Lectura 1 de 4 · En familia

Éxodo 13

1Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 2Santifícame todo primogénito, cualquiera que abre matriz entre los hijos de Israel, así de los hombres como de los animales: mío es. 3Y Moisés dijo al pueblo: Tened memoria de aqueste día, en el cual habéis salido de Egipto, de la casa de servidumbre; pues Jehová os ha sacado de aquí con mano fuerte: por tanto, no comeréis leudado. 4Vosotros salís hoy en el mes de Abib. 5Y cuando Jehová te hubiere metido en la tierra del Cananeo, y del Hetheo, y del Amorrheo, y del Hebeo, y del Jebuseo, la cual juró a tus padres que te daría, tierra que destila leche y miel, harás este servicio en aqueste mes. 6Siete días comerás por leudar, y el séptimo día será fiesta a Jehová. 7Por los siete días se comerán los panes sin levadura; y no se verá contigo leudado, ni levadura en todo tu término. 8Y contarás en aquel día a tu hijo, diciendo: Hácese esto con motivo de lo que Jehová hizo conmigo cuando me sacó de Egipto. 9Y serte ha como una señal sobre tu mano, y como una memoria delante de tus ojos, para que la ley de Jehová esté en tu boca; por cuanto con mano fuerte te sacó Jehová de Egipto. 10Por tanto, tú guardarás este rito en su tiempo de año en año. 11Y cuando Jehová te hubiere metido en la tierra del Cananeo, como te ha jurado a ti y a tus padres, y cuando te la hubiere dado, 12Harás pasar a Jehová todo lo que abriere la matriz, asimismo todo primerizo que abriere la matriz de tus animales: los machos serán de Jehová. 13Mas todo primogénito de asno redimirás con un cordero; y si no lo redimieres, le degollarás: asimismo redimirás todo humano primogénito de tus hijos. 14Y cuando mañana te preguntare tu hijo, diciendo: ¿Qué es esto? decirle has: Jehová nos sacó con mano fuerte de Egipto, de casa de servidumbre; 15Y endureciéndose Faraón en no dejarnos ir, Jehová mató en la tierra de Egipto a todo primogénito, desde el primogénito humano hasta el primogénito de la bestia: y por esta causa yo sacrifico a Jehová todo primogénito macho, y redimo todo primogénito de mis hijos. 16Serte ha, pues, como una señal sobre tu mano, y por una memoria delante de tus ojos; ya que Jehová nos sacó de Egipto con mano fuerte. 17Y luego que Faraón dejó ir al pueblo, Dios no los llevó por el camino de la tierra de los Filisteos, que estaba cerca; porque dijo Dios: Que quizá no se arrepienta el pueblo cuando vieren la guerra, y se vuelvan a Egipto: 18Mas hizo Dios al pueblo que rodease por el camino del desierto del mar Bermejo. Y subieron los hijos de Israel de Egipto armados. 19Tomó también consigo Moisés los huesos de José, el cual había juramentado a los hijos de Israel, diciendo: Dios ciertamente os visitará, y haréis subir mis huesos de aquí con vosotros. 20Y partidos de Succoth, asentaron campo en Etham, a la entrada del desierto. 21Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube, para guiarlos por el camino; y de noche en una columna de fuego para alumbrarles; a fin de que anduviesen de día y de noche. 22Nunca se partió de delante del pueblo la columna de nube de día, ni de noche la columna de fuego.
Lectura 2 de 4 · En familia

Lucas 16

1Y dijo también a sus discípulos: Había un hombre rico, el cual tenía un mayordomo, y este fue acusado delante de él como disipador de sus bienes. 2Y le llamó, y le dijo: ¿Qué es esto que oigo de ti? Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás más ser mayordomo. 3Entonces el mayordomo dijo dentro de sí: ¿Qué haré? que mi señor me quita la mayordomía. Cavar, no puedo; mendigar, tengo vergüenza. 4Yo sé lo que haré para que cuando fuere quitado de la mayordomía, me reciban en sus casas. 5Y llamando a cada uno de los deudores de su señor, dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi señor? 6Y él dijo: Cien barriles de aceite. Y le dijo: Toma tu obligación, y siéntate presto, y escribe cincuenta. 7Después dijo a otro: ¿Y tú, cuánto debes? Y él dijo: Cien coros de trigo. Y él le dijo: Toma tu obligación, y escribe ochenta. 8Y alabó el señor al mayordomo malo por haber hecho discretamente; porque los hijos de este siglo son en su generación más sagaces que los hijos de luz. 9Y yo os digo: Haceos amigos de las riquezas de maldad, para que cuando faltareis, os reciban en las moradas eternas. 10El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel: y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto. 11Pues si en las malas riquezas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero? 12Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro? 13Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o se allegará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. 14Y oían también todas estas cosas los Fariseos, los cuales eran avaros, y se burlaban de él. 15Y díjoles: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación. 16La ley y los profetas hasta Juan: desde entonces el reino de Dios es anunciado, y quienquiera se esfuerza a entrar en él. 17Empero más fácil cosa es pasar el cielo y la tierra, que frustrarse un tilde de la ley. 18Cualquiera que repudia a su mujer, y se casa con otra, adultera: y el que se casa con la repudiada del marido, adultera. 19Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. 20Había también un mendigo llamado Lázaro, el cual estaba echado a la puerta de él, lleno de llagas, 21Y deseando hartarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. 22Y aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham: y murió también el rico, y fue sepultado. 23Y en el infierno alzó sus ojos, estando en los tormentos, y vio a Abraham de lejos, y a Lázaro en su seno. 24Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque soy atormentado en esta llama. 25Y díjole Abraham: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; mas ahora este es consolado aquí, y tú atormentado. 26Y además de todo esto, una grande sima está constituída entre nosotros y vosotros, que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. 27Y dijo: Ruégote pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre; 28Porque tengo cinco hermanos; para que les testifique, porque no vengan ellos también a este lugar de tormento. 29Y Abraham le dice: A Moisés y a los profetas tienen: óiganlos. 30El entonces dijo: No, padre Abraham: mas si alguno fuere a ellos de los muertos, se arrepentirán. 31Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán, si alguno se levantare de los muertos.
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Job 31

1Hice pacto con mis ojos: ¿cómo pues había yo de pensar en virgen? 2Porque ¿qué galardón me daría de arriba Dios, y qué heredad el Omnipotente de las alturas? 3¿No hay quebrantamiento para el impío, y extrañamiento para los que obran iniquidad? 4¿No ve él mis caminos, y cuenta todos mis pasos? 5Si anduve con mentira, y si mi pie se apresuró a engaño, 6Péseme Dios en balanzas de justicia, y conocerá mi integridad. 7Si mis pasos se apartaron del camino, y si mi corazón se fue tras mis ojos, y si algo se apegó a mis manos, 8Siembre yo, y otro coma, y mis verduras sean arrancadas. 9Si fue mi corazón engañado acerca de mujer, y si estuve acechando a la puerta de mi prójimo: 10Muela para otro mi mujer, y sobre ella otros se encorven. 11Porque es maldad e iniquidad, que han de castigar los jueces. 12Porque es fuego que devoraría hasta el sepulcro, y desarraigaría toda mi hacienda. 13Si hubiera tenido en poco el derecho de mi siervo y de mi sierva, cuando ellos pleitearan conmigo, 14¿Qué haría yo cuando Dios se levantase? y cuando él visitara, ¿qué le respondería yo? 15El que en el vientre me hizo a mí, ¿no lo hizo a él? ¿y no nos dispuso uno mismo en la matriz? 16Si estorbé el contento de los pobres, e hice desfallecer los ojos de la viuda; 17Y si comí mi bocado solo, y no comió de él el huérfano; 18(Porque desde mi mocedad creció conmigo como con padre, y desde el vientre de mi madre fui guía de la viuda;) 19Si he visto que pereciera alguno sin vestido, y al menesteroso sin cobertura; 20Si no me bendijeron sus lomos, y del vellón de mis ovejas se calentaron; 21Si alcé contra el huérfano mi mano, aunque viese que me ayudarían en la puerta; 22Mi espalda se caiga de mi hombro, y mi brazo sea quebrado de mi canilla. 23Porque temí el castigo de Dios, contra cuya alteza yo no tendría poder. 24Si puse en oro mi esperanza, y dije al oro: Mi confianza eres tú; 25Si me alegré de que mi hacienda se multiplicase, y de que mi mano hallase mucho; 26Si he mirado al sol cuando resplandecía, y a la luna cuando iba hermosa, 27Y mi corazón se engañó en secreto, y mi boca besó mi mano: 28Esto también fuera maldad juzgada; porque habría negado al Dios soberano. 29Si me alegré en el quebrantamiento del que me aborrecía, y me regocijé cuando le halló el mal; 30(Que ni aun entregué al pecado mi paladar, pidiendo maldición para su alma;) 31Cuando mis domésticos decían: ¡Quién nos diese de su carne! nunca nos hartaríamos. 32El extranjero no tenía fuera la noche; mis puertas abría al caminante. 33Si encubrí, como los hombres mis prevaricaciones, escondiendo en mi seno mi iniquidad; 34Porque quebrantaba a la gran multitud, y el menosprecio de las familias me atemorizó, y callé, y no salí de mi puerta: 35¡Quién me diera quien me oyese! He aquí mi impresión es que el Omnipotente testificaría por mí, aunque mi adversario me hiciera el proceso. 36Ciertamente yo lo llevaría sobre mi hombro, y me lo ataría en lugar de corona. 37Yo le contaría el número de mis pasos, y como príncipe me llegaría a él. 38Si mi tierra clama contra mí, y lloran todos sus surcos; 39Si comí su sustancia sin dinero, o afligí el alma de sus dueños; 40En lugar de trigo me nazcan abrojos, y espinas en lugar de cebada. Acábanse las palabras de Job.
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2 Corintios 1

1Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y Timoteo el hermano, a la iglesia de Dios que está en Corinto, juntamente con todos los santos que están por toda la Acaya: 2Gracia y paz a vosotros de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesucristo. 3Bendito sea el Dios y Padre del Señor Jesucristo, el Padre de misericordias, y el Dios de toda consolación, 4El cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquiera angustia, con la consolación con que nosotros somos consolados de Dios. 5Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación. 6Mas si somos atribulados, es por vuestra consolación y salud; la cual es obrada en el sufrir las mismas aflicciones que nosotros también padecemos: o si somos consolados, es por vuestra consolación y salud; 7Y nuestra esperanza de vosotros es firme; estando ciertos que como sois compañeros de las aflicciones, así también lo sois de la consolación. 8Porque hermanos, no queremos que ignoréis de nuestra tribulación que nos fue hecha en Asia; que sobremanera fuimos cargados sobre nuestras fuerzas de tal manera que estuviésemos en duda de la vida. 9Mas nosotros tuvimos en nosotros mismos respuesta de muerte, para que no confiemos en nosotros mismos, sino en Dios que levanta los muertos: 10El cual nos libró, y libra de tanta muerte; en el cual esperamos que aun nos librará; 11Ayudándonos también vosotros con oración por nosotros, para que por la merced hecha a nos por respeto de muchos, por muchos sean hechas gracias por nosotros. 12Porque nuestra gloria es esta: el testimonio de nuestra conciencia, que con simplicidad y sinceridad de Dios, no con sabiduría carnal, mas con la gracia de Dios, hemos conversado en el mundo, y muy más con vosotros. 13Porque no os escribimos otras cosas de las que leéis, o también conocéis: y espero que aun hasta el fin las conoceréis: 14Como también en parte habéis conocido que somos vuestra gloria, así como también vosotros la nuestra, para el día del Señor Jesús. 15Y con esta confianza quise primero ir a vosotros, para que tuvieseis una segunda gracia; 16Y por vosotros pasar a Macedonia, y de Macedonia venir otra vez a vosotros, y ser vuelto de vosotros a Judea. 17Así que, pretendiendo esto, ¿usé quizá de liviandad? o lo que pienso hacer, ¿piénsolo según la carne, para que haya en mí Sí y No? 18Antes, Dios fiel sabe que nuestra palabra para con vosotros no es Sí y No. 19Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, que por nosotros ha sido entre vosotros predicado, por mí y Silvano y Timoteo, no ha sido Sí y No; mas ha sido Sí en él. 20Porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por nosotros a gloria de Dios. 21Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios; 22El cual también nos ha sellado, y dado la prenda del Espíritu en nuestros corazones. 23Mas yo llamo a Dios por testigo sobre mi alma, que por ser indulgente con vosotros no he pasado todavía a Corinto. 24No que nos enseñoreemos de vuestra fe, mas somos ayudadores de vuestro gozo: porque por la fe estáis firmes.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Éxodo 13 · Lucas 16
Personales
Job 31 · 2 Corintios 1