Lectura 1 de 4 · En familia
Josué 5:1-6:5 (cap. 5)
1Y cuando todos los reyes de los Amorrheos, que estaban de la otra parte del Jordán al occidente, y todos los reyes de los Cananeos, que estaban cerca de la mar, oyeron como Jehová había secado las aguas del Jordán delante de los hijos de Israel hasta que hubieron pasado, desfalleció su corazón, y no hubo más espíritu en ellos delante de los hijos de Israel. 2En aquel tiempo Jehová dijo a Josué: Hazte cuchillos afilados, y vuelve a circuncidar la segunda vez a los hijos de Israel. 3Y Josué se hizo cuchillos afilados, y circuncidó a los hijos de Israel en el monte de los prepucios. 4Esta es la causa por la cual Josué los circuncidó: todo el pueblo que había salido de Egipto, los varones, todos los hombres de guerra, habían muerto en el desierto por el camino, después que salieron de Egipto. 5Porque todos los del pueblo que habían salido, estaban circuncidados: mas todo el pueblo que había nacido en el desierto por el camino, después que salieron de Egipto, no estaban circuncidados. 6Porque los hijos de Israel anduvieron por el desierto cuarenta años, hasta que toda la gente de los hombres de guerra que habían salido de Egipto, fue consumida, por cuanto no obedecieron a la voz de Jehová; por lo cual Jehová les juró que no les dejaría ver la tierra, de la cual Jehová había jurado a sus padres que nos la daría, tierra que fluye leche y miel. 7Y los hijos de ellos, que él había hecho suceder en su lugar, Josué los circuncidó; pues eran incircuncisos, porque no habían sido circuncidados por el camino. 8Y cuando hubieron acabado de circuncidar toda la gente, quedáronse en el mismo lugar en el campo, hasta que sanaron. 9Y Jehová dijo a Josué: Hoy he quitado de vosotros el oprobio de Egipto: por lo cual el nombre de aquel lugar fue llamado Gilgal, hasta hoy. 10Y los hijos de Israel asentaron el campo en Gilgal, y celebraron la pascua a los catorce días del mes, por la tarde, en los llanos de Jericó. 11Y al otro día de la pascua comieron del fruto de la tierra los panes sin levadura, y en el mismo día espigas nuevas tostadas. 12Y el maná cesó el día siguiente, desde que comenzaron a comer del fruto de la tierra: y los hijos de Israel nunca más tuvieron maná, sino que comieron de los frutos de la tierra de Canaán aquel año. 13Y estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos, y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desnuda en su mano. Y Josué yéndose hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos? 14Y él respondió: No; mas Príncipe del ejército de Jehová, ahora he venido. Entonces Josué postrándose sobre su rostro en tierra le adoró; y díjole: ¿Qué dice mi Señor a su siervo? 15Y el Príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué: Quita tus zapatos de tus pies; porque el lugar donde estás es santo. Y Josué lo hizo así.
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Josué 5:1-6:5 (cap. 6)
1Empero Jericó estaba cerrada, bien cerrada, a causa de los hijos de Israel: nadie entraba, ni salía. 2Mas Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra. 3Cercaréis pues la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez: y esto haréis seis días. 4Y siete sacerdotes llevarán siete bocinas de cuernos de carneros delante del arca; y al séptimo día daréis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las bocinas. 5Y cuando tocaren prolongadamente el cuerno de carnero, así que oyereis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá debajo de sí: entonces el pueblo subirá cada uno en derecho de sí.
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Salmos 129-131 (cap. 129)
1Mucho me han angustiado desde mi juventud, puede decir ahora Israel; 2Mucho me han angustiado desde mi juventud; mas no prevalecieron contra mí. 3Sobre mis espaldas araron los aradores: hicieron largos surcos. 4Jehová es justo; cortó las coyundas de los impíos. 5Serán avergonzados y vueltos atrás todos los que aborrecen a Sion. 6Serán como la hierba de los tejados, que se seca antes que crezca: 7De la cual no hinchió segador su mano, ni sus brazos el que hace gavillas. 8Ni dijeron los que pasaban: Bendición de Jehová sea sobre vosotros; os bendecimos en el nombre de Jehová.
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Salmos 129-131 (cap. 130)
1De los profundos, oh Jehová, a ti clamo. 2Señor, oye mi voz; estén atentos tus oídos a la voz de mi súplica. 3JAH, si mirares a los pecados, ¿quién, oh Señor, podrá mantenerse? 4Empero hay perdón cerca de ti, para que seas temido. 5Esperé yo a Jehová, esperó mi alma; en su palabra he esperado. 6Mi alma espera a Jehová más que los centinelas a la mañana, más que los vigilantes a la mañana. 7Espere Israel a Jehová; porque en Jehová hay misericordia, y abundante redención con él. 8Y él redimirá a Israel de todos sus pecados.
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Salmos 129-131 (cap. 131)
1Jehová, no se ha envanecido mi corazón, ni mis ojos se enaltecieron; ni anduve en grandezas, ni en cosas para mí demasiado sublimes. 2En verdad que me he comportado y he acallado mi alma, como un niño destetado de su madre: como un niño destetado está mi alma. 3Espera, oh Israel, en Jehová desde ahora y para siempre.
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Isaías 65
1Fui buscado de los que no preguntaban por mi; fui hallado de los que no me buscaban. Dije a gente que no invocaba mi nombre: Heme aquí, heme aquí. 2Extendí mis manos todo el día a pueblo rebelde, el cual anda por camino no bueno, en pos de sus pensamientos; 3Pueblo que en mi cara me provoca de continuo a ira, sacrificando en huertos, y ofreciendo perfume sobre ladrillos; 4Que se quedan en los sepulcros, y en los desiertos tienen la noche; que comen carne de puerco, y en sus ollas hay caldo de cosas inmundas; 5Que dicen: Estáte en tu lugar, no te llegues a mí, que soy más santo que tú: estos son humo en mi furor, fuego que arde todo el día. 6He aquí que escrito está delante de mí; no callaré, antes retornaré, y daré el pago en su seno, 7Por vuestras iniquidades, y las iniquidades de vuestros padres juntamente, dice Jehová, los cuales hicieron perfume sobre los montes, y sobre los collados me afrentaron: por tanto yo les mediré su obra antigua en su seno. 8Así ha dicho Jehová: Como si alguno hallase mosto en un racimo, y dijese: No lo desperdicies, que bendición hay en él; así haré yo por mis siervos, que no lo destruiré todo. 9Mas sacaré simiente de Jacob, y de Judá heredero de mis montes; y mis escogidos poseerán por heredad la tierra, y mis siervos habitarán allí. 10Y será Sarón para habitación de ovejas, y el valle de Achôr para majada de vacas, a mi pueblo que me buscó. 11Empero vosotros los que dejáis a Jehová, que olvidáis el monte de mi santidad, que ponéis mesa para la Fortuna, y suministráis libaciones para el Destino; 12Yo también os destinaré al cuchillo, y todos vosotros os arrodillaréis al degolladero: por cuanto llamé, y no respondisteis; hablé, y no oisteis; sino que hicisteis lo malo delante de mis ojos, y escogisteis lo que a mí desagrada. 13Por tanto así dijo el Señor Jehová: He aquí que mis siervos comerán, y vosotros tendréis hambre; he aquí que mis siervos beberán, y vosotros tendréis sed; he aquí que mis siervos se alegrarán, y vosotros seréis avergonzados; 14He aquí que mis siervos cantarán por júbilo del corazón, y vosotros clamaréis por el dolor del corazón, y por el quebrantamiento de espíritu aullaréis. 15Y dejaréis vuestro nombre por maldición a mis escogidos, y el Señor Jehová te matará; y a sus siervos llamará por otro nombre. 16El que se bendijere en la tierra, en el Dios de verdad se bendecirá; y el que jurare en la tierra, por el Dios de verdad jurará; porque las angustias primeras serán olvidadas, y serán cubiertas de mis ojos. 17Porque he aquí que yo crío nuevos cielos y nueva tierra: y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento. 18Mas os gozaréis y os alegraréis por siglo de siglo en las cosas que yo crío: porque he aquí que yo crío a Jerusalem alegría, y a su pueblo gozo. 19Y alegraréme con Jerusalem, y gozaréme con mi pueblo; y nunca más se oirán en ella voz de lloro, ni voz de clamor. 20No habrá más allí niño de días, ni viejo que sus días no cumpla: porque el niño morirá de cien años, y el pecador de cien años, será maldito. 21Y edificarán casas, y morarán en ellas; plantarán viñas, y comerán el fruto de ellas. 22No edificarán, y otro morará; no plantarán, y otro comerá: porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo, y mis escogidos perpetuarán las obras de sus manos. 23No trabajarán en vano, ni parirán para maldición; porque son simiente de los benditos de Jehová, y sus descendientes con ellos. 24Y será que antes que clamen, responderé yo; aun estando ellos hablando, yo habré oído. 25El lobo y el cordero serán apacentados juntos, y el león comerá paja como el buey; y a la serpiente el polvo será su comida. No afligirán, ni harán mal en todo mi santo monte, dijo Jehová.
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Mateo 13
1Y aquel día, saliendo Jesús de casa, se sentó junto a la mar. 2Y se allegaron a él muchas gentes; y entrándose él en el barco, se sentó, y toda la gente estaba a la ribera. 3Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí el que sembraba salió a sembrar. 4Y sembrando, parte de la simiente cayó junto al camino; y vinieron las aves, y la comieron. 5Y parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y nació luego, porque no tenía profundidad de tierra: 6Mas en saliendo el sol, se quemó; y secóse, porque no tenía raíz. 7Y parte cayó en espinas; y las espinas crecieron, y la ahogaron. 8Y parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta. 9Quien tiene oídos para oir, oiga. 10Entonces, llegándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? 11Y él respondiendo, les dijo: Por que a vosotros es concedido saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no es concedido. 12Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. 13Por eso les hablo por parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden. 14De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: De oído oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no miraréis. 15Porque el corazón de este pueblo está engrosado, y de los oídos oyen pesadamente, y de sus ojos guiñan: para que no vean de los ojos, y oigan de los oídos, y del corazón entiendan, y se conviertan, y yo los sane. 16Mas bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. 17Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron: y oir lo que oís, y no lo oyeron. 18Oid, pues, vosotros la parábola del que siembra: 19Oyendo cualquiera la palabra del reino, y no entendiéndola, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón: este es el que fue sembrado junto al camino. 20Y el que fue sembrado en pedregales, este es el que oye la palabra, y luego la recibe con gozo. 21Mas no tiene raíz en sí, antes es temporal: que venida la aflicción o la persecución por la palabra, luego se ofende. 22Y el que fue sembrado en espinas, este es el que oye la palabra; pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas, ahogan la palabra, y hácese infructuosa. 23Mas el que fue sembrado en buena tierra, este es el que oye y entiende la palabra, y el que lleva fruto: y lleva uno a ciento, y otro a sesenta, y otro a treinta. 24Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante al hombre que siembra buena simiente en su campo: 25Mas durmiendo los hombres, vino su enemigo, y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. 26Y como la hierba salió e hizo fruto, entonces apareció también la cizaña. 27Y llegándose los siervos del padre de la familia, le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena simiente en tu campo? ¿de dónde, pues, tiene cizaña? 28Y él les dijo: Un hombre enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la cojamos? 29Y él dijo: No; porque cogiendo la cizaña, no arranquéis también con ella el trigo. 30Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Coged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; mas recoged el trigo en mi alfolí. 31Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que tomándolo alguno lo sembró en su campo: 32El cual a la verdad es la más pequeña de todas las simientes; mas cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas. 33Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo quedó leudo. 34Todo esto habló Jesús por parábolas a las gentes, y sin parábolas no les hablaba: 35Para que se cumpliese lo que fue dicho por el profeta, que dijo: Abriré en parábolas mi boca; rebosaré cosas escondidas desde la fundación del mundo. 36Entonces, despedidas las gentes, Jesús se vino a casa; y llegándose a él sus discípulos, le dijeron: Decláranos la parábola de la cizaña del campo. 37Y respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena simiente es el Hijo del hombre; 38Y el campo es el mundo; y la buena simiente son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo; 39Y el enemigo que la sembró, es el diablo; y la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. 40De manera que como es cogida la cizaña, y quemada al fuego, así será en el fin de este siglo. 41Enviará el Hijo del hombre sus ángeles, y cogerán de su reino todos los escándalos, y los que hacen iniquidad, 42Y los echarán en el horno de fuego: allí será el lloro y el crujir de dientes. 43Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre: el que tiene oídos para oir, oiga. 44Además, el reino de los cielos es semejante al tesoro escondido en el campo; el cual hallado, el hombre lo encubre, y de gozo de ello va, y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo. 45También el reino de los cielos es semejante al hombre tratante, que busca buenas perlas; 46Que hallando una preciosa perla, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró. 47Asimismo el reino de los cielos es semejante a la red, que echada en la mar, coge de todas suertes de peces: 48La cual estando llena, la sacaron a la orilla; y sentados, cogieron lo bueno en vasos, y lo malo echaron fuera. 49Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos, 50Y los echarán en el horno del fuego: allí será el lloro y el crujir de dientes. 51Díceles Jesús: ¿Habéis entendido todas estas cosas? Ellos responden: Sí, Señor. 52Y él les dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos, es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas. 53Y aconteció que acabando Jesús estas parábolas, pasó de allí. 54Y venido a su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que ellos estaban atónitos, y decían: ¿De dónde tiene este esta sabiduría, y estas maravillas? 55¿No es este el hijo del carpintero? ¿no se llama su madre María, y sus hermanos Jacobo y José, y Simón, y Judas? 56¿Y no están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene este todas estas cosas? 57Y se escandalizaban en él. Mas Jesús les dijo: No hay profeta sin honra sino en su tierra y en su casa. 58Y no hizo allí muchas maravillas, a causa de la incredulidad de ellos.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Josué 5:1-6:5 · Salmos 129-131
Personales
Isaías 65 · Mateo 13