Lectura 1 de 4 · En familia

1 Samuel 28

1Y aconteció que en aquellos días los Filisteos juntaron sus campos para pelear contra Israel. Y dijo Achîs a David: Sabe de cierto que has de salir conmigo a campaña, tú y los tuyos. 2Y David respondió a Achîs: Sabrás pues lo que hará tu siervo. Y Achîs dijo a David: Por tanto te haré guarda de mi cabeza todos los días. 3Ya Samuel era muerto, y todo Israel lo había lamentado, y habíanle sepultado en Rama, en su ciudad. Y Saúl había echado de la tierra los encantadores y adivinos. 4Pues como los Filisteos se juntaron, vinieron y asentaron campo en Sunam: y Saúl juntó a todo Israel, y asentaron campo en Gilboa. 5Y cuando vio Saúl el campo de los Filisteos, temió, y turbóse su corazón en gran manera. 6Y consultó Saúl a Jehová; pero Jehová no le respondió, ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas. 7Entonces Saúl dijo a sus criados: Buscadme una mujer que tenga espíritu de pitón, para que yo vaya a ella, y por medio de ella pregunte. Y sus criados le respondieron: He aquí hay una mujer en Endor que tiene espíritu de pitón. 8Y disfrazóse Saúl, y púsose otros vestidos, y fuése con dos hombres, y vinieron a aquella mujer de noche; y él dijo: Yo te ruego que me adivines por el espíritu de pitón, y me hagas subir a quien yo te dijere. 9Y la mujer le dijo: He aquí tú sabes lo que Saúl ha hecho, cómo ha separado de la tierra los pitones y los adivinos: ¿por qué pues pones tropiezo a mi vida, para hacerme matar? 10Entoces Saúl le juró por Jehová, diciendo: Vive Jehová, que ningún mal te vendrá por esto. 11La mujer entonces dijo: ¿A quién te haré venir? Y él respondió: Hazme venir a Samuel. 12Y viendo la mujer a Samuel, clamó en alta voz, y habló aquella mujer a Saúl, diciendo: 13¿Por qué me has engañado? que tú eres Saúl. Y el rey le dijo: No temas: ¿qué has visto? Y la mujer respondió a Saúl: He visto dioses que suben de la tierra. 14Y él le dijo: ¿Cuál es su forma? Y ella respondió: Un hombre anciano viene, cubierto de un manto. Saúl entonces entendió que era Samuel, y humillando el rostro a tierra, hizo gran reverencia. 15Y Samuel dijo a Saúl: ¿Por qué me has inquietado haciéndome venir? Y Saúl respondió: Estoy muy congojado; pues los Filisteos pelean contra mí, y Dios se ha apartado de mí, y no me responde más, ni por mano de profetas, ni por sueños: por esto te he llamado, para que me declares qué tengo de hacer. 16Entonces Samuel dijo: ¿Y para qué me preguntas a mí, habiéndose apartado de ti Jehová, y es tu enemigo? 17Jehová pues ha hecho como habló por medio de mí; pues ha cortado Jehová el reino de tu mano, y lo ha dado a tu compañero David. 18Como tú no obedeciste a la voz de Jehová, ni cumpliste el furor de su ira sobre Amalec, por eso Jehová te ha hecho esto hoy. 19Y Jehová entregará a Israel también contigo en manos de los Filisteos: y mañana seréis conmigo, tú y tus hijos: y aun el campo de Israel entregará Jehová en manos de los Filisteos. 20En aquel punto cayó Saúl en tierra cuan grande era, y tuvo gran temor por las palabras de Samuel; que no quedó en él esfuerzo ninguno, porque en todo aquel día y aquella noche no había comido pan. 21Entonces la mujer vino a Saúl, y viéndole en grande manera turbado, díjole: He aquí que tu criada ha obedecido a tu voz, y he puesto mi vida en mi mano, y he oído las palabras que tú me has dicho. 22Ruégote pues, que tú también oigas la voz de tu sierva: pondré yo delante de ti un bocado de pan que comas, para que te corrobores, y vayas tu camino. 23Y él lo rehusó, diciendo: No comeré. Mas sus criados juntamente con la mujer le constriñeron, y él los obedeció. Levantóse pues del suelo, y sentóse sobre una cama. 24Y aquella mujer tenía en su casa un ternero grueso, el cual mató luego; y tomó harina y amasóla, y coció de ella panes sin levadura. 25Y lo trajo delante de Saúl y de sus criados; y luego que hubieron comido, se levantaron, y partieron aquella noche.
Lectura 2 de 4 · En familia

1 Corintios 9

1¿No soy apóstol? ¿no soy libre? ¿no he visto a Jesús el Señor nuestro? ¿no sois vosotros mi obra en el Señor? 2Si a los otros no soy apóstol, a vosotros ciertamente lo soy: porque el sello de mi apostolado sois vosotros en el Señor. 3Esta es mi respuesta a los que me preguntan. 4Qué, ¿no tenemos potestad de comer y de beber? 5¿No tenemos potestad de traer con nosotros una hermana mujer también como los otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas? 6¿O solo yo y Bernabé no tenemos potestad de no trabajar? 7¿Quién jamás peleó a sus expensas? ¿quién planta viña, y no come de su fruto? ¿o quién apacienta el ganado, y no come de la leche del ganado? 8¿Digo esto según los hombres? ¿no dice esto también la ley? 9Porque en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla. ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes? 10¿O dícelo enteramente por nosotros? Pues por nosotros está escrito; porque con esperanza ha de arar el que ara; y el que trilla, con esperanza de recibir el fruto. 11Si nosotros os sembramos lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos lo vuestro carnal? 12Si otros tienen en vosotros esta potestad, ¿no más bien nosotros? Mas no hemos usado de esta potestad: antes lo sufrimos todo, por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo. 13¿No sabéis que los que trabajan en el santuario, comen del santuario; y que los que sirven al altar, del altar participan? 14Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio. 15Mas yo de nada de esto me aproveché: ni tampoco he escrito esto para que se haga así conmigo; porque tengo por mejor morir, antes que nadie haga vana esta mi gloria. 16Pues bien que anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio! 17Por lo cual, si lo hago de voluntad, premio tendré; mas si por fuerza, la dispensación me ha sido encargada. 18¿Cuál, pues, es mi merced? Que predicando el evangelio, ponga el evangelio de Cristo de balde, para no usar mal de mi potestad en el evangelio. 19Por lo cual, siendo libre para con todos, me he hecho siervo de todos por ganar a más. 20Heme hecho a los Judíos como Judío, por ganar a los Judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no sea sujeto a la ley) como sujeto a la ley, por ganar a los que están sujetos a la ley; 21A los que son sin ley, como si yo fuera sin ley, (no estando yo sin ley de Dios, mas en la ley de Cristo) por ganar a los que estaban sin ley. 22Me he hecho a los flacos flaco, por ganar a los flacos: a todos me he hecho todo, para que de todo punto salve a algunos. 23Y esto hago por causa del evangelio, por hacerme juntamente participante de él. 24¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, mas uno lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. 25Y todo aquel que lucha, de todo se abstiene: y ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible; mas nosotros, incorruptible. 26Así que, yo de esta manera corro, no como a cosa incierta; de esta manera peleo, no como quien hiere el aire: 27Antes hiero mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre; no sea que, habiendo predicado a otros, yo mismo venga a ser reprobado.
Lectura 3 de 4 · Personal

Ezequiel 7

1Y fue a mí palabra de Jehová, diciendo: 2Y tú, hijo del hombre, así ha dicho el Señor Jehová a la tierra de Israel: El fin, el fin viene sobre los cuatro cantones de la tierra. 3Ahora será el fin sobre ti, y enviaré sobre ti mi furor, y te juzgaré según tus caminos; y pondré sobre ti todas tus abominaciones. 4Y mi ojo no te perdonará, ni tendré misericordia; antes pondré sobre ti tus caminos, y en medio de ti estarán tus abominaciones; y sabréis que yo soy Jehová. 5Así ha dicho el Señor Jehová: Un mal, he aquí que viene un mal. 6Viene el fin, el fin viene: hase despertado contra ti; he aquí que viene. 7La mañana viene para ti, oh morador de la tierra; el tiempo viene, cercano está el día; día de alboroto, y no de alegría sobre los montes. 8Ahora presto derramaré mi ira sobre ti, y cumpliré en ti mi furor, y te juzgaré según tus caminos; y pondré sobre ti tus abominaciones. 9Y mi ojo no perdonará, ni tendré misericordia: según tus caminos pondré sobre ti, y en medio de ti serán tus abominaciones; y sabréis que yo Jehová soy el que hiero. 10He aquí el día, he aquí que viene: ha salido la mañana; florecido ha la vara, ha reverdecido la soberbia. 11La violencia se ha levantado en vara de impiedad; ninguno quedará de ellos, ni de su multitud, ni uno de los suyos; ni habrá quien de ellos se lamente. 12El tiempo es venido, acercóse el día: el que compra, no se huelgue, y el que vende, no llore: porque la ira está sobre toda su multitud. 13Porque el que vende no tornará a lo vendido, aunque queden vivos: porque la visión sobre toda su multitud no será cancelada; y ninguno podrá, a causa de su iniquidad, amparar su vida. 14Tocarán trompeta, y aparejarán todas las cosas, y no habrá quien vaya a la batalla: porque mi ira está sobre toda su multitud. 15De fuera cuchillo, de dentro pestilencia y hambre: el que estuviere en el campo morirá a cuchillo; y al que estuviere en la ciudad, consumirálo hambre y pestilencia. 16Y los que escaparen de ellos, huirán y estarán sobre los montes como palomas de los valles, gimiendo todos cada uno por su iniquidad. 17Todas manos serán descoyuntadas, y declinarán como aguas todas rodillas. 18Ceñirse han también de sacos, y cubrirálos temblor; y en todo rostro habrá confusión, y en todas sus cabezas peladura. 19Arrojarán su plata por las calles, y su oro será desechado; su plata ni su oro, no podrá librarlos en el día del furor de Jehová; no saciarán su alma, ni henchirán sus entrañas: porque ha sido tropiezo para su maldad. 20Por cuanto la gloria de su ornamento pusieron en soberbia, e hicieron en ella imágenes de sus abominaciones, de sus estatuas: por eso se la torné a ellos en alejamiento; 21Y en mano de extraños la entregué para ser saqueada, y en despojo a los impíos de la tierra, y la contaminarán. 22Y apartaré de ellos mi rostro, y violarán mi lugar secreto; pues entrarán en él destruidores, y le profanarán. 23Haz una cadena: porque la tierra está llena de juicios de sangres, y la ciudad está llena de violencia. 24Traeré por tanto los más malos de las naciones, los cuales poseerán sus casas; y haré cesar la soberbia de los poderosos, y sus santuarios serán profanados. 25Destrucción viene; y buscarán la paz, y no la habrá. 26Quebrantamiento vendrá sobre quebrantamiento, y rumor será sobre rumor; y buscarán respuesta del profeta, mas la ley perecerá del sacerdote, y el consejo de los ancianos. 27El rey se enlutará, y el príncipe se vestirá de asolamiento, y las manos del pueblo de la tierra serán conturbadas: según su camino haré con ellos, y con los juicios de ellos los juzgaré; y sabrán que yo soy Jehová.
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Salmo 45

1Rebosa mi corazón palabra buena: refiero yo al Rey mis obras: mi lengua es pluma de escribiente muy ligero. 2Haste hermoseado más que los hijos de los hombres; la gracia se derramó en tus labios: por tanto Dios te ha bendecido para siempre. 3Cíñete tu espada sobre el muslo, oh valiente, con tu gloria y con tu majestad. 4Y en tu gloria sé prosperado: cabalga sobre palabra de verdad, y de humildad, y de justicia; y tu diestra te enseñará cosas terribles. 5Tus saetas agudas con que caerán pueblos debajo de ti, penetrarán en el corazón de los enemigos del Rey. 6Tu trono, oh Dios, eterno y para siempre: vara de justicia la vara de tu reino. 7Amaste la justicia y aborreciste la maldad: por tanto te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de gozo sobre tus compañeros. 8Mirra, áloe, y casia exhalan todos tus vestidos: en estancias de marfil te han recreado. 9Hijas de reyes entre tus ilustres: está la reina a tu diestra con oro de Ophir. 10Oye, hija, y mira, e inclina tu oído; y olvida tu pueblo, y la casa de tu padre; 11Y deseará el rey tu hermosura: e inclínate a él, porque él es tu Señor. 12Y las hijas de Tiro vendrán con presente; implorarán tu favor los ricos del pueblo. 13Toda ilustre es de dentro la hija del rey: de brocado de oro es su vestido. 14Con vestidos bordados será llevada al rey; vírgenes en pos de ella: sus compañeras serán traídas a ti. 15Serán traídas con alegría y gozo: entrarán en el palacio del rey. 16En lugar de tus padres serán tus hijos, a quienes harás príncipes en toda la tierra. 17Haré perpetua la memoria de tu nombre en todas las generaciones: por lo cual te alabarán los pueblos eternamente y para siempre.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
1 Samuel 28 · 1 Corintios 9
Personales
Ezequiel 7 · Salmo 45