Lectura 1 de 4 · En familia
Éxodo 14
1Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 2Habla a los hijos de Israel que den la vuelta, y asienten su campo delante de Pihahiroth, entre Migdol y la mar hacia Baalzephón: delante de él asentaréis el campo, junto a la mar. 3Porque Faraón dirá de los hijos de Israel: Encerrados están en la tierra, el desierto los ha encerrado. 4Y yo endureceré el corazón de Faraón para que los siga; y seré glorificado en Faraón y en todo su ejército; y sabrán los Egipcios que yo soy Jehová. Y ellos lo hicieron así. 5Y fue dado aviso al rey de Egipto cómo el pueblo se huía: y el corazón de Faraón y de sus siervos se volvió contra el pueblo, y dijeron: ¿Cómo hemos hecho esto de haber dejado ir a Israel, para que no nos sirva? 6Y unció su carro, y tomó consigo su pueblo; 7Y tomó seiscientos carros escogidos, y todos los carros de Egipto, y los capitanes sobre ellos. 8Y endureció Jehová el corazón de Faraón rey de Egipto, y siguió a los hijos de Israel; pero los hijos de Israel habían salido con mano poderosa. 9Siguiéndolos, pues, los Egipcios, con toda la caballería y carros de Faraón, su gente de a caballo, y todo su ejército, alcanzáronlos asentando el campo junto a la mar, al lado de Pihahiroth, delante de Baalzephón. 10Y cuando Faraón se hubo acercado, los hijos de Israel alzaron sus ojos, y he aquí los Egipcios que venían tras ellos; por lo que temieron en gran manera, y clamaron los hijos de Israel a Jehová. 11Y dijeron a Moisés: ¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué lo has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto? 12¿No es esto lo que te hablamos en Egipto, diciendo: Déjanos servir a los Egipcios? Que mejor nos fuera servir a los Egipcios, que morir nosotros en el desierto. 13Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estáos quedos, y ved la salud de Jehová, que él hará hoy con vosotros; porque los Egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis. 14Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis quedos. 15Entonces Jehová dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? di a los hijos de Israel que marchen: 16Y tú alza tu vara, y extiende tu mano sobre la mar, y divídela; y entren los hijos de Israel por medio de la mar en seco. 17Y yo, he aquí yo endureceré el corazón de los Egipcios, para que los sigan: y yo me glorificaré en Faraón, y en todo su ejército, y en sus carros, y en su caballería; 18Y sabrán los Egipcios que yo soy Jehová, cuando me glorificaré en Faraón, en sus carros, y en su gente de a caballo. 19Y el ángel de Dios que iba delante del campo de Israel, se apartó, e iba en pos de ellos; y asimismo la columna de nube que iba delante de ellos, se apartó, y púsose a sus espaldas: 20E iba entre el campo de los Egipcios y el campo de Israel; y era nube y tinieblas para aquellos, y alumbraba a Israel de noche: y en toda aquella noche nunca llegaron los unos a los otros. 21Y extendió Moisés su mano sobre la mar, e hizo Jehová que la mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y tornó la mar en seco, y las aguas quedaron divididas. 22Entonces los hijos de Israel entraron por medio de la mar en seco, teniendo las aguas como muro a su diestra y a su siniestra: 23Y siguiéndolos los Egipcios, entraron tras ellos hasta el medio de la mar, toda la caballería de Faraón, sus carros, y su gente de a caballo. 24Y aconteció a la vela de la mañana, que Jehová miró al campo de los Egipcios desde la columna de fuego y nube, y perturbó el campo de los Egipcios. 25Y quitóles las ruedas de sus carros, y trastornólos gravemente. Entonces los Egipcios dijeron: Huyamos de delante de Israel, porque Jehová pelea por ellos contra los Egipcios. 26Y Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano sobre la mar, para que las aguas vuelvan sobre los Egipcios, sobre sus carros, y sobre su caballería. 27Y Moisés extendió su mano sobre la mar, y la mar se volvió en su fuerza cuando amanecía; y los Egipcios iban hacia ella: y Jehová derribó a los Egipcios en medio de la mar. 28Y volvieron las aguas, y cubrieron los carros y la caballería, y todo el ejército de Faraón que había entrado tras ellos en la mar; no quedó de ellos ni uno. 29Y los hijos de Israel fueron por medio de la mar en seco, teniendo las aguas por muro a su diestra y a su siniestra. 30Así salvó Jehová aquel día a Israel de mano de los Egipcios; e Israel vio a los Egipcios muertos a la orilla de la mar. 31Y vio Israel aquel grande hecho que Jehová ejecutó contra los Egipcios: y el pueblo temió a Jehová, y creyeron a Jehová y a Moisés su siervo.
Lectura 2 de 4 · En familia
Lucas 17
1Y A SUS discípulos dice: Imposible es que no vengan escándalos; mas ¡ay de aquel por quien vienen! 2Mejor le fuera, si le pusiesen al cuello una piedra de molino, y le lanzasen en el mar, que escandalizar a uno de estos pequeñitos. 3Mirad por vosotros: si pecare contra ti tu hermano, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. 4Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día se volviere a ti, diciendo, pésame, perdónale. 5Y dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe. 6Entonces el Señor dijo: Si tuvieseis fe como un grano de mostaza, diréis a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecerá. 7¿Y quién de vosotros tiene un siervo que ara o apacienta, que vuelto del campo le diga luego: Pasa, siéntate a la mesa? 8¿No le dice antes: Adereza qué cene, y arremángate, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come tú y bebe? 9¿Da gracias al siervo porque hizo lo que le había sido mandado? Pienso que no. 10Así también vosotros, cuando hubiereis hecho todo lo que os es mandado, decid: Siervos inútiles somos, porque lo que debíamos hacer, hicimos. 11Y aconteció que yendo él a Jerusalem, pasaba por medio de Samaria y de Galilea. 12Y entrando en una aldea, viniéronle al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos, 13Y alzaron la voz, diciendo: Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros. 14Y como él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció, que yendo ellos, fueron limpios. 15Entonces uno de ellos, como se vio que estaba limpio, volvió, glorificando a Dios a gran voz; 16Y derribóse sobre el rostro a sus pies, dándole gracias: y este era Samaritano. 17Y respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpios? ¿Y los nueve dónde están? 18¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? 19Y díjole: Levántate, vete; tu fe te ha salvado. 20Y preguntado por los Fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia; 21Ni dirán: Helo aquí, o helo allí: porque he aquí el reino de Dios entre vosotros está. 22Y dijo a sus discípulos: Tiempo vendrá, cuando desearéis ver uno de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis. 23Y os dirán: Helo aquí, o helo allí. No vayáis, ni sigáis. 24Porque como el relámpago, relampagueando desde una parte de debajo del cielo, resplandece hasta la otra debajo del cielo, así también será el Hijo del hombre en su día. 25Mas primero es necesario que padezca mucho, y sea reprobado de esta generación. 26Y como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del hombre. 27Comían, bebían, los hombres tomaban mujeres, y las mujeres maridos, hasta el día que entró Noé en el arca; y vino el diluvio, y destruyó a todos. 28Asimismo también como fue en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban; 29Mas el día que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y destruyó a todos: 30Como esto será el día en que el Hijo del hombre se manifestará. 31En aquel día, el que estuviere en el terrado, y sus alhajas en casa, no descienda a tomarlas: y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás. 32Acordaos de la mujer de Lot. 33Cualquiera que procurare salvar su vida, la perderá; y cualquiera que la perdiere, la salvará. 34Os digo que en aquella noche estarán dos en una cama; el uno será tomado, y el otro será dejado. 35Dos mujeres estarán moliendo juntas: la una será tomada, y la otra dejada. 36Dos estarán en el campo; el uno será tomado, y el otro dejado. 37Y respondiendo, le dicen: ¿Dónde, Señor? Y él les dijo: Donde estuviere el cuerpo, allá se juntarán también las águilas.
Lectura 3 de 4 · Personal
Job 32
1Y cesaron estos tres varones de responder a Job, por cuanto él era justo en sus ojos. 2Entonces Eliú hijo de Barachêl, Bucita,, de la familia de Ram, se enojó con furor contra Job: enojóse con furor, por cuanto justificaba su vida más que a Dios. 3Enojóse asimismo con furor contra sus tres amigos, porque no hallaban qué responder, aunque habían condenado a Job. 4Y Eliú había esperado a Job en la disputa, porque eran más viejos de días que él. 5Empero viendo Eliú que no había respuesta en la boca de aquellos tres varones, su furor se encendió. 6Y respondió Eliú hijo de Barachêl, Bucita, y dijo: Yo soy menor de días, y vosotros viejos; he tenido por tanto miedo, y temido declararos mi opinión. 7Yo decía: Los días hablarán, y la muchedumbre de años declarará sabiduría. 8Ciertamente espíritu hay en el hombre, e inspiración del Omnipotente los hace que entiendan. 9No los grandes son los sabios, ni los viejos entienden el derecho. 10Por tanto yo dije: Escuchadme; declararé yo también mi sabiduría. 11He aquí yo he esperado a vuestras razones, he escuchado vuestros argumentos, en tanto que buscabais palabras. 12Os he pues prestado atención, y he aquí que no hay de vosotros quien redarguya a Job, y responda a sus razones. 13Porque no digáis: Nosotros hemos hallado sabiduría: lanzólo Dios, no el hombre. 14Ahora bien, Job no enderezó a mí sus palabras, ni yo le responderé con vuestras razones. 15Espantáronse, no respondieron más: fuéronseles los razonamientos. 16Yo pues he esperado, porque no hablaban, antes pararon, y no respondieron más. 17Por eso yo también responderé mi parte, también yo declararé mi juicio. 18Porque lleno estoy de palabras, y el espíritu de mi vientre me constriñe. 19De cierto mi vientre está como el vino que no tiene respiradero, y se rompe como odres nuevos. 20Hablaré pues y respiraré; abriré mis labios, y responderé. 21No haré ahora acepción de personas, ni usaré con hombre de lisonjeros títulos. 22Porque no sé hablar lisonjas: de otra manera en breve mi Hacedor me consuma.
Lectura 4 de 4 · Personal
2 Corintios 2
1Esto pues determiné para conmigo, no venir otra vez a vosotros con tristeza. 2Porque si yo os contristo, ¿quién será luego el que me alegrará, sino aquel a quien yo contristare? 3Y esto mismo os escribí, porque cuando llegare no tenga tristeza sobre tristeza de los que me debiera gozar; confiando en vosotros todos que mi gozo es el de todos vosotros. 4Porque por la mucha tribulación y angustia del corazón os escribí con muchas lágrimas; no para que fueseis contristados, mas para que supieseis cuánto más amor tengo para con vosotros. 5Que si alguno me contristó, no me contristó a mí, sino en parte, por no cargaros, a todos vosotros. 6Bástale al tal esta reprensión hecha de muchos; 7Así que, al contrario, vosotros más bien lo perdonéis y consoléis, porque no sea el tal consumido de demasiada tristeza. 8Por lo cual os ruego que confirméis el amor para con él. 9Porque también por este fin os escribí, para tener experiencia de vosotros si sois obedientes en todo. 10Y al que vosotros perdonareis, yo también: porque también yo lo que he perdonado, si algo he perdonado, por vosotros lo he hecho en persona de Cristo; 11Porque no seamos engañados de Satanás: pues no ignoramos sus maquinaciones. 12Cuando vine a Troas para el evangelio de Cristo, aunque me fue abierta puerta en el Señor, 13No tuve reposo en mi espíritu, por no haber hallado a Tito mi hermano: así, despidiéndome de ellos, partí para Macedonia. 14Mas a Dios gracias, el cual hace que siempre triunfemos en Cristo Jesús, y manifiesta el olor de su conocimiento por nosotros en todo lugar. 15Porque para Dios somos buen olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden: 16A estos ciertamente olor de muerte para muerte; y a aquellos olor de vida para vida. Y para estas cosas ¿quién es suficiente? 17Porque no somos como muchos, mercaderes falsos de la palabra de Dios: antes con sinceridad, como de Dios, delante de Dios, hablamos en Cristo.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Éxodo 14 · Lucas 17
Personales
Job 32 · 2 Corintios 2