Lectura 1 de 4 · En familia
1 Samuel 27
1Y dijo David en su corazón: Al fin seré muerto algún día por la mano de Saúl: nada por tanto me será mejor que fugarme a la tierra de los Filisteos, para que Saúl se deje de mí, y no me ande buscando más por todos los términos de Israel, y así me escaparé de sus manos. 2Levantóse pues David, y con los seiscientos hombres que tenía consigo pasóse a Achîs hijo de Maoch, rey de Gath. 3Y moró David con Achîs en Gath, él y los suyos, cada uno con su familia: David con sus dos mujeres, Ahinoam Jezreelita, y Abigail, la que fue mujer de Nabal el del Carmelo. 4Y vino la nueva a Saúl que David se había huído a Gath, y no lo buscó más. 5Y David dijo a Achîs: Si he hallado ahora gracia en tus ojos, séame dado lugar en algunas de las ciudades de la tierra, donde habite: porque ¿ha de morar tu siervo contigo en la ciudad real? 6Y Achîs le dio aquel día a Siclag. De aquí fue Siclag de los reyes de Judá hasta hoy. 7Y fue el número de los días que David habitó en la tierra de los Filisteos, cuatro meses y algunos días. 8Y subía David con los suyos, y hacían entradas en los Gesureos, y en los Gerzeos, y en los Amalecitas: porque estos habitaban de largo tiempo la tierra, desde como se va a Shur hasta la tierra de Egipto. 9Y hería David el país, y no dejaba a vida hombre ni mujer: y llevábase las ovejas y las vacas y los asnos y los camellos y las ropas; y volvía, y veníase a Achîs. 10Y decía Achîs: ¿Dónde habéis corrido hoy? Y David decía: Al mediodía de Judá, y al mediodía de Jerameel, o contra el mediodía de Ceni. 11Ni hombre ni mujer dejaba a vida David, que viniese a Gath; diciendo: Porque no den aviso de nosotros, diciendo, Esto hizo David. Y esta era su costumbre todo el tiempo que moró en tierra de los Filisteos. 12Y Achîs creía a David, diciendo así: El se hace abominable en su pueblo de Israel, y será siempre mi siervo.
Lectura 2 de 4 · En familia
1 Corintios 8
1Y por lo que hace a lo sacrificado a los ídolos, sabemos que todos tenemos ciencia. La ciencia hincha, mas la caridad edifica. 2Y si alguno se imagina que sabe algo, aun no sabe nada como debe saber. 3Mas si alguno ama a Dios, el tal es conocido de él. 4Acerca, pues, de las viandas que son sacrificadas a los ídolos, sabemos que el ídolo nada es en el mundo, y que no hay más de un Dios. 5Porque aunque haya algunos que se llamen dioses, o en el cielo, o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores), 6Nosotros empero no tenemos más de un Dios, el Padre, del cual son todas las cosas, y nosotros en él: y un Señor Jesucristo, por el cual son todas las cosas, y nosotros por él. 7Mas no en todos hay esta ciencia: porque algunos con conciencia del ídolo hasta aquí, comen como sacrificado a ídolos; y su conciencia, siendo flaca, es contaminada. 8Si bien la vianda no nos hace más aceptos a Dios: porque ni que comamos, seremos más ricos; ni que no comamos, seremos más pobres. 9Mas mirad que esta vuestra libertad no sea tropezadero a los que son flacos. 10Porque si te ve alguno, a ti que tienes ciencia, que estás sentado a la mesa en el lugar de los ídolos, ¿la conciencia de aquel que es flaco, no será adelantada a comer de lo sacrificado a los ídolos? 11Y por tu ciencia se perderá el hermano flaco por el cual Cristo murió. 12De esta manera, pues, pecando contra los hermanos, e hiriendo su flaca conciencia, contra Cristo pecáis. 13Por lo cual, si la comida es a mi hermano ocasión de caer, jamás comeré carne por no escandalizar a mi hermano.
Lectura 3 de 4 · Personal
Ezequiel 6
1Y fue a mí palabra de Jehová, diciendo: 2Hijo del hombre, pon tu rostro hacia los montes de Israel, y profetiza contra ellos. 3Y dirás: Montes de Israel, oid palabra del Señor Jehová: Así ha dicho el Señor Jehová a los montes y a los collados, a los arroyos y a los valles: He aquí que yo, yo haré venir sobre vosotros cuchillo, y destruiré vuestros altos. 4Y vuestros altares serán asolados, y vuestras imágenes del sol serán quebradas: y haré que caigan vuestros muertos delante de vuestros ídolos. 5Y pondré los cuerpos muertos de los hijos de Israel delante de sus ídolos; y vuestros huesos esparciré en derredor de vuestros altares. 6En todas vuestras habitaciones las ciudades serán desiertas, y los altos serán asolados, para que sean asolados y se hagan desiertos vuestros altares; y quebrados serán vuestros ídolos, y cesarán; y vuestras imágenes del sol serán destruídas, y vuestras obras serán deshechas. 7Y los muertos caerán en medio de vosotros; y sabréis que soy Jehová. 8Mas dejaré que haya de vosotros quien escape del cuchillo entre las gentes, cuando fuereis esparcidos por las tierras. 9Y los que de vosotros escaparen, se acordarán de mí entre las gentes entre las cuales serán cautivos: porque yo me quebranté a causa de su corazón fornicario, que se apartó de mí, y a causa de sus ojos, que fornicaron tras sus ídolos: y se avergonzarán de sí mismos, a causa de los males que hicieron en todas sus abominaciones. 10Y sabrán que yo soy Jehová: no en vano dije que les había de hacer este mal. 11Así ha dicho el Señor Jehová: Hiere con tu mano, y huella con tu pie, y di: ¡Ay de los males de la casa de Israel por todas las abominaciones! porque con cuchillo, y con hambre, y con pestilencia caerán. 12El que estuviere lejos, morirá de pestilencia; y el que estuviere cerca caerá a cuchillo; y el que quedare, y fuere cercado, morirá de hambre: así cumpliré en ellos mi enojo. 13Y sabréis que yo soy Jehová, cuando sus muertos estarán en medio de sus ídolos, en derredor de sus altares, en todo collado alto, y en todas las cumbres de los montes, y debajo de todo árbol sombrío, y debajo de toda encina espesa, lugares donde dieron olor suave a todos sus ídolos. 14Y extenderé mi mano sobre ellos, y tornaré la tierra asolada y desierta, más que el desierto hacia Diblath, en todas sus habitaciones: y conocerán que yo soy Jehová.
Lectura 4 de 4 · Personal
Salmo 44
1Oh Dios, con nuestros oídos hemos oído, nuestros padres nos han contado, la obra que hiciste en sus días, en los tiempos antiguos. 2Tú con tu mano echaste las gentes, y los plantaste a ellos; afligiste los pueblos, y los arrojaste. 3Porque no se apoderaron de la tierra por su espada, ni su brazo los libró; sino tu diestra, y tu brazo, y la luz de tu rostro, porque te complaciste en ellos. 4Tú, oh Dios, eres mi rey: manda saludes a Jacob. 5Por medio de ti sacudiremos a nuestros enemigos: en tu nombre atropellaremos a nuestros adversarios. 6Porque no confiaré en mi arco, ni mi espada me salvará. 7Pues tú nos has guardado de nuestros enemigos, y has avergonzado a los que nos aborrecían. 8En Dios nos gloriaremos todo tiempo, y para siempre loaremos tu nombre. (Selah.) 9Empero nos has desechado, y nos has hecho avergonzar; y no sales en nuestros ejércitos. 10Nos hiciste retroceder del enemigo, y saqueáron nos para sí los que nos aborrecían. 11Pusístenos como a ovejas para comida, y esparcístenos entre las gentes. 12Has vendido tu pueblo de balde, y no pujaste en sus precios. 13Pusístenos por vergüenza a nuestros vecinos, por escarnio y por burla a los que nos rodean. 14Pusístenos por proverbio entre las gentes, por movimiento de cabeza en los pueblos. 15Cada día mi vergüenza está delante de mí, y cúbreme la confusión de mi rostro, 16Por la voz del que me vitupera y deshonra, por razón del enemigo y del que se venga. 17Todo esto nos ha venido, y no nos hemos olvidado de ti; y no hemos faltado a tu pacto. 18No se ha vuelto atrás nuestro corazón, ni tampoco se han apartado nuestros pasos de tus caminos. 19Cuando nos quebrantaste en el lugar de los dragones, y nos cubriste con sombra de muerte, 20Si nos hubiésemos olvidado del nombre de nuestro Dios, o alzado nuestras manos a dios ajeno, 21¿No demandaría Dios esto? porque él conoce los secretos del corazón. 22Empero por tu causa nos matan cada día; somos tenidos como ovejas para el matadero. 23Despierta; ¿por qué duermes, Señor? Despierta, no te alejes para siempre. 24¿Por qué escondes tu rostro, y te olvidas de nuestra aflicción, y de la opresión nuestra? 25Porque nuestra alma está agobiada hasta el polvo: nuestro vientre está pegado con la tierra. 26Levántate para ayudarnos, y redímenos por tu misericordia.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
1 Samuel 27 · 1 Corintios 8
Personales
Ezequiel 6 · Salmo 44