Lectura 1 de 4 · En familia

1 Crónicas 24-25 (cap. 24)

1También los hijos de Aarón tuvieron sus repartimientos. Los hijos de Aarón: Nadab, Abiú, Eleazar e Ithamar. 2Mas Nadab y Abiú murieron antes que su padre, y no tuvieron hijos: Eleazar e Ithamar tuvieron el sacerdocio. 3Y David los repartió, siendo Sadoc de los hijos de Eleazar, y Ahimelech de los hijos de Ithamar, por sus turnos en su ministerio. 4Y los hijos de Eleazar fueron hallados, cuanto a sus principales varones, muchos más que los hijos de Ithamar; y repartiéronlos así: De los hijos de Eleazar había dieciséis cabezas de familias paternas; y de los hijos de Ithamar por las familias de sus padres, ocho. 5Repartiéronlos pues por suerte los unos con los otros: porque de los hijos de Eleazar y de los hijos de Ithamar hubo príncipes del santuario, y príncipes de la casa de Dios. 6Y Semeías escriba, hijo de Nathanael, de los Levitas, escribiólos delante del rey y de los príncipes, y delante de Sadoc el sacerdote, y de Ahimelech hijo de Abiathar, y de los príncipes de las familias de los sacerdotes y Levitas: y adscribían una familia a Eleazar, y a Ithamar otra. 7Y la primera suerte salió por Joiarib, la segunda por Jedaía; 8La tercera por Harim, la cuarta por Seorim; 9La quinta por Malchîas, la sexta por Miamim; 10La séptima por Cos, la octava por Abías; 11La nona por Jesua, la décima por Sechânía; 12La undécima por Eliasib, la duodécima por Jacim; 13La décimatercia por Uppa, la décimacuarta por Isebeab; 14La décimaquinta por Bilga, la décimasexta por Immer; 15La décimaséptima por Hezir, la décimaoctava por Aphses; 16La décimanona por Pethaía, la vigésima por Hezeciel; 17La vigésimaprima por Jachim, la vigésimasegunda por Hamul; 18La vigésimatercia por Delaía, la vigésimacuarta por Maazía. 19Estos fueron contados en su ministerio, para que entrasen en la casa de Jehová, conforme a su ordenanza, bajo el mando de Aarón su padre, de la manera que le había mandado Jehová el Dios de Israel. 20Y de los hijos de Leví que quedaron: Subael, de los hijos de Amram; y de los hijos de Subael, Jehedías. 21Y de los hijos de Rehabía, Isias el principal. 22De los Ishareos, Selemoth; e hijo de Selemoth, Jath. 23Y de los hijos de Hebrón: Jeria el primero, el segundo Amarías, el tercero Jahaziel, el cuarto Jecamán. 24Hijo de Uzziel, Michâ; e hijo de Michâ, Samir. 25Hermano de Michâ, Isía; e hijo de Isía, Zachârías. 26Los hijos de Merari: Mahali y Musi; hijo de Jaazia, Benno. 27Los hijos de Merari por Jaazia: Benno, y Soam, Zachûr e Ibri. 28Y de Mahali, Eleazar, el cual no tuvo hijos. 29Hijo de Cis, Jerameel. 30Los hijos de Musi: Maheli, Eder y Jerimoth. Estos fueron los hijos de los Levitas conforme a las casas de sus familias. 31Estos también echaron suertes, como sus hermanos los hijos de Aarón, delante del rey David, y de Sadoc y de Ahimelech, y de los príncipes de las familias de los sacerdotes y Levitas: el principal de los padres igualmente que el menor de sus hermanos.
Lectura 1 de 4 · En familia

1 Crónicas 24-25 (cap. 25)

1Asimismo David y los príncipes del ejército apartaron para el ministerio a los hijos de Asaph, y de Hemán, y de Jeduthún, los cuales profetizasen con arpas, salterios, y címbalos: y el número de ellos fue, de hombres idóneos para la obra de su ministerio respectivo: 2De los hijos de Asaph: Zachûr, José, Methanías, y Asareela, hijos de Asaph, bajo la dirección de Asaph, el cual profetizaba a la orden del rey. 3De Jeduthún: los hijos de Jeduthún, Gedalías, Sesi, Jesaías, Hasabías, y Mathithías, y Simi: seis, bajo la mano de su padre Jeduthún, el cual profetizaba con arpa, para celebrar y alabar a Jehová. 4De Hemán: los hijos de Hemán, Buccia, Mathanía, Uzziel, Sebuel, Jerimoth, Hananías, Hanani, Eliatha, Gidalthi, Romamti-ezer, Josbecasa, Mallothi, Othir, y Mahazioth. 5Todos estos fueron hijos de Hemán, vidente del rey en palabras de Dios, para ensalzar el poder suyo: y dio Dios a Hemán catorce hijos y tres hijas. 6Y todos estos estaban bajo la dirección de su padre en la música, en la casa de Jehová, con címbalos, salterios y arpas, para el ministerio del templo de Dios, por disposición del rey acerca de Asaph, de Jeduthún, y de Hemán. 7Y el número de ellos con sus hermanos instruídos en música de Jehová, todos los aptos, fue doscientos ochenta y ocho. 8Y echaron suertes para los turnos del servicio, entrando el pequeño con el grande, lo mismo el maestro que el discípulo. 9Y la primera suerte salió por Asaph, a José: la segunda a Gedalías, quien con sus hermanos e hijos fueron doce; 10La tercera a Zachûr, con sus hijos y sus hermanos, doce; 11La cuarta a Isri, con sus hijos y sus hermanos, doce; 12La quinta a Nethanías, con sus hijos y sus hermanos, doce; 13La sexta a Buccia, con sus hijos y sus hermanos, doce; 14La séptima a Jesarela, con sus hijos y sus hermanos, doce; 15La octava a Jesahías, con sus hijos y sus hermanos, doce; 16La nona a Mathanías, con sus hijos y sus hermanos, doce; 17La décima a Simi, con sus hijos y sus hermanos, doce; 18La undécima a Azareel, con sus hijos y sus hermanos, doce; 19La duodécima a Hasabías, con sus hijos y sus hermanos, doce; 20La décimatercia a Subael, con sus hijos y sus hermanos, doce; 21La décimacuarta a Mathithías, con sus hijos y sus hermanos, doce; 22La décimaquinta a Jerimoth, con sus hijos y sus hermanos, doce; 23La décimasexta a Hananías, con sus hijos y sus hermanos, doce; 24La décimaséptima a Josbecasa, con sus hijos y sus hermanos, doce; 25La décimaoctava a Hanani, con sus hijos y sus hermanos, doce; 26La décimanona a Mallothi, con sus hijos y sus hermanos, doce; 27La vigésima a Eliatha, con sus hijos y sus hermanos, doce; 28La vigésimaprima a Othir, con sus hijos y sus hermanos, doce; 29La vigésimasegunda a Giddalthi, con sus hijos y sus hermanos, doce; 30La vigésimatercia a Mahazioth, con sus hijos y sus hermanos, doce; 31La vigésimacuarta a Romamti-ezer, con sus hijos y sus hermanos, doce.
Lectura 2 de 4 · En familia

1 Pedro 5

1Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de las aflicciones de Cristo, que soy también participante de la gloria que ha de ser revelada: 2Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, teniendo cuidado de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino de un ánimo pronto; 3Y no como teniendo señorío sobre las heredades del Señor, sino siendo dechados de la grey. 4Y cuando apareciere el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria. 5Igualmente, mancebos, sed sujetos a los ancianos; y todos sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. 6Humillaos pues bajo la poderosa mano de Dios, para que él os ensalce cuando fuere tiempo; 7Echando toda vuestra solicitud en él, porque él tiene cuidado de vosotros. 8Sed templados, y velad; porque vuestro adversario el diablo, cual león rugiente, anda alrededor buscando a quien devore: 9Al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que las mismas aflicciones han de ser cumplidas en la compañía de vuestros hermanos que están en el mundo. 10Mas el Dios de toda gracia, que nos ha llamado a su gloria eterna por Jesucristo, después que hubiereis un poco de tiempo padecido, él mismo os perfeccione, confirme, corrobore y establezca. 11A él sea gloria e imperio para siempre. Amén. 12Por Silvano, el hermano fiel, según yo pienso, os he escrito brevemente, amonestándo os, y testificando que esta es la verdadera gracia de Dios, en la cual estáis. 13La iglesia que está en Babilonia, juntamente elegida con vosotros, os saluda, y Marcos mi hijo. 14Saludaos unos a otros con ósculo de caridad. Paz sea con todos vosotros los que estáis en Jesucristo. Amén.
Lectura 3 de 4 · Personal

Miqueas 3

1Y dije: Oid ahora, príncipes de Jacob, y cabezas de la casa de Israel: ¿No pertenecía a vosotros saber el derecho? 2Que aborrecen lo bueno y aman lo malo, que les quitan su piel y su carne de sobre los huesos; 3Que comen asimismo la carne de mi pueblo, y les desuellan su piel de sobre ellos, y les quebrantan sus huesos y los rompen, como para el caldero, y como carnes en olla. 4Entonces clamarán a Jehová y no les responderá; antes esconderá de ellos su rostro en aquel tiempo, por cuanto hicieron malvadas obras. 5Así ha dicho Jehová acerca de los profetas que hacen errar a mi pueblo, que muerden con sus dientes, y claman, Paz, y al que no les diere que coman, aplazan contra él batalla: 6Por tanto, de la profecía se os hará noche, y oscuridad del adivinar; y sobre los profetas se pondrá el sol, y el día se entenebrecerá sobre ellos. 7Y serán avergonzados los profetas, y confundiránse los adivinos; y ellos todos cubrirán su labio, porque no hay respuesta de Dios. 8Yo empero estoy lleno de fuerza del espíritu de Jehová, y de juicio, y de fortaleza, para denunciar a Jacob su rebelión, y a Israel su pecado. 9Oid ahora esto, cabezas de la casa de Jacob, y capitanes de la casa de Israel, que abomináis el juicio, y pervertís todo el derecho; 10Que edificáis a Sion con sangre, y a Jerusalem con injusticia; 11Sus cabezas juzgan por cohecho, y sus sacerdotes enseñan por precio, y sus profetas adivinan por dinero; y apóyanse en Jehová diciendo: ¿No está Jehová entre nosotros? No vendrá mal sobre nosotros. 12Por tanto, a causa de vosotros será Sion arada como campo, y Jerusalem será majanos, y el monte de la casa como cumbres de breñal.
Lectura 4 de 4 · Personal

Lucas 12

1En esto, juntándose muchas gentes, tanto que unos a otros se hollaban, comenzó a decir a sus discípulos, primeramente: Guardaos de la levadura de los Fariseos, que es hipocresía. 2Porque nada hay encubierto, que no haya de ser descubierto; ni oculto, que no haya de ser sabido. 3Por tanto, las cosas que dijisteis en tinieblas, a la luz serán oídas; y lo que hablasteis al oído en las cámaras, será pregonado en los terrados. 4Mas os digo, amigos míos: No temáis de los que matan el cuerpo, y después no tienen más que hacer. 5Mas os enseñaré a quién temáis: temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en la Gehenna: así os digo: a este temed. 6¿No se venden cinco pajarillos por dos blancas? pues ni uno de ellos está olvidado delante de Dios. 7Y aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis pues: de más estima sois que muchos pajarillos. 8Y os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del hombre le confesará delante de los ángeles de Dios; 9Mas el que me negare delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios. 10Y todo aquel que dice palabra contra el Hijo del hombre, le será perdonado; mas al que blasfemare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado. 11Y cuando os trajeren a las sinagogas, y a los magistrados y potestades, no estéis solícitos cómo o qué hayáis de responder, o qué hayáis de decir; 12Porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que será necesario decir. 13Y díjole uno de la compañía: Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia. 14Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me puso por juez o partidor sobre vosotros? 15Y díjoles: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. 16Y refirióles una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había llevado mucho; 17Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo donde juntar mis frutos? 18Y dijo: Esto haré: derribaré mis alfolíes, y los edificaré mayores, y allí juntaré todos mis frutos y mis bienes; 19Y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes almacenados para muchos años; repósate, come, bebe, huélgate. 20Y díjole Dios: Necio, esta noche vuelven a pedir tu alma; y lo que has prevenido, ¿de quién será? 21Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico en Dios. 22Y dijo a sus discípulos: Por tanto os digo: No estéis afanosos de vuestra vida, qué comeréis; ni del cuerpo, qué vestiréis. 23La vida más es que la comida, y el cuerpo que el vestido. 24Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen cillero, ni alfolí; y Dios los alimenta. ¿Cuánto de más estima sois vosotros que las aves? 25¿Y quién de vosotros podrá con afán añadir a su estatura un codo? 26Pues si no podéis aun lo que es menos, ¿para qué estaréis afanosos de lo demás? 27Considerad los lirios, cómo crecen: no labran, ni hilan; y os digo, que ni Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos. 28Y si así viste Dios a la hierba, que hoy está en el campo, y mañana es echada en el horno; ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe? 29Vosotros, pues, no procuréis qué hayáis de comer, o qué hayáis de beber; ni estéis en ansiosa perplejidad. 30Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; que vuestro Padre sabe que necesitáis estas cosas. 31Mas procurad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas. 32No temáis, manada pequeña; porque al Padre ha placido daros el reino. 33Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejecen, tesoro en los cielos que nunca falta; donde ladrón no llega, ni polilla corrompe. 34Porque donde está vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón. 35Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras antorchas encendidas; 36Y vosotros semejantes a hombres que esperan cuando su señor ha de volver de las bodas; para que cuando viniere y llamare, luego le abran. 37Bienaventurados aquellos siervos, a los cuales cuando el Señor viniere, hallare velando: de cierto os digo, que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y pasando les servirá. 38Y aunque venga a la segunda vigilia, y aunque venga a la tercera vigilia, y los hallare así, bienaventurados son los tales siervos. 39Esto empero sabed, que si supiese el padre de familia a qué hora había de venir el ladrón, velaría ciertamente, y no dejaría minar su casa. 40Vosotros pues también, estad apercibidos; porque a la hora que no pensáis, el Hijo del hombre vendrá. 41Entonces Pedro le dijo: Señor, ¿dices esta parábola a nosotros, o también a todos? 42Y dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y prudente, al cual el señor pondrá sobre su familia, para que a tiempo les dé su ración? 43Bienaventurado aquel siervo, al cual, cuando el señor viniere, hallare haciendo así. 44En verdad os digo, que él le pondrá sobre todos sus bienes. 45Mas si el tal siervo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir: y comenzare a herir a los siervos y a las criadas, y a comer y a beber y a embriagarse; 46Vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera, y a la hora que no sabe, y le apartará, y pondrá su parte con los infieles. 47Porque el siervo que entendió la voluntad de su señor, y no se apercibió, ni hizo conforme a su voluntad, será azotado mucho. 48Mas el que no entendió, e hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco: porque a cualquiera que fue dado mucho, mucho será vuelto a demandar de él; y al que encomendaron mucho, más le será pedido. 49Fuego vine a meter en la tierra: ¿y qué quiero, si ya está encendido? 50Empero de bautismo me es necesario ser bautizado: y ¡cómo me angustio hasta que sea cumplido! 51¿Pensáis que he venido a la tierra a dar paz? No, os digo; mas disensión. 52Porque estarán de aquí adelante cinco en una casa divididos; tres contra dos, y dos contra tres. 53El padre estará dividido contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra. 54Y decía también a las gentes: Cuando veis la nube que sale del poniente, luego decís: Agua viene; y es así. 55Y cuando sopla el austro, decís: Habrá calor; y lo hay. 56¡Hipócritas! Sabéis examinar la faz del cielo y de la tierra; ¿y cómo no reconocéis este tiempo? 57¿Y por qué aun de vosotros mismos no juzgáis lo que es justo? 58Pues cuando vas al magistrado con tu adversario, procura en el camino librarte de él; porque no te arrastre al juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te meta en la cárcel. 59Te digo que no saldrás de allá, hasta que hayas pagado hasta el último maravedí.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
1 Crónicas 24-25 · 1 Pedro 5
Personales
Miqueas 3 · Lucas 12