho. 9El corazón del hombre piensa su camino: mas Jehová endereza sus pasos. 10Adivinación está en los labios del rey: en juicio no prevaricará su boca. 11Peso y balanzas justas son de Jehová: obra suya son todas las pesas de la bolsa. 12Abominación es a los reyes hacer impiedad: porque con justicia será afirmado el trono. 13Los labios justos son el contentamiento de los reyes; y aman al que habla lo recto. 14La ira del rey es mensajero de muerte: mas el hombre sabio la evitará. 15En la alegría del rostro del rey está la vida; y su benevolencia es como nube de lluvia tardía. 16Mejor es adquirir sabiduría que oro preciado; y adquirir inteligencia vale más que la plata. 17El camino de los rectos es apartarse del mal: su alma guarda el que guarda su camino. 18Antes del quebrantamiento es la soberbia; y antes de la caída la altivez de espíritu. 19Mejor es humillar el espíritu con los humildes, que partir despojos con los soberbios. 20El entendido en la palabra, hallará el bien: y el que confía en Jehová, él es bienaventurado. 21El sabio de corazón es llamado entendido: y la dulzura de labios aumentará la doctrina. 22Manantial de vida es el entendimiento al que lo posee: mas la erudición de los necios es necedad. 23El corazón del sabio hace prudente su boca; y con sus labios aumenta la doctrina. 24Panal de miel son los dichos suaves: suavidad al alma y medicina a los huesos. 25Hay camino que parece derecho al hombre, mas su salida son caminos de muerte. 26El alma del que trabaja, trabaja para sí; porque su boca le constriñe. 27El hombre perverso cava el mal; y en sus labios hay como llama de fuego. 28El hombre perverso levanta contienda; y el chismoso aparta los mejores amigos. 29El hombre malo lisonjea a su prójimo, y le hace andar por el camino no bueno: 30Cierra sus ojos para pensar perversidades; mueve sus labios, efectúa el mal. 31Corona de honra es la vejez, que se hallará en el camino de justicia. 32Mejor es el que tarde se aira que el fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad. 33La suerte se echa en el seno: mas de Jehová es el juicio de ella.
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Filipenses 3

1Resta, hermanos, que os gocéis en el Señor. A mí, a la verdad, no es molesto el escribiros las mismas cosas, y para vosotros es seguro. 2Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos del cortamiento. 3Porque nosotros somos la circuncisión, los que servimos en espíritu a Dios, y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne. 4Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno parece que tiene de qué confiar en la carne, yo más: 5Circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, Hebreo de Hebreos; cuanto a la ley, Fariseo; 6Cuanto al celo, perseguidor de la iglesia; cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible. 7Pero las cosas que para mí eran ganancias, helas reputado pérdidas por amor de Cristo. 8Y ciertamente, aun reputo todas las cosas pérdida por el eminente conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y téngolo por estiércol, para ganar a Cristo, 9Y ser hallado en él, no teniendo mi justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; 10A fin de conocerle, y la virtud de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, en conformidad a su muerte, 11Si en alguna manera llegase a la resurrección de los muertos. 12No que ya haya alcanzado, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si alcanzo aquello para lo cual fui también alcanzado de Cristo Jesús. 13Hermanos, yo mismo no hago cuenta de haber lo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, 14Prosigo al blanco, al premio de la soberana vocación de Dios en Cristo Jesús. 15Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos: y si otra cosa sentís, esto también os revelará Dios. 16Empero en aquello a que hemos llegado, vamos por la misma regla, sintamos una misma cosa. 17Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad los que así anduvieren como nos tenéis por ejemplo. 18Porque muchos andan, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo: 19Cuyo fin será perdición, cuyo dios es el vientre, y su gloria es en confusión; que sienten lo terreno. 20Mas nuestra vivienda es en los cielos; de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; 21El cual transformará el cuerpo de nuestra bajeza, para ser semejante al cuerpo de su gloria, por la operación con la cual puede también sujetar a sí todas las cosas.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Éxodo 40 · Juan 19
Personales
Proverbios 16 · Filipenses 3