Lectura 1 de 4 · En familia
2 Reyes 16
1En el año diecisiete de Peka hijo de Remalías, comenzó a reinar Achâz hijo de Jotham rey de Judá. 2Cuando comenzó a reinar Achâz, era de veinte años, y reinó en Jerusalem dieciséis años: y no hizo lo recto en ojos de Jehová su Dios, como David su padre; 3Antes anduvo en el camino de los reyes de Israel, y aun hizo pasar por el fuego a su hijo, según las abominaciones de las gentes que Jehová echó de delante de los hijos de Israel. 4Asimismo sacrificó, y quemó perfumes en los altos, y sobre los collados, y debajo de todo árbol umbroso. 5Entonces Resín rey de Siria, y Peka hijo de Remalías rey de Israel, subieron a Jerusalem para hacer guerra, y cercar a Achâz; mas no pudieron tomarla. 6En aquel tiempo Resín rey de Siria restituyó Elath a Siria, y echó a los Judíos de Elath; y los Siros vinieron a Elath, y habitaron allí hasta hoy. 7Entonces Achâz envió embajadores a Tiglath-pileser rey de Asiria, diciendo: Yo soy tu siervo y tu hijo: sube, y defiéndeme de mano del rey de Siria, y de mano del rey de Israel, que se han levantado contra mí. 8Y tomando Achâz la plata y el oro que se halló en la casa de Jehová, y en los tesoros de la casa real, envió al rey de Asiria un presente. 9Y atendióle el rey de Asiria; pues subió el rey de Asiria contra Damasco, y tomóla, y trasportó los moradores a Kir, y mató a Resín. 10Y fue el rey Achâz a encontrar a Tiglath-pileser rey de Asiria en Damasco; y visto que hubo el rey Achâz el altar que estaba en Damasco, envió a Urías sacerdote el diseño y la descripción del altar, conforme a toda su hechura. 11Y Urías el sacerdote edificó el altar; conforme a todo lo que el rey Achâz había enviado de Damasco, así lo hizo el sacerdote Urías, entre tanto que el rey Achâz venía de Damasco. 12Y luego que vino el rey de Damasco, y hubo visto el altar, acercóse el rey a él, y sacrificó en él; 13Y encendió su holocausto, y su presente, y derramó sus libaciones, y esparció la sangre de sus pacíficos junto al altar. 14Y el altar de bronce que estaba delante de Jehová, hízolo acercar delante de la frontera de la casa, entre el altar y el templo de Jehová, y púsolo al lado del altar hacia el aquilón. 15Y mandó el rey Achâz al sacerdote Urías, diciendo: En el gran altar encenderás el holocausto de la mañana y el presente de la tarde, y el holocausto del rey y su presente, y asimismo el holocausto de todo el pueblo de la tierra y su presente y sus libaciones: y esparcirás sobre él toda la sangre de holocausto, y toda la sangre de sacrificio: y el altar de bronce será mío para preguntar en él. 16E hizo el sacerdote Urías conforme a todas las cosas que el rey Achâz le mandó. 17Y cortó el rey Achâz las cintas de las basas, y quitóles las fuentes; quitó también el mar de sobre los bueyes de bronce que estaban debajo de él, y púsolo sobre el solado de piedra. 18Asimismo la tienda del sábado que habían edificado en la casa, y el pasadizo de afuera del rey, mudólos del templo de Jehová, por causa del rey de Asiria. 19Lo demás de los hechos de Achâz que puso por obra, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 20Y durmió el rey Achâz con sus padres y fue sepultado con sus padres en la ciudad de David: y reinó en su lugar Ezechîas su hijo.
Lectura 2 de 4 · En familia
Tito 2
1Empero tú, habla lo que conviene a la sana doctrina: 2Que los viejos sean templados, graves, prudentes, sanos en la fe, en la caridad, en la paciencia. 3Las viejas, asimismo, se distingan en un porte santo; no calumniadoras, no dadas a mucho vino, maestras de honestidad: 4Que enseñen a las mujeres jóvenes a ser prudentes, a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, 5A ser templadas, castas, que tengan cuidado de la casa, buenas, sujetas a sus maridos; porque la palabra de Dios no sea blasfemada. 6Exhorta asimismo a los mancebos a que sean comedidos; 7Mostrándote en todo por ejemplo de buenas obras; en doctrina haciendo ver integridad, gravedad, 8Palabra sana, e irreprensible; que el adversario se avergüence, no teniendo mal ninguno que decir de vosotros. 9Exhorta a los siervos a que sean sujetos a sus señores, que agraden en todo, no respondones; 10No defraudando, antes mostrando toda buena lealtad, para que adornen en todo la doctrina de nuestro Salvador Dios. 11Porque la gracia de Dios que trae salvación a todos los hombres, se manifestó, 12Enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo templada, y justa, y píamente, 13Esperando aquella esperanza bienaventurada, y la manifestación gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo, 14Que se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad, y limpiar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras. 15Esto habla y exhorta, y reprende con toda autoridad. Nadie te desprecie.
Lectura 3 de 4 · Personal
Oseas 9
1No te alegres, oh Israel, hasta saltar de gozo como los pueblos, pues has fornicado apartándote de tu Dios: amaste salario por todas las eras de trigo. 2La era y el lagar no los mantendrán; les fallará el mosto. 3No quedarán en la tierra de Jehová, sino que volverá Ephraim a Egipto, y a Asiria, donde comerán vianda inmunda. 4No derramarán vino a Jehová, ni él tomará contento en sus sacrificios; como pan de enlutados les serán a ellos: todos los que comieren de él, serán inmundos. Será pues el pan de ellos para sí mismos; no entrará en la casa de Jehová. 5¿Qué haréis el día de la solemnidad, y el día de la fiesta de Jehová? 6Porque, he aquí se fueron ellos a causa de la destrucción: Egipto los recogerá, Memphis los enterrará: espino poseerá por heredad lo deseable de su plata, ortiga crecerá en sus moradas. 7Vinieron los días de la visitación, vinieron los días de la paga; conocerálo Israel: necio el profeta, insensato el varón de espíritu, a causa de la multitud de tu maldad, y grande odio. 8Atalaya es Ephraim para con mi Dios: el profeta es lazo de cazador en todos sus caminos, odio en la casa de su Dios. 9Llegaron al profundo, corrompiéronse, como en los días de Gabaa: ahora se acordará de su iniquidad; visitará su pecado. 10Como uvas en el desierto hallé a Israel: como la fruta temprana de la higuera en su principio vi a vuestros padres. Ellos entraron a Baal-peor, y se apartaron para vergüenza, e hiciéronse abominables como aquello que amaron. 11Ephraim, cual ave volará su gloria desde el nacimiento, aun desde el vientre y desde la concepción. 12Y si llegaren a grandes sus hijos, quitarélos de entre los hombres, porque ¡ay de ellos también, cuando de ellos me apartare! 13Ephraim, según veo, es semejante a Tiro, asentada en lugar delicioso: mas Ephraim sacará sus hijos al matador. 14Dales, oh Jehová, lo que les has de dar: dales matriz expeliente, y enjutos pechos. 15Toda la maldad de ellos fue en Gilgal; allí, pues, les tomé aversión: por la malicia de sus obras echarélos de mi casa; no los amaré más; todos sus príncipes son desleales. 16Ephraim fue herido, secóse su cepa, no hará más fruto: aunque engendren, yo mataré lo deseable de su vientre. 17Mi Dios los desechará, porque ellos no le oyeron; y andarán errantes entre las gentes.
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Salmos 126-128 (cap. 126)
1Cuando Jehová hiciere tornar la cautividad de Sion, seremos como los que sueñan. 2Entonces nuestra boca se henchirá de risa, y nuestra lengua de alabanza; entonces dirán entre las gentes: Grandes cosas ha hecho Jehová con estos. 3Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros; estaremos alegres. 4Haz volver nuestra cautividad, oh Jehová, como los arroyos en el austro. 5Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. 6Irá andando y llorando el que lleva la preciosa simiente; mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas.
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Salmos 126-128 (cap. 127)
1Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican: si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guarda. 2Por demás os es el madrugar a levantaros, el veniros tarde a reposar, el comer pan de dolores: pues que a su amado dará Dios el sueño. 3He aquí, heredad de Jehová son los hijos: cosa de estima el fruto del vientre. 4Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud. 5Bienaventurado el hombre que hinchió su aljaba de ellos: no será avergonzado cuando hablare con los enemigos en la puerta.
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Salmos 126-128 (cap. 128)
1Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová, que anda en sus caminos. 2Cuando comieres el trabajo de tus manos, bienaventurado tú, y tendrás bien. 3Tu mujer será como parra que lleva fruto a los lados de tu casa; tus hijos como plantas de olivas alrededor de tu mesa. 4He aquí que así será bendito el hombre que teme a Jehová. 5Bendígate Jehová desde Sion, y veas el bien de Jerusalem todos los días de tu vida. 6Y veas los hijos de tus hijos, y la paz sobre Israel.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
2 Reyes 16 · Tito 2
Personales
Oseas 9 · Salmos 126-128