Lectura 1 de 4 · En familia
2 Reyes 17
1En el año duodécimo de Achâz rey de Judá, comenzó a reinar Oseas hijo de Ela en Samaria sobre Israel; y reinó nueve años. 2E hizo lo malo en ojos de Jehová, aunque no como los reyes de Israel que antes de él habían sido. 3Contra este subió Salmanasar rey de los Asirios; y Oseas fue hecho su siervo, y pagábale tributo. 4Mas el rey de Asiria halló que Oseas hacía conjuración: porque había enviado embajadores a So, rey de Egipto, y no pagaba tributo al rey de Asiria, como cada año: por lo que el rey de Asiria le detuvo, y le aprisionó en la casa de la cárcel. 5Y el rey de Asiria partió contra todo el país, y subió contra Samaria, y estuvo sobre ella tres años. 6En el año nueve de Oseas tomó el rey de Asiria a Samaria, y trasportó a Israel a Asiria, y púsolos en Hala, y en Habor, junto al río de Gozán, y en las ciudades de los Medos. 7Porque como los hijos de Israel pecasen contra Jehová su Dios, que los sacó de tierra de Egipto de bajo la mano de Faraón rey de Egipto, y temiesen a dioses ajenos, 8Y anduviesen en los estatutos de las gentes que Jehová había lanzado delante de los hijos de Israel, y en los de los reyes de Israel, que hicieron; 9Y como los hijos de Israel paliasen cosas no rectas contra Jehová su Dios, edificándose altos en todas sus ciudades, desde las torres de las atalayas hasta las ciudades fuertes, 10Y se levantasen estatuas y bosques en todo collado alto, y debajo de todo árbol umbroso, 11Y quemasen allí perfumes en todos los altos, a la manera de las gentes que había Jehová traspuesto delante de ellos, e hiciesen cosas muy malas para provocar a ira a Jehová, 12Pues servían a los ídolos, de los cuales Jehová les había dicho: Vosotros no habéis de hacer esto; 13Jehová protestaba entonces contra Israel y contra Judá, por mano de todos los profetas, y de todos los videntes, diciendo: Volveos de vuestros malos caminos, y guardad mis mandamientos y mis ordenanzas, conforme a todas las leyes que yo prescribí a vuestros padres, y que os he enviado por mano de mis siervos los profetas. 14Mas ellos no obedecieron, antes endurecieron su cerviz, como la cerviz de sus padres, los cuales no creyeron en Jehová su Dios. 15Y desecharon sus estatutos, y su pacto que él había concertado con sus padres, y sus testimonios que él había protestado contra ellos; y siguieron la vanidad, y se hicieron vanos, y fueron en pos de las gentes que estaban alrededor de ellos, de las cuales les había Jehová mandado que no hiciesen a la manera de ellas: 16Y dejaron todos los mandamientos de Jehová su Dios, e hiciéronse vaciadizos dos becerros, y también bosques, y adoraron a todo el ejército del cielo, y sirvieron a Baal: 17E hicieron pasar a sus hijos y a sus hijas por fuego; y diéronse a adivinaciones y agüeros, y entregáronse a hacer lo malo en ojos de Jehová, provocándole a ira. 18Jehová por tanto se airó en gran manera contra Israel, y quitólos de delante de su rostro; que no quedó sino solo la tribu de Judá. 19Mas ni aun Judá guardó los mandamientos de Jehová su Dios; antes anduvieron en los estatutos de Israel, los cuales habían ellos hecho. 20Y desechó Jehová toda la simiente de Israel, y afligiólos, y entrególos en manos de saqueadores, hasta echarlos de su presencia. 21Porque cortó a Israel de la casa de David, y ellos se hicieron rey a Jeroboam hijo de Nabat; y Jeroboam rempujó a Israel de en pos de Jehová, e hízoles cometer gran pecado. 22Y los hijos de Israel anduvieron en todos los pecados de Jeroboam que él hizo, sin apartarse de ellos; 23Hasta tanto que Jehová quitó a Israel de delante de su rostro, como lo había él dicho por mano de todos los profetas sus siervos: e Israel fue trasportado de su tierra a Asiria, hasta hoy. 24Y trajo el rey de Asiria gente de Babilonia, y de Cutha, y de Ava, y de Hamath, y de Sepharvaim, y púsolos en las ciudades de Samaria, en lugar de los hijos de Israel; y poseyeron a Samaria, y habitaron en sus ciudades. 25Y aconteció al principio, cuando comenzaron a habitar allí, que no temiendo ellos a Jehová, envió Jehová contra ellos leones que los mataban. 26Entonces dijeron ellos al rey de Asiria: Las gentes que tú traspasaste y pusiste en las ciudades de Samaria, no saben la costumbre del Dios de aquella tierra, y él ha echado leones en ellos, y he aquí los matan, porque no saben la costumbre del Dios de la tierra. 27Y el rey de Asiria mandó, diciendo: Llevad allí a alguno de los sacerdotes que trajisteis de allá, y vayan y habiten allí, y enséñenles la costumbre del Dios del país. 28Y vino uno de los sacerdotes que habían trasportado de Samaria, y habitó en Beth-el, y enseñóles cómo habían de temer a Jehová. 29Mas cada nación se hizo sus dioses, y pusiéronlos en los templos de los altos que habían hecho los de Samaria; cada nación en su ciudad donde habitaba. 30Los de Babilonia hicieron a Succoth-benoth, y los de Cutha hicieron a Nergal, y los de Hamath hicieron a Asima; 31Los Heveos hicieron a Nibhaz y a Tharthac; y los de Sepharvaim quemaban sus hijos al fuego a Adra-melech y a Anamelech, dioses de Sepharvaim. 32Y temían a Jehová; e hicieron del pueblo bajo sacerdotes de los altos, quienes sacrificaban para ellos en los templos de los altos. 33Temían a Jehová, y honraban a sus dioses, según la costumbre de las gentes de donde habían sido trasladados. 34Hasta hoy hacen como primero; que ni temen a Jehová, ni guardan sus estatutos, ni sus ordenanzas, ni hacen según la ley y los mandamientos que prescribió Jehová a los hijos de Jacob, al cual puso el nombre de Israel; 35Con los cuales había Jehová hecho pacto, y les mandó, diciendo: No temeréis a otros dioses, ni los adoraréis, ni les serviréis, ni les sacrificaréis: 36Mas a Jehová, que os sacó de tierra de Egipto con grande poder y brazo extendido, a este temeréis, y a este adoraréis, y a este haréis sacrificio. 37Los estatutos y derechos y ley y mandamientos que os dio por escrito, cuidaréis siempre de ponerlos por obra, y no temeréis dioses ajenos. 38Y no olvidaréis el pacto que hice con vosotros; ni temeréis dioses ajenos: 39Mas temed a Jehová vuestro Dios, y él os librará de mano de todos vuestros enemigos. 40Empero ellos no escucharon; antes hicieron según su costumbre antigua. 41Así temieron a Jehová aquellas gentes, y juntamente sirvieron a sus ídolos: y también sus hijos y sus nietos, según que hicieron sus padres, así hacen hasta hoy.
Lectura 2 de 4 · En familia
Tito 3
1Amonéstales que se sujeten a los príncipes y potestades, que obedezcan, que estén prontos a toda buena obra. 2Que a nadie infamen, que no sean pendencieros, sino modestos, mostrando toda mansedumbre para con todos los hombres. 3Porque también éramos nosotros necios en otro tiempo, rebeldes, extraviados, sirviendo a concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y en envidia, aborrecibles, aborreciendo los unos a los otros. 4Mas cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, 5No por obras de justicia que nosotros habíamos hecho, mas por su misericordia nos salvó, por el lavacro de la regeneración, y de la renovación del Espíritu Santo; 6El cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, 7Para que, justificados por su gracia, seamos hechos herederos según la esperanza de la vida eterna. 8Palabra fiel, y estas cosas quiero que afirmes, para que los que creen a Dios procuren gobernarse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres. 9Mas las cuestiones necias, y genealogías, y contenciones, y debates acerca de la ley, evita; porque son sin provecho y vanas. 10Rehusa hombre hereje, después de una y otra amonestación; 11Estando cierto que el tal es trastornado, y peca, siendo condenado de su propio juicio. 12Cuando enviare a ti a Artemas, o a Tichîco, procura venir a mí, a Nicópolis: porque allí he determinado invernar. 13A Zenas doctor de la ley, y a Apolos, envía delante, procurando que nada les falte. 14Y aprendan asimismo los nuestros a gobernarse en buenas obras para los usos necesarios, para que no sean sin fruto. 15Todos los que están conmigo te saludan. Saluda a los que nos aman en la fe. La gracia sea con todos vosotros. Amén.
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Oseas 10
1Es Israel una frondosa viña, haciendo fruto para sí: conforme a la multiplicación de su fruto multiplicó altares, conforme a la bondad de su tierra aumentaron sus estatuas. 2Dividióse su corazón. Ahora serán hallados culpables: él quebrantará sus altares, asolará sus estatuas. 3Porque dirán ahora: No tenemos rey, porque no temimos a Jehová: ¿y qué haría el rey por nosotros? 4Han hablado palabras jurando en vano al hacer alianza: por tanto, el juicio florecerá como ajenjo en los surcos del campo. 5Por las becerras de Beth-aven serán atemorizados los moradores de Samaria: porque su pueblo lamentará a causa del becerro, y sus sacerdotes que en él se regocijaban por su gloria, la cual será disipada. 6Y aun será él llevado a Asiria en presente al rey Jareb: Ephraim será avergonzado, e Israel será confuso de su consejo. 7De Samaria fue cortado su rey como la espuma sobre la superficie de las aguas. 8Y los altares de Avén serán destruídos, el pecado de Israel; crecerá sobre sus altares espino y cardo. Y dirán a los montes: Cubridnos; y a los collados: Caed sobre nosotros. 9Desde los días de Gabaa has pecado, oh Israel: allí estuvieron: no los tomó la batalla en Gabaa contra los inicuos. 10Y los castigaré como deseo: y pueblos se juntarán sobre ellos cuando serán atados en sus dos surcos. 11Ephraim es becerra domada, amadora del trillar; mas yo pasaré sobre su lozana cerviz: yo haré llevar yugo a Ephraim; arará Judá, quebrará sus terrones Jacob. 12Sembrad para vosotros en justicia, segad para vosotros en misericordia; arad para vosotros barbecho: porque es el tiempo de buscar a Jehová, hasta que venga y os enseñe justicia. 13Habéis arado impiedad, segasteis iniquidad: comeréis fruto de mentira: porque confiaste en tu camino, en la multitud de tus fuertes. 14Por tanto, en tus pueblos se levantará alboroto, y todas tus fortalezas serán destruídas, como destruyó Salmán a Beth-arbel el día de la batalla: la madre fue arrojada sobre los hijos. 15Así hará a vosotros Beth-el por la maldad de vuestra maldad: en la mañana será del todo cortado el rey de Israel.
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Salmos 129-131 (cap. 129)
1Mucho me han angustiado desde mi juventud, puede decir ahora Israel; 2Mucho me han angustiado desde mi juventud; mas no prevalecieron contra mí. 3Sobre mis espaldas araron los aradores: hicieron largos surcos. 4Jehová es justo; cortó las coyundas de los impíos. 5Serán avergonzados y vueltos atrás todos los que aborrecen a Sion. 6Serán como la hierba de los tejados, que se seca antes que crezca: 7De la cual no hinchió segador su mano, ni sus brazos el que hace gavillas. 8Ni dijeron los que pasaban: Bendición de Jehová sea sobre vosotros; os bendecimos en el nombre de Jehová.
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Salmos 129-131 (cap. 130)
1De los profundos, oh Jehová, a ti clamo. 2Señor, oye mi voz; estén atentos tus oídos a la voz de mi súplica. 3JAH, si mirares a los pecados, ¿quién, oh Señor, podrá mantenerse? 4Empero hay perdón cerca de ti, para que seas temido. 5Esperé yo a Jehová, esperó mi alma; en su palabra he esperado. 6Mi alma espera a Jehová más que los centinelas a la mañana, más que los vigilantes a la mañana. 7Espere Israel a Jehová; porque en Jehová hay misericordia, y abundante redención con él. 8Y él redimirá a Israel de todos sus pecados.
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Salmos 129-131 (cap. 131)
1Jehová, no se ha envanecido mi corazón, ni mis ojos se enaltecieron; ni anduve en grandezas, ni en cosas para mí demasiado sublimes. 2En verdad que me he comportado y he acallado mi alma, como un niño destetado de su madre: como un niño destetado está mi alma. 3Espera, oh Israel, en Jehová desde ahora y para siempre.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
2 Reyes 17 · Tito 3
Personales
Oseas 10 · Salmos 129-131