Lectura 1 de 4 · En familia
Jueces 14
1Y descendiendo Samsón a Timnah, vio en Timnah una mujer de las hijas de los Filisteos. 2Y subió, y declarólo a su padre y a su madre, diciendo: Yo he visto en Timnah una mujer de las hijas de los Filisteos: ruégoos que me la toméis por mujer. 3Y su padre y su madre le dijeron: ¿No hay mujer entre las hijas de tus hermanos, ni en todo mi pueblo, para que vayas tú a tomar mujer de los Filisteos incircuncisos? Y Samsón respondió a su padre: Tómamela por mujer, porque esta agradó a mis ojos. 4Mas su padre y su madre no sabían que esto venía de Jehová, y que él buscaba ocasión contra los Filisteos: porque en aquel tiempo los Filisteos dominaban sobre Israel. 5Y Samsón descendió con su padre y con su madre a Timnah: y como llegaron a las viñas de Timnah, he aquí un cachorro de león que venía bramando hacia él. 6Y el espíritu de Jehová cayó sobre él, y despedazólo como quien despedaza un cabrito, sin tener nada en su mano: y no dio a entender a su padre ni a su madre lo que había hecho. 7Vino pues, y habló a la mujer que había agradado a Samsón. 8Y volviendo después de algunos días para tomarla, apartóse para ver el cuerpo muerto del león, y he aquí en el cuerpo del león un enjambre de abejas, y un panal de miel. 9Y tomándolo en sus manos, fuése comiéndolo por el camino: y llegado que hubo a su padre y a su madre, dióles también a ellos que comiesen; mas no les descubrió que había tomado aquella miel del cuerpo del león. 10Vino pues su padre a la mujer, y Samsón hizo allí banquete; porque así solían hacer los mancebos. 11Y como ellos le vieron, tomaron treinta compañeros que estuviesen con él; 12A los cuales Samsón dijo: Yo os propondré ahora un enigma, el cual si en los siete días del banquete vosotros me declarareis y descubriereis, yo os daré treinta sábanas y treinta mudas de vestidos. 13Mas si no me lo supiereis declarar, vosotros me daréis las treinta sábanas y las treinta mudas de vestidos. Y ellos respondieron: Propónnos tu enigma, y lo oiremos. 14Entonces les dijo: Del comedor salió comida, y del fuerte salió dulzura. Y ellos no pudieron declararle el enigma en tres días. 15Y al séptimo día dijeron a la mujer de Samsón: Induce a tu marido a que nos declare este enigma, porque no te quememos a ti y a la casa de tu padre. ¿Habéisnos llamado aquí para poseernos? 16Y lloró la mujer de Samsón delante de él, y dijo: Solamente me aborreces y no me amas, pues que no me declaras el enigma que propusiste a los hijos de mi pueblo. Y él respondió: He aquí que ni a mi padre ni a mi madre lo he declarado; y ¿habíalo de declarar a ti? 17Y ella lloró delante de él los siete días que ellos tuvieron banquete: mas al séptimo día él se lo declaró, porque le constriñó; y ella lo declaró a los hijos de su pueblo. 18Y al séptimo día, antes que el sol se pusiese, los de la ciudad le dijeron: ¿Qué cosa más dulce que la miel? ¿y qué cosa más fuerte que el león? 19Y él les respondió: Si no araseis con mi novilla, nunca hubierais descubierto mi enigma. 20Y el espíritu de Jehová cayó sobre él, y descendió a Ascalón, e hirió treinta hombres de ellos; y tomando sus despojos, dio las mudas de vestidos a los que habían explicado el enigma: y encendido en enojo fuése a casa de su padre. Y la mujer de Samsón fue dada a su compañero, con el cual él antes se acompañaba.
Lectura 2 de 4 · En familia
Hechos 18
1Pasadas estas cosas, Pablo partió de Atenas, y vino a Corinto. 2Y hallando a un Judío llamado Aquila, natural del Ponto, que hacía poco que había venido de Italia, y a Priscila su mujer, (porque Claudio había mandado que todos los Judíos saliesen de Roma) se vino a ellos; 3Y porque era de su oficio, posó con ellos, y trabajaba; porque el oficio de ellos era hacer tiendas. 4Y disputaba en la sinagoga todos los sábados, y persuadía a Judíos y a Griegos. 5Y cuando Silas y Timoteo vinieron de Macedonia, Pablo estaba constreñido por la palabra, testificando a los Judíos que Jesús era el Cristo. 6Mas contradiciendo y blasfemando ellos, les dijo, sacudiendo sus vestidos: Vuestra sangre sea sobre vuestra cabeza; yo, limpio; desde ahora me iré a los Gentiles. 7Y partiendo de allí, entró en casa de uno llamado Justo, temeroso de Dios, la casa del cual estaba junto a la sinagoga. 8Y Crispo, el prepósito de la sinagoga, creyó al Señor con toda su casa: y muchos de los Corintios oyendo creían, y eran bautizados. 9Entonces el Señor dijo de noche en visión a Pablo: No temas, sino habla, y no calles: 10Porque yo estoy contigo, y ninguno te podrá hacer mal; porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad. 11Y se detuvo allí un año y seis meses, enseñándoles la palabra de Dios. 12Y siendo Galión procónsul de Acaya, los Judíos se levantaron de común acuerdo contra Pablo, y le llevaron al tribunal, 13Diciendo: Que este persuade a los hombres a honrar a Dios contra la ley. 14Y comenzando Pablo a abrir la boca, Galión dijo a los Judíos: Si fuera algún agravio o algún crimen enorme, oh Judíos, conforme a derecho yo os tolerara: 15Mas si son cuestiones de palabras, y de nombres, y de vuestra ley, vedlo vosotros; porque yo no quiero ser juez de estas cosas. 16Y los echó del tribunal. 17Entonces todos los Griegos tomando a Sóstenes, prepósito de la sinagoga, le herían delante del tribunal: y a Galión nada se le daba de ello. 18Mas Pablo habiéndose detenido aún allí muchos días, después se despidió de los hermanos, y navegó a Siria, y con él Priscila y Aquila, habiéndose trasquilado la cabeza en Cencreas, porque tenía voto. 19Y llegó a Efeso, y los dejó allí: y él entrando en la sinagoga, disputó con los Judíos, 20Los cuales le rogaban que se quedase con ellos por más tiempo; mas no accedió, 21Sino que se despidió de ellos, diciendo: Es menester que en todo caso tenga la fiesta que viene, en Jerusalem; mas otra vez volveré a vosotros, queriendo Dios. Y partió de Efeso. 22Y habiendo arribado a Cesarea subió a Jerusalem; y después de saludar a la iglesia, descendió a Antioquía. 23Y habiendo estado allí algún tiempo, partió, andando por orden la provincia de Galacia, y la Phrygia, confirmando a todos los discípulos. 24Llegó entonces a Efeso un Judío, llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras. 25Este era instruído en el camino del Señor; y ferviente de espíritu, hablaba y enseñaba diligentemente las cosas que son del Señor, enseñando solamente en el bautismo de Juan. 26Y comenzó a hablar confiadamente en la sinagoga: al cual como oyeron Priscila y Aquila, le tomaron, y le declararon más particularmente el camino de Dios. 27Y queriendo él pasar a Acaya, los hermanos exhortados, escribieron a los discípulos que le recibiesen; y venido él, aprovechó mucho por la gracia a los que habían creído: 28Porque con gran vehemencia convencía públicamente a los Judíos, mostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo.
Lectura 3 de 4 · Personal
Jeremías 27
1En el principio del reinado de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, fue de Jehová esta palabra a Jeremías, diciendo: 2Jehová me ha dicho así: Hazte coyundas y yugos, y ponlos sobre tu cuello; 3Y los enviarás al rey de Edom, y al rey de Moab, y al rey de los hijos de Ammón, y al rey de Tiro, y al rey de Sidón, por mano de los embajadores que vienen a Jerusalem a Sedechîas, rey de Judá. 4Y les mandarás que digan a sus señores: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Así habéis de decir a vuestros señores: 5Yo hice la tierra, el hombre y las bestias que están sobre la haz de la tierra, con mi grande potencia y con mi brazo extendido, y díla a quien me plugo. 6Y ahora yo he dado todas estas tierras en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y aun las bestias del campo le he dado para que le sirvan. 7Y todas las gentes le servirán a él, y a su hijo, y al hijo de su hijo, hasta que venga también el tiempo de su misma tierra; y le servirán muchas gentes y reyes grandes. 8Y será, que la gente y el reino que no sirviere a Nabucodonosor rey de Babilonia, y que no pusiere su cuello debajo del yugo del rey de Babilonia, con espada y con hambre y con pestilencia visitaré a la tal gente, dice Jehová, hasta que los acabe yo por su mano. 9Y vosotros no prestéis oído a vuestros profetas, ni a vuestros adivinos, ni a vuestros sueños, ni a vuestros agoreros, ni a vuestros encantadores, que os hablan diciendo: No serviréis al rey de Babilonia. 10Porque ellos os profetizan mentira, por haceros alejar de vuestra tierra, y para que yo os arroje y perezcáis. 11Mas la gente que sometiere su cuello al yugo del rey de Babilonia, y le sirviere, haréla dejar en su tierra, dice Jehová, y labrarála, y morará en ella. 12Y hablé también a Sedechîas rey de Judá conforme a todas estas palabras, diciendo: Someted vuestros cuellos al yugo del rey de Babilonia, y servid a él y a su pueblo, y vivid. 13¿Por qué moriréis, tú y tu pueblo, a cuchillo, de hambre, y pestilencia, según ha dicho Jehová a la gente que no sirviere al rey de Babilonia? 14No oigáis las palabras de los profetas que os hablan, diciendo: No serviréis al rey de Babilonia; porque os profetizan mentira. 15Porque yo no los envié, dice Jehová, y ellos profetizan falsamente en mi nombre, para que yo os arroje, y perezcáis, vosotros y los profetas que os profetizan. 16También a los sacerdotes y a todo este pueblo hablé, diciendo: Así ha dicho Jehová: No oigáis las palabras de vuestros profetas que os profetizan diciendo: He aquí que los vasos de la casa de Jehová volverán de Babilonia ahora presto. Porque os profetizan mentira. 17No los oigáis; servid al rey de Babilonia, y vivid: ¿por qué ha de ser desierta esta ciudad? 18Y si ellos son profetas, y si es con ellos palabra de Jehová, oren ahora a Jehová de los ejércitos, que los vasos que han quedado en la casa de Jehová y en la casa del rey de Judá y en Jerusalem, no vayan a Babilonia. 19Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos de aquellas columnas, y del mar, y de las basas, y del resto de los vasos que quedan en esta ciudad, 20Que no quitó Nabucodonosor rey de Babilonia, cuando trasportó de Jerusalem a Babilonia a Jechônías hijo de Joacim, rey de Judá, y a todos los nobles de Judá y de Jerusalem: 21Así pues ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, acerca de los vasos que quedaron en la casa de Jehová, y en la casa del rey de Judá, y en Jerusalem: 22A Babilonia serán trasportados, y allí estarán hasta el día en que yo los visitaré, dice Jehová; y después los haré subir, y restituirélos a este lugar.
Lectura 4 de 4 · Personal
Marcos 13
1Y saliendo del templo, le dice uno de sus discípulos: Maestro, mira qué piedras, y qué edificios. 2Y Jesús respondiendo, le dijo: ¿Ves estos grandes edificios? no quedará piedra sobre piedra que no sea derribada. 3Y sentándose en el monte de las Olivas delante del templo, le preguntaron aparte Pedro y Jacobo y Juan y Andrés: 4Dinos, ¿cuándo serán estas cosas? ¿y qué señal habrá cuando todas estas cosas han de cumplirse? 5Y Jesús respondiéndoles, comenzó a decir: Mirad, que nadie os engañe; 6Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y engañarán a muchos. 7Mas cuando oyereis de guerras y de rumores de guerras no os turbéis, porque conviene hacerse así; mas aun no será el fin. 8Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá terremotos en muchos lugares, y habrá hambres y alborotos; principios de dolores serán estos. 9Mas vosotros mirad por vosotros: porque os entregarán en los concilios, y en sinagogas seréis azotados: y delante de presidentes y de reyes seréis llamados por causa de mí, en testimonio a ellos. 10Y a todas las gentes conviene que el evangelio sea predicado antes. 11Y cuando os trajeren para entregaros, no premeditéis qué habéis de decir, ni lo penséis: mas lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo. 12Y entregará a la muerte el hermano al hermano, y el padre al hijo: y se levantarán los hijos contra los padres, y los matarán. 13Y seréis aborrecidos de todos por mi nombre: mas el que perseverare hasta el fin, este será salvo. 14Empero cuando viereis la abominación de asolamiento, que fue dicha por el profeta Daniel, que estará donde no debe (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea huyan a los montes; 15Y el que esté sobre el terrado, no descienda a la casa, ni entre para tomar algo de su casa; 16Y el que estuviere en el campo, no vuelva atrás a tomar su capa. 17Mas ¡ay de las preñadas, y de las que criaren en aquellos días! 18Orad pues, que no acontezca vuestra huída en invierno. 19Porque aquellos días serán de aflicción, cual nunca fue desde el principio de la creación que crio Dios, hasta este tiempo, ni será. 20Y si el Señor no hubiese abreviado aquellos días, ninguna carne se salvaría; mas por causa de los escogidos que él escogió, abrevió aquellos días. 21Y entonces si alguno os dijere: He aquí, aquí está el Cristo; o, He aquí, allí está, no le creáis. 22Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y darán señales y prodigios, para engañar, si se pudiese hacer, aun a los escogidos. 23Mas vosotros mirad; os lo he dicho antes todo. 24Empero en aquellos días, después de aquella aflicción, el sol se obscurecerá, y la luna no dará su resplandor; 25Y las estrellas caerán del cielo, y las virtudes que están en los cielos serán conmovidas; 26Y entonces verán al Hijo del hombre, que vendrá en las nubes con mucha potestad y gloria. 27Y entonces enviará sus ángeles, y juntará sus escogidos de los cuatro vientos, desde el cabo de la tierra hasta el cabo del cielo. 28De la higuera aprended la semejanza: Cuando su rama ya se enternece, y brota hojas, conocéis que el verano está cerca: 29Así también vosotros, cuando viereis hacerse estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas. 30De cierto os digo que no pasará esta generación, que todas estas cosas no sean hechas. 31El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán. 32Empero de aquel día y de la hora, nadie sabe; ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre. 33Mirad, velad y orad: porque no sabéis cuándo será el tiempo. 34Como el hombre que partiéndose lejos, dejó su casa, y dio facultad a sus siervos, y a cada uno su obra, y al portero mandó que velase: 35Velad pues, porque no sabéis cuándo el señor de la casa vendrá; si a la tarde, o a la media noche, o al canto del gallo, o a la mañana; 36Porque cuando viniere de repente, no os halle durmiendo. 37Y las cosas que a vosotros digo, a todos las digo: Velad.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Jueces 14 · Hechos 18
Personales
Jeremías 27 · Marcos 13