Lectura 1 de 4 · En familia
Levítico 1
1Y llamó Jehová a Moisés, y habló con él desde el tabernáculo del testimonio, diciendo: 2Habla a los hijos de Israel, y diles: Cuando alguno de entre vosotros ofreciere ofrenda a Jehová, de ganado vacuno u ovejuno haréis vuestra ofrenda. 3Si su ofrenda fuere holocausto de vacas, macho sin tacha lo ofrecerá: de su voluntad lo ofrecerá a la puerta del tabernáculo del testimonio delante de Jehová. 4Y pondrá su mano sobre la cabeza del holocausto; y él lo aceptará para expiarle. 5Entonces degollará el becerro en la presencia de Jehová; y los sacerdotes, hijos de Aarón, ofrecerán la sangre, y la rociarán alrededor sobre el altar, el cual está a la puerta del tabernáculo del testimonio. 6Y desollará el holocausto, y lo dividirá en sus piezas. 7Y los hijos de Aarón sacerdote pondrán fuego sobre el altar, y compondrán la leña sobre el fuego. 8Luego los sacerdotes, hijos de Aarón, acomodarán las piezas, la cabeza y el redaño, sobre la leña que está sobre el fuego, que habrá encima del altar: 9Y lavará con agua sus intestinos y sus piernas: y el sacerdote hará arder todo sobre el altar: holocausto es, ofrenda encendida de olor suave a Jehová. 10Y si su ofrenda para holocausto fuere de ovejas, de los corderos, o de las cabras, macho sin defecto lo ofrecerá. 11Y ha de degollarlo al lado septentrional del altar delante de Jehová: y los sacerdotes, hijos de Aarón, rociarán su sangre sobre el altar alrededor. 12Y lo dividirá en sus piezas, con su cabeza y su redaño; y el sacerdote las acomodará sobre la leña que está sobre el fuego, que habrá encima del altar; 13Y lavará sus entrañas y sus piernas con agua; y el sacerdote lo ofrecerá todo, y harálo arder sobre el altar; holocausto es, ofrenda encendida de olor suave a Jehová. 14Y si el holocausto se hubiere de ofrecer a Jehová de aves, presentará su ofrenda de tórtolas, o de palominos. 15Y el sacerdote la ofrecerá sobre el altar, y ha de quitarle la cabeza, y hará que arda en el altar; y su sangre será exprimida sobre la pared del altar. 16Y le ha de quitar el buche y las plumas, lo cual echará junto al altar, hacia el oriente, en el lugar de las cenizas. 17Y la henderá por sus alas, mas no la dividirá en dos: y el sacerdote la hará arder sobre el altar, sobre la leña que estará en el fuego; holocausto es, ofrenda encendida de olor suave a Jehová.
Lectura 2 de 4 · En familia
Juan 20
1Y el primer día de la semana, María Magdalena vino de mañana, siendo aún obscuro, al sepulcro; y vio la piedra quitada del sepulcro. 2Entonces corrió, y vino a Simón Pedro, y al otro discípulo, al cual amaba Jesús, y les dice: Han llevado al Señor del sepulcro, y no sabemos dónde le han puesto. 3Y salió Pedro, y el otro discípulo, y vinieron al sepulcro. 4Y corrían los dos juntos; mas el otro discípulo corrió más presto que Pedro, y llegó primero al sepulcro. 5Y bajándose a mirar, vio los lienzos echados; mas no entró. 6Llegó luego Simón Pedro siguiéndole, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos echados, 7Y el sudario, que había estado sobre su cabeza, no puesto con los lienzos, sino envuelto en un lugar aparte. 8Y entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro, y vio, y creyó. 9Porque aun no sabían la Escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos. 10Y volvieron los discípulos a los suyos. 11Empero María estaba fuera llorando junto al sepulcro: y estando llorando, bajóse a mirar el sepulcro; 12Y vio dos ángeles en ropas blancas que estaban sentados, el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto. 13Y dijéronle: Mujer, ¿por qué lloras? Díceles: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto. 14Y como hubo dicho esto, volvióse atrás, y vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús. 15Dícele Jesús: Mujer, ¿por qué lloras? ¿a quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, dícele: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré. 16Dícele Jesús: ¡María! Volviéndose ella, dícele: ¡Rabboni! que quiere decir, Maestro. 17Dícele Jesús: No me toques: porque aun no he subido a mi Padre: mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. 18Fue María Magdalena dando las nuevas a los discípulos de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas. 19Y como fue tarde aquel día, el primero de la semana, y estando las puertas cerradas donde los discípulos estaban juntos por miedo de los Judíos, vino Jesús, y púsose en medio, y díjoles: Paz a vosotros. 20Y como hubo dicho esto, mostróles las manos y el costado. Y los discípulos se gozaron viendo al Señor. 21Entonces les dijo Jesús otra vez: Paz a vosotros; como me envió el Padre, así también yo os envío. 22Y como hubo dicho esto, sopló, y díjoles: Tomad el Espíritu Santo: 23A los que remitiereis los pecados, les son remitidos: a quienes los retuviereis, serán retenidos. 24Empero Tomás, uno de los doce, que se dice el Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. 25Dijéronle pues los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Y él les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré. 26Y ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Vino Jesús, las puertas cerradas, y púsose en medio, y dijo: Paz a vosotros. 27Luego dice a Tomás: Mete tu dedo aquí, y ve mis manos: y alarga acá tu mano, y métela en mi costado: y no seas incrédulo, sino fiel. 28Entonces Tomás respondió, y díjole: ¡Señor mío, y Dios mío! 29Dícele Jesús: Porque me has visto, Tomás, creiste: bienaventurados los que no vieron y creyeron. 30Y también hizo Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, que no están escritas en este libro. 31Estas empero son escritas, para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.
Lectura 3 de 4 · Personal
Proverbios 17
1Mejor es un bocado seco, y en paz, que la casa de contienda llena de víctimas. 2El siervo prudente se enseñoreará del hijo que deshonra, y entre los hermanos partirá la herencia. 3El crisol para la plata, y la hornaza para el oro: mas Jehová prueba los corazones. 4El malo está atento al labio inicuo; y el mentiroso escucha a la lengua detractora. 5El que escarnece al pobre, afrenta a su Hacedor: y el que se alegra en la calamidad, no quedará sin castigo. 6Corona de los viejos son los hijos de los hijos; y la honra de los hijos, sus padres. 7No conviene al necio la altilocuencia: ¡cuánto menos al príncipe el labio mentiroso! 8Piedra preciosa es el cohecho en ojos de sus dueños: a donde quiera que se vuelve, da prosperidad. 9El que cubre la prevaricación, busca amistad: mas el que reitera la palabra, aparta al amigo. 10Aprovecha la reprensión en el entendido, más que si cien veces hiriese en el necio. 11El rebelde no busca sino mal; y mensajero cruel será contra él enviado. 12Mejor es se encuentre un hombre con una osa a la cual han robado sus cachorros, que con un fatuo en su necedad. 13El que da mal por bien, no se apartará el mal de su casa. 14El que comienza la pendencia es como quien suelta las aguas: deja pues la porfía, antes que se enmarañe. 15El que justifica al impío, y el que condena al justo, ambos a dos son abominación a Jehová. 16¿De qué sirve el precio en la mano del necio para comprar sabiduría, no teniendo entendimiento? 17En todo tiempo ama el amigo; y el hermano para la angustia es nacido. 18El hombre falto de entendimiento toca la mano, fiando a otro delante de su amigo. 19La prevaricación ama el que ama pleito; y el que alza su portada, quebrantamiento busca. 20El perverso de corazón nunca hallará bien: y el que revuelve con su lengua, caerá en mal. 21El que engendra al necio, para su tristeza lo engendra: y el padre del fatuo no se alegrará. 22El corazón alegre produce buena disposición: mas el espíritu triste seca los huesos. 23El impío toma dádiva del seno, para pervertir las sendas del derecho. 24En el rostro del entendido aparece la sabiduría: mas los ojos del necio vagan hasta el cabo de la tierra. 25El hijo necio es enojo a su padre, y amargura a la que lo engendró. 26Ciertamente no es bueno condenar al justo, ni herir a los príncipes que hacen lo recto. 27Detiene sus dichos el que tiene sabiduría: de prudente espíritu es el hombre entendido. 28Aun el necio cuando calla, es contado por sabio: el que cierra sus labios es entendido.
Lectura 4 de 4 · Personal
Filipenses 4
1Así que, hermanos míos amados y deseados, gozo y corona mía, estad así firmes en el Señor, amados. 2A Euodias ruego, y a Syntychê exhorto, que sientan lo mismo en el Señor. 3Asimismo te ruego también a ti, hermano compañero, ayuda a las que trabajaron juntamente conmigo en el evangelio, con Clemente también, y los demás mis colaboradores, cuyos nombres están en el libro de la vida. 4Gozaos en el Señor siempre: otra vez digo: Que os gocéis. 5Vuestra modestia sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. 6Por nada estéis afanosos; sino sean notorias vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con hacimiento de gracias. 7Y la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros entendimientos en Cristo Jesús. 8Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si alguna alabanza, en esto pensad. 9Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz será con vosotros. 10Mas en gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin ha reflorecido vuestro cuidado de mí; de lo cual aun estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad. 11No lo digo en razón de indigencia, pues he aprendido a contentarme con lo que tengo. 12Sé estar humillado, y sé tener abundancia: en todo y por todo estoy enseñado, así para hartura como para hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. 13Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. 14Sin embargo, bien hicisteis que comunicasteis juntamente a mi tribulación. 15Y sabéis también vosotros, oh Filipenses, que al principio del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia me comunicó en razón de dar y recibir, sino vosotros solos. 16Porque aun a Tesalónica me enviasteis lo necesario una y dos veces. 17No porque busque dádivas; mas busco fruto que abunde en vuestra cuenta. 18Empero todo lo he recibido, y tengo abundancia: estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis, olor de suavidad, sacrificio acepto, agradable a Dios. 19Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. 20Al Dios pues y Padre nuestro sea gloria por los siglos de los siglos. Amén. 21Saludad a todos los santos en Cristo Jesús. Los hermanos que están conmigo os saludan. 22Todos los santos os saludan, y mayormente los que son de casa de César. 23La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Levítico 1 · Juan 20
Personales
Proverbios 17 · Filipenses 4