Lectura 1 de 4 · En familia
Jueces 13
1Y los hijos de Israel tornaron a hacer lo malo en los ojos de Jehová; y Jehová los entregó en mano de los Filisteos, por cuarenta años. 2Y había un hombre de Sora, de la tribu de Dan, el cual se llamaba Manoa; y su mujer era estéril, que nunca había parido. 3A esta mujer apareció el ángel de Jehová, y díjole: He aquí que tú eres estéril, y no has parido; mas concebirás y parirás un hijo. 4Ahora, pues, mira que ahora no bebas vino, ni sidra, ni comas cosa inmunda. 5Porque tú te harás embarazada, y parirás un hijo: y no subirá navaja sobre su cabeza, porque aquel niño será Nazareo a Dios desde el vientre, y él comenzará a salvar a Israel de mano de los Filisteos. 6Y la mujer vino y contólo a su marido, diciendo: Un varón de Dios vino a mí, cuyo aspecto era como el aspecto de un ángel de Dios, terrible en gran manera; y no le pregunté de dónde ni quién era, ni tampoco él me dijo su nombre. 7Y díjome: He aquí que tú concebirás, y parirás un hijo: por tanto, ahora no bebas vino, ni sidra, ni comas cosa inmunda; porque este niño desde el vientre será Nazareo a Dios hasta el día de su muerte. 8Entonces oró Manoa a Jehová, y dijo: Ah, Señor mío, yo te ruego que aquel varón de Dios que enviaste, torne ahora a venir a nosotros, y nos enseñe lo que hayamos de hacer con el niño que ha de nacer. 9Y Dios oyó la voz de Manoa: y el ángel de Dios volvió otra vez a la mujer, estando ella en el campo; mas su marido Manoa no estaba con ella. 10Y la mujer corrió prontamente, y noticiólo a su marido, diciéndole: Mira que se me ha aparecido aquel varón que vino a mí el otro día. 11Y levantóse Manoa, y siguió a su mujer; y así que llegó al varón, díjole: ¿Eres tú aquel varón que hablaste a la mujer? Y él dijo: Yo soy. 12Entonces Manoa dijo: Cúmplase pues tu palabra. ¿Qué orden se tendrá con el niño, y qué ha de hacer? 13Y el ángel de Jehová respondió a Manoa: La mujer se guardará de todas las cosas que yo le dije: 14Ella no comerá cosa que proceda de vid que da vino; no beberá vino ni sidra, y no comerá cosa inmunda: ha de guardar todo lo que le mandé. 15Entonces Manoa dijo al ángel de Jehová: Ruégote permitas que te detengamos, y aderezaremos un cabrito que poner delante de ti. 16Y el ángel de Jehová respondió a Manoa: Aunque me detengas no comeré de tu pan: mas si quisieres hacer holocausto, sacrifícalo a Jehová. Y no sabía Manoa que aquel fuese ángel de Jehová. 17Entonces dijo Manoa al ángel de Jehová: ¿Cómo es tu nombre, para que cuando se cumpliere tu palabra te honremos? 18Y el ángel de Jehová respondió: ¿Por qué preguntas por mi nombre, que es oculto? 19Y Manoa tomó un cabrito de las cabras y un presente, y sacrificólo sobre una peña a Jehová: y el ángel hizo milagro a vista de Manoa y de su mujer. 20Porque aconteció que como la llama subía del altar hacia el cielo, el ángel de Jehová subió en la llama del altar a vista de Manoa y de su mujer, los cuales se postraron en tierra sobre sus rostros. 21Y el ángel de Jehová no tornó a aparecer a Manoa ni a su mujer. Entonces conoció Manoa que era el ángel de Jehová. 22Y dijo Manoa a su mujer: Ciertamente moriremos, porque a Dios hemos visto. 23Y su mujer le respondió: Si Jehová nos quisiera matar, no tomara de nuestras manos el holocausto y el presente, ni nos hubiera mostrado todas estas cosas, ni en tal tiempo nos habría anunciado esto. 24Y la mujer parió un hijo, y llamóle por nombre Samsón. Y el niño creció, y Jehová lo bendijo. 25Y el espíritu de Jehová comenzó a manifestarse en él en los campamentos de Dan, entre Sora y Esthaol.
Lectura 2 de 4 · En familia
Hechos 17
1Y pasando por Amphípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde estaba la sinagoga de los Judíos. 2Y Pablo, como acostumbraba, entró a ellos, y por tres sábados disputó con ellos de las Escrituras, 3Declarando y proponiendo, que convenía que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que Jesús, el cual yo os anuncio, decía él, este era el Cristo. 4Y algunos de ellos creyeron, y se juntaron con Pablo y con Silas; y de los Griegos religiosos grande multitud, y mujeres nobles no pocas. 5Entonces los Judíos que eran incrédulos, teniendo celos, tomaron consigo a algunos ociosos, malos hombres, y juntando compañía, alborotaron la ciudad; y acometiendo a la casa de Jasón, procuraban sacarlos al pueblo. 6Mas no hallándolos, trajeron a Jasón y a algunos hermanos a los gobernadores de la ciudad, dando voces: Estos que alborotan el mundo, también han venido acá; 7A los cuales Jasón ha recibido; y todos estos hacen contra los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús. 8Y alborotaron al pueblo y a los gobernadores de la ciudad, oyendo estas cosas. 9Mas recibida satisfacción de Jasón y de los demás, los soltaron. 10Entonces los hermanos, luego de noche, enviaron a Pablo y a Silas a Berea; los cuales habiendo llegado, entraron en la sinagoga de los Judíos. 11Y fueron estos más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras, si estas cosas eran así. 12Así que creyeron muchos de ellos; y mujeres Griegas de distinción, y no pocos hombres. 13Mas como entendieron los Judíos de Tesalónica que también en Berea era anunciada la palabra de Dios por Pablo, fueron, y también allí tumultuaron al pueblo. 14Empero luego los hermanos enviaron a Pablo que fuese como a la mar; y Silas y Timoteo se quedaron allí. 15Y los que habían tomado a cargo a Pablo, le llevaron hasta Atenas; y tomando encargo para Silas y Timoteo, que viniesen a él lo más presto que pudiesen, partieron. 16Y esperándolos Pablo en Atenas, su espíritu se deshacía en él viendo la ciudad dada a idolatría. 17Así que, disputaba en la sinagoga con los Judíos y religiosos; y en la plaza cada día con los que le ocurrían. 18Y algunos filósofos de los Epicúreos y de los Estóicos, disputaban con él; y unos decían: ¿Qué quiere decir este palabrero? Y otros: Parece que es predicador de nuevos dioses: porque les predicaba a Jesús y la resurrección. 19Y tomándole, le trajeron al Areópago, diciendo: ¿Podremos saber qué sea esta nueva doctrina que dices? 20Porque pones en nuestros oídos unas nuevas cosas: queremos pues saber qué quiere ser esto. 21(Entonces todos los Atenienses y los huéspedes extranjeros, en ninguna otra cosa entendían, sino o en decir o en oir alguna cosa nueva.) 22Estando pues Pablo en medio del Areópago, dijo: Varones Atenienses, en todo os veo como más supersticiosos; 23Porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Aquel pues, que vosotros honráis sin conocerle, a este os anuncio yo. 24El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, este, como sea Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos de manos, 25Ni es honrado con manos de hombres, necesitado de algo; pues él da a todos vida, y respiración, y todas las cosas; 26Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habitasen sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los términos de la habitación de ellos; 27Para que buscasen a Dios, si en alguna manera, palpando, le hallen; aunque cierto no está lejos de cada uno de nosotros: 28Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como también algunos de vuestros poetas dijeron: Porque linaje de este somos también. 29Siendo pues linaje de Dios, no hemos de estimar la Divinidad ser semejante a oro, o a plata, o a piedra, escultura de artificio o de imaginación de hombres. 30Empero Dios, habiendo disimulado los tiempos de esta ignorancia, ahora denuncia a todos los hombres en todos los lugares que se arrepientan: 31Por cuanto ha establecido un día, en el cual ha de juzgar al mundo con justicia, por aquel varón al cual determinó; dando fe a todos con haberle levantado de los muertos. 32Y así como oyeron de la resurrección de los muertos, unos se burlaban, y otros decían: Te oiremos acerca de esto otra vez. 33Y así Pablo se salió de en medio de ellos. 34Mas algunos creyeron, juntándose con él; entre los cuales también fue Dionisio el del Areópago, y una mujer llamada Dámaris, y otros con ellos.
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Jeremías 26
1En el principio del reinado de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, fue esta palabra de Jehová, diciendo: 2Así ha dicho Jehová: Ponte en el atrio de la casa de Jehová, y habla a todas las ciudades de Judá, que vienen para adorar en la casa de Jehová, todas las palabras que yo te mandé les hablases; no retengas palabra. 3Quizá oirán, y se tornarán cada uno de su mal camino; y arrepentiréme yo del mal que pienso hacerles por la maldad de sus obras. 4Les dirás pues: Así ha dicho Jehová: Si no me oyereis para andar en mi ley, la cual di delante de vosotros, 5Para atender a las palabras de mis siervos los profetas que yo os envío, madrugando en enviarlos, a los cuales no habéis oído; 6Yo pondré esta casa como Silo, y daré esta ciudad en maldición a todas las gentes de la tierra. 7Y los sacerdotes, los profetas, y todo el pueblo, oyeron a Jeremías hablar estas palabras en la casa de Jehová. 8Y fue que, acabando de hablar Jeremías todo lo que Jehová le había mandado que hablase a todo el pueblo, los sacerdotes y los profetas y todo el pueblo le echaron mano, diciendo: De cierto morirás. 9¿Por qué has profetizado en nombre de Jehová, diciendo: Esta casa será como Silo, y esta ciudad será asolada hasta no quedar morador? Y juntóse todo el pueblo contra Jeremías en la casa de Jehová. 10Y los príncipes de Judá oyeron estas cosas, y subieron de casa del rey a la casa de Jehová; y sentáronse en la entrada de la puerta nueva de Jehová. 11Entonces hablaron los sacerdotes y los profetas a los príncipes y a todo el pueblo, diciendo: En pena de muerte ha incurrido este hombre; porque profetizó contra esta ciudad, como vosotros habéis oído con vuestros oídos. 12Y habló Jeremías a todos los príncipes y a todo el pueblo, diciendo: Jehová me envió a que profetizase contra esta casa y contra esta ciudad, todas las palabras que habéis oído. 13Y ahora, mejorad vuestros caminos y vuestras obras, y oid la voz de Jehová vuestro Dios, y arrepentiráse Jehová del mal que ha hablado contra vosotros. 14En lo que a mí toca, he aquí estoy en vuestras manos: haced de mí como mejor y más recto os pareciere. 15Mas sabed de cierto que, si me matareis, sangre inocente echaréis sobre vosotros, y sobre esta ciudad, y sobre sus moradores: porque en verdad Jehová me envió a vosotros para que dijese todas estas palabras en vuestros oídos. 16Y dijeron los príncipes y todo el pueblo a los sacerdotes y profetas. No ha incurrido este hombre en pena de muerte, porque en nombre de Jehová nuestro Dios nos ha hablado. 17Entonces se levantaron ciertos de los ancianos de la tierra, y hablaron a toda la junta del pueblo, diciendo: 18Miqueas de Morasti profetizó en tiempo de Ezechîas rey de Judá, diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Sion será arada como campo, y Jerusalem vendrá a ser montones, y el monte del templo en cumbres de bosque. 19¿Matáronlo luego Ezechîas rey de Judá y todo Judá? ¿no temió a Jehová, y oró en presencia de Jehová, y Jehová se arrepintió del mal que había hablado contra ellos? ¿Haremos pues nosotros tan grande mal contra nuestras almas? 20Hubo también un hombre que profetizaba en nombre de Jehová, Urías, hijo de Semaías de Chîriath-jearim, el cual profetizó contra esta ciudad y contra esta tierra, conforme a todas las palabras de Jeremías: 21Y oyó sus palabras el rey Joacim, y todos sus grandes, y todos sus príncipes, y el rey procuró de matarle; lo cual entendiendo Urías, tuvo temor, y huyó, y metióse en Egipto: 22Y el rey Joacim envió hombres a Egipto, a Elnathán hijo de Acbor, y otros hombres con él, a Egipto; 23Los cuales sacaron a Urías de Egipto, y lo trajeron al rey Joacim, e hiriólo a cuchillo, y echó su cuerpo en los sepulcros del vulgo. 24La mano empero de Ahicam hijo de Saphán era con Jeremías, porque no lo entregasen en las manos del pueblo para matarlo.
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Marcos 12
1Y comenzó a hablarles por parábolas: Plantó un hombre una viña, y la cercó con seto, y cavó un lagar, y edificó una torre, y la arrendó a labradores, y se partió lejos. 2Y envió un siervo a los labradores, al tiempo, para que tomase de los labradores del fruto de la viña. 3Mas ellos, tomándole, le hirieron, y le enviaron vacío. 4Y volvió a enviarles otro siervo; mas apedreándole, le hirieron en la cabeza, y volvieron a enviarle afrentado. 5Y volvió a enviar otro, y a aquel mataron; y a otros muchos, hiriendo a unos y matando a otros. 6Teniendo pues aún un hijo suyo amado, enviólo también a ellos el postrero, diciendo: Tendrán en reverencia a mi hijo. 7Mas aquellos labradores dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y la heredad será nuestra. 8Y prendiéndole, le mataron, y echaron fuera de la viña. 9¿Qué, pues, hará el señor de la viña? Vendrá, y destruirá a estos labradores, y dará su viña a otros. 10¿Ni aun esta Escritura habéis leído: La piedra que desecharon los que edificaban, esta es puesta por cabeza de esquina; 11Por el Señor es hecho esto, y es cosa maravillosa en nuestros ojos? 12Y procuraban prenderle, porque entendían que decía a ellos aquella parábola; mas temían a la multitud; y dejándole, se fueron. 13Y envían a él algunos de los Fariseos y de los Herodianos, para que le sorprendiesen en alguna palabra. 14Y viniendo ellos, le dicen: Maestro, sabemos que eres hombre de verdad, y que no te cuidas de nadie; porque no miras a la apariencia de hombres, antes con verdad enseñas el camino de Dios: ¿Es lícito dar tributo a César, o no? ¿Daremos, o no daremos? 15Entonces él, como entendía la hipocresía de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Traedme la moneda para que la vea. 16Y ellos se la trajeron y les dice: ¿Cúya es esta imagen y esta inscripción? Y ellos le dijeron: De César. 17Y respondiendo Jesús, les dijo: Dad lo que es de César a César; y lo que es de Dios, a Dios. Y se maravillaron de ello. 18Entonces vienen a él los Saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron, diciendo: 19Maestro, Moisés nos escribió, que si el hermano de alguno muriese, y dejase mujer, y no dejase hijos, que su hermano tome su mujer, y levante linaje a su hermano. 20Fueron siete hermanos: y el primero tomó mujer, y muriendo, no dejó simiente; 21Y la tomó el segundo, y murió, y ni aquel tampoco dejó simiente; y el tercero, de la misma manera. 22Y la tomaron los siete, y tampoco dejaron simiente: a la postre murió también la mujer. 23En la resurrección, pues, cuando resucitaren, ¿de cuál de ellos será mujer? porque los siete la tuvieron por mujer. 24Entonces respondiendo Jesús, les dice: ¿No erráis por eso, porque no sabéis las Escrituras, ni la potencia de Dios? 25Porque cuando resucitarán de los muertos, ni se casarán, ni serán dados en casamiento, mas son como los ángeles que están en los cielos. 26Y de que los muertos hayan de resucitar, ¿no habéis leído en el libro de Moisés cómo le habló Dios en la zarza, diciendo: Yo soy el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob? 27No es Dios de muertos, mas Dios de vivos; así que vosotros mucho erráis. 28Y llegándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? 29Y Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. 30Amarás pues al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente, y de todas tus fuerzas; este es el principal mandamiento. 31Y el segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que estos. 32Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él; 33Y que amarle de todo corazón, y de todo entendimiento, y de toda el alma, y de todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, más es que todos los holocaustos y sacrificios. 34Jesús entonces, viendo que había respondido sabiamente, le dice: No estás lejos del reino de Dios. Y ya ninguno osaba preguntarle. 35Y respondiendo Jesús decía, enseñando en el templo: ¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David? 36Porque el mismo David dijo por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga tus enemigos por estrado de tus pies. 37Luego llamándole el mismo David Señor, ¿de dónde, pues, es su hijo? Y los que eran del común del pueblo le oían de buena gana. 38Y les decía en su doctrina: Guardaos de los escribas, que quieren andar con ropas largas, y aman las salutaciones en las plazas, 39Y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas; 40Que devoran las casas de las viudas, y por pretexto hacen largas oraciones. Estos recibirán mayor juicio. 41Y estando sentado Jesús delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca: y muchos ricos echaban mucho. 42Y como vino una viuda pobre, echó dos blancas, que son un maravedí. 43Entonces llamando a sus discípulos, les dice: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca: 44Porque todos han echado de lo que les sobra; mas esta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su alimento.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Jueces 13 · Hechos 17
Personales
Jeremías 26 · Marcos 12