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1 Crónicas 26-27 (cap. 26)

1Cuanto a los repartimientos de los porteros: De los Coraitas: Meselemia hijo de Coré, de los hijos de Asaph. 2Los hijos de Meselemia: Zachârías el primogénito, Jediael el segundo, Zebadías el tercero, Jatnael el cuarto; 3Elam el quinto, Johanam el sexto, Elioenai el séptimo. 4Los hijos de Obed-edom: Semeías el primogénito, Jozabad el segundo, Joab el tercero, el cuarto Sachâr, el quinto Nathanael; 5El sexto Anmiel, el séptimo Issachâr, el octavo Peullethai: porque Dios había bendecido a Obed-edom. 6También de Semeías su hijo nacieron hijos que fueron señores sobre la casa de sus padres; porque eran varones muy valerosos. 7Los hijos de Semeías: Othni, Raphael, Obed, Elzabad, y sus hermanos, hombres esforzados; asimismo Eliú, y Samachîas. 8Todos estos de los hijos de Obed-edom: ellos con sus hijos y sus hermanos, hombres robustos y fuertes para el ministerio; sesenta y dos, de Obed-edom. 9Y los hijos de Meselemia y sus hermanos, dieciocho hombres valientes. 10De Hosa, de los hijos de Merari: Simri el principal, (aunque no era el primogénito, mas su padre lo puso para que fuese cabeza;) 11El segundo Hilcías, el tercero Tebelías, el cuarto Zachârías: todos los hijos de Hosa y sus hermanos fueron trece. 12Entre estos se hizo la distribución de los porteros, alternando los principales de los varones en la guardia con sus hermanos, para servir en la casa de Jehová. 13Y echaron suertes, el pequeño con el grande, por las casas de sus padres, para cada puerta. 14Y cayó la suerte al oriente a Selemía. Y a Zachârías su hijo, consejero entendido, metieron en las suertes: y salió la suerte suya al norte. 15Y por Obed-edom, al mediodía; y por sus hijos, la casa de la consulta. 16Por Suppim y Hosa al occidente, con la puerta de Sallechêt al camino de la subida, guardia contra guardia. 17Al oriente seis Levitas, al norte cuatro de día; al mediodía cuatro de día; y a la casa de la consulta, de dos en dos. 18En la cámara de los vasos al occidente, cuatro al camino, y dos en la cámara. 19Estos son los repartimientos de los porteros, hijos de los Coraitas, y de los hijos de Merari. 20Y de los Levitas, Achîas tenía cargo de los tesoros de la casa de Dios, y de los tesoros de las cosas santificadas. 21Cuanto a los hijos de Ladán, hijos de Gersón: de Ladán, los príncipes de las familias de Ladán fueron Gersón, y Jehieli. 22Los hijos de Jehieli, Zethán y Joel su hermano, tuvieron cargo de los tesoros de la casa de Jehová. 23Acerca de los Amramitas, de los Isharitas, de los Hebronitas, y de los Uzzielitas, 24Sebuel hijo de Gersón, hijo de Moisés, era principal sobre los tesoros. 25En orden a su hermano Eliezer, hijo de este era Rehabía, hijo de este Isaías, hijo de este Joram, hijo de este Zichri, del que fue hijo Selomith. 26Este Selomith y sus hermanos tenían cargo de todos los tesoros de todas las cosas santificadas, que había consagrado el rey David, y los príncipes de las familias, y los capitanes de millares y de cientos, y los jefes del ejército; 27De lo que habían consagrado de las guerras y de los despojos, para reparar la casa de Jehová. 28Asimismo todas las cosas que había consagrado Samuel vidente, y Saúl hijo de Cis, y Abner hijo de Ner, y Joab hijo de Sarvia: y todo lo que cualquiera consagraba, estaba bajo la mano de Selomith y de sus hermanos. 29De los Isharitas, Chenanía y sus hijos eran gobernadores y jueces sobre Israel en las obras de fuera. 30De los Hebronitas, Hasabías y sus hermanos, hombres de vigor, mil y setecientos, gobernaban a Israel de la otra parte del Jordán, al occidente, en toda la obra de Jehová, y en el servicio del rey. 31De los Hebronitas, Jerías era el principal entre los Hebronitas repartidos en sus linajes por sus familias. En el año cuarenta del reinado de David se registraron, y halláronse entre ellos fuertes y vigorosos en Jazer de Galaad. 32Y sus hermanos, hombres valientes, eran dos mil y setecientos, cabezas de familias, los cuales el rey David constituyó sobre los Rubenitas, Gaditas, y sobre la media tribu de Manasés, para todas las cosas de Dios, y los negocios del rey.
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1 Crónicas 26-27 (cap. 27)

1Y los hijos de Israel según su número, a saber, príncipes de familias, tribunos, centuriones y oficiales de los que servían al rey en todos los negocios de las divisiones que entraban y salían cada mes en todos los meses del año, eran en cada división veinte y cuatro mil. 2Sobre la primera división del primer mes estaba Jasobam hijo de Zabdiel; y había en su división veinte y cuatro mil. 3De los hijos de Phares fue él jefe de todos los capitanes de las compañías del primer mes. 4Sobre la división del segundo mes estaba Dodai Ahohita: y Micloth era mayor general en su división, en la que también había veinte y cuatro mil. 5El jefe de la tercera división para el tercer mes era Benaías, hijo de Joiada sumo sacerdote; y en su división había veinte y cuatro mil. 6Este Benaías era valiente entre los treinta y sobre los treinta; y en su división estaba Amisabad su hijo. 7El cuarto jefe para el cuarto mes era Asael hermano de Joab, y después de él Zebadías su hijo; y en su división había veinte y cuatro mil. 8El quinto jefe para el quinto mes era Sambuth Izrita: y en su división había veinte y cuatro mil. 9El sexto para el sexto mes era Hira hijo de Icces, de Tecoa; y en su división veinte y cuatro mil. 10El séptimo para el séptimo mes era Helles Pelonita, de los hijos de Ephraim; y en su división veinte y cuatro mil. 11El octavo para el octavo mes era Sibbecai Husatita, de Zarahi; y en su división veinte y cuatro mil. 12El noveno para el noveno mes era Abiezer Anathothita, de los Benjamitas; y en su división veinte y cuatro mil. 13El décimo para el décimo mes era Maharai Nethophathita, de Zarahi; y en su división veinte y cuatro mil. 14El undécimo para el undécimo mes era Benaías Piratonita, de los hijos de Ephraim; y en su división veinte y cuatro mil. 15El duodécimo para el duodécimo mes era Heldai Nethophathita, de Othniel; y en su división veinte y cuatro mil. 16Asimismo sobre las tribus de Israel: el jefe de los Rubenitas era Eliezer hijo de Zichri; de los Simeonitas, Sephatías, hijo de Maachâ: 17De los Levitas, Hasabías hijo de Camuel; de los Aaronitas, Sadoc; 18De Judá, Eliú, uno de los hermanos de David; de los de Issachâr, Omri hijo de Michâel; 19De los de Zabulón, Ismaías hijo de Abdías; de los de Nephtalí, Jerimoth hijo de Azriel; 20De los hijos de Ephraim, Oseas hijo de Azazía; de la media tribu de Manasés, Joel hijo de Pedaía; 21De la otra media tribu de Manasés en Galaad, Iddo hijo de Zachârías; de los de Benjamín, Jaaciel hijo de Abner; 22Y de Dan, Azarael hijo de Jeroam. Estos fueron los jefes de las tribus de Israel. 23Y no tomó David el número de los que eran de veinte años abajo, por cuanto Jehová había dicho que él había de multiplicar a Israel como las estrellas del cielo. 24Joab hijo de Sarvia había comenzado a contar, mas no acabó, pues por esto vino la ira sobre Israel: y así el número no fue puesto en el registro de las crónicas del rey David. 25Y Azmaveth hijo de Adiel tenía cargo de los tesoros del rey; y de los tesoros de los campos, y de las ciudades, y de las aldeas y castillos, Jonathán hijo de Uzzías; 26Y de los que trabajaban en la labranza de las tierras, Ezri hijo de Chêlud; 27Y de las viñas Simi Ramathita; y del fruto de las viñas para las bodegas, Zabdías Siphmita; 28Y de los olivares e higuerales que había en las campiñas, Baal-hanan Gederita; y de los almacenes del aceite, Joas; 29De las vacas que pastaban en Sarón, Sitrai Saronita; y de las vacas que estaban en los valles, Saphat hijo de Adlai; 30Y de los camellos, Obil Ismaelita; y de las asnas, Jedías Meronothita; 31Y de las ovejas, Jaziz Agareno. Todos estos eran superintendentes de la hacienda del rey David. 32Y Jonathán, tío de David, era consejero, varón prudente y escriba; y Jehiel hijo de Hacmoni estaba con los hijos del rey. 33Y también Achitophel era consejero del rey; y Husai Arachîta amigo del rey. 34Después de Achitophel era Joiada hijo de Benaías, y Abiathar. Y Joab era el general del ejército del rey.
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2 Pedro 1

1Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que habéis alcanzado fe igualmente preciosa con nosotros en la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo: 2Gracia y paz os sea multiplicada en el conocimiento de Dios, y de nuestro Señor Jesús. 3Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos sean dadas de su divina potencia, por el conocimiento de aquel que nos ha llamado por su gloria y virtud: 4Por las cuales nos son dadas preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas fueseis hechos participantes de la naturaleza divina, habiendo huído de la corrupción que está en el mundo por concupiscencia. 5Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, mostrad en vuestra fe virtud, y en la virtud ciencia; 6Y en la ciencia templanza, y en la templanza paciencia, y en la paciencia temor de Dios; 7Y en el temor de Dios, amor fraternal, y en el amor fraternal caridad. 8Porque si en vosotros hay estas cosas, y abundan, no os dejarán estar ociosos, ni estériles en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. 9Mas el que no tiene estas cosas, es ciego, y tiene la vista muy corta, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados. 10Por lo cual, hermanos, procurad tanto más de hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. 11Porque de esta manera os será abundantemente administrada la entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. 12Por esto, yo no dejaré de amonestaros siempre de estas cosas, aunque vosotros las sepáis, y estéis confirmados en la verdad presente. 13Porque tengo por justo, en tanto que estoy en este tabernáculo, de incitaros con amonestación: 14Sabiendo que brevemente tengo de dejar mi tabernáculo, como nuestro Señor Jesucristo me ha declarado. 15También yo procuraré con diligencia, que después de mi fallecimiento, vosotros podáis siempre tener memoria de estas cosas. 16Porque no os hemos dado a conocer la potencia y la venida de nuestro Señor Jesucristo, siguiendo fábulas por arte compuestas; sino como habiendo con nuestros propios ojos visto su majestad. 17Porque él había recibido de Dios Padre honra y gloria, cuando una tal voz fue a él enviada de la magnífica gloria: Este es el amado Hijo mío, en el cual yo me he agradado. 18Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos juntamente con él en el monte santo. 19Tenemos también la palabra profética más permanente, a la cual hacéis bien de estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro hasta que el día esclarezca, y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones: 20Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de particular interpretación; 21Porque la profecía no fue en los tiempos pasados traída por voluntad humana, sino los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados del Espíritu Santo.
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Miqueas 4

1Y acontecerá en los postreros tiempos, que el monte de la casa de Jehová será constituído por cabecera de montes, y más alto que los collados, y correrán a él pueblos. 2Y vendrán muchas gentes, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, y a la casa del Dios de Jacob; y enseñarános en sus caminos, y andaremos por sus veredas: porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalem la palabra de Jehová. 3Y juzgará entre muchos pueblos, y corregirá fuertes gentes hasta muy lejos: y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces: no alzará espada gente contra gente, ni más se ensayarán para la guerra. 4Y cada uno se sentará debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá quien amedrente: porque la boca de Jehová de los ejércitos lo ha hablado. 5Bien que todos los pueblos anduvieren cada uno en el nombre de sus dioses, nosotros con todo andaremos en el nombre de Jehová nuestro Dios para siempre y eternalmente. 6En aquel día, dice Jehová, juntaré la coja, y recogeré la amontada, y a la que afligí; 7Y pondré a la coja para sucesión, y a la descarriada para nación robusta: y Jehová reinará sobre ellos en el monte de Sion desde ahora para siempre. 8Y tú, oh torre del rebaño, la fortaleza de la hija de Sion vendrá hasta ti: y el señorío primero, el reino vendrá a la hija de Jerusalem. 9Ahora ¿por qué gritas tanto? ¿No hay rey en ti? ¿Pereció tu consejero, que te ha tomado dolor como de mujer de parto? 10Duélete y gime, hija de Sion, como mujer de parto; porque ahora saldrás de la ciudad, y morarás en el campo, y llegarás hasta Babilonia: allí serás librada, allí te redimirá Jehová de la mano de tus enemigos. 11Ahora empero se han juntado muchas gentes contra ti, y dicen: Sea profanada, y vean nuestros ojos su deseo sobre Sion. 12Mas ellos no conocieron los pensamientos de Jehová, ni entendieron su consejo: por lo cual los juntó como gavillas en la era. 13Levántate y trilla, hija de Sion, porque tu cuerno tornaré de hierro, y tus uñas de metal, y desmenuzarás muchos pueblos; y consagrarás a Jehová sus robos, y sus riquezas al Señor de toda la tierra.
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Lucas 13

1Y en este mismo tiempo estaban allí unos que le contaban acerca de los Galileos, cuya sangre Pilato había mezclado con sus sacrificios. 2Y respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos Galileos, porque han padecido tales cosas, hayan sido más pecadores que todos los Galileos? 3No, os digo; antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis igualmente. 4O aquellos dieciocho, sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que ellos fueron más deudores que todos los hombres que habitan en Jerusalem? 5No, os digo; antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis asimismo. 6Y dijo esta parábola: Tenía uno una higuera plantada en su viña, y vino a buscar fruto en ella, y no lo halló. 7Y dijo al viñero: He aquí tres años ha que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala, ¿por qué ocupará aún la tierra? 8El entonces respondiendo, le dijo: Señor, déjala aún este año, hasta que la excave, y estercole. 9Y si hiciere fruto, bien; y si no, la cortarás después. 10Y enseñaba en una sinagoga en sábado. 11Y he aquí una mujer que tenía espíritu de enfermedad dieciocho años, y andaba agobiada, que en ninguna manera se podía enhestar. 12Y como Jesús la vio, llamóla, y díjole: Mujer, libre eres de tu enfermedad. 13Y puso las manos sobre ella; y luego se enderezó, y glorificaba a Dios. 14Y respondiendo el príncipe de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiese curado en sábado, dijo a la compañía: Seis días hay en que es necesario obrar: en estos, pues, venid y sed curados, y no en día de sábado. 15Entonces el Señor le respondió, y dijo: Hipócrita, cada uno de vosotros ¿no desata en sábado su buey o su asno del pesebre, y lo lleva a beber? 16Y a esta hija de Abraham, que he aquí Satanás la había ligado dieciocho años, ¿no convino desatar la de esta ligadura en día de sábado? 17Y diciendo estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios: mas todo el pueblo se gozaba de todas las cosas gloriosas que eran por él hechas. 18Y dijo: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y a qué le compararé? 19Semejante es al grano de la mostaza, que tomándo lo un hombre lo metió en su huerto; y creció, y fue hecho árbol grande, y las aves del cielo hicieron nidos en sus ramas. 20Y otra vez dijo: ¿A qué compararé el reino de Dios? 21Semejante es a la levadura, que tomó una mujer, y la escondió en tres medidas de harina, hasta que todo hubo fermentado. 22Y pasaba por todas las ciudades y aldeas, enseñando, y caminando a Jerusalem. 23Y díjole uno: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo: 24Porfiad a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán. 25Después que el padre de familia se levantare, y cerrare la puerta, y comenzareis a estar fuera, y llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos; y respondiendo os dirá: No os conozco de dónde seáis. 26Entonces comenzaréis a decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste; 27Y os dirá: Dígoos que no os conozco de dónde seáis; apartaos de mí todos los obreros de iniquidad. 28Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando viereis a Abraham, y a Isaac, y a Jacob, y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros excluídos. 29Y vendrán del Oriente y del Occidente, del Norte y del Mediodía, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. 30Y he aquí, son postreros los que eran los primeros; y son primeros los que eran los postreros. 31Aquel mismo día llegaron unos de los Fariseos, diciéndole: Sal, y vete de aquí, porque Herodes te quiere matar. 32Y les dijo: Id, y decid a aquella zorra: He aquí, echo fuera demonios y acabo sanidades hoy y mañana, y al tercer día soy consumado. 33Empero es menester que hoy, y mañana, y pasado mañana camine; porque no es posible que profeta muera fuera de Jerusalem. 34¡Jerusalem, Jerusalem! que matas a los profetas, y apedreas a los que son enviados a ti: ¡cuántas veces quise juntar tus hijos, como la gallina sus pollos debajo de sus alas, y no quisiste! 35He aquí, os es dejada vuestra casa desierta: y os digo que no me veréis, hasta que venga tiempo cuando digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
1 Crónicas 26-27 · 2 Pedro 1
Personales
Miqueas 4 · Lucas 13